Reserva Natural de la Industria Licorera de Caldas (ILC). | Crédito: Pablo David - CAMBIO
256 hectáreas de vida: así es la Reserva Natural de la Industria Licorera de Caldas
Con 120 años de historia, la Industria Licorera de Caldas, una de las empresas emblemáticas de la región cafetera, apuesta firmemente por la conservación de la biodiversidad y la protección de las fuentes hídricas en este santuario natural ubicado a más 2.000 metros sobre el nivel del mar.
Por: Luis Chía
A 2.300 metros sobre el nivel del mar, más de 16.000 árboles rectos, longevos y de corteza grisácea pintan de verde las más de 256 hectáreas de la Reserva Natural de la Industria Licorera de Caldas (ILC). Se trata del roble blanco —una especie endémica de Colombia— que hoy nutre de vida un extenso terreno que antes era utilizado para actividades pecuarias y agrícolas a las afueras de Manizales. Más de 249 especies de aves y 141 especies de flora habitan este bosque protegido por la licorera más antigua del país.
La reserva natural, ubicada en una montaña que está a solo 5 minutos en carro de la planta principal de la ILC, es uno de los pilares más importantes para la operación de la compañía. CAMBIO recorrió este corredor natural, del cual se desprenden 68 nacimientos de agua de extrema pureza que se conectan en tres quebradas, fundamentales para la producción de rones y aguardientes.
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Diego Angelillis Quiceno., gerente de la ILC, habla con orgullo de esta zona crucial para la producción de licores, así como para la conservación de la biodiversidad del departamento: “En este lugar, que es uno de nuestros grandes atractivos en competitividad, realizamos actividades de conservación no solo por lo invaluable que es para nosotros, sino también por todo lo que significa para el medio ambiente y para los caldenses”.
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“Proteger es parte de nuestro propósito”
La sostenibilidad es un pilar transversal a todas las actividades de la ILC. “A esto le metemos el alma y el corazón”, dice el gerente general de la compañía, quien explica que trabajan con diferentes grupos de interés de Caldas como estudiantes universitarios para difundir un legado alrededor de la conservación. A través de la siembra de roble blanco, los visitantes de la reserva no solo aportan a la repoblación forestal, sino también comprenden la importancia de la siembra desde un punto de vista ontológico.
“¿Cuál es el momento idóneo para sembrar un árbol? El momento perfecto fue hace 25 años”, reflexiona Angelillis Quiceno. Según él, este esfuerzo de la Licorera es parte de la apuesta de la empresa por dejar una herencia para el departamento que trasciende la producción de licores.
El roble blanco es una materia prima esencial para la Industria porque es utilizado para la fabricación de los barriles o toneles en los que se añeja el Ron Viejo de Caldas. Con el propósito de evitar la tala del bosque, estas barricas son reutilizadas, aportando notas especiales a los licores que allí se almacenan.
No obstante, la alta demanda de los rones supone un reto para la compañía en materia ambiental. La ILC tiene una participación de más del 82 por ciento en este mercado en el país. De cada 100 botellas que se comercializan en Colombia, 82 pertenecen a la industria caldense. En medio de ese contexto, es necesaria la fabricación de nuevos toneles.
Es por esto que, además de una apuesta de compensación ambiental que prioriza la siembra de 10 nuevas plantas por cada tronco talado, la compañía ha innovado para extender el ciclo de vida de los barriles. “Estamos en un proceso de reingeniería que se ha diseñado para la ampliar la vida útil de los toneles, con el que nos hemos replanteado el uso final de este roble blanco. El objetivo por el que estamos trabajando ahora es que esta especie quede como fuente semillera para el departamento de Caldas”, aclara el gerente general.
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Un santuario de biodiversidad
La reserva natural de la ILC hace honor al título del país como el segundo más biodiverso del mundo. Especies como el mirlo acuático (Cinclus leucocephalus) pueden encontrarse surcando los manantiales de esta área protegida. Su presencia en esta zona no solo llama la atención por la belleza de la especie, sino por las buenas condiciones de este ecosistema.
La rana chocolate (_Hyloscirtus larinopygion_**), una de las especies de anfibios más llamativas por emitir un olor dulce, habita este territorio privilegiado por su ubicación geográfica**, altura que supera los 2.000 metros sobre el nivel del mar y clima templado. Según expertos, la presencia de estas especies son bioindicadores que evidencian la pureza del agua y las condiciones favorables de esta reserva natural para la biodiversidad.
De hecho, en recientes investigaciones realizadas con el apoyo de la Universidad de Caldas, se descubrió una nueva especie en Colombia de Anturio Negro, conocida como Anthurium caldasii en este territorio. “Dichos estudios además detallaron que en la reserva natural aproximadamente por cada metro lineal se encuentran dos o tres veces más especies de solanáceas que en otras zonas”, resalta Angelillis Quiceno.
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Caldas es también uno de los departamentos con mayor potencial para el avistamiento de aves. La reserva natural de la Industria Licorera de Caldas es uno de los lugares más visitados por expertos para el avistamiento de aves los cuales han contribuido además a la identificación y caracterización de 215 especies de aves que habitan en este bosque húmedo montano bajo.
“Cientos de amantes y expertos en aves visitan nuestra reserva para observar, apreciar y caracterizar estas especies que inundan el departamento de Caldas, como la Mirla, el Tororoi o el Tepatroncos Canelo (Dendrocincla homochroa)”, destaca el gerente de la compañía.
Huella de Agua: un motivo de orgullo
El trabajo de conservación del recurso hídrico en la Reserva Natural de la ILC ha sido reconocido internacionalmente. Este año, la entidad Bureau Veritas certificó la Huella de Agua ISO 14046 y carbono de Neutralidad ISO 14068-1 de la compañía, al comprobar que cumplen con los estándares ambientales internacionales frente al uso del agua a lo largo del ciclo de vida de sus operaciones.
Se trata de la primera empresa de licores del país en alcanzar esta certificación. “La Huella de Agua es un orgullo no solo para la Industria Licorera de Caldas, sino para el sector empresarial en Colombia. Esta medición es realizada internacionalmente por Bureau Veritas en todos los sectores empresariales del mundo. Somos la primera empresa colombiana y una de las 10 primeras a nivel mundial en lograr esta certificación”, enfatiza el gerente general de la compañía.
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Precisamente, la entidad evaluó el uso del recurso hídrico que se capta y potabiliza en la quebrada Guayabal, la principal fuente de agua para la producción de rones y aguardiente del portafolio de la licorera caldense. “Eso demuestra el buen tratamiento que le damos a las aguas en su trayecto y desde su origen en el Nevado del Ruíz. Tenemos nuestras propias aguas manantiales que conservamos profundamente”, concluye el gerente.
*Contenido elaborado con el apoyo de la Industria Licorera de Caldas.