¿Explotará la burbuja de la inteligencia artificial?
Eduardo Sánchez, corresponsal de CAMBIO en Europa, analiza el panorama de la inteligencia artificial, sus problemas comerciales, la competencia entre las 'big tech' y la posibilidad de una crisis de ella en un futuro cercano.
Por: Eduardo Sánchez
A pesar de su juventud, (OpenAI) lanzó comercialmente en noviembre de 2022 ChatGPT, la herramienta pionera, la inteligencia artificial (IA) generativa es utilizada en todo el mundo por millones de personas, para tareas que van desde la respuesta a preguntas de todo tipo hasta la redacción o corrección de documentos, pasando por la creación de documentos visuales (fotografías o videos). OpenAI reivindica millones de usuarios y su éxito obligó a todas las grandes big tech (Meta, madre de Facebook, Instagram y Whatsapp; Alphabet, madre de Google y Youtube; Amazon; Microsoft; X; etc) a lanzarse en el desarrollo de sus propias herramientas, ante el temor de quedar rezagadas en el gran negocio que se vislumbraba.
Pero el éxito público no es (¿todavía?) un éxito comercial. En efecto, detrás de la gran simplicidad de utilización de estas herramientas (ChatGPT, Gemini, Claude, Grok, Meta AI, Copilot, etc) se esconde una gran complejidad de implementación, así como gigantescas y costosas infraestructuras: enormes centros de datos necesarios para almacenar la información utilizada en el entrenamiento de los algoritmos; poderosos supercomputadores capaces de hacer millones de cálculos en paralelo, sin olvidar los generadores de la energía que alimentan esta infraestructura. Y con una mayoría de usuarios que utilizan versiones gratuitas de las herramientas, en ausencia de un modelo de negocios seductor, los costos son bien superiores a las ventas y a los beneficios. OpenAI, por ejemplo, tendría 800 millones de usuarios por semana, con solo 20 millones que utilizan la versión de pago y, según cálculos del Financial Times, habría gastado un total de 1000 millares de dólares (un millar es mil millones) con ingresos de solo 13 millares en un año y pérdidas de 27 millares. Lo que no impide que la valorización de estas empresas bate todos los récords: con 500 millares de dólares, OpenAI es la mayor start-up del mundo, no cotizada en bolsa. En realidad, la única empresa que presenta beneficios en el mundo de la IA, única ganadora en el juego, es Nvidia, la diseñadora de los microprocesadores utilizados casi de manera exclusiva en la fabricación de los centros de datos y de cálculo. El valor bursátil de Nvidia es actualmente de 5000 millares de dólares, más que el PIB de Alemania (4660 millares) y que el de Francia (3160 millares), con un aumento de 51% del valor de su acción en un año, lo que la convierte en la sociedad más cara del mundo.
Esta situación no ha impedido que las inversiones anunciadas alcancen cifras nunca vistas, absolutamente delirantes: de acuerdo al banco gringo Morgan Stanley, los gastos totales del sector podrían llegar a 3000 millares de dólares de aquí a 2029. Sam Altman, el omnipresente gran jefe de OpenAI, afirmó a finales de octubre que su empresa tenia firmados contratos por un total de 1400 millares de dólares, incluyendo una reserva de 38 millares de dólares en almacenamiento de datos en Amazon (cloud) y 10 millones de microprocesadores de Nvidia, que necesitarían un gasto de 26 gigavatios de energía (el equivalente de varias decenas de centrales nucleares).
El gran problema es que estas inversiones se financian con deudas y con montajes financieros circulares, donde Nvidia es casi siempre uno de los actores: “te presto el dinero que necesitas para que me compres mis microprocesadores”. La explosión de la burbuja internet en el año 2000 fue similar: la creación de multitud de start-ups que querían aprovechar la revolución internet fue financiada sin control y una gran mayoría fracasó, provocando una gran crisis financiera.
