Sergio Díaz-Granados: el titán colombiano de la lucha contra el cambio climático
En entrevista con Patricia Lara Salive, el presidente de la CAF cuenta por qué la revista 'Time' lo incluyó entre los 100 personajes más destacados en el accionar contra el cambio climático. Además, explica los proyectos que desarrolla la CAF en Colombia y en América Latina, y revela que dicha entidad colaborará en la financiación del metro de Bogotá.
Por: Patricia Lara
Sergio Díaz-Granados, samario chévere, presidente de la CAF, es el único latinoamericano incluido por la revista Time en la lista de los 100 líderes más destacados del mundo por sus aportes a la acción contra el cambio climático. Time lo pone, además, en la categoría de Titán.
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Cambio.: ¿Qué ha hecho en su vida Sergio Díaz-Granados para quey hoy sea tan importante?
Sergio Díaz-Granados: Gracias por la invitación y por la pregunta. Lo que ha reseñado la revista esencialmente es la transformación que hemos hecho dentro del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF). Hace cuatro años, cuando inicié la presidencia del banco, nos propusimos transformar la institución en un banco ‘verde’ y ‘azul’ para Latioamérica. Esto es, esencialmente, focalizar la acción de la entidad en la financiación para la resiliencia al cambio climático, y preparar más a la región para enfrentar los desafíos, sobre todo, de la crisis hídrica que hemos visto últimamente reflejada en inundaciones, sequías, incendios forestales, deslizamientos y huracanes más intensos. Todo esto ha llevado a una reflexión sobre cómo las finanzas pueden ayudar a ser más resilientes en nuestras comunidades en América Latina y el Caribe. Y lo que ha reconocido Time ha sido justamente una de esas operaciones que hicimos en el año 2024, a propósito de la reconversión de deuda para el río Lempa, en El Salvador.
CAMBIO: Antes de avanzar en temas más concretos, cuéntenos ¿qué es la CAF?
S. D.: Déjeme hacer un poquito de historia. Justamente el año pasado se celebraron los 80 años de la Convención de Bretton Woods, que creó los organismos multilaterales más importantes: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Y ahí estuvo el expresidente Carlos Lleras Restrepo como delegado del gobierno colombiano. Posteriormente él, como presidente, tuvo la iniciativa, junto con otros líderes de la región, de promover la creación de una institución local andina que ayudara a financiar las operaciones de comercio exterior, la cual se llamó Corporación Andina de Fomento (CAF). Nació en 1968, en lo que era el Palacio de Gobierno, en el Salón Bolívar, donde hoy funciona la Cancillería. Se trató de un banco subregional andino que en los años noventa adoptó tres decisiones importantes. La primera, abrir el banco a toda América Latina y el Caribe para que más países pudieran ingresar a la entidad. La segunda, convertir el banco en un emisor de bonos en los mercados internacionales, es decir, que tuviera grado de inversión, pudiera emitir bonos y destinar esos fondos para financiamiento de programas dentro de los países socios. Y tercera, focalizar los objetivos del banco en infraestructura.
Eso fue hace 35 años y nosotros lo que hemos hecho es acelerar ese proceso al darle la mayor cobertura geográfica posible al banco. Creo que de aquí a final de año, o comienzos del entrante, este va a ser el banco con mayor cobertura geográfica en América Latina y el Caribe. Vamos a cubrir Centroamérica y toda Suramérica y el Caribe y luego nos convertiremos en el principal emisor de bonos en el mercado internacional. Ya llevamos tres años siendo el principal emisor no soberano en esos mercados. Hace un mes, por ejemplo, colocamos un bono por cerca de 1.500 millones de euros en el mercado europeo y esa plata viene a América Latina para financiar programas ambientales. Así iremos tejiendo una especie de enlace, de interacción, entre el lugar dónde están los ahorros a nivel mundial y los sitios dónde están las necesidades en el continente.
CAMBIO: ¿Nos explica un poquito más en detalle ese mecanismo que se inventó usted en El Salvador –y que fue el que lo hizo merecedor al reconocimiento de Time**– de convertir la deuda pública en acciones contra el cambio climático?**
S. D.: Hay primero un ingrediente clave, que es la voluntad política del Gobierno. Segundo, tomamos un trozo grande de deuda del Gobierno, costosa y con muy cortos plazos de vencimiento, para transformarla en una más barata y de más largo plazo.
