Saltar a contenido
Domingo 3 de mayo de 2026
Crédito: Colprensa

Crédito: Colprensa

Los jurados, un voto de confianza

El papel de un jurado de votación es clave para que la voluntad expresada por los ciudadanos en las urnas se traduzca en resultados claros y verificables.

Por estos días se habla de los jurados de votación que cumplirán este deber en las elecciones del próximo 8 de marzo, cuando los colombianos elijan congresistas y a sus candidatos en las consultas presidenciales.

Ser jurado va más allá de haber sido seleccionado de manera aleatoria por un sistema. Es un voto de confianza que el Estado y la sociedad depositan en un ciudadano para que sea garante de uno de los momentos más sensibles de la democracia, el conteo de los votos.

Los jurados son ciudadanos que asumen esta labor como un deber, no como un trabajo remunerado. Los designa y capacita la Registraduría Nacional del Estado Civil, incluso si ya han cumplido esta función en elecciones anteriores, porque cada proceso electoral tiene sus particularidades.

Durante la jornada electoral, sus funciones están claramente definidas. Entre estas, verificar la identidad del votante, registrar los datos en los formularios, entregar las tarjetas electorales y custodiar las urnas. El registrador nacional, Hernán Penagos, en el reciente foro Paz Electoral de CAMBIO, explicó otras de sus funciones fundamentales. “Son más de 850.000 ciudadanos que cumplen la labor más importante del proceso electoral: contar los votos y diligenciar los resultados en las actas electorales”, dijo.

El rigor de ese procedimiento es la base de la confianza en los resultados. Las cifras que se conocen públicamente no salen de sistemas paralelos ni de estimaciones, sino de las actas diligenciadas por los jurados. De hecho, como ha sido enfático el registrador, “la Registraduría no puede divulgar un dato distinto a lo que allí queda consignado”. Esos documentos luego pasan a las comisiones escrutadoras conformadas por jueces de la república, notarios o registradores de instrumentos públicos, quienes validan y declaran oficialmente los resultados en cada municipio.

El jurado también tiene límites claros: no puede influir en la decisión del votante, acompañarlo al cubículo, depositar las tarjetas por él ni abandonar la mesa. Su rol es neutral y garante. 

En conjunto, la labor de los jurados de votación, sumada a la presencia de testigos electorales, observadores nacionales e internacionales y al trabajo articulado de las instituciones del Estado, fortalece la credibilidad del proceso.

“El buen suceso de un proceso electoral es responsabilidad de todas las instituciones del Estado”, afirmó el registrador Penagos. Ese trabajo conjunto permite que la ciudadanía vote con confianza.

%%imagen%%1.

Finalización del artículo

Artículo de libre acceso