Las reacciones advirtiendo de los peligros de una posible explosión de esta burbuja vienen incluso del interior del sistema: Sundar Pichai, el gran jefe de Google, declaró que estas inversiones comportan “elementos de irracionalidad” que podrían tener consecuencias desastrosas; Jeff Bezos, patrón de Amazon, habla de una “burbuja especulativa”; Peter Thiel, gran amigo de Elon Musk con quien creó PayPal, sponsor del vicepresidente J. D. Vance y del colombo-gringo Bernie Moreno, y fundador de Palantir, vendió esta semana gran parte de sus acciones en compañías de IA; Michael Burry, personaje bien conocido en Wall Street por haber anticipado la crisis de subprimes de 2007, apuesta millones de dólares sobre una próxima caída en bolsa de Nvidia y Palantir; el FMI encuentra similitudes con la burbuja de internet; etc. Una broma cada vez más popular en los medios financieros dice que el consejo más corriente dado por los consejeros de inversión a sus clientes es de no vender las acciones en IA, por lo menos no antes de haber vendido las propias. La gran pregunta es entonces: ¿cuándo va a explotar la burbuja de la IA? Si es verdad, como lo afirma un economista de Harvard en Fortune, que el auge de la IA contribuye por un 92% al crecimiento del PIB de Estados Unidos en el primer semestre de 2025, las consecuencias de esta explosión podrían ser catastróficas.
¿Cómo explicar entonces esta fuga hacia adelante? Por el convencimiento que la IA generativa actual es solo un primer paso hacia la gran revolución que viene y que nadie quiere correr el riesgo de perder: la inteligencia artificial general (AGI por su sigla en inglés), una tecnología que podría hacer todo lo que el cerebro humano hace. Es decir, la AGI podría realizar cualquier trabajo y reemplazar así a todos los humanos, cambiando en profundidad todos los aspectos de nuestra vida. Pero la realidad de la AGI es totalmente especulativa y la comunidad científica está lejos de creer unánimemente en ella. Pero, ante la duda, las big tech están afectadas por un gran mal: el FOMO (Fear of Missing Out, miedo de perderse algo). Y todas apuestan grandes sumas de dinero por la que seria la tecnología más transformativa de la historia. Corriendo el riesgo de perder la apuesta, explotar la burbuja y arrastrar la economía mundial en una gran crisis…
El caso de Nvidia
Nvidia, la empresa con mayor valor bursátil del mundo, es un actor imprescindible en el mundo de la IA, diseñador y vendedor de los microprocesadores que equipan la gran mayoría de centros de datos y de cálculo utilizados por estas aplicaciones. La semana pasada, ocurrió el evento esperado con impaciencia por el conjunto de analistas financieros: la presentación de sus resultados trimestrales. Y las cifras presentadas son impresionantes: volumen de negocios en alza de 62% en un año, para un total de 57 millares de dólares, y ganancias en aumento de 65%, para un total de 31,9 millares de dólares. Con una previsión de 500 millares de dólares en ventas.
Creada en 1993, la especialidad de Nvidia es el diseño de microprocesadores llamados Graphics Processing Units (GPU), adaptados al tratamiento de imágenes, previstos inicialmete para los juegos videos. Contrariamente a los CPU, microprocesadores utilizados en nuestros computadores de oficina, los GPU trabajan en paralelo, ejecutando varias tareas al tiempo. Esta característica los hizo especialmente adaptados para la enorme cantidad de cálculos que son necesarios en las aplicaciones de IA. La programación paralela de los GPU es por supuesto más compleja que la de los CPU, pero Nvidia desarrolló igualmente un sistema de programación, CUDA, que hace parte de la ventaja de Nvidia sobre otras compañías.
Justo después de esta presentación de resultados, una nube negra oscureció un poco el paisaje idílico de Nvidia: Google presentó una nueva versión de Gemini, su herramienta de IA generativa y los resultados superaron los de ChatGPT. Y, más importante, Google es la única big tech que no utiliza los circuitos de Nvidia, reemplazados por circuitos diseñados en interno, llamados Tensor Processor Units (TPU). Actualmente en posición de casi monopolio con sus GPU, ¿qué pasaría si Google decide de comercializar sus TPU y competir así con Nvidia? Una pérdida de negocios de Nvidia tendría graves repercusiones sobre todo el sector de la IA, a causa de las relaciones incestuosas que tiene con los otros actores, a quienes financia gran parte de las deudas contraídas para sus inversiones, como vimos anteriormente. Nuevo riesgo a la vista…