Pedro Ruiz.
“El arte es la expresión más sublime que tiene el ser humano”: Pedro Ruiz
Pedro Ruiz habla de sus inicios en el universo de las artes y de cómo esta práctica le ha permitido crear una conversación clara frente a las necesidades sociales y humanas del país y lo contemporáneo.
Por: Jesús Bovea
El universo de Pedro Ruiz se abre a las posibilidades, casi que como un territorio en el que la fragilidad y la belleza se encuentran y pareciera que hallan refugio. Su trabajo, que habla por sí mismo, es más que un recorrido por la historia. Se ha convertido en una voz de verdades claras, y en una memoria que insiste en permanecer.
Cada elemento que usa parece detenido en un instante de revelación, como si el artista capturara el alma secreta de Colombia, y lo que le rodea, además de que da la impresión de que este se suspendiera ante los ojos de quién lo ve; y es que sencillamente su pintura invita a caminar despacio, a mirar con asombro y a reconocer, en lo más mínimo, la grandeza del entorno, haciendo que lo evidente por fin sea visible.
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Los inicios de Ruiz en lo que él considera que es la expresión más sublime que posee el ser humano, el arte, fue por medio de la publicidad, eso si se tiene en cuenta lo estrictamente formal. Sin embargo, el mensaje es más sencillo. Siendo sólo un niño soñaba con el mar, y eso fue lo primero que pintó. “Siempre me gusta creer que mi proceso con el dibujo fue muy particular: es un tema que más que aprendido ha sido intuitivo, casi que nació conmigo, y en el paso de la vida ha sido la constante que me ha permitido crear todos los universos que he querido”, dice
Con una adolescencia sin pretensiones, Ruiz se dedicó a afinar su gusto por las artes e incluso a hacer negocio con su talento. De hecho, alguna de las anécdotas que recuerda con mayor simpatía es la de haber hecho dibujos para vender en el colegio. “Entre los compañeros del colegio había cierta complicidad. Uno de mis amigos de la época se dio cuenta de que con lo que yo sabía hacer podíamos hacer dinero y arrancamos: eran dibujos sencillos que se vendían a peso, pero se vendían bien, hasta que dimos con al negocio mayor: los dibujos eróticos”.
En su momento correspondía a la mezcla de la imaginación con la realidad, pero sin duda, y cómo el mismo Pedro lo define, “eso se convirtió en toda una locura”. Y ahí los precios y los pedidos aumentaron.
Terminada la etapa del colegio, Ruiz intentó con la educación formal, pero sin lograrlo con mucho éxito decidió irse a París con la excusa de lavar platos, pero se encontró con una perspectiva del arte mucho más estructurada que en Colombia. En palabras de él mismo, “me di cuenta de que el arte era tomando en serio, visto como disciplina, como un trabajo real, y eso me llamó la atención, porque nunca me desconecté del dibujo. Entonces nunca dejé de crear”.
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Explorar el regreso
Allí hizo un poco de trampa y logró entrar a un trabajo en el que exigían ser profesional, y se quedó cinco años aprendiendo no sólo de técnica, sino descubriendo de maneras distintas su entorno, una visión que le ayudaría a construir su propio universo años después.
Siempre ha dicho que, más que la educación formal, lo que de verdad le funcionó fue que al lado de su trabajo había un bar en el que se reunían los artistas. “Entrados en un par de copas de vino comenzaban a soltar sus secretos”, recuerda.
A su regreso en 1982, Ruiz se trajo su carpeta de grabados, una serie de trabajos que había hecho en Europa. Intentó buscar apoyo en las galerías en Colombia, pero no lo encontró, y a los 26 años que tenía en ese momento se le ocurrió buscar trabajo en publicidad.
Luego de un reto verbal para conseguir su oportunidad en ese universo, con el paso del tiempo logró ascender hasta convertirse en director de Arte de la agencia, pero nunca dejando el arte, al punto de que, un par de años después, ganó una mención en el Salón Nacional de Arte, lo cual asume como el inicio de su carrera en formalidad. “Mi arte siempre se ha basado en la exploración del entorno, incluyendo apreciaciones de la naturaleza y toda lo que rodea, lo que me ha llevado a estudiar y sumergirme en los territorios que he querido apreciar. Eso me ha acompañado durante todo este tiempo de carrera. Y por eso he considerado que el arte es la expresión más sublime que se tiene”, señala.
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Una visión, un concepto
Dentro de las mil formas que existen para considerar la obra de Pedro Ruiz, una de las más acertadas es destacar que esta se ha consolidado como una de las miradas más sensibles y consistentes del arte colombiano contemporáneo frente al entorno natural y su relación con las tragedias humanas.
Una de las series más emblemáticas en este sentido es Desplazamientos**, en la cual aborda una de las heridas más persistentes de Colombia.** A través de imágenes cargadas de movimiento y tránsito, Ruiz convierte el paisaje en testigo silencioso de la migración forzada. Montañas, ríos y caminos se transforman en escenarios emocionales que reflejan la pérdida, la incertidumbre y la resistencia, estableciendo un paralelo entre el desarraigo humano y la vulnerabilidad del territorio.
Asimismo, en Pescadores y perezosos la naturaleza aparece desde una mirada más contemplativa pero no menos crítica. La serie explora la relación entre el ser humano y los ritmos naturales, resaltando oficios, especies y escenas que parecen suspendidas en el tiempo.
Por su parte, Botánica personal funciona como un archivo íntimo y simbólico. En esta serie, el artista construye una especie de herbario emocional, donde cada planta remite a experiencias, territorios y memorias individuales y colectivas. Más que una clasificación científica, Ruiz propone una cartografía afectiva de la naturaleza, en la que lo vegetal se convierte en lenguaje y en identidad.
En conjunto, estas series confirman a Pedro Ruiz como un artista que ha hecho del entorno natural un eje central de su obra, no desde la idealización sino desde una comprensión profunda de sus tensiones y contradicciones. “Mi trabajo invita a mirar el paisaje colombiano con otros ojos: como un espacio vivo, atravesado por historias humanas y urgencias ambientales que reclaman atención, cuidado y memoria”, concluye.