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Lunes 4 de mayo de 2026
Foto principal del artículo 'Más buñuelos y menos basura' · Foto: Colprensa/Prensa/Redes sociales

Foto: Colprensa/Prensa/Redes sociales

Más buñuelos y menos basura

Navidad es una época en la que se dispara el consumo. Pero... ¿gastar y comprar sí trae la felicidad que prometen los anunciantes? María Clara Salive reflexiona al respecto y propone alternativas para ser felices en Navidad sin caer en la espiral el consumismo desaforado.

Por: Maria Clara Salive

En estas fechas de trancones interminables y gente comprando como si se fuera a acabar el mundo, pienso en el pobre planeta. Pero bueno, al margen de que la gente crea que comprar va a aliviar el estrés de un año difícil, hoy quiero hablar de las tradiciones de estrenar ropa, en la medida que veo que están cada vez más de moda, como en Estados Unidos, los sacos horribles con motivos navideños que la gente adquiere para usar una vez al año y que de seguro desecharon las pasadas vacaciones.

Sin embargo, los rituales son importantes y absolutamente necesarios. Los carnavales, por ejemplo, son una oportunidad para emborracharse y subvertir el poder antes de iniciar la Cuaresma de Semana Santa.

La gente necesita encender velitas y sentir que se le ilumina el camino a ellos y a la virgen María. Por lo menos en Bogotá, si tenemos la suerte de que no llueva, podremos llegar a conocerle la cara al vecino, lo que mejora la soledad de los viejos y la seguridad de los niños.

Comprar también es un ritual. Un ritual que nos devuelve a la infancia y que, bien lo decía Baudrillard, a la ideología de la recompensa que nos conecta con el capitalismo. Esa religión que hizo que durante la pandemia millones de personas adquirieran el virus cuando Zara abrió sus puertas o el expresidente Iván Duque se inventó el día sin IVA.

Suena loco pero los humanos de todas las partes del mundo asociamos gastar el dinero con un ritual de renovación que nos va a quitar el estrés. Pero siento decirles que las tarjetas de crédito llegan y por más que asistamos en masa a hoteles ‘todo incluido’, es una trampa.
Por eso la publicidad es experta en engañarnos con sus lucecitas, celulares para mamá y discursos de autosuperación. Es cuestión de estar en familia, nos dice, pero si no tenemos juguetes y plata para gastar la felicidad no existe.

Les recuerdo a los que aman las promociones y los ‘trasnochones’ o a los que se espichan entre ellos en los black friday's que hacer compras tiene un efecto placebo como el alcohol y el cigarrillo. Meditar, ir al psicólogo o volver con tu pareja ayuda más.

Pero desde pequeños nos inculcan que el 31 de diciembre hay que estrenar para llamar la abundancia. Y como no conocemos otros rituales, alimentamos nuestro espíritu con ropa nueva que se paga en incómodas cuotas en enero, junto con la cuenta del gimnasio, al que nos prometemos ir para adelgazar y caber en la ropa que compramos irracionalmente en las supuestas promociones de finales de noviembre, bajo el supuesto de que estar flacos también nos hará más exitosos y felices.

Es increíble lo raros que somos los humanos, lo difícil que es salirse del montón y decidir dar afecto y tiempo libre, el cual se adquiere si cambiamos de actitud frente al gasto excesivo. Reciclar la ropa, hacer las tarjetas a mano y descansar de las largas filas en el supermercado es una forma más linda y sana de pasar la Navidad.

Estrenar no trae buena ni mala suerte. Es un problema de no mirar lo que se tiene y entregar de sí a los otros, cambiando esa idea que si regalas lo pasado de moda harás las paces contigo mismo.

Comprar en exceso es una enfermedad y a los colombianos (y más a las colombianas) se nos está pegando, junto con la obesidad de un Papá Noel vestido de rojo por Coca-Cola. Enseñen a sus hijos e hijas a compartir, arreglar, ir a tiendas de usados por maravillosos vestidos de marca que no traen mala suerte sino felicidad.

Vean documentales sobre los niños y niñas en la India que trabajan para la industria del fast fashion. Hay ferias maravillosas donde se compran juguetes para compartir y no dispositivos electrónicos. De verdad, no es por darles lora, pero es hora de no ser tan primitivos en estas fiestas y rebelarnos contra la esclavitud de que si no consumimos en exceso no estamos bien con nosotros y nuestras familias.

Vestirse es cuestión de estética, arte y felicidad, pero también de conciencia y de romper no sólo con tomar demasiado alcohol y la pólvora, sino también con la ropa basura. Perdón por el regaño pero también frente a la piscina es un buen momento para reflexionar. Ahora sí, felices fiestas y mucha creatividad en esos regalos. Vestirse de rojo o renovar la camisa verde no pasa nunca de moda.

Recen por la paz y si pueden hacer algo por el planeta, reflexionen durante las Novenas cómo podemos cambiar.

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