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Lunes 4 de mayo de 2026
Crédito: Colprensa. Según el estudio "Hábitos de lectura, asistencia a bibliotecas y compra de libros en 2023", realizado por la Cámara Colombiana del Libro, en el país solo el 72% de la población afirma leer libros regularmente.

Crédito: Colprensa. Según el estudio "Hábitos de lectura, asistencia a bibliotecas y compra de libros en 2023", realizado por la Cámara Colombiana del Libro, en el país solo el 72% de la población afirma leer libros regularmente.

El arte de traducir libros: entre la minucia, excelencia estética y las presiones del mercado editoral

En un mundo editorial que exige velocidad, los traductores se enfrentan al reto de preservar la sensibilidad estética de una obra mientras cumplen plazos cada vez más ajustados. ¿Cómo reconocer, entonces, una buena traducción entre tantas versiones disponibles?

Por: Manuela Cardozo

Helena Cortés Gabaudan es una traductora española, germanista y profesora titular de la Universidad de Vigo, quien en 2021 obtuvo el Premio Nacional de Traducción por su trabajo en El diván de Oriente y Occidente, de Goethe. Con décadas de trabajo entre aulas y manuscritos, conoce de primera mano la tensión entre dedicar años a perfeccionar la traducción de un libro y la presión editorial de completarlo en el menor tiempo posible. 

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Al hablar de su labor, Cortés insiste en que una buena traducción no trabaja solo con el contenido y la forma de un texto, sino también con su “sensibilidad estética”: su ritmo, cadencia y los distintos matices que sostienen la obra de arte. 

Se trata de un proceso de relectura constante en el que hasta las palabras más pequeñas importan: leer, pensar el significado de la oración, traducir, releer y cambiar.  Una traducción, en esencia, nunca está completa. Los traductores se ven obligados a poner punto final y entregar el libro en la fecha acordada con la editorial, pero no porque esté realmente listo, sino porque el calendario lo exige. 

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Yo siempre comparo a los traductores con los intérpretes de música: cada uno ofrece su versión personal partiendo de la misma partitura. Y a veces es mucho más disculpable un error involuntario al tocar (o traducir) que ofrecer solo una versión plana y correcta de la obra, pero sin riesgo y sin vida”, dice Helena. Ese nivel de atención y cuidado requiere tiempo, un recurso que, muchas veces, no coincide con la demanda del mercado editorial.  

¿Cómo elegir una buena traducción?

Entre tantas ediciones puede ser difícil distinguir las traducciones acertadas de una obra. Sobre todo, puede resultar muy difícil escoger una buena traducción “de textos de los que uno no conoce realmente el idioma original, por ejemplo, los textos que están en ruso”, dice Laura Roa, profesional en Estudios Literarios de la Universidad Javeriana con énfasis en Escrituras Creativas.

Roa, quién tiene experiencia en talleres de traducción, afirma que “una buena traducción es la que conserva el sentido original de la obra, una traducción que mantiene ciertas originalidades del idioma original en esta nueva lengua”.

Para elegir una versión particular de una obra traducida, es útil fijarse en el tiempo dedicado a la edición y en los valores o enfoques que orientaron el trabajo del traductor, aspectos que suelen explicarse en la nota del traductor. Además, un texto “se puede traducir de muchos modos correctos”, como dice Cortés, por lo que también conviene tener en cuenta la línea de pensamiento que el traductor busca reflejar. Por ejemplo, en una traducción de La divina comedia se puede priorizar mantener la rima original de la obra o sacrificarla en favor del sentido y la claridad.   

La apuesta estética de una editorial

Es justamente en ese cruce entre cuidado e industria donde se inscribe el trabajo de Helena con la editorial española La Oficina de Arte y Ediciones, una casa que nació con la convicción de que “los libros debían ser también objetos bellos, tanto por dentro como por fuera”, como ella misma relata.

