Las caídas globales de AWS y Microsoft Azure en octubre de 2025 revelaron la fragilidad de la infraestructura digital que sostiene la vida moderna: un mundo hiperconectado, pero dependiente de unos pocos gigantes tecnológicos. Crédito foto: Freepik.
¿Está la nube al borde del colapso? Las caídas de AWS y Azure exponen el ‘talón de Aquiles’ de la economía digital global
En cuestión de días, dos gigantes de la nube —AWS y Azure— se desplomaron. Las fallas paralizaron bancos, plataformas y servicios en todo el mundo. Para expertos consultados por CAMBIO, lo que parece una coincidencia técnica podría ser la señal de un riesgo más profundo: la concentración digital.
Por: Juan David Cano
El 20 y el 29 de octubre de 2025, millones de usuarios alrededor del mundo sintieron la caída digital. Plataformas financieras, aplicaciones de mensajería, portales educativos y servicios corporativos quedaron suspendidos durante horas. Los fallos de Amazon Web Services (AWS), primero, y Microsoft Azure, días después, no solo generó pérdidas millonarias: encendió una alarma global sobre la dependencia que el mundo ha construido alrededor de unos pocos proveedores y generó preguntas: ¿Estamos ante un problema aislado, una coincidencia técnica o ante el síntoma de un problema estructural en la infraestructura digital que sostiene la vida moderna?
Cinco expertos —académicos, consultores y directores tecnológicos— analizaron para CAMBIO lo que realmente hay detrás de estas caídas y los riesgos que suponen para una sociedad que, aunque presume de estar “en la nube”, parece más vulnerable que nunca.
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¿Qué está pasando realmente con las empresas que prestan servicios en la nube?
En ambos casos, las empresas atribuyeron las recientes interrupciones a fallas técnicas que afectaron sus servicios. Desde la Universidad de La Sabana, el profesor de redes y comunicación de datos, ciberseguridad, infraestructura de tecnologías, Sergio Quevedo explica desde la mirada netamente técnica: “Esto pasó porque Amazon tiene un servicio llamado DynamoDB y el error fue un registro de DNS vacío que quedó. Al no haber ese registro de DNS, no se podían comunicar con los servidores de AWS, por eso se presentó la caída”. En el caso de Azure, añade, “estaban haciendo una configuración, algo falló y tuvieron que hacer un rollback del cambio para restaurar el servicio”.
Las causas, distintas en apariencia, comparten un fondo común: errores humanos y fallos de automatización en sistemas diseñados para no fallar. Sin embargo, yendo más al fondo del asunto, los expertos advierten que estos incidentes revelan un fenómeno que se viene gestando desde hace años: la sobrecarga y concentración de la infraestructura digital global.
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Así lo explica el profesor John Corredor, de la Pontificia Universidad Javeriana, con doctorado en computación de alto rendimiento de la Universidad Autónoma de Barcelona en España: la raíz del problema está en la escala. “Cada vez se necesita mucho más infraestructura y la gente o las empresas apuestan es a alquilarla dado que les da más comodidad. Allí es donde viene el colapso generalizado. Es decir, que cuando ellos necesitan hacer escalamiento, las nubes, ya sea AWS, Azure o Databricks, necesitan hacer un ‘chop down’ generalizado para poder escalar el servicio”, explicó.
Corredor señala que, aunque el modelo de nube ha permitido el crecimiento exponencial de startups y bancos digitales, esa misma facilidad ha generado una saturación estructural. “No es una situación aislada, es una situación de escalabilidad de infraestructura. Siempre va a haber un punto de quiebre en donde no puede extenderse más”, advirtió.
Su opinión es compartida por Adalberto José García, consultor senior de riesgos digitales en Control Risks, quien termina de aclarar que lo ocurrido no responde a un ciberataque, sino a una presión inherente al tamaño de estas plataformas. “Estas recientes interrupciones fueron causadas por problemas técnicos internos y no por ciberataques, combinados con la presión que conlleva gestionar estas redes globales masivas”, explicó. Pero añadió una alerta más profunda: “Ponen en evidencia un desafío común: la creciente dependencia de un número reducido de proveedores tecnológicos para infraestructura y servicios digitales críticos”.
Esa concentración —dice— convierte un fallo interno en un riesgo sistémico. Mientras más compañías dependan de unos pocos proveedores, “cualquier falla o interrupción podría tener consecuencias globales como hemos visto”.
¿Por qué somos tan vulnerables ante las caídas?
Con todo esto, resulta inevitable pensar en los orígenes de internet: una red concebida para ser descentralizada. Sin embargo, según los expertos, una parte de su economía terminó concentrándose en pocas manos.
