Ilustración de Yamith Mariño para CAMBIO.
¿Cuánto están dispuestos a pagar las ejecutivas de alto nivel por conseguir pareja de forma optimizada y confidencial? ¿Es una inversión en el amor o una mercantilización de lo romántico? ¿Qué es el cazatalentos sentimental o 'matchmaking'? CAMBIO les cuenta todo cuanto tiene que saber sobre esta industria que crece aceleradamente.
Después de divorciarse, el empresario de 60 años Julio Londoño* duró tres años sin una pareja estable. Agotadas las posibilidades románticas en su estrecho círculo social, un amigo cercano le recomendó el servicio de cazatalentos sentimental. “Como empresario he utilizado los servicios de selección de talentos para varios cargos en el interior de mi empresa, así que cuando me explicaron que el proceso para buscar pareja era muy similar al de buscar gerentes, me decidí por intentarlo”, le dijo a CAMBIO.
Barajémosla de nuevo: según nos contestó Verónica Alcanda, la gran gurú del cazatalentos sentimental o matchmaking en España y América Latina, este consiste en la aplicación de “metodologías de selección de talento al ámbito de las relaciones personales con el fin de establecer una relación sentimental. Se trata de identificar, evaluar y presentar personas altamente compatibles para una relación estable, con criterios objetivos, análisis psicológico y acompañamiento humano. No se trata de buscar citas sino de facilitar encuentros con verdadero potencial de proyecto de vida”.
Se trata de identificar, evaluar y presentar personas altamente compatibles para una relación estable, con criterios objetivos, análisis psicológico y acompañamiento humano. No se trata de buscar citas sino de facilitar encuentros con verdadero potencial de proyecto de vida”.
El empresario divorciado, que encaja a la perfección con el cliente preferencial de la industria –ejecutivos y ejecutivas de alto nivel, con dinero, estatus, una hoja de vida portentosa pero que, cuando el show se acaba, están solos con sus glorias y sus penas– contrató a Lovit Matchmaking en Bogotá, una de las empresas pioneras de la industria en Colombia, para buscar pareja de forma personalizada, optimizada y, en principio, tercerizada.
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Tras el encuentro con dos candidatas, seleccionadas entre una refinada base de datos en la que esperan perfiles potencialmente idóneos para amainar la soledad de hombres y mujeres que lo tienen todo menos la media naranja, Londoño encontró una pareja con una compatibilidad, hasta entonces, insospechada en las posibilidades de su estrecho círculo social. “Me sorprendió que las candidatas eran totalmente compatibles con el perfil que estaba buscando, aunque, eso sí, que se dé la relación a largo plazo depende de los involucrados”.
¿Qué buscan en su mayoría los hombres y las mujeres que contratan el servicio de matchmaking? ¿Este incluye a personas que buscan el amor con personas de su mismo sexo? ¿Inversión estratégica en el amor o mercantilización afectiva? ¿De qué va la promesa de éxito? ¿Cuánto vale el servicio? ¿Basta con tener el dinero para ser cliente?
CAMBIO habló con Liliana Barreto, fundadora y CEO de Lovit Matchmaking, y con Verónica Alcanda, fundadora y CEO de Alcanda Matchmaking, para buscar respuestas.
CAMBIO: Entiendo que la industria del matchmaking llegó a España hace más de una década. ¿Qué tan grande es el mercado? ¿Cuántos clientes tiene Alcanda Matchmaking?
Verónica Alcanda: Todavía es un mercado pequeño, pero en crecimiento sostenido, especialmente en grandes ciudades. En España sigue siendo un servicio minoritario, asociado a perfiles exigentes y con poco tiempo, pero cada vez más normalizado.
Trabajo con un número muy limitado de clientes activos al año, porque es un servicio premium, artesanal y muy personalizado. La bolsa de candidatos es amplia y dinámica, con muchos miles de perfiles evaluados a lo largo de los años, aunque solo una parte muy pequeña cumple los criterios para ser presentada a nuestros clientes.
