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Lunes 4 de mayo de 2026
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“Hay que tener cuidado con los falsos profetas como Abelardo de la Espriella”: Enrique Peñalosa

¿Quién quiere ser presidente? En la serie de entrevistas de CAMBIO a los candidatos que competirán el ocho de marzo, el exalcalde de Bogotá, quien participa en la Gran Consulta por Colombia con el aval del Partido Oxígeno, alerta sobre los riesgos que tendría para el país un posible triunfo del candidato de la extrema derecha. “Mi propuesta es crecimiento económico con igualdad”, dice.

Por: Armando Neira

Enrique Peñalosa Londoño (Washington D. C., 1954) ha sido elegido en dos ocasiones alcalde mayor de Bogotá. “Es difícil que haya un habitante de la ciudad que no tenga, a pocas cuadras, una obra que yo haya hecho para mejorar su calidad de vida”, afirma. Esa es su carta de presentación en estas elecciones. “Soy un gerente, sé ejecutar”, agrega. Aspira de nuevo a la Presidencia. En esta ocasión cuenta con el aval del Partido Oxígeno y busca la candidatura oficial mediante un triunfo en la Gran Consulta por Colombia.

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CAMBIO: En caso de que usted gane la Presidencia de la República, tras su posesión, ¿cuáles serán sus primeras decisiones?

Enrique Peñalosa: Hay que hacer todo para fortalecer de inmediato la seguridad. Lo primero es fortalecer al Ejército y a las Fuerzas Armadas; hay que dotarlas de todos los recursos que necesitan: tecnología, armamento y también impulsar unos proyectos de ley para la seguridad, tanto a nivel rural como urbano, porque estamos en guerra y, para una guerra, necesitamos una legislación de guerra.

CAMBIO: ¿Las normas actuales no son suficientes?                                                                                                                                                  
E.P.: No podemos tener toda clase de restricciones como si estuviéramos en tiempos normales para la operación de las Fuerzas Armadas y también para la seguridad urbana. Aquí se necesita una legislación; prácticamente toda una reforma a la justicia que permita que acabemos con la impunidad.

CAMBIO: ¿Cuál es la falla en este caso?                                                                                                                                                              

E.P.: Son varias cosas. Hay que tener una legislación que garantice que los delitos menores dejen de ser menores, porque esos delitos –el robo del celular, de la bicicleta y similares– son los que le amargan la vida a la gente, a los ciudadanos. No podemos continuar con que los capturados en flagrancia prácticamente siempre salgan libres. Eso hay que acabarlo.

CAMBIO: ¿Usted por qué cree que sí puede hacerlo?                                                                                                                                          

E.P.: Yo tengo experiencia en ejecutar, en hacer. Le voy a dar un ejemplo: recibí un desastre en la salud cuando asumí la alcaldía después de Gustavo Petro. Él quebró la EPS del distrito y dejó la atención a los usuarios en un desastre. La gente tenía que hacer fila desde las dos de la mañana, no para que la atendieran, sino para pedir una cita que probablemente no le daban. ¿Qué hice? De manera urgente le puse gerencia. Y eso es lo que voy a hacer. Hay que garantizar que las EPS mantengan una participación privada y, al revés, vamos a invitar a que haya más participación privada, con todos los controles y erradicando por completo la corrupción. Las cosas hay que hacerlas de manera planificada y honesta.

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CAMBIO: ¿Para eso se necesita plata?                                                                                                                                                                    

E.P.: Lo que yo voy a hacer lo llamaría desarrollo económico. Hay que impulsar una serie de proyectos de desarrollo económico de manera acelerada, comenzar a trabajar urgentemente en temas que tienen que ver, por ejemplo, con reactivar la minería.

