“El ‘Hay Festival’ comienza su tercera década como un espacio para pensar el mundo desde la conversación”, Cristian Fuentes La Roche
Cristina Fuentes La Roche, directora internacional del Hay Festival, reflexiona sobre el significado de este nuevo ciclo en Cartagena, el alcance global del encuentro, sus ejes temáticos y la apuesta por el territorio, la comunidad y las nuevas generaciones.
Por: Jesús Bovea
El ‘Hay Festival’ inicia su tercera década con la madurez de un proyecto cultural que ha logrado trascender el calendario literario para convertirse en un espacio de pensamiento global. Más que una celebración de libros y autores, el festival se ha consolidado como un punto de encuentro donde las ideas dialogan con las urgencias del presente.
Para Cristina Fuentes La Roche, directora internacional del Hay Festival, este momento marca una responsabilidad mayor. “Arrancar la tercera década no es solo una cifra simbólica, es la confirmación de que el diálogo sigue siendo necesario y que los espacios para pensar juntos el mundo son más urgentes que nunca”, afirmó en conversación con CAMBIO.
Desde su creación, el festival ha apostado por reunir voces diversas que cruzan disciplinas, geografías y experiencias. Escritores, periodistas, científicos, artistas y activistas se encuentran en un mismo escenario para hablar no solo de cultura, sino de los grandes desafíos que atraviesan a la humanidad.
“El ‘Hay Festival’ nació con una vocación profundamente global, pero siempre anclada en lo humano”, explica Fuentes La Roche. “Nos interesa conectar a las personas con las problemáticas que compartimos y también con las soluciones que podemos imaginar colectivamente”.
Habitar el mundo presente
En esta edición, los ejes temáticos reflejan ese espíritu de conversación crítica. La crisis de la democracia, el impacto de la tecnología, la emergencia climática, la memoria histórica y la defensa de los derechos humanos atraviesan la programación como preguntas abiertas, más que como respuestas cerradas. “Vivimos un momento de enorme fragilidad institucional y social, y el festival no puede ser ajeno a eso –señaló la directora–. Hablar de democracia, de derechos y de la vida humana es una forma de asumir nuestra responsabilidad cultural”.
La tecnología, agregó, ocupa un lugar central en el debate. “No se trata solo de celebrar los avances, sino de preguntarnos cómo están transformando nuestras relaciones, nuestra forma de informarnos y nuestra idea misma de verdad”, dice. Por otra parte, el medioambiente y la memoria histórica también aparecen como temas transversales. Desde distintas miradas, los invitados reflexionarán sobre el cuidado del planeta y sobre la necesidad de entender el pasado para construir futuros más justos y sostenibles.
Una de las particularidades del Hay Festival en Cartagena ha sido su relación con la ciudad y el territorio. Lejos de concebirse como un evento aislado, el festival dialoga con su entorno, reconociendo a la ciudad como un escenario vivo de pensamiento y creación. “Siempre partimos de lo específico para llegar a lo universal”, explica. “Cartagena no es solo la sede del festival, es un punto de partida para conversaciones que resuenan en muchas otras partes del mundo”.
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Nuevas miradas, nuevos mundos
Esa mirada se expresa con claridad en iniciativas como el Hay Comunitario, un programa que lleva actividades culturales a barrios y comunidades, ampliando el alcance del festival más allá de los auditorios tradicionales. “El Hay Comunitario es fundamental para nosotros porque nos recuerda que la cultura debe ser accesible y cercana”, afirma la directora. “Queremos que el festival también se viva en los territorios, en contacto directo con las comunidades”.
Talleres, encuentros y actividades gratuitas permiten que nuevas voces se acerquen a la lectura, la escritura y el pensamiento crítico, fortaleciendo el vínculo entre el festival y la ciudad que lo acoge.
A esa apuesta se suma el Hay Joven, un espacio diseñado para estudiantes y nuevos públicos, donde las ideas están en formación y la conversación se abre a otras dinámicas y lenguajes. “El Hay Joven es un lugar para sembrar inquietudes”, señaló Fuentes La Roche. “Ahí no solo se escuchan grandes nombres, también se construyen preguntas, se ensayan ideas y se forman futuros lectores y ciudadanos”.
Acceso para todos
Así como la accesibilidad y la creación de nuevos públicos son, para la directora, claves en el presente y el futuro del festival. “Si no logramos que las nuevas generaciones se apropien de estos espacios, el diálogo cultural pierde sentido”, advierte.
En ese equilibrio entre lo global y lo local, entre la reflexión crítica y la experiencia comunitaria, el Hay Festival Cartagena reafirma su papel como un escenario donde la cultura se conecta con la vida cotidiana y con los dilemas del mundo contemporáneo.
Al iniciar su tercera década, el festival no mira hacia atrás con complacencia, sino hacia adelante con preguntas abiertas, convencido de que, como concluye Fuentes La Roche, “mientras existan espacios para conversar con respeto y profundidad, siempre habrá posibilidades de imaginar un mundo distinto”.