La memoria no se desmonta
A propósito de la columna ‘Territorio Usmeka’, publicada por el exministro de Cultura Juan David Correa, en la que se afirma que la administración del alcalde Carlos Fernando Galán estaría empeñada en “echar para atrás” los avances alcanzados en el Parque Arqueológico y del Patrimonio Cultural de Usme (PAPCU), es necesario aclarar, con base en hechos verificables, varias imprecisiones.
El PAPCU no es una decisión coyuntural. Es la figura que organiza la gestión del Área Arqueológica Protegida de la Hacienda El Carmen, reconocida por el Instituto Colombiano de Antropología e Historia desde 2014, y cuenta con un Plan de Manejo Arqueológico aprobado para el periodo 2022–2032. Su hoja de ruta —integrada al Plan de Ordenamiento Territorial y al Plan Distrital de Desarrollo del alcalde Galán— articula investigación, conservación, apropiación social, divulgación e infraestructura cultural bajo obligaciones técnicas y metas verificables.
Cuando esta administración asumió la responsabilidad sobre el proceso, encontró avances significativos en apropiación social y en construcción de memoria, pero también desafíos evidentes. Persistían tensiones entre distintos sectores comunitarios, algunos de los cuales se habían sentido excluidos de los espacios de decisión; otros señalaban una intermediación excesiva de actores políticos con intereses particulares en dinámicas que debían ser eminentemente culturales y patrimoniales. En el componente de infraestructura no existían proyectos en ejecución ni diseños de detalle listos para avanzar. Tras casi dos décadas del hallazgo arqueológico, los progresos en esa dimensión habían sido limitados.
La decisión, por tanto, no fue desmontar lo construido, sino ordenar, ampliar y ejecutar. Se reactivaron espacios de diálogo, se incorporaron nuevos interlocutores rurales y campesinos y se fortalecieron mecanismos de concertación para que la participación fuera más amplia y menos intermediada. Paralelamente, se estructuraron técnicamente los proyectos necesarios para que el parque dejara de ser una promesa indefinida y avanzara hacia una consolidación progresiva y responsable.
Así, entre 2024 y 2025 se realizaron 13 juntanzas patrimoniales para la construcción participativa de la curaduría y museografía del pabellón expositivo. La Estrategia de Armonización Cultural convocó círculos de palabra con comunidades campesinas y étnicas. En cuanto a las inquietudes referentes al diseño, se instalaron en enero y febrero de este año mesas ampliadas donde se acordó concertar su funcionalidad —uso, programación y gestión— e iniciar formalmente el proceso participativo de la Casa de Pensamiento. La concertación no es un acto aislado: es un ejercicio que se revisa y se fortalece permanentemente.
En paralelo, avanzaron las intervenciones definidas por estudios técnicos y criterios de protección del área arqueológica. Se mejoraron accesos y senderos y, mediante convenio entre la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, y el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC), hoy avanza el pabellón expositivo que albergará piezas arqueológicas y procesos culturales comunitarios. La restauración ecológica en articulación con el Jardín Botánico y los estudios de riesgo realizados con entidades distritales evidencian que patrimonio y territorio deben gestionarse como una sola responsabilidad pública.
En su columna, el autor cuestiona el activismo del “hay que hacer” como un estilo de gerencia pública que impone decisiones y vulnera derechos. No compartimos esa lectura. Ejecutar no es aplastar la cultura bajo el cemento; es convertir planes, acuerdos y diagnósticos en resultados visibles para la ciudadanía. En esta administración trabajamos en equipo, bajo una hoja de ruta clara definida por el Plan Distrital de Desarrollo, y asumimos la ejecución como una forma de responsabilidad con la ciudad.
Esta visión no se limita a Usme. A través de Proyectos en Red, en 2025 se impulsaron procesos de articulación en 15 sectores culturales y en 2026 se priorizan seis sectores estratégicos para fortalecer su asociatividad. Asimismo, la estrategia Barrios Vivos ha desarrollado 167 laboratorios de co-creación entre 2024 y 2025, impactando a más de 16.000 personas en distintos territorios de la ciudad. La apuesta institucional no se reduce a infraestructura: se centra en gobernanza cultural, diálogo, concertación y construcción de confianza.
A la luz de estos hechos —marco jurídico vigente, planificación decenal, intervenciones en ejecución y participación ampliada— no resulta consistente afirmar que exista un propósito institucional de revertir lo avanzado. La evidencia muestra continuidad, ajustes responsables y fortalecimiento progresivo.
El patrimonio no es una consigna ni una bandera coyuntural. Es una conversación larga entre generaciones. En Usme, la tierra habló primero: reveló una memoria profunda que obligó a la ciudad a detenerse y a escuchar. Hoy esa escucha se traduce en método, diálogo intercultural y trabajo técnico sostenido. Cuidar ese legado no es elegir entre pasado y futuro; es comprender que una ciudad sólo puede proyectarse con solidez cuando reconoce las capas de historia que la sostienen. El progreso auténtico no arrasa con la memoria: la integra y la convierte en fundamento de comunidad.
*Santiago Trujillo es Secretario de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá.