Fiscalía General. Foto: Colprensa.
'Venga que le digo algo': el expediente por violencia sexual contra Rafael Herrera, hermano del ciclista Lucho Herrera
En medio de las investigaciones por la presunta participación de los hermanos Herrera en la desaparición de cuatro personas, la Fiscalía recolectó evidencias que relacionan a Rafael Herrera en episodios de violencia sexual y amenazas y por ello lo llamó a indagatoria. CAMBIO revela de qué se trata.
El país se sorprendió cuando, en 2025, se hicieron públicos testimonios de paramilitares que vinculaban al exciclista Lucho Herrera y a su hermano Rafael en la presunta desaparición de cuatro personas perpetrada el 23 de octubre de 2002 en la zona rural de Fusagasugá.
Tras meses de averiguaciones, la Fiscalía anunció que abrió investigación y citó a indagatoria a los dos hermanos tras encontrar que ellos habrían contactado a integrantes de las extintas Autodefensas Campesinas del Casanare para desaparecer a Gonzalo Guerrero Jiménez, Víctor Manuel Rodríguez, José del Carmen Rodríguez y Diuviseldo Torres Vega, quienes vivían en un predio aledaño.
Un elemento que pasó inadvertido del anuncio de la Fiscalía es que Rafael Herrera fue vinculado a la investigación por el delito de acceso carnal violento por el abuso sexual a una menor de edad. CAMBIO conoció detalles de este episodio que salió a la luz mientras los investigadores recolectaban evidencias.
El motel
Las pesquisas indican que, al parecer, Rafael Herrera sometía a trabajadoras de sus propiedades a abusos sexuales bajo amenaza y encierro. CAMBIO estableció que una de las mujeres que habría sido abusada sexualmente es hermana de una de las víctimas de desaparición.
Esto habría sucedido para esa misma época, comienzos de la década de 2000, en el motel Acuarios de Fusagasugá, que es de propiedad de Rafael y Lucho Herrera. La víctima de los vejámenes comenzó a trabajar en ese lugar siendo menor de edad, haciendo labores de limpieza en los cuartos y en los baños. Según el expediente, estos hechos habrían ocurrido un mes después de que la joven entró a trabajar.
Un día, mientras ella limpiaba un cuarto y lavaba un baño, Rafael Herrera le habría dicho a la víctima: “Venga que le voy a decir algo”. Luego, sacó un arma de fuego, la puso sobre la mesa de noche y le echó seguro a la puerta para impedir que ella saliera. En ese contexto, habría sucedido la violación. El testimonio de la víctima señala que ella estaba intimidada y encerrada cuando sucedió el hecho. La investigación, por el momento, apunta a que los abusos se habrían perpetrado varias veces.
CAMBIO conoció que, aunque estos hechos fueron conocidos por la Fiscalía mientras investigaba el tema de la desaparición, los abusos no tendrían relación con ello y habrían ocurrido al margen de ese caso.
La familia Herrera ha negado tener relación con el caso de desaparición. Los cuerpos de dos de las víctimas fueron encontrados en 2008 en un terreno de Silvania (Cundinamarca) y fueron entregados a sus familiares en diciembre de 2025. La indagatoria de los dos hermanos será el 6 de febrero.
Los testimonios contra Lucho Herrera
En este caso están involucrados integrantes de las Autodefensas Campesinas del Casanare (ACC), una estructura paramilitar que se consolidó en los años noventa y 2000 y siguió la senda de la organización Los Buitragueños, manteniéndose separada de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), de los hermanos Castaño.
Luis Fernando Gómez Flórez, alias Ojitos o Ferney, condenado a 22 años de prisión por la desaparición forzada de estas cuatro víctimas, así como Héctor Díaz Gaitán, alias Camargo, y Óscar Andrés Huertas Sarmiento, alias Menudencias, son los exparamilitares que mencionaron al ciclista colombiano.
Gómez Flórez estaba dedicado a pedirles plata a los dirigentes políticos del Casanare y a los encargados de las fincas y las arroceras. Según su testimonio, Héctor Germán Buitrago, alias Martin Llanos, entonces cabecilla de las ACC, lo mandó a negociar con el ciclista Lucho Herrera, quien les habría dicho a los paramilitares que las víctimas eran milicianos de la guerrilla que pretendían secuestrarlo.
“Lucho Herrera dijo que él cuadraba directamente con don Martín y don Héctor. Entonces se cuadró una reunión, se ordenó bajarlo a los dos días (al Meta) (…) El día que llegamos a Fusa, viniendo del Meta, nos dice que tiene que mandar a limpiar a una gente, que era miliciana de la guerrilla, pero que cualquier cosa nos entendiéramos con un señor de nombre Rafael. Como a los ocho días, el señor Rafael (…) y me atiende el señor Lucho Herrera (…) me dice que tiene algo para darme, sale y me da dos sobres de manila, en uno de ellos venían las fotos de cuatro personas, que teníamos que recoger, dijo que eran milicianos de la guerrilla que lo iban a secuestrar y en el otro sobre había 40.000.000 de pesos y nos dice que, si quiere para comprar unas pistolas y unas motocicletas”, indicó.
Por su parte, Héctor Díaz dijo a la justicia que a Lucho y a Rafael Herrera les estaban robando ganado y que eran víctimas de amenazas por parte de las Farc y dijo que fue Rafael quien señaló a unas personas que estaban en una gallera. Y alias Menudencias señaló que las víctimas fueron recogidas en una camioneta y que en el hecho participaron, entre otros, el sargento del B2 de Fusa Fredy Espitia, usando distintivos del DAS: “Los degollamos y luego los descuartizamos, con machete. Hicimos dos fosas, dos huecos pequeños, por ahí de 50x50 a la altura del pecho, por ahí a 1,50 metros. Partidos en seis pedazos: cabeza, brazos, piernas y tronco, se le abría el tronco”.