Según el Dane, mientras que la inflación total al cierre de enero pasado fue de 5,22 por ciento y la de alimentos y bebidas de 4,49 por ciento, productos como las golosinas subieron hasta un 53,48 por ciento.
Foto: Cortesía.
¿Adiós a la tienda de la esquina?
Las ventas de estos establecimientos tradicionales, que fían y le dicen “veci” a sus clientes, están de capa caída según una reciente encuesta de Fenalco, a través de su programa Fenaltiendas. ¿En qué estado está este sector clave de la economía?
Aunque la vida de Jenny Giraldo González es de una relativa calma, por estos días esa tranquilidad ya comienza a preocupar. En su tienda del barrio La Isabela, en la vereda Cantadelicia, en el norte de Caldas, ha disminuido el número de clientes que solían mercar allí alimentos, víveres y elementos domésticos con buena frecuencia, pero ahora el local se le ve vacío, casi triste, sin el movimiento comunal que antes imprimía la visita de los vecinos.
“Es la crisis”, dice ella con tono realista, mientras exhibe su cuaderno de deudores en el que anota el monto comprometido, según la inicial del nombre de quienes le piden fiado. “Hace unos años, esta libreta vivía llena de clientes. Ahora ya casi nadie se compromete a que le fíen. Eso es muy raro”, dice.
No le falta razón. Los precios de los principales artículos que ella ofrece, incluidos los de la canasta familiar, han superado las expectativas este año. Una encuesta de Fedesarrollo, elaborado en tiendas de barrio a través de su programa Fenaltiendas, señala que el llamado ‘impuesto saludable’ –implementado como una herramienta para promover hábitos de consumo más sanos y financiar programas de salud pública–, afectó productos como bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados al producir un aumento de hasta el 20 por ciento, lo que generó un alza significativa en los precios de estos bienes.
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Según el Dane, mientras que la inflación total al cierre de enero pasado fue de 5,22 por ciento y la de alimentos y bebidas de 4,49 por ciento, productos como las golosinas subieron hasta un 53,48 por ciento. Las gaseosas, por ejemplo, aumentaron un 3,27 por ciento solo en enero, más de tres veces la inflación general.
“Tan fuertes aumentos han erosionado directamente a los hogares de menores ingresos y a las precarias finanzas de los tenderos de barrio”, afirma Jaime Alberto Cabal, presidente de Fenalco.
El impacto en el consumo ha sido irrebatible y ese golpe lo ha sentido la tienda de Jenny González. La venta de snacks, galletas y mecato ha caído de forma considerable, lo mismo que la de embutidos, productos de panadería y alimentos preparados como empanadas, tinto y pastelería. Según la encuesta de Fedesarrollo, cerca del 30 por ciento de los tenderos consideró cerrar su negocio el año pasado.
“Es un contrasentido que, por un lado, el Gobierno predique el apoyo a la economía popular, pero por otro castigue a las tiendas con mayores impuestos”, señala Fenalco en el análisis de la encuesta. Según el gremio, en el país existen aproximadamente 450.000 tiendas de barrio, que representan el sustento de más de un millón de familias.
El informe de Fenalco revela que el 96 por ciento de las tiendas pertenecen a los estratos 1, 2 y 3, y que el 64,7 por ciento son administradas por mujeres. Sin embargo, la formalización sigue siendo un reto: el 60 por ciento de los tenderos no aporta a la seguridad social ni para sí ni para sus empleados, y solo el 17 por ciento destina recursos a pensión.
Ante este panorama, Fenalco hace un llamado a reconsiderar la eliminación de los “mal llamados impuestos saludables”, con el argumento de que su impacto es negativo tanto para los tenderos como para los consumidores de bajos ingresos.
Y eso que, para facilitarle la vida a sus clientes e incrementar ventas, la mayoría de tenderos acude hoy a la tecnología en el sistema de pago de sus clientes. Y es que, a pesar de que todavía usan el cuaderno con la lista de fiados del mes, ahora disponen de avances como Nequi, Daviplata y hasta datáfonos. Curiosamente, en medio de la crisis económica, el fiado disminuyó en un 54 por ciento.
“Pues yo no pienso suspender este método que ayuda a las familias a proveerse del alimento diario cuando no tiene recursos –concluye Jenny Giraldo González–. A pesar de la crisis, mis clientes son muy buena paga”.