Mujer que recibió la donación de rostro. Crédito: Vall d’Hebron
Realizan el primer trasplante facial del mundo con una donante que recibió la eutanasia, un hito médico y científico
Un equipo del Hospital Vall d’Hebron realizó el primer trasplante parcial de cara del mundo a partir de una donante que accedió a la eutanasia. La intervención, de extrema complejidad técnica y ética, abre un nuevo capítulo en la historia de los trasplantes faciales.
Por: Juan David Cano
La cara es mucho más que un conjunto de rasgos. Es identidad, comunicación y función. Cuando se pierde, por enfermedad, infección, trauma o quemaduras, también se pierde la posibilidad de hablar con normalidad y hasta de alimentarse sin ayuda, según explica el hospital universitario Vall d’Hebron. En esos casos extremos, cuando la cirugía reconstructiva convencional ya no ofrece alternativas, el trasplante facial aparece como la última frontera.
A comienzos de febrero de 2026, Vall d’Hebron cruzó esa frontera por primera vez en el mundo en una circunstancia inédita: realizó un trasplante parcial de cara utilizando tejidos de una donante que había recibido la eutanasia. No se trata de un procedimiento habitual ni repetido. Aunque existen antecedentes de trasplantes faciales y de donación de órganos tras eutanasia, nunca antes ambas realidades se habían combinado en un trasplante de tejidos compuestos como el facial.
Cuando la cirugía es la única opción
“El trasplante de cara es una cirugía funcional”, explica Joan-Pere Barret, jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados de Vall d’Hebron. “Se lleva a cabo cuando el paciente ha perdido zonas del rostro como los músculos orbiculares de la cara y los ojos y no se pueden restituir con otras técnicas quirúrgicas habituales”. Los candidatos a este tipo de intervención presentan “desfiguración facial grave como consecuencia de enfermedades, quemaduras, traumatismos o defectos congénitos que afectan a funciones vitales básicas”, añade Barret.
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Cabe aclarar que Vall d’Hebron no es nuevo en este terreno. En 2010, su equipo realizó el primer trasplante total de cara del mundo, y en 2015 protagonizó otro hito: el primer trasplante facial en asistolia controlada (Maastricht III). El procedimiento de 2026, sin embargo, introduce una variable completamente nueva.
La decisión de donar el rostro
La donante había recibido la autorización para la Prestación de Ayuda para Morir (PRAM). En ese contexto, no solo decidió donar órganos y tejidos, sino también su cara.
“Los donantes y sus familias siempre realizan un acto inmenso de generosidad y altruismo”, afirma Elisabeth Navas, coordinadora médica de Donación y Trasplantes de Vall d’Hebron. “Pero este caso, además, demuestra un grado de madurez que deja sin palabras. Alguien que ha decidido dejar de vivir dedica una de sus últimas voluntades a una persona desconocida y le da una segunda oportunidad de esta magnitud”.
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La receptora necesitaba un trasplante facial tipo I –que comprende la parte central del rostro– tras sufrir una necrosis extensa de los tejidos faciales causada por una infección bacteriana.
Una operación reservada a muy pocos
En todo el mundo solo se han realizado 54 trasplantes de cara, y apenas una veintena de centros tienen capacidad para hacerlo. En España se han llevado a cabo seis; tres de ellos en Vall d’Hebron.
Cada intervención implica la participación de varios profesionales y la coordinación de múltiples especialidades: cirugía plástica y microcirugía reconstructiva, anestesiología, inmunología, psiquiatría, psicología clínica, rehabilitación, UCI, anatomía patológica y laboratorios, entre otras.
“Vall d’Hebron es un centro pionero en donación y trasplantes en el Estado”, señala Alberto Sandiumenge, coordinador de los programas de Donación y Trasplantes del hospital. “Además de disponer de todos los servicios necesarios, cuenta con la experiencia profesional para llevar a cabo actos tan complejos como el trasplante de cara. Aun así, en cada caso elaboramos un protocolo específico, hecho a medida”.
La anestesiología cumple un papel decisivo durante una cirugía que puede durar entre 15 y 24 horas, garantizando estabilidad hemodinámica, control del sangrado y seguridad del procedimiento.
Evaluación médica, psicológica y ética
El trasplante facial no depende solo de la compatibilidad biológica. Donante y receptor deben compartir sexo y grupo sanguíneo, además de tener proporciones faciales similares. Pero hay más. “La cara concentra la imagen que el individuo proyecta hacia los demás y está muy ligada a la identidad personal”, explica el hospital. Por ello, las psiquiatras Sara Guila Fidel y María Sonsoles Cepeda, responsables de la evaluación psicosocial explican que “se valora si el candidato cumple los criterios para la intervención más allá de los criterios puramente médicos: capacidad de adaptación, afrontamiento, expectativas, adherencia al tratamiento y apoyo sociofamiliar”.
Con todos los informes, el caso pasa por el Comité de Ética Asistencial y la Dirección Asistencial del hospital, y posteriormente por los organismos autonómicos y nacionales que regulan los trasplantes en España.
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Tecnología para una precisión extrema
La planificación quirúrgica incluyó tomografías computarizadas tanto de la donante como de la receptora. A partir de esas imágenes, la Unidad de Tecnologías 3D del hospital elaboró modelos digitales y físicos para simular la intervención. “Este modelo ayuda a los profesionales a entender cómo deben llevar a cabo la cirugía”, explica Laura Escot, ingeniera biomédica. “Lo imprimimos para que tengan las referencias cuando lo necesiten, antes y durante la cirugía”.
También se diseñaron guías de corte óseo personalizadas y una máscara de silicona para reconstruir el rostro de la donante tras la extracción, garantizando respeto y cuidado del cuerpo.
Después del quirófano, la reconstrucción de la vida
Tras la intervención, la paciente permaneció un mes ingresada, primero en la UCI y luego en planta. Los tiempos de hospitalización se han reducido de forma notable con la experiencia acumulada del equipo.
La rehabilitación comienza pronto. “Inicialmente, la cara se encuentra en una fase hipotónica, sin movimiento”, explica Daniela Issa, del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación. “Trabajamos para estimular la inervación y recuperar funciones como masticar, gesticular o hablar”. El acompañamiento psicológico continúa más allá del alta, para ayudar a la paciente a integrar su nueva imagen corporal y mantener la adherencia al tratamiento inmunosupresor.
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Un precedente mundial
Desde la Organización Nacional de Trasplantes, su directora, Beatriz Domínguez-Gil, destacó el alcance del procedimiento: “Cada proceso de donación y trasplante es el resultado de un esfuerzo colectivo. Poder llevar a cabo procedimientos de esta complejidad con estos resultados es motivo de orgullo para los equipos implicados, para el hospital y para toda nuestra sociedad”.
El trasplante marca un antes y un después no solo en la cirugía facial, sino también en el debate ético sobre el final de la vida. En este caso, la muerte no fue solo un final: fue, de manera literal, el origen de una segunda oportunidad.