CAMBIO: Pero hay una visión de los ambientalistas…                                                                                                                                        

E.P.: Hay que acabar con las zancadillas que están haciendo que unos grupos minoritarios, que deben ser respetados, pero que están bloqueando el desarrollo del país. Como, por ejemplo, las comunidades indígenas que impidieron que se hiciera la generación eólica en La Guajira. ¿Qué pasó? Se opusieron y los inversionistas tomaron sus aspas y todo y se fueron para el Perú. O el absurdo de las consultas previas que, con la crisis que tenemos en gas, hacen que para un gasoducto submarino ya haya más de 120 consultas en fila, toda esa clase de trabas se tiene que terminar.

CAMBIO: Usted ha hablado del páramo de Santurbán.                                                                                                                                      

E.P.: Ese es un buen ejemplo. Es absolutamente urgente destrabar una serie de proyectos mineros que están parados, como la minería de oro en Santurbán, por ejemplo. Es mentira que sea en el páramo, porque está a 2.300 metros, y lo que hoy hay son cientos de mineros ilegales que están haciendo un daño ambiental espantoso. Insisto: hay una serie de grupos minoritarios, que deben ser respetados, pero que no pueden seguir bloqueando el desarrollo del país, como ocurre con las carreteras.

CAMBIO: ¿Cuál es su visión de las carreteras?                                                                                                                                                      

E.P.: Hay que integrar al país. No hay país en el mundo –posiblemente ninguno en América Latina– donde las carreteras sean tan importantes para impulsar el desarrollo económico. En América Latina, con excepción de Bolivia, las ciudades están muy cerca del mar, mientras que las ciudades colombianas están no solo lejos, sino en medio de montañas muy complicadas. Sin embargo, son polos de desarrollo potentísimos, donde hay ingeniería, capacidad empresarial, recursos médicos, industria mecánica; en fin, son polos de desarrollo regional importantísimos, pero están aislados por unas carreteras pésimas de hace 100 años.      

CAMBIO: ¿Por qué cree que no se han mejorado lo suficiente?                                                                                                                          

E.P.: Porque impera una cantidad de falsos ambientalismos. Posiblemente va a ser necesario hacer unas reformas a las corporaciones regionales. Claramente nosotros necesitamos desarrollarnos y, por eso, también hay que darle un gran impulso al tema de las vías. Para eso va a ser necesaria una mayor inversión y una mayor participación privada en estos proyectos. Vamos a hacer dos tipos de vías: unas que mejoren radicalmente la integración de Colombia y otras de penetración para los campesinos.

CAMBIO: ¿Hay un proyecto de carretera que para usted sea el más importante?

E.P.: Hay una carretera que me apasiona y que transformaría la mentalidad de Colombia: la integración con Panamá. Podemos poner a Medellín a diez horas de Panamá y a ocho días en carro de Estados Unidos, sin jornadas excesivas.

CAMBIO: Volviendo atrás, dijo que estamos en guerra. ¿Con quién?

E.P.: Estamos en guerra con los grupos armados ilegales. Son organizaciones con armas largas, armamento militar de todo tipo y control territorial. Eso hay que acabarlo.

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CAMBIO: Si usted es elegido presidente, ¿se acaba la paz total?

E.P.: No va a haber diálogos de paz. Y quiero aclarar algo: respaldé el proceso de paz con las Farc, aunque era escéptico sobre la legitimidad política de la guerrilla. A muchos jóvenes les han dicho que la guerrilla deriva su legitimidad del Frente Nacional. Eso es falso. El Frente Nacional no se creó para impedir que prosperara la izquierda –que en esa época era insignificante–, sino para que liberales y conservadores dejaran de matarse entre ellos.

CAMBIO: Pero el Frente Nacional cerró los espacios…

E.P.: Los comunistas siempre pudieron participar en elecciones. De hecho, tuvieron representación en el Congreso, en las asambleas y en los concejos. Nuestra guerra tuvo más que ver con la Guerra Fría y, después, se alimentó del narcotráfico y otras actividades ilegales, como la minería ilegal.

CAMBIO: En su opinión, ¿qué dejó el proceso de paz?

