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Lunes 4 de mayo de 2026
Julián Materazzo. Foto: Jorge Yepes.

Julián Materazzo. Foto: Jorge Yepes.

‘Pantone Caribe’, un reencuentro cotidiano con la esencia del color

Julián Matarazzo, pintor barranquillero, habla acerca de su camino en el arte y la nueva serie que presentó en Galería Barceló de Barranquilla, la cual evoca una reconexión con el sabor y el color de su infancia.

Por: Jesús Bovea

Conectado a la esencia que delimitan los colores y que se orientan a crear una personalidad propia, Julián Matarazzo, pintor barranquillero, presentó ‘Pantone Caribe’, una historia construida en pinceladas que busca, de forma coherente y sentada, mostrar cómo es posible encontrar el universo personal de una región en el mundo.

Julián García (su verdadero nombre) nació en 1996 en Barranquilla. Comenzó sus estudios en la Escuela Distrital de Artes de Barranquilla y actualmente realiza un curso en New York Studio School. Ha participado en exposiciones individuales y colectivas en la capital del Atlántico, así como en ferias de arte y subastas en Barranquilla y Bogotá. En 2025, su obra fue presentada en París dentro de una muestra colectiva de artistas colombianos.

Color y sabor en la obra de Matarazzo

Pantone es el nombre de una empresa que creó un sistema de códigos y estándares cromáticos que permite asegurar que un color específico sea reproducido de manera idéntica en diferentes materiales y en distintas partes del mundo.

Y es que, en un uso muy específico, el artista plástico logró trasladar las reglas que capitalizan el manejo del color, traspasando el umbral de la tendencia para convertirlo en cotidianidad, una que posee limitación geográfica y que es capaz de extenderse.

Dentro de las inspiraciones que encontró Matarazzo para esta nueva serie que mostró desde Barranquilla, estuvo el color asociado al sabor, es decir, el juego de cómo la representación de lo visual se conecta con la memoria del gusto. “Cada vez que comienzo una obra me enfrento a un nuevo reto creativo. No es algo forzado desde el inicio, pero sí implica encontrar la manera de cohesionar todas las ideas que van surgiendo en el proceso de creación”, dice el artista.

Particularmente con esta serie, Matarazzo logra identificar elementos que, en su criterio, son capaces de hilar comunidades que se encuentran en saberes y haceres. “En realidad, la construcción de esta serie se dio de manera muy espontánea. Al final, siempre llego a la conclusión de que el resultado de la obra está profundamente ligado a mi propia percepción visual”, añade.

Sabores del Caribe

Mucho más cercano a su interpretación, el artista menciona que al terminar la serie de cuadros cayó en cuenta de que todos los colores y las referencias de los nombres que indicó para cada pieza se orientó a un alimento o sabor.

“En esta serie de ‘Pantone Caribe’ aparecen sabores como la ciruela, el guineo —que en otras regiones llaman banano—, la patilla, la mandarina y hasta la galleta griega que me transporta a los viajes de mi infancia. También está el guandú, que probé por primera vez este año en una sopa. Al final, más que una mezcla de sabores, es un recorrido por mi propia vida, y eso, de alguna manera, también me define como artista”, asegura Matarazzo.

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A ese recorrido que Matarazzo define como su tránsito por la vida, también añade esa diversificación de sabores basados en momentos, algo tan simple como reconocer lo dulce, salado, ácido y amargo de cada etapa. 

Pese a que la gran atención de la serie la tienen los cuadros individuales, la muestra también presenta un par de esculturas, unos bloques de legos que se hacen extensibles. Esto acompañando parte de la obra central que es un gran formato de Caribe, un fondo de pantone del mar trabajado en degradé y olas.

“Esta obra también propone una manera de orientar el espacio que habitamos. El Caribe es mucho más amplio de lo que solemos concebir desde Colombia; se extiende hacia otras regiones con valores culturales que pueden ser similares o muy distintos entre sí. Desde lo visual, el concepto se fortalece en ese universo de elementos que el mar trae a las costas y que adquieren un valor especial en la vida de su gente”, concluye Matarazzo.

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