Poster promocional de la nueva entrega de las series "Monstruo" de Netflix. Crédito: Netflix.
¿Romantizar al criminal? El debate detrás de 'Monstruos: La historia de Ed Gein', la nueva serie de Netflix
La nueva entrega de la antología de Netflix 'Monstruos' revive los crímenes de Ed Gein, uno de los asesinos más prominentes de Estados Unidos, quien inspiró el clásico del cine 'Psicosis'. En CAMBIO hablamos con el criminólogo Ervyn Norza sobre los riesgos de embellecer figuras criminales y la responsabilidad ética de las productoras.
Por: Carolina Calero
El próximo 3 de octubre Netflix estrenará una nueva entrega de su exitosa antología Monstruos, dirigida por Ryan Murphy, y esta vez centrada en uno de los criminales más notorios en la historia de Estados Unidos. Monstruos: La historia de Ed Gein explora la vida del asesino y saqueador de tumbas de Wisconsin, cuya historia inspiró a personajes icónicos del cine de terror como Norman Bates en Psicosis**, Leatherface en** La masacre de Texas y Buffalo Bill en El silencio de los inocentes**.**
La temporada se sitúa en la década de 1950 y reconstruye desde la adolescencia del criminal hasta sus crímenes más macabros, marcados por la influencia de su madre y una obsesión enfermiza con la muerte. La serie llega tras el éxito de Monstruos: La historia de Jeffrey Dahmer, la tercera producción más vista en inglés en la historia de Netflix, y de Monstruos: La historia de Lyle y Erik Menéndez.
El encargado de dar vida a Ed Gein será el actor británico Charlie Hunnam, recordado por su papel en Sons of Anarchy. La elección ha despertado críticas, pues su atractivo físico difiere mucho de la apariencia del asesino real y ha abierto el debate sobre si estas decisiones terminan romantizando figuras criminales. Para analizar los riesgos de este tipo de representaciones, CAMBIO habló con Ervyn Norza, doctor en Criminología, para abordar el tema.
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El atractivo como recurso narrativo y el efecto halo
Esta no es la primera vez que se escoge a un actor que se puede considerar atractivo para interpretar el papel de un asesino, de hecho es una estrategia frecuente en Hollywood para atraer a las audiencias más allá de la curiosidad que despiertan las historias de asesinos seriales.
En palabras de Ervyn Norza, doctor en Criminología, el éxito del true crime no se explica solo por el morbo que despiertan los casos, sino también por los recursos que usan las productoras para atrapar al público: “Cuando hay true crime hay alta audiencia, se sostiene. Y un segundo elemento que viene aquí es cómo generar otros elementos en el cine que pueden atrapar a las personas, y ahí viene lo que estamos conversando sobre personas, actores reconocidos por trayectoria actoral, con características físicas atractivas (…) que logran enganchar a la audiencia”.
Ahora, más allá de la estrategia comercial, la elección de actores atractivos para interpretar a criminales puede activar un sesgo psicológico conocido como: efecto halo. Este concepto, documentado desde mediados del siglo XX, describe cómo la apariencia física de una persona puede generar una impresión positiva que se proyecta sobre otros aspectos de su carácter, incluso cuando la realidad es opuesta.
“Ese efecto halo básicamente hace referencia como a un halo de aureola, como las personas que son santas, que son ejemplos a seguir, que cualquiera que las ve se genera fácilmente una concepción positiva”, explicó el criminólogo. Según él, la psicología social ha demostrado que las características físicas reconocidas como atractivas ayudan a generar un sesgo cognitivo en quienes interactúan con ellas.
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Del entretenimiento a la imitación: el peligro del efecto copycat
El segundo riesgo que señala la criminología es el llamado efecto copycat o efecto imitación. Este fenómeno ocurre cuando ciertos espectadores adoptan conductas criminales inspirados en lo que ven en la pantalla, bien porque consideran al protagonista superior o porque lo perciben como alguien parecido a ellos. En ambos casos, se produce un proceso de identificación que puede derivar en la repetición de conductas violentas.
“Ese efecto copycat básicamente es efecto imitación, donde las personas nos sentimos, nos reconocemos y nos identificamos con personas que consideramos superiores por características físicas, intelectuales o de poder, y queremos parecernos a ellas. (…) También puede darse porque percibo que alguien es similar a mí y quiero repetir su conducta”, explica Norza.
En el terreno del true crime, este riesgo es especialmente delicado. Numerosos estudios de psicología y criminología han documentado cómo algunos delitos han sido cometidos por individuos que buscaban emular a criminales vistos en la gran pantalla o en producciones televisivas. Aunque se trata de casos minoritarios, el potencial de contagio es una preocupación, en particular cuando la representación audiovisual transmite un sesgo positivo hacia el asesino.
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La responsabilidad ética de las productoras
La elección de actores atractivos para interpretar asesinos seriales abre un debate que va más allá de la estética y toca la ética de la representación. Las productoras tienen la capacidad de moldear cómo la sociedad percibe a los criminales y, en consecuencia, una responsabilidad sobre los mensajes que transmiten. Aunque no existe un marco normativo que regule la forma de narrar los crímenes reales, la industria audiovisual ha empezado a reconocer los riesgos de embellecer figuras violentas y de generar lecturas equívocas en el público.
Ervyn Norza afirma que en la última década los gremios de productores y guionistas han discutido la importancia de evitar representaciones que conviertan a los asesinos en héroes culturales, utilizando estrategias que direccionan la trama a los investigadores o a las consecuencias fatales de los crímenes cometidos, en lugar de centrarse en la vida íntima del delincuente. El objetivo es que el mensaje final transmita rechazo y condena social.
Además, el experto señala que cada vez es más común que plataformas como Netflix incorporen asesores científicos, criminólogos o psicólogos forenses en los procesos de producción para ser más precisos. La participación de especialistas permite detectar sesgos, corregir interpretaciones imprecisas y orientar los libretos hacia un enfoque preventivo. El atractivo físico de un actor puede funcionar como gancho para atraer público, pero lo decisivo es que el contenido deje claro que los crímenes retratados no tienen justificación y que la violencia no puede convertirse en objeto de admiración.