Pablo Arbeláez.
Foto: Camilo George
“Todos los oficios humanos que implican navegar por internet como actividad principal están en peligro de extinción”: Pablo Arbeláez
Uno de los investigadores más influyentes en el mundo sobre Inteligencia Artificial es colombiano. Pablo Arbeláez, doctor en Matemáticas Aplicadas, lidera desde la Universidad de los Andes CinfonIA, uno de los grupos de investigación en IA más influyentes de América Latina, que ha logrado grandes avances en medicina y preservación de la biodiversidad.
Por: Eduardo Arias
Desde que era muy joven, Pablo Arbeláez fue un gran aficionado a la ciencia ficción. Han pasado muchos años y lo que en aquellos ya lejanos tiempos eran apenas especulaciones acerca de un hipotético futuro aún lejano, hoy es su pan de cada día: la Inteligencia Artificial.
En este campo, Arbeláez ya es una eminencia con un gran reconocimiento internacional, hasta el punto de que el año pasado fue elegido como uno de los 100 investigadores más influyentes en inteligencia artificial de la última década y hoy lidera proyectos que entrelazan la ciencia, la tecnología y el bienestar social. Además, ha recibido cuatro veces el Premio de Investigación de Google para América Latina.
En 1997 se graduó como Matemático de Los Andes y emprendió una carrera que lo llevó hasta Francia y Estados Unidos. Ph.D. en Matemáticas Aplicadas de la Université Paris-Dauphine, al volver a Colombia eligió dedicarse a enseñar. Esto le ha permitido formar a más de 60 estudiantes, ya sea en maestrías o doctorados.
En la actualidad es profesor del departamento de Ingeniería Biomédica de la Universidad de Los Andes y se le considera como uno de los investigadores más influyentes en el área de visión por computador del mundo.
En la universidad dirige el Centro de Investigación y Formación en Inteligencia Artificial (CinfonIA), que investiga en diversos problemas médicos y provee herramientas para afrontar enfermedades como el cáncer de pulmón o el Alzheimer, además de brindar herramientas para la conservación de la biodiversidad. CAMBIO habló con él acerca de la Inteligencia Artificial, sus alcances y los retos técnicos y éticos que le plantea a la Humanidad.
CAMBIO: ¿Cómo se desarrolló su afición por la ciencia ficción?
Pablo Arbeláez: Desde la adolescencia me atrajo el mundo de la ciencia ficción y he disfrutado la obra de autores como Herbert, Asimov, Clarke y Bradbury. A través de la imaginación, la ciencia ficción nos permite hacernos preguntas profundas sobre nuestra sociedad, sobre nuestro lugar en el universo y sobre lo que significa ser humanos.
CAMBIO: ¿Qué tanto tuvo que ver esa afición por su interés por la Inteligencia Artificial?
P. A.: Muchos investigadores en IA encontramos una motivación inicial en la ciencia ficción. Un tema central de la ciencia ficción es cómo nos relacionaríamos los humanos con inteligencias superiores a la nuestra y esas inteligencias son generalmente de origen extraterrestre, artificial o ambas. Crear con nuestra mente una inteligencia superior a la nuestra es sin duda uno de los mayores retos científicos que puede plantearse la inteligencia natural.
CAMBIO: ¿En qué momento podría decirse que apareció de una u otra forma la Inteligencia Artificial?
P. A.: La Inteligencia Artificial es una disciplina académica con más de 80 años de historia y ha tenido varios momentos clave en su desarrollo. En la última década, se han obtenido avances técnicos fundamentales, como el aprendizaje profundo auto-supervisado, que permitieron la emergencia de chatbots inmensamente populares desde el 2023. Hoy en día, el gran desafío en la comunidad científica es crear una “superinteligencia artificial”, que supere a la mente humana en la inmensa mayoría de sus funciones. Los progresos actuales en la disciplina indican que esa meta se alcanzará probablemente en la próxima década.
CAMBIO: ¿Qué dilemas éticos plantea trabajar en este tema?
P. A.: Dado que la IA está llamada a permear todas las facetas de nuestra cotidianidad, las consideraciones éticas son indispensables desde la etapa de planeación de los proyectos hasta el despliegue de los productos. Consideraciones como el sesgo, la propiedad intelectual y la privacidad en datos y modelos son centrales a nuestro trabajo. Alrededor del mundo existen actualmente múltiples esfuerzos regulatorios, como el marco de la Unión Europea, para garantizar el desarrollo ético y responsable de la IA. Cabe anotar, sin embargo, que estos esfuerzos se limitan a las aplicaciones civiles de la IA, cuando es en las aplicaciones militares donde se encuentran los principales dilemas éticos de esta tecnología. Respecto a la regulación de la IA para la guerra, no hay ninguna discusión actualmente en los foros internacionales.