CAMBIO: Esto fue en el Gobierno de Bukele.
S. D.: Correcto. Eso fue en 2024. Fuimos trabajando con el equipo de finanzas del Gobierno y con otros bancos que hicieron parte de esta alianza, como JP Morgan y el Financial Corporation, de los Estados Unidos. Logramos armar una alianza para llevar esa deuda cara y transformarla en barata. Es un proceso de ensamblaje de garantías de todos los bancos, con lo cual se logra que el Gobierno tenga más ahorros para quitarle presión fiscal al país. Y una parte del ahorro se destinó a la recuperación del ecosistema del río Lempa, que es el más importante en El Salvador, esencial para la agricultura. Entonces, se crea una unidad que recibe esos recursos que durante los próximos diez años va a estar trabajando en el mejoramiento del río Lempa y en su reforestación . El trabajo con las comunidades que están en las riberas, de alguna manera garantiza que los programas ambientales tengan una fuente de financiamiento y no estén sometidos a los vaivenes que puede sufrir un país en América Latina por restricciones en el financiamiento. Esta operación es la primera que se hace sobre un río. Antes se habían hecho canjes de deuda en el mar, pero nunca en un río, porque allí es más difícil. Y eso es lo bonito de la operación.
CAMBIO: ¿Por qué es más difícil en un río que en el mar?
S. D.: Porque involucra más gente. Afecta más comunidades, a gente de carne y hueso que está alrededor de las zonas de producción e implica mejor coordinación al interior de un país. Es diferente a tomar un área marítima, que no está intervenida, y es más fácil identificarla y mantenerla protegida. Un río es un cuerpo vivo, con muchos intereses alrededor. Lograr esa coordinación es mucho más difícil y eso es lo que hace más interesante el programa.
CAMBIO: O sea, con la voluntad política del Gobierno de El Salvador, usted, al frente de la CAF, intervino para poner de acuerdo a una serie de entidades bancarias que le tenían prestada una plata a ese país, a un interés muy alto, para que hubiera un recorte importante de esas tasas. Y ese ahorro se invertía, por un lado, en reducir gastos del Gobierno de El Salvador y, por el otro, en mejorar las condiciones de ese río. ¿Es así?
S. D.: Está muy bien descrito. Y ahora esto mismo se puede aplicar a otros países. También podemos aplicarlo, por ejemplo, a metas sociales como prevención de embarazo juvenil o reducción de homicidios en jóvenes. Tenemos que pensar en ese tipo de dramas que tiene hoy América Latina. Y hay que meter más actores en la conversación, como los municipios o los departamentos. América Latina tiene 33 países, pero hay 18.900 Gobiernos locales que son los que tienen incidencia directa en el 85 por ciento de la población. Pensemos, por ejemplo, en una ciudad como Bogotá, que tiene uno de los ríos más contaminados del mundo, y que se vierte a la cuenca del Magdalena. Eso tiene que ser trabajado con los gobiernos locales y se puede hacer algo a nivel nacional, pero va a requerir mucha acción a nivel local, también con las ciudades que son las que están ancladas a lo largo de los ríos. El problema requiere tratamiento de aguas residuales y va a necesitar financiamiento ‘verde’ de largo plazo y concesional, es decir, con tasas bajas y periodos largos, para que esas obras, que son complejas y costosas, se puedan acometer.
CAMBIO: ¿La CAF les presta directamente a los municipios sin pasar por el Gobierno nacional?
S.D.: Depende del país. Hay unos en los que el marco jurídico no nos los permite. Y ahí también hay que mirar la voluntad y el compromiso de los alcaldes y de los gobernadores. Pero sí estamos en un programa para brindar más financiamiento a los gobiernos locales, especialmente en aquellos temas que tienen más peso en la taxonomía verde, como la calidad del aire y la calidad del agua. Esas dos variables son esenciales en las ciudades nuestras. En América Latina hay ciudades que proveen bien el agua, pero no la tratan. Entonces, tenemos las que tienen el 100 por ciento de cobertura de agua potable, pero no cuentan con un buen sistema de tratamiento de las aguas residuales, o tienen una aglomeración muy grande y un enorme costo de desplazamiento y una pésima calidad del aire. Ahí hay que invertir más en infraestructura ferroviaria o de sistema de metro y en este caso trabajamos directamente con las empresas públicas. Hoy, por ejemplo, estamos financiando el metro de São Paulo. Ya financiamos el metro de Santiago de Chile, la empresa de ferrocarriles del Estado, también en Chile. Y creo que por estos días va a haber una operación muy audaz de la CAF con Bogotá. Espero que el alcalde haga el anuncio muy pronto. Ahí le doy una pequeña ‘chiva’ que no me corresponde darla a mí, sino al alcalde Galán.