“Lo que sucede es que la internet, como red, sigue siendo descentralizada y resistente. Lo que se ha vuelto más concentrado son los servicios y aplicaciones que usamos sobre esa red”, explica la directora de servicios de Sonda Colombia, Angélica Vega. Su analogía con una ciudad moderna es precisa: “Si una de las autopistas principales requiere un mantenimiento de emergencia, el tráfico se detiene. No porque las vías sean malas, sino porque todos dependemos de ellas para movernos. Lo que hay detrás es la propia complejidad de la escala”.
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Desde la Universidad Jorge Tadeo Lozano, el director del Área Académica Industrias y Tecnologías Digitales, Jorge Iván Romero Gélvez sintetiza el dilema con una metáfora que recorre todo el reportaje: “Hemos puesto todos los huevos en la misma canasta. Concentramos el riesgo global en unos pocos lugares. Si esa manzana de la ciudad se inunda, toda la ciudad se para”.
Esa concentración responde, según Adalberto José García, a una lógica de eficiencia. “La dependencia excesiva de una sola (o pocas) plataformas en la nube genera una exposición sistémica. La centralización se debe a la eficiencia en costos y la escalabilidad, pero debilita la resiliencia porque la mayoría de las organizaciones carecen de planes de contingencia sólidos”, dijo.
John Corredor coincide desde otra perspectiva: la del cliente final. “Una vez que se consolida la empresa, llámese Bancolombia, llámese Nequi, dejan todo lo que representa su infraestructura a un alquiler y nosotros que dependemos completamente de esas aplicaciones, caemos también en esa falta de compromiso o de planificación”.
Quevedo agrega una dimensión pragmática: la falta de variedad. “Tú no te debes confiar de un solo proveedor. Deberías por lo menos estar en dos regiones o tener dos proveedores o un data center híbrido. Si un proveedor falla, te cambias al siguiente y puedes garantizar disponibilidad”, sostiene.
Pero esa variedad , aclara, tiene un precio: “Hay que tener en cuenta que este tipo de redundancia tiene costos operativos más elevados. Entre menor sea la indisponibilidad, los costos van a ser más altos. Un minuto puede costar millones de dólares dependiendo de la empresa”.
La vulnerabilidad, entonces, no es técnica sino económica: la nube no falla por diseño, sino por decisión.
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¿Qué estrategias o soluciones se podrían implementar?
Ahora bien, con todo lo anterior, ¿qué soluciones prácticas se podrían implementar? Los cinco expertos coinciden en una palabra: diversificación. Pero lo que parece sencillo implica una transformación profunda en la manera en que operan las empresas y se forman los ingenieros.
“La independencia es lo importante”, sentencia John Corredor, aunque insiste en que la solución no es solo tecnológica, sino educativa: crear capacidades locales para reducir la dependencia de terceros: “Presentar la independencia significa presentar ingenieros de sistemas con conocimientos que puedan crear o implementar una infraestructura para gran cantidad de datos y procesamiento”.
Desde el terreno corporativo, García propone la ruta más inmediata: “Las organizaciones deben dejar de depender de un solo proveedor y construir resiliencia. La resiliencia comienza con la diversificación, es decir, usar múltiples proveedores o regiones en la nube para que, si uno falla, las operaciones puedan continuar en otro”.
Esa estrategia —conocida como multi-cloud— se complementa con planes de respaldo y recuperación: “Las empresas deben implementar planes sólidos de respaldo y recuperación ante desastres, probar regularmente los sistemas de respaldo y automatizar procesos que permitan cambiar rápidamente los servicios durante interrupciones”.
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Angélica Vega coincide: “La solución es clara: utilizar la nube de forma inteligente. La llamamos diversificación estratégica”. Explica tres niveles:
- Multicloud, para distribuir servicios entre distintos proveedores.
- Nube híbrida, que combine la nube pública con una privada de alta seguridad.
- Gobernanza y monitoreo 24/7, para anticipar fallas y garantizar continuidad.
“Este ecosistema debe ser vigilado permanentemente, garantizando que el negocio continúe operando”, añadió.
Sergio Quevedo, por su parte, resume la lección práctica: “La principal lección es que necesitamos contar con alta disponibilidad. Hay servicios y empresas que lo requieren y otras que no, pero deberíamos tener redundancia en nuestros proveedores y en las regiones donde tenemos almacenado nuestros sistemas”.
Cada estrategia, sin embargo, enfrenta una tensión entre seguridad, eficiencia y costo. Romero lo sintetiza con realismo: “Por donde se mire siempre vamos a tener pros y contras. Hay que ver cómo se puede balancear entre el nivel de seguridad y la eficiencia en la prestación del servicio para que el cliente note lo menos posible los inconvenientes”.