John Jairo Junieles
Se reedita ‘Barrio Bomba’, novela de John Jairo Junieles
En 2022, el escritor colombiano John Jairo Junieles publicó su segunda novela, ‘Barrio Bomba’, con la editorial Taller de Edición Rocca. Este año se reeditó con Periscopio Editorial. En estas páginas la conversación lo es todo: recorrer el otro lado del mundo y estar atentos a nuestros cambios, tropiezos, aciertos y desaciertos hasta encontrar nuestra versión más honesta.
Por: Elena Chafyrtth
Clarice Lispector alguna vez escribió: “Nunca nací, nunca viví; pero recuerdo y el recuerdo es en carne viva”. Recordar es volver a pasar por el corazón. Las vivencias que hemos tenido no están guardadas simplemente en un baúl: las llevamos tatuadas en la piel.
Y si la memoria es el lugar donde la vida se vuelve real, surge una pregunta inevitable. Si no existieran los álbumes fotográficos y no tuviéramos en nuestras manos ningún objeto de ellos, ¿cuál sería la prueba de que nuestros abuelos, bisabuelos, nuestros ancestros existieron? Tal vez solo quedarían los recuerdos. Las palabras que dijeron. Las anécdotas que dejaron en los otros. Eso nos ayudaría a saber cómo eran. A imaginar su forma de vestir. El porqué de sus creencias. Cuáles fueron las muchas o las pocas convicciones a las que se aferraron en vida.
Incluso si la memoria no es perfecta, nos queda intentarlo: imaginar algún gesto. Mantener viva la ilusión de encontrar una prueba de que recorrieron la tierra con sus pasos. Sus palabras. Frases repetidas. Pensamientos o ideologías. Un cúmulo de las canciones que escucharon. De los versos que decidieron aprenderse. De las conversaciones que tuvieron y dejaron pasar. De las cartas producto de los amores duraderos y los fugaces. De los libros y las revistas que leyeron. De la conversación. Al fin y al cabo, fue hablando que Vargas Llosa y Ramón Ribeyro llegaron a conclusiones. Fue conversando que Sábato y Borges, pese a pensar diferente, reconocieron sus desencuentros. “Inevitablemente, tanto uno como el otro dijimos palabras quizá injustas”, admite Sábato a Borges en el libro Diálogos. Hablar es una forma de reparar. De volver.
De esa fuerza nace Barrio Bomba. Un barrio que queda en alguna parte del mundo. No se sabe si está en un rinconcito de Getsemaní, en Cartagena de Indias, Colombia, o en Perú, México o Rusia. Lo único claro es que nadie quiere ir, ni de día ni de noche la gente decía: “¡Más allá de la puerta es pura selva, muchacho!, ¡y asustan!”. Sus habitantes llegaron por obligación, porque no había dónde más refugiarse. Allá, los pájaros no silban por miedo a que los maten. Las paredes hablan. Grafitis. Dichos populares: “Vive y deja vivir”. “Yo no nací el día de los temblores”. “De su cultura dependen los golpes”. Si alguien de allí visitaba otro barrio y decía: “Ojos hay que de lagañas se enamoran”, todos entendían su procedencia. Barrio Bomba.
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La historia de ese lugar comenzó antes, con la familia Bonanza. La abuela Sagrario Villabona y el abuelo Feliciano Bonanza dejaron su pueblo buscando un destino distinto. Antes de partir, ella dijo: “Quien pierde el techo se gana las estrellas”. La abuela soñó con un pájaro rojo. Despertó. El pájaro estaba a su lado; pasó de ser un sueño a ser real. Picoteaba el suelo. Lo siguió hasta un árbol. El ave defecó sobre su cabeza. Y ella interpretó la señal. Era el momento de encontrar un lugar mejor para vivir. Así llegaron a Barrio Bomba. El lugar donde el hambre se calmaba a punta de risa y de cuentos. Hablar de los otros. Reflexionar a partir de los dichos populares: “Hasta grabó en la penca del maguey nuestros nombres”, “Más fuerte era Sansón y lo venció el amor”.
Allí nació Adán Bonanza. El primero del barrio. El niño que decidió contar la historia desde adentro. No esperó a que otros la contaran a medias; esperó tener la versión de sus abuelos. Este es el barrio de las fiestas eternas. De las canciones de plancha. De Juan Gabriel y Javier Solís. Porque en Barrio Bomba puede faltar todo menos la música. En cada droguería, tienda o sastrería se leía: “Hoy no fío, mañana sí”. “El que fiaba se murió, mala paga lo mató”.
Incluso si la memoria no es perfecta, nos queda intentarlo: imaginar algún gesto. Mantener viva la ilusión de encontrar una prueba de que recorrieron la tierra con sus pasos.
Pero un día el álbum de fotos de la familia Bonanza desapareció. Y lo único que quedó fue refugiarse en los recuerdos. En las reuniones donde todos hacían su mejor esfuerzo por reconstruir una historia. Porque en este barrio puede faltar todo menos las ganas de hablar del otro. Y así se sostiene la memoria.
“Siempre es bueno hacer eso, contar las cosas anteriores, porque nunca falta el necio que piensa que estas calles no significan nada para nadie. Y también sabemos que quien conoce poco, a menudo repite las mentiras ajenas. Y hablando se descubren infinidad de cosas, mientras que callando se ignoran muchas. Por eso la abuela decía: ‘Un muerto mató a un herido, el ciego lo vio matar, el cojo salió corriendo y el mudo se fue a contar’”, dice el protagonista. La frase resume lo que el escritor John Jairo Junieles propone en estas páginas: retornar al sentido de la conversación. Entender algo del pasado para caminar distinto en el presente.
Su prosa les da un lugar a las tradiciones. A las supersticiones de las abuelas. A quienes se escuchaba en total silencio y con total devoción. Aquí, por medio de la familia Bonanza y de cada uno de sus personajes, Junieles nos invita a escarbar en nuestra historia familiar. A rescatar los agüeros. Las palabras. Los recuerdos. A armar el rompecabezas de lo que somos sin avergonzarnos de nuestro pasado. Aquí entre una historia se tejen cien más, leer a Junieles es un laberinto de imágenes que reposan en la memoria de sus protagonistas, porque dependiendo de cómo se cuente define quienes somos y hacia donde vamos. La agudeza de la pluma de Junieles nos lleva a transitar el barrio que se excede para poder soportar la crueldad de la vida. Tal y como lo dijo algún habitante del barrio: “Si quieres saber quién eres tienes que caminar hasta que nadie sepa tu nombre”. Así como García Márquez convirtió en literatura las historias que escuchó de su abuela Tranquilina Iguarán, en Barrio Bomba la abuela Sagrario es imprescindible: su manera de narrar sacude la imaginación del lector, abre la puerta a lo inexplicable y nos recuerda que en Colombia hay realidades que parecen inventadas, y fantasías que se sienten más ciertas que la vida cotidiana.