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Miércoles 6 de mayo de 2026
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Luis Alberto Arango

El Congreso importa. Y más de lo que creemos

En poco tiempo, el 8 de marzo, elegiremos Congreso y, casi sin transición, entraremos en la carrera para elegir presidente. Como siempre, la conversación pública se concentra en quién llegará a la Casa de Nariño. Pero el verdadero equilibrio —o desequilibrio— institucional del país se define, en buena medida, en el Capitolio.

No soy analista electoral ni pretendo serlo. No hago política profesional. Soy un ciudadano que cree que Colombia necesita algo elemental: pesos y contrapesos reales frente al poder.

El Congreso no está para aplaudir gobiernos. Está para vigilarlos, debatirlos, corregirlos y, cuando sea necesario, frenarlos. Esa es su esencia republicana. Y esa tarea exige preparación técnica, independencia y carácter.

Por eso quiero poner a consideración algunos nombres que, desde distintos puntos del espectro político, considero valiosos para fortalecer el control institucional y la lucha contra la corrupción. No hago parte de sus equipos ni campañas. Y, desde luego, no es una lista cerrada ni excluyente: es una invitación a revisar trayectorias.

El oficio del control político

Hay candidatos que han hecho del control político algo más que un discurso: lo han convertido en un método.

Jorge Enrique Robledo Castillo, candidato al Senado, ha ostentado el récord del congresista más votado del país. Se podrá o no estar de acuerdo con él, pero durante años representó una forma rigurosa de ejercer control político: debates preparados, seguimiento técnico a las reformas y una independencia que hoy lo lleva, siendo de izquierda, a ser uno de los críticos más consistentes del gobierno de Gustavo Petro.

En esa misma línea, Katherine Miranda Peña, Jennifer Pedraza Sandoval —ambas candidatas al Senado— y Catherine Juvinao Clavijo, candidata a la Cámara por Bogotá, han hecho del control político una actividad sistemática y disciplinada, por lo general respaldado en pruebas y argumentos difíciles de rebatir.

“No es una lista cerrada ni excluyente: es una invitación a revisar trayectorias”.

Daniel Briceño, candidato a la Cámara por Bogotá, se ha vuelto famoso por destapar periódicamente escándalos de contratación estatal. Ha incomodado, como pocos, al Gobierno de Gustavo Petro y a sus aliados, apoyado siempre en documentos y datos verificables. 

Andrés Forero Molina, candidato al Senado, con una probada trayectoria política e importantes votaciones en elecciones pasadas, combina formación en economía y gestión pública con debates y propuestas centrados en la eficiencia del gasto y el control legislativo.

Christian Garcés Aljure, candidato al Senado por el Valle del Cauca, suma experiencia legislativa con una insistencia constante en disciplina fiscal y vigilancia del gasto público.

La lucha anticorrupción como especialidad

Hay perfiles cuya contribución más valiosa no sería su elocuencia en el podio sino su capacidad para leer lo que otros no quieren que se lea.

Camilo Enciso Vanegas, candidato a la Cámara por Bogotá, fue director del Instituto Internacional de Estudios Anticorrupción. Abogado penalista e internacionalista, su trabajo se ha centrado en el seguimiento documentado de la contratación pública y en rastrear información que los poderosos preferirían mantener oculta. Desde su columna en este mismo medio, CAMBIO, visibilizó cuestionadas maniobras patrimoniales de Armando Benedetti y del contratista Ricardo Leyva Páez. La lucha contra la corrupción es un ejercicio técnico, persistente y valiente que debería tener más representación en el Congreso.

El medio ambiente

Julia Miranda Londoño, candidata a la Cámara por Bogotá, aporta una trayectoria pública y ambiental reconocida y un enfoque técnico en sostenibilidad y fortalecimiento institucional.

Renovación legislativa

Un Congreso que no se renueva se fosiliza. Estos dos candidatos refrescarían la actividad legislativa en asuntos de importancia vital para el país.

En Antioquia, Hannah Escobar Correa, química farmacéutica aspirante a la Cámara, ha construido presencia pública cuestionando con rigor decisiones del Estado en materia de salud. Quiere llevar al Congreso una agenda centrada en la voz de pacientes y cuidadores y en la discusión técnica de la política sanitaria: una perspectiva que suele brillar por su ausencia.

