Crédito: Pablo David - CAMBIO
Colombia Solar: ¿es suficiente el programa estrella del Gobierno para enfrentar los desafíos del sector eléctrico?
El país empieza a probar un nuevo modelo: que los hogares vulnerables produzcan su propia energía con paneles solares. Los primeros resultados son prometedores, pero el alcance aún es limitado y los retos técnicos y financieros siguen abiertos. El desafío ahora es saber si este programa puede escalar al ritmo que exige la crisis del sector.
Por: Daniel Murcia
En un país donde la factura de energía se ha convertido en una de las mayores causas de inconformidad ciudadana, el Gobierno apuesta por una transformación estructural: reemplazar el subsidio tradicional por autogeneración solar en los hogares más vulnerables. El programa Colombia Solar, lanzado oficialmente en mayo, promete ser la piedra angular de una nueva era energética. Pero la pregunta es inevitable: ¿está este plan realmente preparado para aliviar las presiones del sistema eléctrico, o es todavía una apuesta más simbólica que estructural?
El ministro de Minas y Energía, Edwin Palma, cree que Colombia está al borde de un punto de quiebre. Para él, el país cuenta con una riqueza subutilizada: “El sol es un patrimonio natural nacional que hasta ahora no hemos explotado con la ambición que merece”. Y no exagera: estudios recientes estiman que Colombia tiene un potencial técnico-económico para generar más de 8.000 GW en proyectos solares a gran escala y otros 7,4 GW en pequeñas instalaciones. Todo esto frente a una capacidad instalada actual de apenas 21,4 GW.
Ese potencial, dice el ministro, no es una fantasía sino una hoja de ruta posible: “La energía solar tiene potencial más que suficiente para abastecer en gran parte al sistema energético colombiano. No es una fantasía: es una meta realista con estrategia, inversión y voluntad política”.
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Un programa ambicioso, pero aún pequeño
Colombia Solar financia hasta el 60 por ciento del costo del sistema fotovoltaico (máximo 20 millones de pesos), mientras que el usuario aporta el restante 40 por ciento. A mediados de octubre, según datos que le compartió la cartera a este medio, cerca de 1.860 hogares habían recibido los equipos, principalmente en Cali, donde ya se registran reducciones en la factura entre el 20 por ciento y el 60 por ciento, e incluso casos donde esta llegó a cero.
Sin embargo, cuando se compara esa cifra con los más de 12 millones de hogares del país, surge la dimensión real del reto: la escala todavía es mínima. Palma lo reconoce implícitamente cuando subraya que esta es apenas la primera piedra: “Meta social inmediata: llevar paneles solares a unos 2.000 hogares vulnerables… ampliando luego a otras regiones”.
La expansión recientemente anunciada para beneficiar a 1.000 tiendas de barrio confirma que el Gobierno quiere mover el programa del terreno piloto al terreno comunitario. Aun así, el salto hacia la masificación requerirá billonarias inversiones, alianzas público-privadas y reglas estables para el mercado.
¿Puede la energía solar reemplazar las fuentes tradicionales?
Palma evita el triunfalismo, pero sí reconoce un camino de sustitución progresiva. “Sí, con condiciones, fases y cautela. No propongo un cambio abrupto, sino una transición ordenada, justa y diversificada”, afirma.
El ministro insiste en los beneficios: diversificación de la matriz, reducción de la dependencia a combustibles fósiles, mayor resiliencia ante el clima y la democratización energética mediante la generación distribuida. Pero también advierte, con absoluta claridad, que el país no puede darse el lujo de improvisar: “La transición no debe afectar la seguridad energética. No podemos permitir apagones ni pérdidas de cobertura”.
Ahí aparece el primer gran desafío estructural: la intermitencia. El sol no brilla de noche, y el país aún tiene una infraestructura limitada de baterías, hidrógeno, bombeo y respaldo hidráulico flexible. En paralelo, muchas de las zonas con mayor potencial solar están lejos de las redes de transmisión, lo que obliga a inversiones en líneas, subestaciones y estabilidad del sistema.
El reto regulatorio también es enorme. Palma lo admite cuando señala que se necesita un marco que permita “mecanismos de pago por servicios auxiliares (reserva de capacidad, almacenamiento, respaldo)”.
La transformación del subsidio: ¿la pieza más disruptiva del plan?
Más allá de los paneles, Colombia Solar apunta a algo aún más profundo: cambiar el ADN del sistema de subsidios eléctricos. En lugar de subsidiar el consumo, el Gobierno quiere subsidiar la generación propia en hogares vulnerables.
Palma lo define así: “El programa busca transformar el mecanismo tradicional de subsidios en tarifas eléctricas en una política estructural donde el ciudadano no reciba un subsidio para consumir energía ‘tradicional’, sino que produzca con energía limpia”.
Esta visión —que podría alterar el modelo tarifario del país— es quizás la apuesta más disruptiva. Pero también la más difícil de implementar, pues exige coordinación con las empresas distribuidoras, nuevas reglas para integrar microrredes y claridad financiera sobre quién absorbe los costos del sistema cuando muchos dejan de pagar factura.
¿Puede Colombia Solar solucionar los problemas del sector?
La respuesta honesta, a la luz de los datos y de lo dicho por el propio ministro, es: todavía no, pero puede convertirse en una herramienta clave si logra escalar, madurar y resolver las barreras técnicas pendientes.
Palma asegura que el país ya está avanzando: “Según datos recientes del Ministerio, a septiembre de 2025, la participación de energías limpias alcanzó el 13,87 por ciento de la matriz nacional, frente al 2 por ciento registrado en 2022”. Un crecimiento notable, pero aún insuficiente para aliviar los problemas tarifarios, los cuellos de botella de transmisión o las presiones financieras del sistema.
Lo que sí queda claro es la convicción política detrás de la apuesta. “El programa Colombia Solar no es un experimento ni un símbolo: es la piedra angular de nuestra estrategia de transición energética”, afirma Palma con énfasis. Y remata con una promesa que define su visión: “Queremos cambiar no solo la forma como se genera la energía, sino quién la genera, cómo se financia y quién se beneficia de ella”.
El país frente a un giro de época
¿Será suficiente? Todo dependerá de la capacidad del Gobierno, del Congreso, de los reguladores y del sector privado para convertir una iniciativa todavía pequeña en una transformación estructural.
Pero si algo deja claro el ministro es que la apuesta no es menor: “Confío en que dentro de unos años veremos hogares y negocios que no pagan factura de luz, que participan en microrredes comunitarias y que colaboran con un país carbono-neutral, justo e inteligente”.
Colombia Solar aún no soluciona los problemas del sector eléctrico. Pero sí marca un camino. Uno que, si se recorre con rigor y sin improvisación, podría redefinir para siempre la relación de los colombianos con la energía.