CAMBIO: ¿Y en Colombia, Liliana?
Liliana Barreto: El mercado en Colombia es muy nuevo, pero con una potencialidad enorme. Acá hay una gran necesidad de encontrar pareja por parte de ejecutivos, CEO, presidentes y altos directivos que solo tenían al alcance las aplicaciones de citas. Esperamos tener, en un lapso de cinco años, entre 4.000 y 5.000 afiliados.
CAMBIO: Entremos en calor de una vez. ¿Qué tienen por decir ante la afirmación de que el servicio se sustenta en mercantilizar el amor?
V.A.: El matchmaking no mercantiliza el amor: profesionaliza el proceso de encuentro. El amor no se compra, pero el acompañamiento, el análisis y el criterio experto sí. Nadie cuestiona acudir a un psicólogo o a un _head_-hunter profesional, pero cuando hablamos de pareja parece que todo deba quedar al azar. Yo no vendo amor, facilito condiciones para que pueda surgir.
Yo no vendo amor, facilito condiciones para que pueda surgir.
L.B.: Nosotros lo que hacemos es ayudarle al cliente a filtrar esa persona que potencialmente puede ser compatible, pero ya la decisión de enamorarse, la afinidad, la química, le corresponde a él y al candidato. Un cliente me dijo hace poco: “Liliana, este ejercicio tuyo equivale a 30 cafés y almuerzos que me ahorras”. Lo que al cliente le puede tardar seis meses al albur de la espontaneidad y el azar, nosotros lo optimizamos de forma metódica y tenemos en cuenta características físicas, de personalidad, gustos, cultura, hábitos. Entramos a profundidad en la pregunta de cuál es el proyecto de vida y qué desea encontrar el cliente en su pareja.
CAMBIO: Ya que hablan del método de selección sentimental, ¿qué buscan los hombres y qué buscan las mujeres que acuden a su servicio?
V.A.: Las mujeres buscan coherencia, estabilidad emocional y un compañero con quien sentirse seguras siendo ellas mismas. Cada vez menos “estatus” y cada vez más tranquilidad. Los hombres buscan admiración, paz emocional y una relación donde no sientan que deben competir o justificarse constantemente. En el fondo, ambos buscan lo mismo: conexión, respeto y un vínculo que sume, no que complique.
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L.B.: El gran hito para los hombres es el atractivo físico. Para ellos no es tan determinante que la mujer no tenga el mismo nivel social o cultural o que económicamente no esté en sus mismas condiciones, pues el problema de la plata ya lo tienen resuelto.
Las mujeres, en cambio, buscan parejas con ambición, estabilidad económica y estatus. Por lo general, no están dispuestas a estar con alguien de un nivel social, cultural y económico inferior. Piden que al menos esté al mismo nivel que ellas. Eso y el amparo emocional son sus grandes requerimientos.
Las mujeres, en cambio, buscan parejas con ambición, estabilidad económica y estatus. Por lo general, no están dispuestas a estar con alguien de un nivel social, cultural y económico inferior. Piden que al menos esté al mismo nivel que ellas. Eso y el amparo emocional son sus grandes requerimientos.
CAMBIO: Tengo el prejuicio de que este servicio es para hombres y mujeres heterosexuales, blancos, ricos, rubios… ¿Le prestan el servicio a clientes que buscan el amor en el mismo sexo?
V.A.: He trabajado con clientes gais y mi experiencia es que el servicio resulta objetivamente más complejo. No por falta de interés, sino porque estadísticamente son muchas menos las personas que recurren al matchmaking, lo que reduce de forma significativa el tamaño del pool de candidatos compatibles. Esto limita las posibilidades de cruce y exige procesos más largos y muy afinados. Aun así, cuando se dan las condiciones adecuadas, el valor del acompañamiento profesional es incluso mayor que en el mercado heterosexual.