CAMBIO: ¿Y de qué monto estamos hablando?
S. D.: Esperemos que el alcalde Galán haga su revelación.
CAMBIO: ¿Cuáles son los principales proyectos que la CAF está financiando en Colombia?
S. D.: Tenemos una cartera bien variada e interesante. Voy a comenzar por la del sector privado. Hemos implementado con el banco BBVA una de las líneas más atractivas de financiamiento a la biodiversidad. Comenzamos con 50 millones de dólares, y ya vamos en 100 millones. Esto es casi medio billón de pesos para las pequeñas y medianas empresas que están adelantando programas de sostenibilidad para producir bienes y servicios. Pero también estamos financiando a la Aerocivil para el tema de seguridad aérea y construcción de nuevos aeropuertos, particularmente en Tuluá, lo mismo que en la ampliación de la pista del aeropuerto de Santa Marta. Es un proyecto de casi 300 millones de dólares para aeropuertos y seguridad. También, la primera operación en el tema de salud mental en América Latina que hace el banco se realizó en Colombia. Es un proyecto que hemos trabajado de la mano con el Ministerio de Salud para un tema que es esencial: la salud mental de los colombianos. Vamos con un proyecto ambicioso donde trabajamos desde la intervención de los hospitales y las clínicas, es decir, su mejoramiento físico, hasta los programas de prevención, pasando por la formación profesional de más de mil funcionarios que están en contacto directo con pacientes que requieren atención en salud mental.
Adicionalmente, nos hemos metido en el financiamiento de infraestructura de carreteras, movilizando ahorro pensional para financiarlas. Es decir, hemos construido una cartera que realmente es bastante diversificada, que ya lleva casi 5.000 millones de dólares de aprobaciones en los últimos cuatro años, financiando a Cartagena, Cali, Barranquilla y, próximamente, a Bogotá.
CAMBIO: Y en América Latina, ¿qué es lo más importante que están haciendo?
S. D.: Los proyectos de agua y saneamiento básico se llevan un buen pedazo de la cartera de CAF: casi un 30 por ciento está dedicado a ellos. Son proyectos esencialmente ‘verdes’, desde saneamiento hasta agua potable. Y yo destaco, por ejemplo, todo el programa de saneamiento de la Bahía de Panamá: yo vivo en ese país y he tenido la oportunidad de visitar frecuentemente la planta de tratamiento de Juan Díaz, que está cerca del aeropuerto de Tocumen, en Ciudad de Panamá. Es un proyecto de casi 700 millones de dólares que se ha hecho durante 15 años, y que va a permitir cada vez más ir saneando la bahía. Ese es un proyecto emblemático, pero también tenemos otros de infraestructura muy ambiciosos: el puerto de San Antonio en Chile, que es el puerto más grande del país, también lo estamos financiando. Y estamos arrancando todo el diseño de desarrollo urbano de Chancay, el puerto más grande del Perú, Estamos trabajando también en seguridad, que es un tema que le preocupa mucho a la región y a los gobiernos.
CAMBIO: ¿Cómo se financia la CAF?
S. D.: Esencialmente tenemos los aportes de los países, que son muy importantes porque nos ayudan a la calificación crediticia. Estos aportes se hacen a lo largo de procesos de capitalización que el banco ha organizado. Pero casi el 80 por ciento de los recursos del banco hoy están generados por la colocación de los bonos internacionales y el traslado de esos recursos al financiamiento de programas que tenemos en América Latina y el Caribe.
CAMBIO: Este fin de semana se ha reunido en Santa Marta la Cumbre de la CELAC y la Unión Europea. ¿Qué se espera que salga de ahí?
