Juan Pablo Salazar, director de Inclusión de CAF y coautor de la obra; Carlos Vives, músico y gestor cultural; Esther Cruces, directora del Archivo General de Indias, Manuel Burón, historiador; y Sergio Díaz-Granados, el presidente ejecutivo de CAF.
Foto: CAF
500 años de Santa Marta: un punto de partida para repensar la historia de América
El Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) lanzó ‘Reescribir América antes de que nos escriban otros’, un libro que invita a revisar críticamente la historia latinoamericana, superar visiones simplistas del pasado y construir una identidad común desde la pluralidad y la reconciliación.
Por: Daniel Murcia
En un contexto marcado por crisis globales –conflictos bélicos, emergencia climática, tensiones geopolíticas–, la región necesita romper con las lógicas victimistas o polarizadas que han limitado su proyección y autoestima. El libro reúne una serie de ensayos que dialogan sobre el legado ibérico, indígena y republicano en el presente latinoamericano, e impulsa una conversación plural, rigurosa y madura sobre cómo nos contamos a nosotros mismos.
La presentación del libro tuvo lugar en un conversatorio realizado en el Teatro de Santa Marta, donde confluyeron voces diversas que enriquecieron el debate: el historiador Manuel Burón, la directora del Archivo General de Indias, Esther Cruces, el músico y gestor cultural Carlos Vives, y el presidente ejecutivo de CAF, Sergio Díaz-Granados. La moderación estuvo a cargo de Juan Pablo Salazar, director de Inclusión de CAF y coautor de la obra.
Más allá del mito: el periodo virreinal como parte de nosotros
Entre las voces más contundentes de la presentación estuvo la del historiador Manuel Burón Díaz, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid. Su intervención apuntó a desmontar la narrativa que presenta la etapa virreinal como un paréntesis oscuro o ajeno al desarrollo latinoamericano. Burón fue claro al afirmar que “la historia del periodo virreinal no es un simple interludio sombrío que debemos olvidar, sino un proceso complejo que moldeó profundamente las estructuras sociales, políticas y culturales de nuestra América. Ignorar esta etapa es negar la realidad de nuestras raíces”.
Para él, uno de los errores más profundos ha sido mantener una visión binaria de la historia, dividiéndola entre conquistadores y conquistados. Esta narrativa, aunque funcional en el momento de los procesos independentistas, ha sido arrastrada hasta hoy como una herencia que impide avanzar. “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. La historia es un flujo, un entramado de voces y experiencias que deben entenderse en su complejidad, no reducidas a una división maniquea”, afirmó citando a Pablo Neruda.
Burón también abordó el peso de una narrativa antihispánica que se gestó en el siglo XIX como parte de la construcción de las naciones independientes. “En la época de los proyectos independentistas había una necesidad legítima de construir una narrativa antihispánica. Sí, pues si nos estamos independizando, nos tenemos que independizar de algo muy malo, o si no, no nos independizamos”, explicó. Pero advirtió que, dos siglos después, esa narrativa sigue sin resolverse: “¿Cómo podemos sacudirnos eso? ¿Cómo podemos quitarnos eso de encima? ¿Por qué nos cuesta tanto?”
La música como espejo y herramienta de identidad
Desde un lenguaje distinto, pero igual de poderoso, el cantante colombiano Carlos Vives ofreció una reflexión desde su experiencia artística sobre la identidad latinoamericana. Para él, la música es uno de los territorios donde se expresa con mayor claridad el mestizaje cultural que define a la región. “La música no miente; ella revela la verdad del pueblo, su mestizaje, su mestura de voces indígenas, africanas, europeas y migrantes. Más allá de las palabras, la música es un espacio de encuentro y reconciliación”.
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Vives rechazó la idea de que su obra haya “fusionado” lo tradicional con lo moderno. A su juicio, América Latina ya era, desde antes, una fusión permanente: “El vallenato no existiría si los areítos chimilas del río Grande de la Magdalena no estuvieran representados en el vallenato. Pero si no hubiera llegado España, si no hubiera traído África más tambores, no existiría el vallenato tampoco”. En ese sentido, subrayó que “ya éramos una fusión”, y que su trabajo consistió en descubrir lo que ya existía en la identidad musical colectiva.
