William Villamizar, gobernador de Norte de Santander y Federico Gómez Lara, director de CAMBIO. | Foto: Ana Cañón - CAMBIO
“Norte de Santander no puede perder la batalla”: este es el mensaje del gobernador William Villamizar
En el foro Norte de Santander en Perspectiva, el gobernador William Villamizar trazó un diagnóstico franco sobre los retos de seguridad, economía y migración que enfrenta la región, pero también subrayó las oportunidades que empiezan a abrirse en torno al turismo, la conectividad y los nuevos negocios en frontera.
Por: Daniel Murcia
En medio del evento, Villamizar trazó un retrato crudo —y urgente— sobre la realidad del departamento. Habló de una frontera donde conviven el comercio y el crimen, de un Catatumbo atrapado entre organizaciones armadas y de una región que, según él, el país aún no mira con la gravedad y la solidaridad necesarias. Su mensaje fue contundente: en Norte de Santander, la seguridad, la paz y la relación con Venezuela no son discusiones conceptuales; son asuntos de supervivencia.
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Una frontera que respira guerra y economía a la vez
Desde el inicio, Villamizar insistió en que hablar de seguridad en Norte de Santander es hablar de vida diaria. La mitad del departamento es el Catatumbo: más de 50.000 hectáreas de coca, presencia del ELN, disidencias de las Farc, restos del EPL, narcotráfico y condiciones selváticas que dificultan incluso la acción militar.
La otra mitad es la frontera viva: un corredor urbano por donde cruzan entre 30.000 y 50.000 personas al día desde Venezuela. Una zona pendular, dinámica, productiva… pero también permeada por economías ilegales.
En ese escenario las autoridades —Ejército, Policía, Fiscalía— sostienen una batalla constante. Hay capturas, enfrentamientos, operaciones y desplazamientos masivos: solo en enero, 80.000 personas fueron obligadas a abandonar sus hogares y más de 25.000 quedaron confinadas.
Aun así, el gobernador asegura que el territorio resiste. Hay consejos de seguridad semanales, recompensas, fortalecimiento de la Fuerza Pública y trabajo comunitario para romper el poder de las redes criminales. “Estamos en un punto en el que no podemos perder la batalla”, advirtió. Y a pesar de las extorsiones, insiste, los empresarios siguen produciendo para no dejar caer la economía local.
También reveló un hecho que pasó inadvertido en el país: los ceses al fuego sí funcionaron en el departamento. Durante ocho meses en San Calixto, Hacarí o Teorama “no hubo un solo asesinato”. La vida volvió a la noche, la movilidad se recuperó y la agricultura revivió. Pero tras la ruptura con el ELN, regresó la guerra. “La paz total no funcionó. Pensamos que un gobierno de izquierda facilitaría acuerdos, pero eso no pasó”, sentenció.
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Crimen transnacional, Fuerza Pública y una región que se prepara para competir
Villamizar también detalló los esfuerzos binacionales para enfrentar bandas que se mueven libremente entre ambos países.
“Nosotros hemos intentado buscar que esa lucha contra el crimen internacional se pueda hacer en conjunto entre autoridades colombianas y venezolanas”, dijo. Hubo reuniones, contactos entre fuerzas militares y varios resultados concretos, pero los procesos electorales en Venezuela frenaron la coordinación. A eso se suma un desafío estructural: “Allá el gobernador tiene una situación de mando sobre las autoridades diferente a la que tenemos en Colombia”.
En cuanto al Catatumbo, el gobernador recordó que las confrontaciones entre el ELN y las disidencias dejaron “más de 200 muertos, desplazaron 80.000 personas y generaron confinamiento para más de 25.000”. El departamento respondió con albergues, un colegio temporal y recuperación de vías y cabeceras, lo que permitió un retorno del 97–98 %. Pero persiste la preocupación por nuevas alertas emitidas por la Defensoría del Pueblo.
Frente a la supuesta desmoralización de la Fuerza Pública, Villamizar fue claro: “No notamos desmoralización: tienen recursos, ha habido incremento de personal —1.200 soldados más, 350 policías más— y pensamos que eso va a incidir en resultados”.
Además, destacó inversiones en cámaras, equipos y un trabajo contundente contra ELN, disidencias y bandas venezolanas.
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Una región que se convierte en centro de negocios
En medio del panorama de seguridad, el gobernador envió un mensaje estratégico: Norte de Santander está preparándose para convertirse en un hub económico del nororiente del país.
Destacó que la región “tiene una oferta gastronómica y turística muy importante” y recordó que es escenario de momentos clave de la historia nacional “que se escribieron en el Norte de Santander”. En comercio, turismo y gastronomía, dijo, hay una oferta de servicios robusta, pero su mayor potencial está en los negocios transfronterizos: “Ese es un punto para poder generar negocios con empresarios que al final necesitan productos. En Venezuela pues también se puede exportar”.
La conectividad aérea es otro pilar del auge: “La frecuencia de vuelos es muy importante, casi un vuelo cada hora desde las 5 de la mañana hasta las 10 de la noche. La llegada de nuevas líneas aéreas es porque hay una demanda muy grande”.
El departamento, asegura, avanza en infraestructura para sostener ese crecimiento. “Se habilitó ya el aeropuerto de Ocaña con línea aérea comercial a Tibú y está en estudio habilitar una pista en el municipio de El Tarra”.
Además, el Ministerio de Transporte ya entregó el estudio de prefactibilidad del tren del Catatumbo, que pasará ahora a factibilidad para movilizar la producción de toda la zona.
“Se está trabajando y preparando la región para todo un desarrollo económico y un centro de negocios”, dijo. La zona franca —agregó— ya recibe consultas de empresarios que quieren instalarse allí: “Esta es una región que va a salir adelante, que va en desarrollo y los invitamos a que con ese optimismo que nosotros tenemos, ustedes puedan lograr la garantía para poder establecerse en nuestra ciudad”.
La geopolítica que acecha la frontera
El cierre de la entrevista volvió sobre un punto delicado: el riesgo de escalamiento militar en Venezuela por tensiones con Estados Unidos. Se mencionaron bombardeos en el Caribe, el traslado de un portaaviones y llamados de políticos estadounidenses y colombianos a una intervención directa.
Villamizar no esquivó el tema, pero respondió desde la institucionalidad: “Indudablemente hay tensión fuerte por lo que pueda suceder en Venezuela y sus consecuencias hacia la frontera”.
Recordó que Norte de Santander ya atendió un flujo de “más de 100.000 personas en un día” y que su administración tuvo que enfrentar ese fenómeno. Por eso esperan que nada similar ocurra.
Al ser consultado sobre los llamados a intervención militar, insistió: “No queremos opinar sobre situaciones en las que se debe pronunciar la cancillería. En nuestro rol institucional no debemos hacerlo y ahora pues somos técnicos, ya no somos políticos”.
Sin embargo, sí dejó claro el temor central: que la frontera enfrente simultáneamente crisis internas y externas. “Ojalá no tengamos que enfrentar, adicional a lo del Catatumbo y al desplazamiento, un semestre de desplazamiento y un semestre de migración”.
La entrevista cerró con una lectura evidente, aunque no explícita: una intervención militar sería devastadora para la región. “Todo lo que ocurra allá repercute directamente en la frontera”, concluyó.