“Solo podemos marcar un nombre para Senado y uno para Cámara. Eso hace que cada voto pese más, no menos”.

Juan David Aristizábal, candidato a la Cámara por Bogotá, introduce una conversación distinta: educación, empleo y desarrollo de talento como base del futuro productivo del país. 

Daniel Gómez Gaviria, candidato al Senado, economista con trayectoria en política pública, propone un Congreso más técnico, austero y transparente. 

Y Germán Ricaurte Camargo, economista, candidato a la Cámara por Bogotá, merece revisión por su énfasis en fortalecer la institucionalidad y procurar un Estado más eficiente y transparente.

Dos perfiles que vale la pena defender

Enrique Gómez Martínez, candidato al Senado, es una figura polémica que no genera consensos. Se le etiqueta con facilidad en la extrema derecha. Pero más allá de las categorías ideológicas, es una persona preparada, con formación jurídica sólida y convicciones claras frente a la necesidad de combatir la corrupción y fortalecer el Estado de derecho. No gustará a muchos. Pero la democracia también se robustece con voces firmes que creen en el rigor institucional.

Y desde las antípodas de ese espectro: Fabio Arias Giraldo, candidato al Senado y dirigente sindical con una larga trayectoria en la defensa de los trabajadores. No comparto la mayoría de sus posturas ni su estilo de activismo, que considero radical. Sin embargo, lo incluyo porque su presencia en el Congreso importa. Un parlamento sin representación de su orilla ideológica pierde capacidad de deliberación real. Si el país quiere impulsar transformaciones sociales profundas, inevitablemente deberán discutirse con quienes representan esas visiones. Sin esa interlocución, los cambios difícilmente se vuelven viables. Ese es, para mí, el valor democrático de su candidatura.

Nombrar a estos dos candidatos en la misma columna parece una contradicción, pero es exactamente el tipo de Congreso plural que el país requiere.

La contribución de los medios de comunicación

Existen otros nombres valiosos en Antioquia, Atlántico, Bolívar, Santanderes, Cundinamarca, Valle del Cauca y en el resto de los departamentos. No conozco con igual profundidad todos los perfiles regionales. Los medios —tradicionales y digitales— han hecho un trabajo valioso poniendo candidatos bajo la lupa: RCN, Caracol, El Tiempo, El Espectador, La Silla Vacía y otros han contribuido a que este debate se dé con información. Vale la pena visitarlos.

El peso y contrapeso del Congreso

Conviene decirlo sin ambigüedades: en el Congreso sí hay buenas personas y candidatos preparados. El problema es que, como en cada elección, también se presentarán perfiles mediocres o dañinos para la institucionalidad.

Solo podemos marcar un nombre para Senado y uno para Cámara. Eso hace que cada voto pese más, no menos.

No encuentro, personalmente, figuras del partido de gobierno que quiera destacar en esta ocasión. Respeto su manera de ejercer el poder, pero me ha parecido insuficiente la autocrítica frente a los numerosos errores del Ejecutivo en casi cuatro años. Y al Ejecutivo —cualquiera que sea— hay que hacerle contrapeso. Eso exige, incluso de los congresistas oficialistas, una disposición real a la autocrítica.

“Es una invitación a votar a favor del control, la transparencia y la preparación”.

Esta no es una invitación a votar en contra de alguien. Es una invitación a votar a favor del control, la transparencia y la preparación. Votar no puede ser un acto automático ni emocional. Debe ser un ejercicio ético: revisar trayectorias, medir coherencia y exigir independencia.

En estas semanas previas a la elección, propongo hacer la tarea de conocer más a los candidatos. Aunque solo podamos marcar un nombre para Senado y otro para Cámara, detrás de esa acción se juega el equilibrio de la institucionalidad y sus efectos nos alcanzan a todos. Esta vez, más que nunca, el Congreso importa.


Nota: He decidido apoyar financieramente, de manera legal y registrada, las campañas de Camilo Enciso Vanegas y Enrique Gómez Martínez. En el pasado también apoyé, financieramente y en un par de elecciones, la de Jorge Enrique Robledo Castillo. Como puede verse, se trata de un espectro político amplio. Mi criterio no es ideológico sino institucional: considero que estos perfiles fortalecen el Congreso como contrapeso indispensable del poder ejecutivo.


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