Al reflexionar sobre los peligros de la fragmentación, Vives fue enfático: “Si no nos queremos, si no somos capaces de construir puentes entre nuestras diferencias, jamás podremos aprovechar el potencial colectivo que tiene América Latina. Es urgente que cambiemos la forma en que contamos nuestra historia”. Y añadió una analogía provocadora: “Sería bueno que la política se pareciera a eso. En un continente donde las narrativas polarizantes amenazan con dividirnos, la música es el lenguaje que nos recuerda que compartimos un alma común”.
CAF y el impulso a una integración iberoamericana
Desde una mirada institucional, Sergio Díaz-Granados, presidente ejecutivo de CAF, contextualizó el papel del banco como motor de desarrollo e integración regional. Recordó que la incorporación de España y Portugal al directorio de CAF representó “un salto cualitativo en la capacidad financiera y operativa de CAF, que ahora puede canalizar recursos con mayor impacto para América Latina y el Caribe, pero también fortalecer lazos con la península ibérica”.
Díaz-Granados planteó una visión de futuro donde la identidad compartida pueda ser palanca para afrontar retos globales, desde el cambio climático hasta la transición energética. “Nuestro objetivo es ser el catalizador que impulse la integración iberoamericana, aprovechando un patrimonio histórico, cultural y económico compartido. Solo trabajando juntos podremos enfrentar los desafíos globales que se avecinan”.
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Destacó además la necesidad de combinar saberes ancestrales con ciencia moderna. “Iniciativas como los diálogos de diversidad inspirados en Celestino Mutis son ejemplos de cómo podemos fusionar conocimiento indígena y ciencia para abordar problemas ambientales y sociales”. Y finalizó con una apuesta clara por una comunidad regional sólida: “Es imprescindible que América Latina, el Caribe, España y Portugal trabajen unidos para construir una comunidad hispanoamericana fuerte, inclusiva y tecnológicamente avanzada”.
El archivo como memoria viva y no como trauma
Esther Cruces, directora del Archivo General de Indias, abordó la dimensión documental e interpretativa del pasado. Aclaró que los archivos coloniales, muchas veces vistos como prueba del sometimiento, no deben ser leídos de forma unívoca ni simplista. “La identidad no es un concepto fijo ni homogéneo. Construir un ‘nosotros’ siempre implica la creación de un ‘otro’, pero debemos ser conscientes de que esas fronteras son flexibles y construidas”.
Cruces cuestionó la idea de que todos los documentos del periodo colonial representen opresión. Señaló que en los archivos existen testimonios profundamente humanos, como cartas de esposas abandonadas o ciudadanos en busca de justicia. “Que un documento sea el elemento para demostrar un sometimiento es también desconocer la tipología de los documentos”, explicó. “¿Se puede calificar como documento de sometimiento una carta en la que una mujer exige saber si su marido está vivo para poder tomar decisiones sobre su vida? Más bien son reflejos de luchas personales, de vidas concretas”.
Al hablar del papel de la tecnología en el estudio del pasado, Cruces fue enfática: “No creo que las máquinas puedan reemplazar a historiadores humanos capaces de leer entre líneas y contextualizar documentos con rigor crítico. La tecnología es una herramienta, no un sustituto”.
Contar la historia con madurez: una invitación abierta
La presentación de Reescribir América antes de que nos escriban otros en Santa Marta no solo fue un acto conmemorativo de cinco siglos, sino un llamado a redefinir la narrativa histórica desde la complejidad, la pluralidad y la reconciliación. Lejos de negar las heridas, la propuesta es observarlas con lucidez, sin caer en la épica idealizadora ni en el resentimiento paralizante.
Y aunque el libro ofrece múltiples perspectivas e ideas para pensar el presente y el porvenir, su propósito no es cerrar un debate, sino abrirlo. Como lo expresó Juan Pablo Salazar al cierre del espacio: “El libro no es una conclusión, sino una invitación; una invitación a dejar de contar el pasado desde el resentimiento o idealizarlo desde la épica, sino contar la historia más como desde la madurez. No para buscar culpables, sino para reconstruir sentido, porque solo los pueblos que se saben contar a sí mismos pueden decidir a dónde van”.