S. D.: Entiendo que han avanzado los negociadores de CELAC-Unión Europea en una declaración que debiera ser anunciada este domingo, para fortalecer más los temas de transición energética, ecológica, digital, y encontrar, a través del mecanismo que se presentó hace un par de años –el Global Gateway– una mayor cooperación birregional entre Europa y América Latina. Creo que son dos bloques muy complementarios tanto en sus principios como en sus valores y en las oportunidades que generan. Este año puede ser, finalmente, el año en que veamos la luz del acuerdo comercial entre Mercosur y la Unión Europea, que sería una de las alianzas comerciales más grandes en entrar en vigencia. Y creo que este es un año en el que la relación entre Europa y América Latina va a avanzar en su consolidación.
CAMBIO: ¿Cuál es el papel de la CAF en este mundo dividido en bloques?
S. D.: Nosotros nos preservamos como un banco que es de, por y para América Latina y el Caribe. Esa es nuestra misión: ayudar a la región, de manera que no entramos en las dinámicas de tensión que hay entre superpoderes y en este mundo multipolar. Entendemos las dinámicas de eso y quiero aquí traer a colación una entrevista reciente del primer ministro de Singapur sobre China, en la que decía que no es una potencia en ascenso, sino una que ascendió. Eso es una realidad. También hay una entrevista a Jim Farley, CEO de Ford, en la que asegura que ya el 70 por ciento de los vehículos eléctricos se fabrica en China. Estados Unidos, por supuesto, también ha querido poner unos límites a lo que significa el ascenso de China. Y en esa tensión, América Latina tiene que encontrar su balance: Estados Unidos es un gran inversionista en América Latina, como lo es Europa. Tanto Europa como Estados Unidos son los mayores inversionistas en América Latina y los que más empleo generan en el continente. Esa es una realidad. Estados Unidos es un gran proveedor de remesas desde México hasta Colombia, a Ecuador e inclusive hasta Perú, y gran parte de nuestras exportaciones, desde México hasta Colombia, van al mercado estadounidense.
Pero las exportaciones del resto de Suramérica van a China como principal socio comercial. Hay unos desbalances importantes en la relación de China con América Latina. Por ejemplo, Brasil es superavitario en exportaciones a ese gigante asiático y México es deficitario en importaciones. Entonces, tenemos unos contrastes muy fuertes, unos desbalances, y América Latina tiene que ubicarse en medio de esos desbalances para poder avanzar en sus soluciones. Entonces, yo diría que debiéramos proteger a la región, galvanizarla del conflicto entre potencias y encontrar nuestro espacio vital para seguir nuestro sendero al desarrollo. Esto es, ver a América Latina como región-solución, verla como un jugador global en al menos tres cosas. Una, alimentos: es una región que produce alimentos para 1.300.000.000 personas en el mundo, y lo vamos a seguir haciendo en las próximas décadas. Somos una región que produce y tiene soluciones minero-energéticas, pero nos hace falta valor agregado; y esta es una región que todavía tiene un bono poblacional importante por los próximos 25 años.
Entonces, creo que es aprovechar esa diversidad que tiene América Latina para jugar globalmente, sin caer en tener que jurar banderas o lealtades en un bloque o en el otro, sino jugar nuestro propio juego.
CAMBIO: Pero la integración de América Latina no ha sido fácil. México y Perú acaban de romper relaciones. ¿Qué hacer para poder integrar de verdad a América Latina? Esa labor que debería ser fácil: tenemos el mismo idioma, la misma identidad cultural, en fin. ¿Cómo hacemos?