E.P.: Varias cosas. Una importante es que cualquier vestigio de legitimidad política que hubieran tenido las guerrillas se acabó con el proceso. Ahora hay que implementar bien lo firmado y cumplir compromisos, como las obras en los municipios PDET (Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial).

CAMBIO: ¿Con los grupos armados ilegales de derecha también será igual?

E.P.: Decir que los narcos paramilitares son más de derecha que otros no es correcto. Son criminales que decidieron no estudiar ni trabajar, sino aprovecharse de los demás mediante actividades ilegales. En ese sentido, son iguales. Que me digan que la guerrilla es de izquierda me causa risa. Ni el ELN ni las disidencias de las Farc representan la izquierda.

CAMBIO: A propósito de conceptos políticos, muchos han dicho que la consulta de ustedes era de centro; con la entrada del Centro Democrático, que es de derecha. ¿Cómo la define usted?

E.P.: Es una consulta de centro derecha. Yo no me siento claramente de derecha; hay matices. Tampoco soy uribista, aunque he tenido buenas relaciones con ese sector. Me he enfrentado a candidatos uribistas y les he ganado en varias ocasiones. He trabajado bien con concejales del Centro Democrático y mantengo buenas relaciones con ese partido.

CAMBIO: ¿Los uribistas simpatizan con usted?

E.P.: Con frecuencia encuentro personas que son del Centro Democrático y me dicen que votarán por mí. 

CAMBIO: ¿Lo une al uribismo su obsesión por la seguridad?

E.P.: Personalmente, me obsesionan dos temas: la seguridad, como requisito de una vida civilizada, y el crecimiento económico con equidad.

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CAMBIO: ¿Cuál es el más importante?

E.P.: La igualdad es fundamental. Todo lo que he hecho en mi vida ha buscado mayor equidad. No acepto lecciones del petrismo en ese tema. Si volvemos a la raíz de la izquierda, ligada a la Revolución Francesa, y la entendemos como igualdad, he dado muchas más luchas por la igualdad que muchos otros.

CAMBIO: ¿Por qué?

E.P.: Porque he impulsado acciones concretas: recuperar andenes ocupados por carros cuando solo el 10 por ciento tenía vehículo; construir ciclorrutas para que quien va en bicicleta tenga el mismo derecho al espacio público que quien conduce un carro costoso; implementar TransMilenio para priorizar el transporte público; desarrollar proyectos de vivienda social para más de 300.000 personas; promover reformas urbanas, intervenir tierras y ejecutar proyectos como Lagos de Torca y Metrovivienda. Eso es una verdadera reforma urbana. En un país con más del 80 por ciento de población urbana, es incluso más relevante que la reforma agraria.

CAMBIO: ¿Cómo se define políticamente?

E.P.: Soy alguien comprometido con una vida civilizada, el crecimiento económico y la equidad. Sueño con un país seguro, más próspero y donde nadie se sienta inferior o excluido. En ese sentido, me identifico con el pragmatismo de Deng Xiaoping, cuando dijo que no importa el color del gato, sino que cace ratones.

CAMBIO: Algunos creen que a usted no le importan los pobres.

E.P.: Por Dios. Mi prioridad es mejorar las condiciones de los pobres y construir igualdad. Son conceptos relacionados, pero no idénticos. La igualdad ha sido una causa por la que millones han luchado en los últimos siglos. No podemos ignorarla.

CAMBIO: Pero ¿cómo?

E.P.: La pregunta es cuál es la mejor manera de lograrla. El comunismo fracasó, tanto en lo económico como en la igualdad. Generó élites privilegiadas y abusos. Las propuestas estatizantes no solo frenan el desarrollo económico, sino que tampoco producen igualdad.

CAMBIO: ¿Entonces?

E.P.: Busquemos soluciones concretas: intervenir suelo suburbano para vivienda donde se necesita y promover desarrollo económico. Los estudios muestran que las mejoras sociales en este siglo han provenido más del crecimiento económico que de los programas sociales, sin desconocer que estos también son importantes.

