Digital Récords en acción. Créditos: Digital Récords.
En una casa sencilla del barrio Calasanz, en Medellín, funciona Digital Récords, el estudio pionero del reguetón y la música urbana en el país. Santiago Cossio, uno de sus fundadores, le contó a CAMBIO la aventura de apostarle al género más popular de la Tierra cuando no era más que un tiro al aire. Maluma, J Álvarez, Golpe a Golpe, Kevin Roldán son solo algunos de los que pasaron ante sus consolas.
La fantasía de tener un estudio de grabación se le fijó en la cabeza en el año 97 cuando en Colombia, para la mayoría de la gente, el internet no era más que una incipiente teoría de conspiración y faltaría una década para que los algoritmos de las redes sociales nos reventaran con dopamina los cerebros. Nacido en Medellín, baterista de las extintas bandas Sabotaje y Dilema, roquero, el fundador de Digital Récords, Santiago Cossio, fantaseaba con los estudios de grabación gringos y sus consolas gigantescas –que veía en revistas, por allá, tan lejos e inalcanzables–.
En Colombia, en vísperas del nuevo milenio, “solo había los estudios de las disqueras grandes, Codiscos, Discos Fuentes, otras dos y pare de contar… así que grabar era casi imposible”, recuerda. Pero como el deseo genuino encuentra siempre sus maneras, montó su estudio y empezó a grabar grupos de rock y de vallenato, pues “el género de la música urbana no había llegado al país y pegaba era en Panamá –en clave de raga–, con grupos como El general, El cuento de la Cripta y algunos otros”.
El reguetón, de Puerto Rico para el mundo, tardó en inundar las emisoras colombianas y en sembrar la semilla del género en el país hasta el 2005. Por ese año, ya como un productor consolidado y con un estudio con cierto renombre, Cossio conoció a un tal Alexander Dj. ¡Alexander DJ–di–di–di–di–Dj!
%%recuadro%%1
Golpe a Golpe, Sheeno El Sensei, Jay Álvarez, Maluma…
Así como no es posible decretar de forma categórica que Alexander Dj fue el primer productor de reggaetón en Colombia, no cabe duda de que fue uno de los pioneros. Si repasan sus homeruns en el género, se les hará inevitable mover el cuerpo y tararear los estribillos del álbum Más Lunáticos, del extinto dúo Golpe a Golpe, que produjo e inmortalizó en el 2011 y que hoy tiene, reuniendo sus cinco canciones más populares, más de 147 millones de reproducciones. Veinticinco horas al día´, ocho día’ a la semana/despertar por la mañana y buscarte bajo mi almohada…
%%recuadro%%2
Pero antes de marcar un hito con Golpe a Golpe –y de trabajar con J Álvarez, Karol G, Reykon, Pipe Calderón, Yelsid, entre otros–, antes de ser nominado a mejor productor del año en los premios Grammy con Ella me cautivó de J Balvin, Alexander DJ cobraba 30.000 pesos por pista para buscar la gloria junto a reguetoneros emergentes.
Convertir esas pistas en canciones con todas las de la ley, junto a Cossio y en Digital Records, fue gasolina para darle forma a Palma Productions, que hoy, con sus más de veinte años de historia, es otro de los espacios pioneros para entender el auge del blin blin y el perreo en Medellín. Y luego en todos los rincones.
%%imagen%%1
Al teléfono fijo de Digital Récords llamó en el año 2006 el puertorriqueño J Alvarez. Quería llegar al mercado colombiano, tocar, armar revuelo. “¿J Álvarez? A ese no lo conocía ni la mamá”, bromea Cossio, que sabría después que el anónimo del otro lado de la línea era uno de los boricuas elegidos del género. Fue en Digital Récords donde J Alvarez conoció a uno de sus productores de cabecera, Sheeno El Sensei, a quien Cossio, atraído por el rumor de su talento, fue a buscar hasta su pueblo natal con la promesa de hacer música en serio.
Al mismo teléfomo fijo llamó Nicky Jam, que encontró en Cossio a uno de sus primeros promotores de conciertos (un millón de pesos por show), hasta que se fue a jugar a otras ligas.
En su estudio, lo dice sin exceso de vanagloria o énfasis, se formaron los grandes productores de la primera ola del reguetón. Por sus consolas pasaron, cuando todavía tiraban la moneda al aire, Maluma, Kevin Roldán, Andy Rivera. “Fueron muchos los productores que empezaron acá, el de Ryan Castro, el de Lewis…”, dice.
Un sueño en vivo: reguetón pa'todo el mundo
Además de músico, Cossio es economista y tiene dos especializaciones, en cultura y política y en gestión cultural. En el corredor que conecta las salas de mezcla y grabación de Digital Récords, está colgado el diploma de la Orden del Mérito que le otorgó al estudio el Consejo de Medellín en razón de “(…) ser un gran aporte a los jóvenes en situación de vulnerabilidad de las Comunas de Medellín, proponiendo escenarios para la generación de talentos la proyección humana y la proyección de talentos de vida artística de alta competitividad”.