S. D.: La integración de la región, en la parte comercial, va avanzando lentamente. No es tan efectiva como quisiéramos. Esta es de las regiones que menos comercia entre sí. Hay varias razones para ello y una muy poderosa es la geografía. Las distancias geográficas que tenemos en América Latina son muy grandes y diferentes de las de mercados más compactos como son los de Estados Unidos o Europa, o inclusive Asia, que tienen una capacidad de conectarse de manera más fácil. América Latina tiene unos problemas de distancia geográfica muy severos que dificultan movilizar la carga y el comercio de bienes. Hoy, la velocidad promedio en Suramérica de un camión es inferior a la velocidad a la que llegó Colón a América hace 500 años. Esa es una realidad. Ahora, la tecnología ha resuelto problemas. Por ejemplo, con los celulares. Hace 20 años, comunicarse era muy difícil en América Latina. Hoy, gracias al celular, es fácil comunicarse. La conectividad aérea funciona bien. Antes, había que ir a Estados Unidos para venir a América Latina. Ya eso no está pasando. Entonces, hay cosas que se han ido resolviendo y otras que no. Tenemos, por ejemplo, integración en el sistema financiero, seguros, banca y empresas de alimentos cada vez más integradas. Creo que tenemos una gran oportunidad para seguir avanzando en la integración. Eso sí, la parte de integración política que usted señala siempre es la más ruidosa: que si hay cumbre, que si alguien va a la cumbre, que si alguien no va la cumbre, que si alguien pelea antes de la cumbre o después de la cumbre, y nos quedamos siempre ahí, como en esta imagen, a veces dolorosa, de la tensión entre los gobiernos, de los insultos entre gobiernos… Pero en otros aspectos funciona muy bien la integración. Y hay instituciones en las que funciona muy bien, con madurez. Y tengo que decirlo, por lo menos así es en el caso de la mía. Tengo relación con los ministros de casi todos los países y la coordinación es óptima porque es muy tangible. Es muy focalizada en soluciones y ahí no hay margen para ponerse a traer otras cosas a la mesa, sino que se trata de solucionar problemas de la región. Entonces, si uno encuentra una solución y la plantea al interior del directorio, casi todo sale por consenso. Lo de América Latina es tan variado, tan disperso, que a veces nos cuesta trabajo ver la riqueza que tiene América Latina, lo que hemos construido en 60 años, con mucha paciencia, los sistemas de integración, el Mercosur, la CAN. Recientemente, por ejemplo, acabamos de poner en funcionamiento, con la CAN, toda una ventanilla de interoperabilidad para hacer más ágiles los negocios. De manera que yo soy optimista moderado con la integración, en el sentido de que hay algunas facetas de la integración en las que ella está funcionando y hay que seguirlas empujando.
CAMBIO: ¿Pero el multilateralismo está en crisis, o no?
S. D.: Eso es indiscutible. Mucho de lo que se creó hace 80 años hoy tiene cuestionamientos por su eficiencia, y pienso que no hay forma de que salgamos sino hacia algo mejor, porque vamos a requerir siempre un grado de coordinación a nivel global para solucionar los problemas que son de todos. Los problemas climáticos no son problemas de un país o del otro, sino de la humanidad. Son problemas existenciales; la conservación de los recursos naturales o el manejo de ciertos activos que nos unen, como los océanos, eso requiere coordinación multilateral. Pensemos en América Latina: si uno quita las fronteras de países, hay por lo menos 14 ecosistemas que están interconectados, y que superan a los países. Por ejemplo, el Chocó biogeográfico va mucho más allá del departamento del Chocó. El Chocó arranca en Costa Rica y termina en Ecuador. Entonces, tiene que haber coordinación de los cuatro países para administrar ese ecosistema, o la pampa, o los páramos. El 90 por ciento de los páramos mundiales están en el trópico de Suramérica y es un ecosistema que va desde el Perú hasta Venezuela y la mayor parte está en Ecuador y en Colombia. Pero es un ecosistema per se. Y lo mismo pasa con la biodiversidad, pasa con las aves, pasa con la fauna. Y lo vimos en Cali el año pasado durante la COP. Nosotros presentamos una aproximación del banco para trabajar por ecosistemas y fue la primera vez que presentamos un trabajo de esa naturaleza. Y dijimos: si queremos hacer un buen trabajo de protección, tiene que haber un trabajo de coordinación entre los gobiernos para poder llegar a este nivel. Entonces, ahí la respuesta siempre va a ser multilateral.
CAMBIO: Pero ¿cómo es posible que a estas alturas del desarrollo del multilateralismo y de Naciones Unidas, se estén dando casos como el de Estados Unidos que bombardea tranquilamente un montón de lanchas en el Pacífico y en el Caribe y mata gente sin fórmula de juicio y no pasa nada?
S. D.: Sí. Indiscutiblemente vamos a seguir viendo esas acciones unilaterales. Lo más importante aquí es preservar la cordura y la diplomacia. La cordura, para poder tener el temple necesario para explorar fórmulas y explicarlas al interior de las sociedades. Pero hay una presión en las sociedades democráticas contemporáneas muy fuerte de desesperanza y de desconfianza en las instituciones, que ha llevado a situaciones como las que estamos viviendo, de mayor unilateralidad, si se quiere. De mayor ejercicio de fuerza. Nuevamente, aquí la respuesta siempre va a ser: más diplomacia, y más canales.