CAMBIO: Si usted gana las elecciones del 8 de marzo, ¿qué hace al día siguiente con Abelardo de la Espriella? ¿Por qué él va por un camino paralelo? ¿Qué hará usted y el grupo político que representa, en caso de ganar?                                                                     

E.P.: No, por supuesto, yo me enfrento a Abelardo de la Espriella. Yo represento algo completamente distinto a lo que él representa. ¿Por qué? Primero, por mi experiencia de vida: he dedicado mi vida a servir a Colombia y no a hacer dinero, y mucho menos a hacerlo trabajando para delincuentes.

CAMBIO: Pero él dice que ha trabajado como abogado.                                                                                                                                    ]

E.P.: Más allá de su trabajo como jurista, Abelardo invitó a los ciudadanos a confiar en que DMG (David Murcia Guzmán) no era una pirámide. Esto contribuyó a que cientos de miles de familias colombianas pobres perdieran los ahorros de toda su vida. En ese sentido, soy completamente distinto.

CAMBIO: Es decir, ¿descarta acuerdos con él?                                                                                                                                                      

E.P.: Sí, tengo muchas diferencias con él. ¿Qué lo caracteriza? Habla muy bien. Pero ahí sí cito el Sermón de la Montaña, en el Evangelio según San Mateo, donde Jesucristo dijo: “Tengan cuidado con los que hablan muy bien, con los culebreros de alguna manera; tengan cuidado con los falsos profetas”.

CAMBIO: Él es un falso profeta, pero ¿cómo vencerlo?                                                                                                                                        

E.P.: Sigo con la cita bíblica: “Más bien, presten atención a lo que la gente ha hecho y hace. Por sus frutos los conoceréis”. Por eso les digo a los ciudadanos: es raro encontrar a alguien que no se queje de los políticos, y con razón, porque existen incompetentes y corruptos. Pero, afortunadamente, también hay muchos buenos. A todos los que dicen no gustarles la política, les recuerdo: la gran habilidad de los políticos es hablar. No se fijen tanto en lo que dicen, sino en lo que han hecho. Como decía Cristo, por sus frutos los conoceréis. Fíjense en los frutos.

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CAMBIO: ¿Qué, según usted, los ha dado?

E.P.: Claro que sí. He demostrado capacidad gerencial, liderazgo y carácter para producir resultados. En el caso de él, si alguien no ha producido resultados antes, ¿por qué pensar que lo hará como presidente?

CAMBIO: Si usted llega a la Presidencia, ¿qué hará con Venezuela?

E.P.: Siempre he dicho que debemos tener relaciones con Venezuela. En los últimos 25 años, el Estado venezolano, especialmente sus Fuerzas Armadas, ha apoyado a grupos ilegales colombianos. Eso ha sido evidente.

CAMBIO: ¿Era su santuario?

E.P.: Han encontrado refugio y negocios en la frontera: Arauca, Catatumbo y la Serranía del Perijá. No es coincidencia. Si ahora las Fuerzas Armadas venezolanas enfrentan a esos grupos, podríamos trabajar coordinadamente, cada país desde su territorio.

CAMBIO: Si se impulsa una constituyente, ¿qué hará?

E.P.: Espero que no ocurra. Hay muchas formas de reformar la Constitución sin convocar una constituyente. Ya se han hecho numerosas reformas. El riesgo es que se use para debilitar controles institucionales y perpetuar a los gobernantes, como ocurrió en Venezuela. Si fuera una constituyente verdaderamente democrática, el petrismo no tendría mayorías. Pero lo que proponen no parece democrático, sino una fórmula para concentrar el poder.

CAMBIO: Finalmente, en el tarjetón aparecen usted y otros candidatos. ¿Por qué deberían votar por usted?

E.P.: Porque he trabajado toda mi vida por Colombia con integridad y sin investigaciones por corrupción. Porque he tomado decisiones difíciles y he demostrado liderazgo para conformar equipos que producen resultados.

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