CAMBIO: Hace poco el historiador Yuval Noah Harari manifestó: “_Lo que todo el mundo debería entender sobre la IA es que no es una herramienta, es un agente, y es la primera tecnología que puede tomar decisiones por sí misma_**”. ¿Qué opinión le merece ese comentario?**
P. A.: Efectivamente. Los desarrollos más recientes en IA están encaminados a permitir a los modelos, no solamente generar texto e imágenes, sino tomar acciones autónomas para alcanzar un objetivo definido por el usuario. Estas acciones magnifican las capacidades de la IA e incluyen, por ejemplo, ejecutar otros programas, escribir código fuente para crear nuevos programas o navegar por internet. Por ejemplo, los primeros chatbots comerciales eran incapaces de realizar operaciones aritméticas relativamente complejas. Hoy en día, la IA tiene acceso a una calculadora que puede utilizar cuando lo considere necesario. Es más, los chatbots actuales ya no tienen por detrás a un solo modelo de lenguaje generando texto, sino a todo un batallón de agentes de IA, algunos a cargo de diseñar variantes de la estrategia global para alcanzar el objetivo del usuario, otros especializados en tomar acciones concretas para ejecutar las etapas de esas estrategias y otros más para evaluar y elegir el mejor curso de acción. Son estas nuevas capacidades de agencia de la IA las que están impactando los mercados laborales. Hoy en día, todos los oficios humanos que implican navegar por internet como actividad principal están en peligro de extinción.
CAMBIO: ¿Es posible diferenciar un texto literario o periodístico escrito por IA o por un humano?
P. A.: Las IAs actuales están entrenadas con la totalidad del conocimiento humano que se encuentra en internet y con el único objetivo de escribir como los seres humanos. Por lo tanto, a medida que avanza la tecnología, se hace cada vez más difícil diferenciar un texto generado por la IA de uno escrito por un humano. Más aún, los últimos desarrollos en generación de videos a partir de descripciones textuales hacen que hoy en día sea extremadamente difícil diferenciar un video generado por computador de uno real. El concepto mismo de evidencia gráfica está en proceso de desaparición.
CAMBIO: ¿Cómo podría utilizarse de manera positiva esta herramienta en tareas de escritura?
P. A.: El nivel actual de desarrollo de la IA hace que sus principales usos estén en “aumentar” las facultades humanas para tareas específicas. En la escritura profesional, un chatbot avanzado puede convertirse en un asistente experto en todas las áreas del conocimiento humano. Esto facilita inmensamente las labores investigativas y de documentación, sobre todo en temas en los que el escritor no es un especialista. Podemos también pensar en el futuro en obras literarias más interactivas, en las que la IA acompaña la experiencia del lector/espectador y le permite acceder directamente al corpus documental recopilado por el autor. Para los usuarios comunes, la IA permite suplir cualquier falencia en el proceso de escritura y en el dominio de idiomas extranjeros. Desde la popularización de la IA, el ensayo académico perdió su puesto privilegiado como habilidad blanda. Por otro lado, gracias a la IA, cualquiera puede expresar sus ideas de manera coherente, estructurada y en un idioma impecable. Si la forma deja de ser el factor diferenciador, esperaría uno que el fondo adquiera todo el protagonismo en el discurso escrito.
Hacia el futuro, como está ocurriendo en todos los oficios, la IA dejará de “aumentar” a los humanos para “automatizar” tareas completas. En ese punto, el reto para los creadores humanos será diferenciar sus obras.
CAMBIO: ¿Qué tan humana es la IA? ¿Le pasa lo mismo que a una persona? Es decir, ¿la IA duda, se confronta a sí misma, cambia de opinión si lo considera necesario?
P. A.: Es natural atribuirle características humanas a los chatbots de IA, pues interactuamos con ellos como lo hacemos con otras personas. Sin embargo, siempre hay que recordar que la IA opera de una manera fundamentalmente distinta a la mente humana. A la base, hay lo que llamamos un “modelo fundacional”, que es una fórmula matemática de tamaño descomunal que permite, dada una instrucción textual del usuario, generar la respuesta más probable de acuerdo con su corpus de aprendizaje. Para crear un chatbot comercial es necesaria una etapa adicional en la que los creadores humanos le indican al modelo cuáles son sus respuestas preferidas entre todas las respuestas posibles. Esta etapa incluye la definición por parte de los humanos de unas “instrucciones de sistema”, que determinan el comportamiento y el tono narrativo del chatbot. Por ejemplo, una instrucción de sistema puede ser rehusarse a enseñarle al usuario a construir una bomba. Cuando las instrucciones de sistema entran en conflicto con las instrucciones del usuario, pueden presentarse comportamientos inesperados que van más allá de la duda y los cambios de opinión y que pueden incluir chantajes e incluso amenazas. La IA no necesita tener las características de la mente humana para imitar el comportamiento de los humanos. El alineamiento de la IA con los principios e intereses humanos es un tema activo de investigación.
CAMBIO: En su opinión, ¿qué tan preparada está Colombia ante los desafíos y oportunidades que ofrece la IA?
P. A.: Aún tenemos mucho camino por recorrer. En CinfonIA, somos el punto de contacto en Colombia del Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial, ILIA, una iniciativa de 19 países de la región para medir longitudinalmente y analizar en profundidad el proceso de adopción de la IA en Latam y sus consecuencias sobre nuestras sociedades. El informe para 2025, que acaba de ser publicado, sitúa a Colombia como la cuarta en la región, como parte del grupo de países “adoptantes”, detrás del grupo de “pioneros”, que son Chile, Brasil y Uruguay. En todas las dimensiones del índice, desde Gobernanza hasta Investigación, Desarrollo y Adopción, Colombia obtiene apenas puntajes promedio dentro de la región. La característica común de los países pioneros en Latinoamérica, a diferencia de nuestro país, es una política de estado a largo plazo y con financiación robusta encaminada a desarrollar capacidades soberanas de Inteligencia Artificial.