CAMBIO: Y más diálogo y más cordura. Bueno, hablemos ahora de usted: es hijo del médico y exgobernador del Magdalena José Ignacio Díaz Granados; después de estudiar derecho en la Universidad Externado de Colombia y de especializarse en gerencia pública en Estados Unidos y en España, se dedicó a la política, fue concejal de Santa Marta, diputado del Magdalena, representante a la Cámara, ministro de Comercio, Industria y Turismo del Gobierno de Santos, presidente del Partido de La U, aspirante al Senado –derrotado en las elecciones– y luego, con mucho éxito, saltó a la burocracia internacional: fue nombrado director ejecutivo por Colombia y Perú ante el BID, con sede en Washington, y en 2021 pasó a la presidencia de la CAF. ¿Qué sigue para Sergio Díaz-Granados en los próximos años?
S. D.: Creo que más servicio público, porque es lo único que me hace feliz. Mi papá fue médico ginecólogo y yo siempre vi en él el servicio público. Soy el menor de ocho hermanos, tengo esa ventaja, y siempre he tenido la vocación por el servicio público. Cada trabajo me ha abierto una puerta al siguiente. Al terminar mis estudios de derecho decidí ir a Santa Marta. Aspiraba al Concejo, un poco en contravía de lo que pasaba con mi generación, que quería irse de la ciudad. Yo quería regresar allá y comencé mi servicio público hace 30 años, como concejal y como presidente del Concejo de esa ciudad. Y cada vez que terminaba un ciclo se ha abría otra puerta y ya llevo 30 años sin parar. Me divierte mucho lo que hago, y me levanto todas las mañanas pensando qué más puedo hacer. Tengo un equipo fabuloso en el banco: gente de toda América Latina con la que todos los días converso. Tengo la oportunidad de visitar a los presidentes, a los ministros, de hablar con ellos, de escuchar sus cuitas, como dice el vallenato, y de pensar qué podemos hacer para brindar soluciones. Esa es la parte más emocionante del trabajo. Y por ahora sigo aquí en el banco y ya veremos, una vez termine mi gestión, qué puertas se abren hacia adelante. Por ahora estoy muy concentrado en lo que estoy haciendo, que es promover sobre todo a América Latina más allá de las operaciones de crédito que hacemos, y trabajar para ayudar a la región a integrarse más, a que esté más cerca.
CAMBIO: ¿Preferiría seguir en la CAF o el gusanillo de la política le sigue dando vueltas? ¿Quisiera regresar a Colombia a hacer política?
S. D.: No, no por ahora. Yo quisiera quedarme en el banco, porque mi labor aquí está por la mitad. Siento que estoy construyendo un proceso de transformación institucional que quisiera ver concluido. Por ahora, mi único interés es concentrar toda mi energía y atención en que la obra del banco quede bien. Ya hoy el banco es la principal fuente de financiamiento soberana en América Latina y el Caribe, por encima de los otros bancos. Estamos creciendo rápidamente.
CAMBIO: Le pregunté a un amigo qué pregunta me sugería para hacerle. Y me dijo: ‘pregúntele ¿qué no lo deja dormir?
S. D.: Hoy no tengo ninguna preocupación que me altere el sueño sustancialmente, pero sí le diría lo que pienso frecuentemente cuando me levanto: ¿cómo consigo más socios para el banco? ¿Cómo le consigo más socios a América Latina?
CAMBIO: ¿Esos socios quiénes son?
S. D.: Por ejemplo, europeos, asiáticos, americanos, canadienses, africanos… de dónde salgan. Veo el banco como un gran promotor de América Latina y el Caribe y un gran atractor de oportunidades para América Latina y el Caribe. Por eso, por ejemplo, estamos montando este foro económico en Panamá todos los años, para traer a quien le interese América Latina. Con mucho entusiasmo recibí en Panamá, hace unos días, al presidente electo de Bolivia, Rodrigo Paz, y trabajamos casi todo el día viendo las oportunidades que tiene Bolivia, un país que goza de condiciones muy importantes pero que, al mismo tiempo, enfrenta un desafío gigantesco de inestabilidad macroeconómica, de alta informalidad, de desempleo crónico. Entonces la pregunta es: ¿cómo logramos hacer una transformación plena para un país como Bolivia? Creo que esa es la pregunta con la que me levanto todas las mañanas: ¿qué más podemos hacer desde el banco por América Latina?