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Miércoles 6 de mayo de 2026
Caño Cristales. | Foto: Gobernación del Meta.

Caño Cristales. | Foto: Gobernación del Meta.

“Hoy hablamos de reconciliación”: el Meta reescribe su historia con el turismo sostenible y de paz

Donde hubo fusiles y enfrentamientos armados, hoy se vive del turismo sostenible y de aventura. El Meta, con sus 29 municipios, sigue apostando por convertirse en uno de los destinos turísticos más importantes de la Orinoquía y del país. El departamento llanero hoy abraza la paz y la reconciliación como sus banderas.

Por: Luis Chía

Con alrededor de 742 metros de altura, la cascada Chorros de Sardinata se extiende como un manto blanco sobre el acantilado. Para llegar a este destino del Meta hay que recorrer 40 minutos en vehículo desde el municipio de Vista Hermosa hasta la vereda Maracaibo. Allí, comienzan dos días de senderismo hasta lo más alto del chorro. La travesía —desafiante por su extenso trayecto— permite adentrarse en la impresionante naturaleza de la región del Ariari, golpeada en otros años por la presencia de las Farc y el paramilitarismo.

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En 2016, cuando se firmó el Acuerdo de Paz, muchos creyeron que los años más difíciles de Vista Hermosa ya habían pasado: el municipio fue priorizado en procesos como la entrega de armas, la reincorporación de excombatientes y en el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos (PNIS). Con este último, la esperanza que afloraba entre las familias cocaleras se fue marchitando por los incumplimientos del Estado. “Fue muy duro eso: tener que arrancar nuestro sustento y empezar a buscar una nueva vida”, recuerda el campesino Anderson Castro, de 40 años.  

Anderson nació y se crió en Vista Hermosa. En la época de la zona de distensión, establecida entre 1998 y 2002, cuando no había ni vías ni alcantarillado, su única alternativa fue empezar a cultivar coca. El fracaso de la estrategia, los enfrentamientos entre las Farc y la fuerza pública, los desplazamientos y las masacres venideras terminaron cubriendo de rojo las montañas vistahermoseñas.

“Nadie nos visitaba”, comenta Anderson, con una nostalgia contenida en sus ojos que evoca el dolor de Vista Hermosa pero también su resiliencia. Recuerda cuando el turismo se atravesó por su mente como una idea fugaz, irrelevante y hasta ridícula. No creía que nadie tuviera la osadía suficiente para visitar su municipio, el que por tantos años fue el escenario —como muchos del país— de lo más cruento de la guerra.

Este sentimiento cambió en 2014 cuando unas jóvenes alemanas, estudiantes de intercambio en la Universidad Javeriana, escucharon sobre el encanto de los Chorros de Sardinata. Ese interés por visitar el lugar tomó por sorpresa a Anderson: que unas extranjeras, en una región que cargaba el estigma del conflicto, quisieran visitar uno de los ecosistemas más importantes pero recónditos del municipio, lo sacudió hasta el punto de animarse a acompañarlas en la travesía.

Después, en enero de 2017, apenas dos meses después de la firma del Acuerdo, un intrépido francés cautivado por la aventura llegó hasta el municipio. Jeremías Soun, tras recorrer durante meses el país, llegó al Meta y no quiso irse nunca más. Durante dos semanas recorrió la montaña, la selva y el río, pero lo que lo enamoró por completo fue la enorme caída de los Chorros de Sardinata. “Vi de frente la cascada más alta de Colombia”, cuenta, con su español imperfecto, Soun.

En 2019, la ilusión de este francés se juntó con el coraje de la comunidad de Vista Hermosa. Anderson, junto a otras 47 personas, emprendió la retadora pero valiosa misión de crear una asociación de turismo comunitario en Vista Hermosa. Durante la pandemia muchos desistieron, pero quienes siguieron adelante comprobaron que el municipio, la vereda y la región tenían su propio encanto. Así, poco a poco turistas internacionales también vivieron el que Jeremías cataloga como el mejor viaje de su vida.

“Me interesa la naturaleza y la protección del medio ambiente. Cuando los turistas de otros países llegan al Meta se amañan porque es auténtico. Ven gente muy humilde que antes sufrió la violencia y hoy construye un futuro con más esperanzas. El objetivo siempre será que la gente viva dignamente”, dice Jeremías.

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Un Meta que reescribe su historia

Ese mismo Meta marcado por una historia de conflicto armado, dejó atrás las armas para abrir paso a un presente, entre ríos, montañas y aventura, de un turismo hecho para todos. El departamento se posiciona como uno de los más atractivos en esta materia. Lo que en algún momento parecía impensable hoy es una realidad: una región, con vocación petrolera, avanza hacia un desarrollo impulsado por el turismo, la agroindustria y la tecnificación del campo. 

Con un territorio biodiverso y una extensión de ecosistemas y corredores naturales, el país ha puesto su mirada en el Meta. Destinos como Caño Cristales, en La Macarena; el Cañón del Río Güejar, en Mesetas, y el Bioparque Los Ocarros, en Villavicencio, han hecho del departamento un referente del turismo sostenible y de paz.

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En palabras de la gobernadora del Meta, Rafaela Cortés, “el departamento viene creciendo y no va a parar”. Según la mandataria, la apuesta ha sido clara: dejar atrás la dependencia de los hidrocarburos y apostar por el ecoturismo y el campo como los nuevos motores de desarrollo.

“Las asociaciones, los municipios y nuestra gente han sabido decirle ‘no’ a la guerra. Ellos ya no juegan a la violencia ni a lo ilegal. Ahora se dedican al turismo de aventura, a la sostenibilidad y a la productividad del cacao y el café. Nuestro compromiso siempre será seguir apostando por la paz porque hablamos el lenguaje de la reconciliación”, sostuvo, con vehemencia, la gobernadora en conversación con CAMBIO.

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De acuerdo con cifras del Instituto de Turismo del Meta, el departamento rompió un récord  de visitantes en noviembre de 2024 con más de 350.000 turistas y, durante la Semana Santa de 2025, recibieron 327.000 turistas. Eventos como Expomalocas también hablan por sí solos del desarrollo del Meta como escenario cultural, agroindustrial y turístico. En su edición más reciente, el evento recibió a más de 103.000 visitantes en el Parque de la Cultura Llanera e inyectó más de 100.000 millones de pesos a la economía de la región.

“Cada visita amplía el panorama de la paz”

Alberto Espitia, guía turístico del Instituto, tiene 52 años. Nació en Cubarral, municipio ubicado a 60 kilómetros de Villavicencio. Desde hace cuatro años su mayor pasión ha sido promover el turismo de la región. Para él, el Meta ha renacido como un departamento insignia en la paz.

“Lo que el turista encuentra primero es una realización al saber que aquellas personas que fueron víctimas del conflicto hoy prestan servicios turísticos.  En la economía del valor el dinero se reparte entre los guías locales y empresarios de la región”, explica Espitia, destacando que la cadena turística de los municipios del Meta está conformada por los actores de la región.  

El Meta, sin duda alguna, ha reescrito su historia. El turismo, la paz y la cultura se consolidan como las bases de un departamento resiliente que dejó atrás las armas. “Con cada visita se amplía el panorama de la paz. No es un ejercicio político, es un ejercicio de realización personal y emocional. Cuando usted se da la tarea de escucharlos y de conocer por qué ocurrió todo, al principio derrama algunas lágrimas, pero después siente una sensación enorme de contribuir a que el país se transforme desde el fondo y no solo de forma superficial”, dice, emocionado, el guía Alberto Espitia.

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