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Lunes 4 de mayo de 2026
Foto principal del artículo 'La academia, ¿de espaldas a la moda?' · Foto: Colprensa

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La academia, ¿de espaldas a la moda?

A pesar del gran auge que han tenido en Colombia el diseño de moda y la industria textil, la academia no les ha dado a esos oficios la importancia que merecen. Eso también explica el nivel muy superficial de la mayoría de quienes se encargan de la crítica de la moda.

Por: Maria Clara Salive

Es increíble que Colombia, con un crecimiento en número de diseñadores, industria y emprendimientos en moda que están por encima de otros países latinoamericanos, alcanzando un máximo histórico en el mercado interno de 34 billones de pesos para 2024, (según reportes de Inexmoda y Procolombia) sea tan impactante el nivel de desconocimiento académico, en especial a nivel de posgrado.

La moda no es un asunto técnico. Es un problema económico, social, cultural, de comunicación del cuerpo y del arte. Con un número de diseñadores reconocidos a nivel mundial, lo que nos pone a la cabeza de América Latina, la pregunta es: ¿por qué si dentro de las llamadas industrias creativas el turismo es tan importante y existe en varias universidades a nivel de pregrado y posgrado, a la moda se la han ido dejando hasta hace muy poco a los institutos técnicos y pocas veces a los estudios de posgrado.

Ahora bien, en cuanto a la moda como arte, con doble mayúscula, no existe sino en París. Sin embargo, Colombia tiene un potencial enorme debido a la diversidad cultural y las posibilidades que ofrece combinación del diseño textil con otros oficios artesanales propios de nuestro territorio. Lo anterior plantea varias preguntas ¿Cuál es el valor de la crítica? ¿Por qué la curaduría en moda no existe? Simplemente porque, como dice Luz Lancheros en su cuenta de Instagram, en Colombia nadie sabe de moda.

El divorcio entre la academia y la industria afecta el desarrollo de la moda colombiana, a lo que se le suma un escenario de periodistas “90, 60, 90” que, aunque llevan muy bien la ropa de los diseñadores, no saben de lo que hablan frente a la cámara. Así es que las personas que tenemos doctorados en el tema nos quedamos tras bambalinas y los diseñadores sin verdaderas reseñas o, por lo menos, algunas que hagan honor a su maestría o pactos horizontales con los artesanos y el planeta como en el caso de Juan Pablo Socarras.

Y así vamos. Después de esta larga introducción, estas son algunas recomendaciones para los fashionistas que no les alcanza para formarse en la Condé Nast College of Fashion & Design, ni en el Istituto Marangoni Milano y quieren emprender o escribir sobre moda.

De las primeras escuelas que formaron en moda, más específicamente en Diseño Textil, fue la Universidad de los Andes de la cual es egresada María Clemencia de Santos. No obstante, se fusionó con Diseño y aunque quedó con un excelente énfasis a cargo de Carolina Agudo y Luz Mariela Gómez. Hasta yo, María Clara Salive, pasé por ahí como docente e investigadora. Sin embargo, no deja de ser solo un énfasis que a veces apenas alcanza a introducir el diseño como arte. Por otro lado, es innegable el legado de Arturo Tejada, quien en su escuela al igual que La Salle College, hoy LCI, forman técnicos capacitados para crear y responder por esta industria, al igual que el Sena. Aunque aquí no van todas las escuelas que cuentan con la carrera, la labor de la San Buenaventura y en Medellín, la Colegiatura, son muy importantes. En Bogotá, hace diez años, la Universidad Jorge Tadeo Lozano, abrió Diseño y Mercadeo de Moda, y la Santo Tomás, más recientemente, puso en marcha una carrera de cuatro años de estudios de diseño de forma profesional.

En síntesis, la moda es un problema sociológico y antropológico de inconmensurables connotaciones comunicativas y simbólicas. La sociología de la moda, que tiene grandes figuras como Susana Saulquin en Argentina, demuestra la necesidad imperante de crear laboratorios propios de tendencias pues nuestros consumidores salseros y vallenateros, también se nutren del punk**, el** rock y los ritmos urbanos.

Queremos formar estilistas, y para ello es necesario crear laboratorios de tendencias en cada región y así a nivel latinoamericano podemos competir y enriquecer tanto la industria como la artesanía. Hoy, más que nunca, la moda está en la calle y para saber del tema, tenemos que observar y entender técnicas de lectura de imagen (semiótica) y psicología del consumidor. Este diplomado en línea que esperamos convoque gente de diversas regiones ya que es virtual, verá la moda como un problema intercultural y multidisciplinario.

Además, es necesario recalcar que la moda es transversal a todas las clases sociales, por eso invito a las universidades públicas y privadas de todo el país a abrir maestrías en el tema y a pensarnos desde lo propio. No nos quedemos en Johana Ortiz, el bolero y el tropical chic, sin que con ello yo quiera demeritar su labor. Pensemos también desde la cultura del rock o en las culturas milenarias del altiplano cundiboyacense como lo hizo Somos Muiscas y Christian Colorado. Hay recorridos por Colombia que van y vienen de lo étnico a las tendencias contemporáneas, y resulta fundamental entender el valor social del artesano y del diseñador.

Centrarnos en la moda como un problema de comunicar y pensar, en términos sociológicos, nos lleva a revisar nuestras narrativas al respecto para emprender y, ¿por qué no? lanzarnos a exportar como ya lo están haciendo muchos.

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