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En los mariscos hay genes de bacterias resistentes a los antibióticos. Al consumir esos mariscos, esos genes pueden entrar en nuestras células y así generar resistencia a algún antibiótico que más tarde nos podría salvar la vida.
El plato que se tiene enfrente es un testimonio vibrante de cómo los avances tecnológicos, la facilidad de los viajes y la disminución de las barreras fronterizas han transformado radicalmente la alimentación. Hoy, es perfectamente posible que en una sola comida converjan elementos procedentes de los rincones más distantes del planeta. Bajo este contexto de globalización, la bondad de los alimentos que ingerimos es variada. Depende de la calidad de su procesamiento y su cuidado y de la calidad y sensibilidad de los procesos de control, llevando a que en muchos casos los alimentos de nuestro plato no tengan la calidad deseada.
Un ejemplo alarmante de esta deficiencia es la posible presencia de bacterias o genes resistentes a antibióticos en los mariscos que consumimos. Se debe recordar que las infecciones resistentes a los antimicrobianos matan a cientos de miles de personas en todo el mundo cada año, y la resistencia a los antimicrobianos es una amenaza creciente para la salud pública. Esta resistencia se transmite de bacteria a bacteria a través de un segmento de ADN, propio de estos microorganismos procariotas, llamado plásmido. Este plásmido es una de las maneras en que las bacterias realizan la recombinación genética, un mecanismo crucial para la diversidad microbiana.
La colistina es un potente antibiótico que se utiliza en humanos únicamente para tratar infecciones bacterianas peligrosas y potencialmente mortales que han desarrollado resistencia a otros medicamentos. Es costosa, tóxica y, además, no es infalible. Lamentablemente, en algunos países del mundo se utiliza este antibiótico en animales para promover el crecimiento. La resistencia a la colistina se está extendiendo a nivel mundial, lo que reduce aún más las opciones de tratamiento y aumenta el riesgo para las personas infectadas. La Organización Mundial de la Salud clasifica la colistina como un antibiótico de importancia crítica de alta prioridad, lo que significa que es una opción esencial para el tratamiento de infecciones humanas graves.
Investigadores de la Universidad de Georgia identificaron recientemente una vía de propagación de los genes de resistencia a la colistina: los mariscos importados. En un nuevo estudio, el microbiólogo Issmat Kassem, Ph.D., y su grupo informaron del primer aislamiento de genes de resistencia a la colistina en bacterias presentes en camarones y vieiras importadas, adquiridas en ocho mercados de alimentos de los alrededores de Atlanta, Georgia.
En trabajos anteriores, su grupo ya había encontrado genes mcr (genes de resistencia a la colistina) en muestras de aguas residuales de Georgia, así como el huésped bacteriano portador del plásmido que contenía estos genes. Kassem señaló que normalmente no se analizaban estos genes en los alimentos que ingresaban a Estados Unidos. Sin embargo, estudios publicados desde entonces han confirmado la presencia de genes mcr en plásmidos en otros lugares.
El principal problema de esta situación es la ausencia de puntos de control de alta calidad en la producción de alimentos que permitan determinar la presencia de genes capaces de conferir resistencia a los antibióticos a las bacterias. Si esta situación persiste, es muy probable que el problema crezca y que, en pocos años, aumenten las bacterias superresistentes a los antibióticos en detrimento de la salud humana.
Fuente:
Antimicrobial resistance genes hitch rides on imported seafood
American Society for Microbiology
María Fernanda Gutiérrez
Viróloga, divulgadora científica.
Gerente de INNCISO SAS
Innovación, Ciencia y Sociedad
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