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Lunes 4 de mayo de 2026
María Isabel Ibarra.

María Isabel Ibarra.

María Isabel Ibarra quiere ser profeta en su tierra

La diseñadora colombiana María Isabel Ibarra, radicada en Europa desde hace muchos años, transformó la vieja tapicería de vagones de tren de Países Bajos en zapatos y bolsos. Ella estuvo presente en la feria Bogotá es Moda.

Por: Maria Clara Salive

Conocí a María Isabel Ibarra un jueves, tomándonos un café. Ninguna de las dos tenía mucho tiempo, pero después de las carreras de Bogotá es Moda nos dimos cuenta de que, detrás de su cara morena y su sonrisa, había una luchadora. La moda no es un terreno fácil, y ella migró de su país hace 30 años, persiguiendo un sueño.

Aunque Bogotá es Moda no fue tan grande como el Bogotá Fashion Week, de todas manera reunió importantes marcas y diseñadores.
María Isabel nació en Palmira, Valle del Cauca, en 1979. Motivada por diversas causas como la violencia del país, la falta de oportunidades para jóvenes diseñadores y las ganas de triunfar en su campo; decidió dejar Colombia y emprender un nuevo camino en Europa. Vivió en el Reino Unido, España y finalmente en los Países Bajos, donde consolidó su proyecto. Desilusionada por el fast fashion, decidió emprender y la oportunidad le llegó en 2020, cuando ganó el concurso de los Ferrocarriles Nacionales de los Países Bajos, transformando telas de asientos de tren en calzado y bolsos.

Un total de 7.500 metros cuadrados de tapicería de los vagones de los trenes intercity fueron reciclados para la creación de un modelo de sneakers (zapatos deportivos) que busca dar una segunda vida a los materiales del sistema ferroviario. El calzado está elaborado con suela de caucho reciclado, cuero vegano en el interior, tapicería original de los trenes en el exterior, cordones de algodón ecológico y plantillas fabricadas a partir de caña de azúcar.

La primera versión se lanzó como premio de la compañía de trenes, con el propósito de mostrar alternativas de producción sostenibles.
El proceso de recuperación de la tapicería incluyó desinfección, lavado y planchado, sin emplear procedimientos que alteraran la composición del tejido. Según los responsables del proyecto, la fabricación se realizó con cero desperdicios, como parte de un ejercicio de economía circular. Sus diseños son sobrios y duraderos, y aunque transitar a la sostenibilidad en moda no es fácil, considero que Isabel es un ejemplo de que con creatividad y trabajo es posible darles a los textiles nuevas oportunidades.

La elegancia de cada zapato está en la historia que no dejan de contar los pasos detrás del tren de los viajes de lo reciclado y corroboran que lo bello es bueno, práctico y duradero. Un minimalismo que se luce en verano en cualquier país del mundo y que hacen que Isabel vuelva a su tierra con la experiencia que seguramente la traerán más adelante muchas veces más a Colombia.

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