Integrantes del grupo de jóvenes voluntarios de la organización ambiental Gestores del Cambio | Crédito: Valentina Giannini-CAMBIO
La iniciativa comunitaria que busca recuperar el ecosistema de la Ciénaga Grande de Santa Marta
En Pueblo Viejo y Tasajera, pescadores, jóvenes voluntarios y cubeteros impulsan un modelo comunitario para reducir la contaminación en la Ciénaga Grande de Santa Marta. En un año, la iniciativa ha logrado recuperar más de un millón de bolsas plásticas y fortalecer la educación ambiental en uno de los ecosistemas más importantes del Caribe colombiano.
Por: Valentina Giannini
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“La ciénaga no es de todo el mundo, es de los que por ella viven y por ella mueren”, dice Bren Meléndez Acosta, cofundador de la organización ambiental juvenil Gestores del Cambio, durante un evento realizado en Tasajera, Magdalena. La jornada celebra la recolección de más de 1.500.000 bolsas plásticas que ahora serán recicladas, en lugar de terminar en las aguas de la Ciénaga Grande de Santa Marta.
En un ecosistema donde la vida cotidiana depende del agua, el plástico se ha ido instalando silenciosamente en las lagunas, los manglares y las faenas de pesca. Bolsas de un solo uso, empaques de hielo y residuos domésticos flotan, se hunden o quedan atrapados en el mangle, afectando no solo la pesca, sino también la salud del territorio y la seguridad alimentaria de las comunidades que dependen de él.
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Hace más de 500 años, este territorio fue hogar de la comunidad indígena Piextagua, que construyó sus bahías a la orilla de la Ciénaga Grande de Santa Marta y vivía de la recolección de moluscos y de la agricultura de yuca y maíz. Con el paso del tiempo, la región se consolidó como un territorio pesquero, y la Ciénaga Grande de Santa Marta como la laguna costera más grande y productiva del Caribe colombiano, reconocida hoy como humedal Ramsar y Reserva de la Biosfera de la Unesco.
Sin embargo, este ecosistema enfrenta múltiples amenazas: la presencia de la Hydrilla**, una planta invasora, la contaminación por plásticos, la sobreexplotación de los recursos y la estigmatización histórica de sus comunidades.**
Uno de los lugares donde estas tensiones se viven de forma más directa es Tasajera, un corregimiento del municipio de Pueblo Viejo que creció a la orilla de la Ciénaga Grande de Santa Marta y cuya vida económica y social gira alrededor de la pesca.
La pesca, el plástico y la salud del territorio
En Tasajera, la plaza de mercado está al borde del agua y allí se exhibe la variedad de pescados que se extraen de la ciénaga de Pueblo Viejo. Hasta ese punto llegan compradores de la zona bananera, de Ciénaga, de Santa Marta e incluso de Barranquilla.
Sin embargo, en los últimos años la cantidad de peces y la diversidad de especies han disminuido de manera progresiva. Los pescadores aseguran que hoy los ejemplares son más pequeños y de menor calidad, una señal del deterioro del ecosistema y de la presión que enfrentan los recursos de la ciénaga.
Este deterioro tiene efectos directos sobre la vida cotidiana, ya que toda la economía de Tasajera, y en parte la de Pueblo Viejo, depende completamente de la pesca; cuando la pesca se afecta, también lo hacen el comercio, las tiendas y la vida diaria del municipio.
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En ese deterioro del ecosistema, el plástico cumple un papel central y está presente incluso en las prácticas cotidianas de la pesca artesanal. Los pescadores utilizan bloques de hielo envueltos en bolsas conocidas como cubetas, que luego suelen ser arrojadas al agua.
“La bolsa de cubeta es el empaque de los bloques de hielo que vendemos a los pescadores”, explica Jaime Palacio Blanco, presidente de la asociación de pescadores Asabur. Además, dice que las cubetas son abundantes, “cada una dura alrededor de cinco o seis horas, y un pescador puede llevar entre 50 y 70 cubetas por faena”. Cada cubeta cuesta entre 200 y 300 pesos, y un solo productor puede fabricar entre 300 y 400 al día.
