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Lunes 4 de mayo de 2026
Los investigadores determinaron que la estrella que había expulsado la eyección está situada a unos 130 años luz de distancia. Créditos: Freepik

Los investigadores determinaron que la estrella que había expulsado la eyección está situada a unos 130 años luz de distancia. Créditos: Freepik

Detectan una poderosa explosión en una estrella que podría dejar planetas sin atmósfera

Una explosión registrada en una estrella enana roja fue tan intensa que podría destruir la atmósfera de cualquier planeta cercano. Conozca los detalles.

Por: Gabriela Casanova

Un grupo de investigadores detectó una explosión en una estrella de la Vía Láctea. Este tipo de explosiones son comunes en el Sol y son las que causan las auroras boreales, pero no se habían registrado con evidencia tan sólida en otra estrella, hasta ahora. El descubrimiento podría ofrecer un mejor entendimiento sobre el impacto de estos fenómenos en las atmósferas de los exoplanetas (planetas que están fuera de nuestro sistema solar) y sobre sus posibilidades de ser habitables.

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Estas explosiones son conocidas como eyecciones de masa coronal (EMC), es decir, expulsiones masivas de plasma magnetizado. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por su sigla en inglés) de Estados Unidos, el Sol expulsa eyecciones que viajan al espacio a grandes velocidades, desde menos de 250 kilómetros por segundo (km/s) hasta casi 3.000 km/s. Las más rápidas pueden llegar en tan solo 15 a 18 horas a la Tierra, mientras que las más lentas pueden tardar varios días. Estas eyecciones aumentan de tamaño a medida que se alejan del Sol y pueden alcanzar hasta una cuarta parte de la distancia entre la Tierra y el Sol.

“Durante décadas, los astrónomos han intentado detectar una eyección de masa coronal (EMC) en otra estrella. Hallazgos anteriores habían sugerido su existencia o insinuado su presencia, pero no habían confirmado definitivamente que material hubiera escapado al espacio. Ahora, por primera vez, lo hemos logrado”, afirma Joe Callingham, del Instituto Neerlandés de Radioastronomía (Astron), autor de la nueva investigación publicada en Nature.

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¿Qué se sabe de la estrella que causó la explosión?

Con el radiotelescopio Low Frequency Array (Lofar), los investigadores detectaron una ráfaga de ondas de radio producida por la eyección. Posteriormente, utilizaron el observatorio XMM-Newton de la Agencia Espacial Europea (ESA por su sigla en inglés) para determinar la temperatura, la rotación y el brillo de la estrella en rayos X.

“Este tipo de señal de radio no existiría a menos que la materia hubiera salido por completo de la burbuja de potente magnetismo de la estrella. En otras palabras: está causada por una eyección de masa coronal (EMC)”, explica Callingham.

Tras estudiar la información obtenida, los investigadores determinaron que la estrella que había expulsado la eyección está situada a unos 130 años luz de distancia. También identificaron que se trata de una enana roja, es decir, una estrella fría, pequeña y poco brillante. Tiene aproximadamente la mitad de la masa del Sol, pero gira 20 veces más rápido y su campo magnético es 300 veces más potente.

La eyección era tan potente que podría despojar de su atmósfera a cualquier planeta que orbitara cerca

Es común que las eyecciones que llegan a la Tierra causen tormentas geomagnéticas, es decir, perturbaciones de la magnetosfera terrestre, la región que rodea al planeta y que lo protege de la radiación solar, las partículas cósmicas y la erosión atmosférica. De hecho, en los últimos dos días se han registrado tormentas que alcanzaron el nivel G4, que corresponde a “severo” en una escala de intensidad que va de G1 a G5. Dependiendo de la intensidad de la tormenta, varían los efectos en la Tierra, como auroras boreales, fluctuaciones en la red eléctrica y daños en satélites.

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En comparación con los efectos causados por las eyecciones solares, la registrada en esta investigación representó un peligro mucho mayor. Los científicos determinaron que la eyección de masa coronal se desplazaba a una velocidad de 2.400 kilómetros por segundo, una velocidad que solo se observa en una de cada 2.000 eyecciones que ocurren en el Sol. La eyección fue lo suficientemente rápida y densa como para despojar por completo las atmósferas de cualquier planeta que orbitara cerca de la estrella.

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