%%imagen%%3
Sobre esto, el baterista recuerda el programa Un sueño en vivo con el que recorrió los barrios más populares de la ciudad y un sinfín de corregimientos, veredas y pueblos para promocionar a los artistas que grababan en su estudio. Y que cumplían, con escasísimas excepciones, la regla de haber sido paridos en contextos regidos por la violencia, la carencia, y la creatividad.
“Adónde llegábamos armábamos la fiesta como si se tratara de artistas puertorriqueños… por increíble que parezca, la música urbana se puede traducir en calidad de vida, no solo porque les arregla la economía a los pelados, sino porque de verdad trae alegría y felicidad”, dice.
Le pregunto entonces por el contenido machista, sexista e hipersexual que atraviesa las letras del reguetón. “En la entrada tenemos un aviso que nos define como una empresa cultural que promueve canciones que generan bienestar –replica–, y aunque claro que hay muchas canciones denigrantes, no por eso hay que condenar al género”. En Digital Récords, cuando le apuestan a un artista bajo el sello del estudio, están prohibidas las apologías a las drogas y la prostitución.
“Acá le hemos cambiado la vida a mucha gente… hay canciones de pelados de pueblos que nadie conoce cuyos reportes de reproducción arrojan actividad en China y en Japón”.
Tu cuerpo me llama, de Reykon, El bus, de Yelsid, y Manifiéstate de Alberto Stylee y Dani y Magneto son algunos de los éxitos que germinaron en Digital Récords para luego romper las discotecas en el mundo. Más de 7.000 canciones y 200 artistas han pasado por las dos casas en el barrio de Calasanz que han albergado al estudio.
%%recuadro%%3
La historia del Party Mindcream
El Party se acuerda de que a los 10 años jugaba a ser Daddy Yankee mientras otro parcero del barrio, en Bosa, se pedía ser Don Omar. No sabía, todavía, que a los 16 dejaría embarazada a su novia, también adolescente, y que con ella escaparía a Ibagué para buscar techo y fortuna.
Empezó vendiendo lápices y calculadoras en los buses, hasta que un día se quedó sin mercancía y no tuvo de otra que apelar a la fantasía de la infancia y cantar –Tu poeta, de Álex Campos, acompañado de un bafle que le pidió prestado a una tía–. La conmoción de los pasajeros, que lo aplaudieron mientras le entregaban monedas y billetes, pudo más que la vergüenza escénica de las primeras veces. Por meses, hasta que las andanzas callejeras y la nostalgia familiar se lo permitieron, refinó su arte en movimiento, creó canciones propias, experimentó con el rap.
%%imagen%%2
En su regreso a Bosa llegó con su primera canción grabada bajo el brazo gracias a un amigo que conoció en Ibagué. Aprendió a grabar por sí mismo y por sugerencia de unos compinches, que le dijeron tener una voz parecida a la de J Álvarez, entró en la onda del reguetón. Fue engordando su libreta con composiciones y siguió cantando, ya no en los buses sino en un colegio abandonado de Bosa en el que se armaban fiestas multitudinarias –cobrando de mil a dos mil pesos el cover– que la Policía desbandaba en las madrugadas. Y las chicas, eufóricas, repetían sus estribillos. Estoy triunfando, mamá.
La gloria barrial llegó a su cenit cuando le pidieron abrirle la noche, en ese mismo colegio clandestino –El Cooperativo– a Ryan Castro. Y tuvo un descenso estrepitoso a raíz de la muerte repentina de su padre y el posterior suicidio de su hermana. El duelo le quitó las ganas de cantar, además de que pasó a ser el principal proveedor de la familia vendiendo plásticos impermeables. La libreta, eso sí, seguía llenándose de versos que lo sacaban de la realidad y que luego verían la luz en las plataformas cuando todavía Spotify no era el gran monstruo.
%%recuadro%%4
Como para el Party en Bogotá todo estaba salpicado por la fatalidad, en otra suerte de fuga fue a dar a Medellín, en donde con una canción adelante y otra mano atrás, a través de un amigo llegó a Digital Récords. Sin nada que perder y todo por ganar mostró su música y logró convencerlos de armar un álbum en conjunto.
Para pagar las cuentas en Medellín lo primero que le tocó hacer fue vender ropa en el centro, que es sinónimo de decir que le tocó verlo todo. Luego, con los pocos ahorros que consiguió, reparó su moto para trabajar con aplicaciones de transporte. No le sobra nada y la incertidumbre de pegar o no pegar una vez estrene el álbum se le mete en el cuerpo como una enredadera de dudas. A CAMBIO le dijo que ha pensado irse del país, a Polonia, como lo han hecho otros parceros de billeteras vacías y sueños rotos.
Pero todavía no. Al menos hasta ver qué pasa con la obra que por meses ha venido cocinando, con Santiago Cossio como mentor, en Digital Récords. A ver si en su caso la música urbana, además de arreglarle la economía, le trae felicidad y goce.