Camilo Izquierdo Villafañe, mamo del pueblo arhuaco.
Foto: CAF
“Los próximos 500 años están en duda si no hay equilibrio”, la voz del mamo Camilo Izquierdo en la Conferencia de CAF en Santa Marta
En desarrollo de los 500 años de Santa Marta, esta autoridad espiritual del pueblo arhuaco advirtió con sabiduría que no hay futuro posible sin respeto por la naturaleza, la memoria y el orden sagrado del territorio. Su mensaje, profundo y sereno, invita a repensar el desarrollo desde el equilibrio y la conciencia colectiva.
Por: Daniel Murcia
En el Teatro Santa Marta, durante la Conferencia Iberoamericana Ciudades 500+, organizada por el Banco de América Latina y el Caribe (CAF), se alzó una voz que no solo recordó el pasado, sino que también sembró una semilla hacia el futuro: la del mamo Camilo Izquierdo Villafañe. Con tono pausado y firme, esta autoridad espiritual compartió una profunda reflexión sobre los 500 años de la ciudad más antigua de Colombia y del continente suramericano, invitando a todos los presentes a entender esta fecha no solo como una conmemoración, sino como una oportunidad de aprendizaje. Recordó que, sin reconocer el pasado, es muy difícil construir el futuro, y su mensaje, cargado de espiritualidad y reflexión, apeló al poder de la memoria para repensar el camino hacia adelante.
Frente a un público compuesto por líderes urbanos, académicos, jóvenes, y autoridades internacionales, el mamo recordó que en este territorio –hoy llamado Santa Marta– existieron guardianes. Mencionó a Mamatoco, Bonda, Masinga, como entes que regulaban los pasos de la parte baja hacia la sierra, manteniendo un orden ancestral que ha sido progresivamente alterado por las dinámicas extractivas y urbanas de la modernidad.
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“Se han despertado energías que no están acordes al mandato original. y eso afecta el equilibrio, afecta al ser humano, afecta la naturaleza”, señaló, refiriéndose a las consecuencias visibles e invisibles de siglos de intervención sobre un territorio sagrado. Su voz no tembló al advertir: “Los próximos 500 años están en duda si no se toma conciencia y no se actúa con seriedad”.
Pero su mensaje no fue solo advertencia. Fue, sobre todo, un llamado al reencuentro entre mundos que se han distanciado. “No lo cuento para crear discrepancia, sino para reflexionar”, aclaró. Invitó a los presentes –urbanos y rurales, técnicos y sabedores, ciudadanos y autoridades– a pensar colectivamente en el futuro: uno donde el respeto por el agua, las montañas, los cerros y todos los seres visibles e invisibles no sea una idea romántica, sino una acción concreta.
“Estamos todavía en la sierra, pensando en este legado. Y aquí están presentes mujeres, hombres, jóvenes. Con ellos juntos tenemos que crear escenarios de protección. Porque de nada serviría un diálogo más, un encuentro más, sin tener presente los nacederos del agua y la protección de la Madre Vieja”, expresó con claridad.
El mamo no llegó con respuestas cerradas, sino con preguntas sabias: ¿Para qué cambian y dañan algo que no pueden reconstruir después? ¿Para dónde vamos a ir si se pierde el equilibrio? Preguntas que resonaron en un espacio acostumbrado al lenguaje técnico y político, pero que en esta ocasión se abrió al sentido profundo del conocimiento ancestral.
En el cierre de su intervención, el mamo compartió la esencia de su mensaje: que el legado espiritual y cultural de los pueblos originarios –el pueblo arhuaco, kogui, wiwa, y kankuamo– sigue vivo, a pesar de la invisibilización que ha intentado imponerse durante siglos. “Nosotros no vinimos de ningún lado. Nosotros somos de aquí. Hemos estado aquí desde antes de los 500 años”, afirmó con la dignidad de quien habla desde la raíz.
La Sierra Nevada de Santa Marta –llamada por los pueblos originarios el Corazón del Mundo– no es simplemente un accidente geográfico, sino un tejido vivo de memoria, equilibrio y sabiduría. Y aunque los años hayan pasado, el mamo dejó claro que el conocimiento de sus abuelos y tatarabuelos, transmitido a través del poporo y las enseñanzas intangibles, sigue guiando el camino.
“Que la proyección de este encuentro no se reduzca a un evento más. Que podamos construir un territorio que dure siglos, miles de siglos”, concluyó.
En una conferencia pensada para pensar el futuro de las ciudades, fue una voz milenaria la que recordó que no hay porvenir sin raíces. Y que, si algo debe cambiar tras los 500 años de Santa Marta, es la forma en que miramos –y cuidamos– el territorio, la vida, y a nosotros mismos.