Estos residuos no solo se acumulan en la superficie del agua, sino que terminan desplazándose hacia zonas sensibles del ecosistema. Josué Acosta, líder de Gestores del Cambio, explica que el viento arrastra estos residuos hacia zonas donde la comunidad no llega con facilidad, degradando el suelo y el subsuelo. “Si perdemos al manglar, que viene siendo la cuna de los peces, el manglar nos ayuda a purificar el agua de la contaminación y a que la erosión costera no deteriore nuestras casas”, dice.
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A esta problemática ambiental se suma una crisis estructural en la gestión de residuos. Pueblo Viejo no puede tener relleno sanitario por estar dentro de un sitio Ramsar y una reserva de biosfera, por lo que sus residuos se trasladan al municipio de Ciénaga, donde el relleno La María colapsó hace dos años, agravando la crisis de disposición final. Además, solo existen dos camiones de basura para todos los corregimientos de la zona.
Frente a este escenario de deterioro ambiental y abandono institucional, comenzaron a surgir respuestas desde la misma comunidad.
Defensores de la Ciénaga Grande: jóvenes, pescadores y cubeteros unidos
Ante este panorama surgió la organización ambiental juvenil Gestores del Cambio, integrada por jóvenes de Pueblo Viejo y sus corregimientos. Según Josué Acosta, la iniciativa nació en un contexto de precariedad económica: “en ese momento vimos una oportunidad dentro de todos los residuos, porque nosotros consideramos que la basura no existe, que la basura es una decisión”.
Gestores del Cambio se consolidó como una asociación de jóvenes recicladores que recolectan residuos para venderlos y generar un sustento económico. Hoy, la organización cuenta con una red de 102 jóvenes en los distintos corregimientos de Pueblo Viejo y desarrolla procesos de educación ambiental en las comunidades.
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Lo que comenzó como una iniciativa juvenil pronto se amplió al reconocer que el problema del plástico atravesaba a todos los actores del territorio. Con el tiempo, pescadores, cubeteros y jóvenes se articularon en el proyecto ‘Defensores de la Ciénaga Grande y del Mar’, con el acompañamiento técnico y financiero de la Fundación Eduardoño y aliados como la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito y la empresa de energía eléctrica AIRE, intervenida.
Desde julio de 2024, este modelo comunitario integra educación ambiental, reciclaje, buenas prácticas de pesca y cooperación entre actores del territorio. Gracias a él, los pescadores ya no arrojan las bolsas de las cubetas al agua, las guardan y las devuelven a los cubeteros cuando regresan a comprar más hielo. Los cubeteros las almacenan en sus casas y, una vez por semana, los jóvenes voluntarios pasan a recogerlas para llevarlas al centro de acopio. Así, lo que antes terminaba flotando en la ciénaga entra ahora en un circuito comunitario de recuperación y reciclaje.
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En un año, Defensores de la Ciénaga Grande y del Mar ha recuperado 1.500.000 bolsas, ha vinculado a más de 300 pescadores, cubeteros y jóvenes, y ha aumentado la recolección de residuos del 15 por ciento al 85 por ciento. Además, ha formado a 32 líderes locales que hoy transmiten conocimientos en gestión ambiental y cultura oceánica a niños, niñas y jóvenes.
Para Jaimer Palacio Blanco, el alcance del proyecto va más allá de las cubetas: “Este proyecto de la recolección de los residuos sólidos no es solo el empaque de la cubeta, también recolectamos los empaques de las bolsas de agua que llevan los pescadores para hidratarse, las bolsas que llamamos de raya, donde llevan los víveres”. En un año, “hemos recolectado el 27 por ciento de las bolsas que caen a la Ciénaga y al lecho marino”, menciona.
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Ese cambio ya es visible en las prácticas y en la forma en que los pescadores se relacionan con la ciénaga. Por su parte, Adamir de la Rosa, representante de la Federación de Pescadores del Mar y la Sierra Grande de Tasajera, reconoce el cambio: “anteriormente nosotros los pescadores salíamos a las faenas de pesca y botábamos las bolsas a la sierra. Estábamos provocando una mala imagen y estábamos dañándola”. Hoy, dice, “queremos que muchas entidades también vengan a hacer este trabajo con nosotros, porque en verdad lo necesitamos. Tasajera es un pueblo de pescadores, nosotros vivimos de la pesca”.