Ana Cristina Botero y Raquel Sofía Amaya, las ochenteras.
'Las ochenteras', un ejercicio de nostalgia y de reivindicación
Regresa al escenario del Tetro Belarte 'Las ochenteras', una comedia que evoca las alegrías y las tristezas de la década de los ochenta. Sus protagonistas son Raquel Sofía Amaya y Ana Cristina Botero, quienes se declaran orgullosamente ochenteras.
Por: Eduardo Arias
Con una mezcla de humor, nostalgia y música, la comedia Las ochenteras revive el espíritu de una década que durante bastante tiempo fue ‘pordebajeada’ e incluso vilipendiada, en particular por quienes habían sido jóvenes en los sesenta o los setenta. Incluso, el calificativo ‘ochentero’ tenía un dejo de burla despectiva y hasta de desprecio.
Han pasado los años y poco a poco los ochenta han comenzado a verse con otros ojos (en ello la nostalgia siempre ha desempeñado un papel fundamental) y muchas de sus virtudes, opacadas en el pasado por sus evidentes falencias, comienzan a apreciarse.
De la revisión de aquella década se encargan Sara Pombo y Helena Santamaría, dos mujeres que, a sus 60 años de edad, enfrentan los retos de un mundo en constante transformación. Raquel Sofía Amaya y Ana Cristina Botero, reconocidas actrices de teatro, televisión y cine con una muy amplia trayectoria, interpretan a este par de señoras regias que traen al presente el recuerdo de una época en la que se vivieron transformaciones abruptas. De lo analógico a lo digital, de la máquina de escribir al computador personal, del equipo de sonido en la sala al Walkman… la década del auge de los videojuegos o maquinitas, del merengue dominicano, de los buses ejecutivos, de Madona y Michael Jackson, de La Perrada de Édgar y la Pizza por Metro…
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La obra la escribió Raquel Sofía Amaya como un ejercicio de nostalgia, pero con la finalidad de “rescatar la diversidad de una década menospreciada y catalogada, incluso, como la generación perdida. En mi experiencia como actriz y estudiante de la Javeriana en los ochenta, tuve la suerte de vivir una etapa puente, de cambios en la que nos vimos lanzados a transformar el mundo entre los postulados libertarios de los ideales políticos de avanzada y la urgente necesidad de ser empresarios productivos. Estábamos entre la espada y la pared: o nos llamaban gomelos o mamertos. Nos debatíamos con experticia entre las dinámicas devastadoras del narcotráfico y el copete Alf, entre el grito revolucionario y el primer centro comercial de Bogotá”. Agradece haber vivido en los ochenta porque vivió dos siglos, dos milenios “y me salvé del mal gusto de los emprendedores de la web y de tener que tararear canciones en los que la vulgaridad y la ramplonería parecen ser el sello del éxito”.
Por su parte, Ana Cristina Botero dice que se lanzaron a montarla porque, para ellas, los años ochenta fueron muy significativos e importantes a todo nivel.” Fue la universidad, la consagración y brillo de nuestra vida artística. Trabajamos juntas en varias producciones exitosas, de ahí viene el porqué seguimos en la memoria y corazón de nuestra generación. Además, para mostrarles a los jóvenes de hoy lo bonito y lo no tan bonito que sus padres vivieron y cómo superamos varios momentos difíciles y seguimos siendo felices”.
El proceso de Las ochenteras comenzó cuando Raquel Sofía le propuso a Ana Cristina, compañera suya en el teatro y la televisión y quien estudiaba en la Javeriana también en los ochenta, rescatar esta década “que llevamos impregnada en el alma”. Con ella y luego con Santiago Vargas y Juan Ricardo Gómez, los directores de Las ochenteras, construyeron el desarrollo dramático. “Los directores se encargaron de hacer la puesta en escena en la cual se pretende llevar al público a una inmersión que rescata una época irrepetible, la amistad y esa maestría que tenemos para convivir en la diferencia sin eliminar al otro”. Raquel Sofía Amaya encontró en su compañera de andanzas la cómplice perfecta en esta aventura. “La idea salió de un almuerzo con amigas. A Raquel se le ocurrió la idea, escribió el libreto. Yo también contribuí con ideas, características para el personaje de mi propia cosecha, de personas conocidas mías y otras en común con Raquel. El montaje duró cuatro meses de un arduo trabajo diario y con un compromiso total para presentar un producto impecable, con contenido, altura, mucho humor, cero vulgar y lleno de nostalgia”, recuerda Ana Cristina Botero.
Raquel Sofía Amaya piensa que el éxito que tuvo la obra cuando se presentó el año pasado se debe a que “combina el recuerdo de los momentos felices con los difíciles de una época que algunos tuvimos el privilegio de vivir, sin recurrir al chiste gratuito, sin vulgaridades y, por supuesto, sin desnudos, esencialmente porque no había insumos”.
De aquellos años Ana Cristina añora el valor de la amistad sincera, el respeto por las ideas diferentes, la maravillosa música y “la capacidad de superar dificultades con berraquera”. Raquel Sofía añora poder ser yuppie y a la vez defensora de derechos, lo cual se plantea en la diversidad de los dos personajes de la obra. Poder vivir al tiempo la diversidad de la rumba aun en medio de los peores momentos del país, salir a la calle. También añora los amigos reales, no virtuales; los abrazos, no los likes; “la verdadera tecnología de punta, o sea la puntilla con la que abríamos una lata de leche condensada sin que nos diera una infección, llamar al 17 a pedir la hora, hacer pegas y bailar merengue. Ya quisieran ser como yo, una verdadera ochentera”.
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Las ochenteras
Teatro Belarte:
Carrera 7 No. 152-54
Tel: 321 4614194,
Sábados, ocho de la noche.
Desde el 14 de febrero hasta el 14 de marzo,