Gabriel Ortega.
Gabriel Ortega y su arte que crea un ‘Tiempo feliz’
Gabriel Ortega, artista plástico antioqueño, llevó su universo creativo a una experiencia colectiva con niños de Barranquilla, en una colaboración donde el arte se convirtió en herramienta de transformación social y educativa.
Por: Jesús Bovea
Para Gabriel Ortega, el arte no se agota en el objeto ni en el espacio donde se expone. Este artista plástico antioqueño trasladó su práctica creativa a Barranquilla para convertirla en un acto compartido, al unir su obra a un proyecto social liderado por la Fundación Tiempo Feliz, demostrando que la creación también puede ser un ejercicio de compromiso con el entorno.
Reconocido por su lenguaje visual que dialoga con el universo del cómic, la escultura y la pintura contemporánea, Ortega trasladó su mirada artística a un escenario distinto al de las galerías: el encuentro directo con niños para quienes el arte puede ser también una puerta hacia nuevas posibilidades. La colaboración se dio en una jornada creativa impulsada por la Fundación Tiempo Feliz, organización que desde Barranquilla trabaja por el bienestar y la educación de comunidades vulnerables, apostándole a la cultura como motor de transformación social.
%%imagen%%1
El arte como respuesta
En ese sentido, para Ortega, el proyecto fue claro desde el inicio. “El arte tiene la capacidad de despertar algo profundo en las personas, especialmente en los niños; ahí no se trata de enseñar a pintar, sino de abrir espacios para imaginar”, expresó. Nacido en Medellín y con una trayectoria internacional consolidada, Ortega ha construido una obra en la que conviven personajes icónicos y símbolos de la cultura popular, utilizados como vehículos para reflexionar sobre la identidad, la memoria y la infancia como territorio emocional.
En Barranquilla, ese universo tomó una dimensión colectiva. Durante la actividad, los niños participaron en procesos creativos guiados por el artista, reinterpretando imágenes y construyendo relatos visuales desde sus propias experiencias. “Cuando trabajo con niños, siempre vuelvo a ese lugar donde el asombro es genuino; ahí es donde el arte realmente cobra sentido”, señaló Ortega, subrayando el valor de estos encuentros más allá del resultado plástico. La experiencia también dio origen a una obra especial creada en colaboración con la fundación, una pieza que integra elementos recurrentes del trabajo del artista, como figuras del imaginario infantil, con referencias a la educación, el juego y la palabra como herramientas de cambio.
Un ‘Tiempo feliz’ para Barranquilla
La obra, concebida como un símbolo del proyecto, no solo funciona como pieza artística, sino como vehículo de impacto social, pues su circulación y visibilidad están ligadas al apoyo de programas educativos desarrollados por la Fundación Tiempo Feliz. Para Julio Rojas, encargado del proyecto de la fundación, la alianza con Ortega reafirma una convicción profunda. “Creemos que el arte no es un lujo, es una necesidad; cuando los niños se reconocen como creadores, también se reconocen como sujetos de valor”, afirmó.
Desde hace años, la fundación ha integrado el arte a sus procesos comunitarios, entendiendo que la creatividad fortalece la autoestima, estimula el pensamiento crítico y abre nuevas formas de relacionarse con el entorno. “Este proyecto nos permitió llevar a las comunidades una experiencia distinta, donde el arte no se observa a distancia, sino que se vive y se construye colectivamente”, agregó Rojas, destacando la cercanía del artista con los participantes. Así mismo, el impacto de este tipo de iniciativas supera cualquier reconocimiento institucional. “Si una obra logra tocar la vida de un niño y acompañarlo en su proceso de crecimiento, ya cumplió su propósito”, aseguró.
Más allá del taller y de la pieza creada, la colaboración dejó instalada una conversación sobre el papel del arte en contextos sociales, y sobre la responsabilidad de los creadores frente a las realidades que los rodean. La fundación valora especialmente ese mensaje. “Queremos que los niños entiendan que su voz importa, que sus ideas cuentan y que el arte también puede ser un camino para transformar su realidad”, señaló Julio. En ese cruce entre creación artística y acción social, Barranquilla se reafirma como un escenario fértil para proyectos que integran cultura, educación y comunidad, apostándoles a procesos sostenibles y con sentido humano.
La experiencia entre Gabriel Ortega y la Fundación Tiempo Feliz demuestra que el arte, cuando se pone al servicio de lo colectivo, deja de ser objeto para convertirse en experiencia, y de allí, en posibilidad. Más que una colaboración puntual, el proyecto se instala como una evidencia de cómo la creatividad puede incidir en la vida de las comunidades, recordando que, a veces, una imagen, un color o una historia compartida pueden marcar el inicio de un cambio real.