L.B.: En Colombia no nos han abordado clientes que busquen pareja del mismo sexo, así que no sabría decirte cómo vamos a responder cuando esto suceda. Claro que estamos abiertos.
CAMBIO: Y en cuanto a la viabilidad del negocio para personas que quieran el servicio y no pertenezcan a las élites…
V.A.: Es un modelo viable para cualquier persona que valore el autoconocimiento, el compromiso con el proceso y la búsqueda de una relación estable, independientemente de su nivel socioeconómico. El factor determinante no es la clase social, sino el grado de madurez emocional y la disposición a implicarse seriamente.
L.B.: Para mi sorpresa acabó de cerrar un proceso de búsqueda muy exitoso con un joven de 33 años, un empresario en la industria de tecnología que se ha dedicado a viajar por el mundo con muy poco tiempo para buscar pareja. Harto de probar con todas las aplicaciones de citas, me buscó y me dijo que eso no era lo que quería para su vida y que quería una pareja seria y estable. Hace poco me escribió que la candidata que le presentamos era la mujer con la que quería crear un hogar y un proyecto de vida.
Hace poco nos pidió el servicio un profesor universitario. Fuera de las élites y del mundo empresarial, cuando le presentamos la propuesta económica, estuvo de acuerdo. Depende del grado de decisión e implicación que tenga el cliente.
CAMBIO: ¿Cuánto vale el servicio en Colombia a través de Lovit Matchmaking?
L.B.: Nuestro servicio premium básico empieza en 15 millones de pesos y garantiza la presentación de tres candidatas en un lapso de cuatro meses con una compatibilidad del 80 por ciento con respecto al perfil que construimos con el cliente. Si para encontrar un gerente los empresarios están dispuestos a pagar hasta 80 millones de pesos, ¿por qué no invertir en algo tan valioso como la pareja?
Si para encontrar un gerente los empresarios están dispuestos a pagar hasta 80 millones de pesos, ¿por qué no invertir en algo tan valioso como la pareja?
CAMBIO: A diferencia de las aplicaciones de citas, ustedes ofrecen confidencialidad, precisión y seguridad. ¿Cómo se blindan de no presentar candidatos, por ejemplo, con problemas psicológicos o que simplemente mientan?
L.B.: El riesgo nunca se va a reducir a cero, pero tomamos todas las medidas necesarias, soportados en un método profesional y serio, para que el servicio sea veraz y seguro. Por eso es fundamental para nosotros entrevistar de manera personal a los candidatos y a los clientes. El proceso para que un candidato entre en nuestra base de datos dura un mes y medio de verificación y lo hacen profesionales en selección.
V.A.: De hecho, esto supone uno de los grandes dilemas del servicio. ¿Cuándo decirle que no a un cliente? No todo el mundo está preparado para una relación sana, aunque la desee. La ética del matchmaking consiste en no prometer lo imposible, no forzar encajes y no trabajar con personas que no están emocionalmente disponibles o alineadas con el propósito del servicio.
No todo el mundo está preparado para una relación sana, aunque la desee.
CAMBIO: ¿Cuál es el porcentaje de éxito para su servicio y cómo lo miden?
V.A.: En Alcanda Matchmaking medimos el éxito en un indicador muy concreto y objetivo: el número de parejas que hacen match en el primer encuentro que organizamos desde la empresa y que manifiestan el deseo de seguir conociéndose. Bajo este criterio, nuestra ratio de éxito supera el 85 por ciento.
L.B.: El éxito se mide en lo que podemos garantizar y esto es un proceso absolutamente profesional y riguroso que le garantiza al cliente conocer una potencial pareja con un altísimo grado de compatibilidad. Somos muy claros en no prometer que eso se traduzca en un amor duradero, pues nadie puede comprometerse a eso. Tenemos una bolsa de candidatos de 800 personas y cada semana me contactan 15 clientes interesados. El servicio es exitoso y apetecido y seguirá creciendo.