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Lunes 4 de mayo de 2026
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Descubren exoplaneta congelado que es similar a la Tierra: ¿cuáles son sus características?

Un exoplaneta similar a la Tierra fue identificado a 146 años luz, pero su aparente parecido podría ser engañoso. Ubicado en el borde de la zona habitable, HD 137010 b, plantea nuevas preguntas sobre qué significa realmente que un mundo sea potencialmente habitable.

Por: Silvia Juliana Jaimes Reátiga

La búsqueda de mundos parecidos al nuestro acaba de sumar un nuevo nombre a la lista. Se trata de HD 137010 b, un candidato a exoplaneta ubicado a 146 años luz que, por su tamaño y por la duración de su órbita, guarda un parecido llamativo con la Tierra. Pero esa similitud es apenas superficial: todo indica que podría tratarse de un planeta dominado por el hielo.

El hallazgo fue presentado en The Astrophysical Journal Letters y se basa en datos del telescopio espacial Kepler, retirado en 2018. A pesar de que la misión terminó hace años, el archivo que dejó continúa siendo examinado por equipos científicos alrededor del mundo. De ese análisis surgió una señal breve pero significativa, un único tránsito registrado durante la misión extendida K2, cuando la luz de la estrella disminuyó levemente durante unas diez horas.

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Esa caída mínima en el brillo permitió estimar que el objeto tendría un radio equivalente a 1,06 veces el terrestre. Es decir, sería apenas un 6 por ciento más grande que la Tierra, lo que lo ubica dentro de la categoría de planetas rocosos. Además, su periodo orbital sería de aproximadamente 355 días, casi idéntico al año terrestre. En términos astronómicos, eso significa que orbita a una distancia comparable a la que separa nuestro planeta del Sol.

Un parecido engañoso con la Tierra

Sin embargo, hay una diferencia determinante: su estrella no es exactamente como la nuestra. La estrella que ilumina a HD 137010 n es una enana K, es decir, una estrella de la secuencia principal de tipo espectral K, más pequeña, más fría y menos luminosa que el Sol, aunque más grande y brillante que una enana roja. Como consecuencia, el planeta recibiría apenas el 29 por ciento de la energía que llega a la Tierra, una cifra más cercana a la radiación que recibe Marte.

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Esa reducción energética cambia por completo el escenario climático. Las estimaciones indican que la temperatura superficial podría situarse alrededor de los -68 °C, e incluso descender más dependiendo de factores como la reflectividad del hielo o la composición atmosférica. Con esos valores, el planeta podría estar atrapado en un estado de glaciación global permanente, similar a lo que los científicos denominan una “Tierra bola de nieve”.

La expresión no es casual. Nuestro propio planeta atravesó episodios de congelación casi total hace cientos de millones de años. Durante esos periodos, grandes extensiones quedaron cubiertas por hielo, aunque la vida logró persistir en nichos protegidos. HD 137010 b podría representar una versión extrema de ese pasado terrestre, se considera un laboratorio natural para estudiar cómo evolucionan los climas planetarios cuando la energía disponible es limitada.

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Los límites reales de la zona habitable

El concepto de “zona habitable” introduce matices, pues el planeta se ubicaría cerca del borde exterior de la región orbital alrededor de su estrella donde, bajo ciertas condiciones, la temperatura permitiría la existencia de agua líquida en la superficie. Pero estar dentro de esa zona no garantiza temperaturas suaves ni océanos abiertos. Todo depende de la atmósfera.

Los modelos plantean que una envoltura relativamente densa y rica en dióxido de carbono podría generar un efecto invernadero suficiente para elevar la temperatura superficial. Según los cálculos preliminares del informe de The Astrophysical Journal Letters, existe una probabilidad significativa de que el planeta se sitúe dentro de los límites más amplios de la zona habitable, aunque también hay posibilidades considerables de que quede completamente fuera de ella. En otras palabras, el margen de incertidumbre es amplio.

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Por ahora, HD 137010 b sigue siendo un candidato. La confirmación oficial requiere observar al menos tres tránsitos periódicos que permitan descartar otras explicaciones astronómicas. El problema es que, al tener un año casi igual al terrestre, esos eventos son escasos y difíciles de registrar. Misiones actuales como TESS, de la Nasa, o Cheops, de la Agencia Espacial Europea, podrían aportar datos decisivos en los próximos años.

Más allá de la pregunta sobre si podría albergar vida, el interés científico radica en otra dimensión. Entre los más de 6.000 exoplanetas identificados hasta ahora, la mayoría son gigantes gaseosos o mundos abrasadores que orbitan demasiado cerca de sus estrellas. Encontrar un candidato de tamaño terrestre alrededor de una estrella relativamente similar al Sol, y además a una distancia que, en escala galáctica, se considera cercana, lo convierte en un objetivo privilegiado para estudios atmosféricos futuros.

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HD 137010 b no es, al menos por ahora, un nuevo destino para la humanidad. Viajar hasta allí con la tecnología actual tomaría decenas de miles de años. El análisis muestra que la similitud en tamaño y órbita no basta para garantizar condiciones comparables a las de la Tierra. La radiación estelar y la atmósfera son variables decisivas en la ecuación climática.

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