En un inicio, la Oficina apostó por los libros de artistas y de fotografías, con ediciones cuidadosamente producidas en las que el diseño y la materialidad tenían un peso central. Con el tiempo, el aumento en el costo del papel y de la producción de los libros convirtió estas ediciones en objetos de lujo difíciles de vender.

“Aunque la editorial nunca nació con un perfil muy comercial, al menos había que tratar de cubrir costos. Entonces, en 2018, la editorial entra en una segunda fase en la que sale nuestro amigo y socio impresor y a cambio entro yo”, dice Cortés. “En esa segunda fase reconducimos la editorial hacia un perfil mucho más literario con libros en los que, sin abandonar nunca el cuidado formal y estético de los mismos, que son la marca de la casa, son en todo caso productos más baratos de producir y que tienen un público más extenso”.

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La editorial no busca solo buenas traducciones, sino propuestas distintas. En 2024 publicaron La odisea, traducida por Juan Manuel Macías, que se enfoca en la fluidez del poema homérico; en 2021 lanzaron una edición del Evangelio según Mateo, traducida por Sagra y José García Vázquez, que intenta preservar una versión “laica” del texto, “tal como tuvo que sonar en los oídos de la gente de la época, con las palabras griegas originales, antes de que se acuñara el vocabulario litúrgico que hoy lo impregna de otro tono”.

El cuidado de estas ediciones es posible porque La Oficina de Arte y Ediciones funciona desde una lógica minuciosa con tiempos más lentos que los de las grandes editoriales comerciales. Pero ese mismo modelo tiene su contraparte: no publican más de seis títulos al año.

“Vivimos siempre en una gran tensión entre hacer productos originales, rigurosos y muy cuidados y conseguir que sean también vendibles, no solo por cubrir los costes, porque si no los cubrimos pronto tendríamos que cerrar, sino porque no queremos publicar para llenar almacenes y acabar quemando libros. Una cosa es que seamos un nicho, pero tiene que ser un nicho sostenible. Y es muy difícil encontrar el equilibrio entre excelencia y rentabilidad”, dice la traductora de nacionalidad española.

Equilibrio económico y literatura

Las Elegías anglosajonas y los Banquetes, de Erasmo de Rotterdam, son algunos de los títulos que ha traducido La Oficina de Arte y Ediciones que Cortés considera “excelentes” y que, sin embargo, no han tenido éxito comercial. 

Por otro lado, en 2019 la editorial lanzó el libro Cuentos de los hermanos Grimm tal como te fueron contados. Edición de 1812, la primera traducción española de la versión original de los cuentos antes de que los Grimm cambiarán las historias y algunas casas editoriales los censuran. Este ha tenido un “éxito inesperado”, al punto de que en 2025 solo se puede adquirir en su tercera edición.  

Ahora bien, libros como este son los que sustentan a la editorial, financiera y moralmente. “Te arrepientes mil veces, pero luego te viene un Juan Manuel Macías con una Odisea absolutamente emocionante o una Aída Míguez con su personalísima versión de la Medea o sus magníficos ensayos sobre el mundo clásico y te dices: ha valido la pena, aunque solo sea por haber sacado un puñado de libros como estos”, dice la traductora.

La rentabilidad y la pasión editorial

Cortés también asegura que los miembros de la editorial viven de otros oficios y se dedican a la literatura como una “afección secundaria”, para la cual tienen que vivir “sacando el tiempo de debajo de las piedras”. 

“Para vivir de la traducción uno no se puede pasar tantísimo tiempo dedicado a obras especialmente complejas o a grandes clásicos. Para tener eso tienes que buscar al traductor que está apasionado por algún autor o texto en concreto y que lo hace por gusto”, afirma Cortés. 

Muchos han pensado en dejar la editorial, porque esta requiere una gran inversión de recursos económicos y humanos para ser rentable y un primer oficio, una inversión que para ellos no es viable. Sin embargo, Cortés revela que los detiene la ilusión y el amor por los libros que “no saldrían en ninguna otra parte si nosotros no lo hacemos”.

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