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Lunes 4 de mayo de 2026
Germán Ávila, ministro de Hacienda y Leonardo Villar, gerente del Banco de la República. Crédito: Banco de la República.

Germán Ávila, ministro de Hacienda y Leonardo Villar, gerente del Banco de la República. Crédito: Banco de la República.

El rebote de la tasa de interés: ¿Por qué se espera que el Banco de la República vuelva a subir su indicador en 2026?

La primera reunión de la junta directiva del banco central colombiano marcará el ritmo de las alzas de tasas este año. Aunque las presiones derivadas del aumento del salario mínimo dominan el debate, desde finales del año pasado algunos codirectores ya venían insinuando un giro en la orientación de la política monetaria. ¿Qué se espera?

Por: Laura Lucía Becerra Elejalde

En su primera reunión de 2026, la junta directiva del Banco de la República tendrá que tomar una decisión crucial para la economía colombiana: subir o no las tasas de interés. Todas las apuestas apuntan a que el banco central colombiano volverá a subir su indicador y dará un giro en su política monetaria para tratar de controlar la inflación, especialmente tras el aumento de 23 por ciento que decretó el Gobierno para el salario mínimo este año.

Ese incremento, casi 18 puntos por encima de la inflación, ha llamado la atención de varios expertos que advierten sobre sus efectos en la economía, entre ellos por mayores presiones inflacionarias. Y aunque el banco ha mantenido en 9,25 por ciento su tasa de interés desde la junta que celebró en abril del año pasado, las expectativas del mercado apuntan a que su indicador volverá a subir, no solo en su reunión de enero sino a lo largo del año.

Todos los meses, el Banco de la República hace un sondeo con los principales analistas del mercado. En la encuesta de expectativas de enero, ellos señalaron su expectativa de que en la próxima reunión de la junta directiva, programada para este 30 de enero, la tasa de interés suba. La respuesta promedio de los analistas fue que la tasa de interés se ubicará por encima del 9,5 por ciento en enero, lo cual implica a lo sumo un ajuste de 0,25 puntos porcentuales, y que al final del año se ubicará cerca del 11 por ciento.

Otras encuestas independientes creen que el aumento podría ser más drástico en la primera junta del año. El centro de estudios económicos ANIF realizó en enero una encuesta sobre la tasa de intervención del Banco de la República. En ella se muestra un consenso mayoritario entre los analistas en anticipar un aumento en la tasa de interés, aunque con diferencias en la magnitud del ajuste esperado, pero la mayoría espera un aumento de 0,50 puntos porcentuales.

Un dato similar lo arrojó la Encuesta de Opinión Financiera de Fedesarrollo, que también consulta a los principales analistas del mercado. Para los meses de enero y abril de 2026, los analistas esperan que la tasa de intervención se ubique en 9,75 por ciento y 10,25 por ciento, respectivamente, y también anticipan que la tasa de intervención se sitúe en 11,25 por ciento en diciembre de 2026.

¿Por qué subirá más la tasa de interés si sigue en un nivel ‘alto’?

La tasa de interés del Emisor viene bajando lentamente desde que alcanzó un pico de 13,25 por ciento a mediados de 2023, un nivel que no había visto la economía colombiana en las últimas dos décadas. Este aumento de los tipos de interés fue la respuesta del banco central colombiano para controlar la inflación luego de la pandemia y tratar de llevarla hacia el 3 por ciento, meta de inflación que tiene la economía colombiana.

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Pero los esfuerzos por controlar la inflación a través de la política monetaria aún no logran encauzar la inflación, que lleva ya cinco años fuera de su rango meta entre el 2 y el 4 por ciento.

Aunque el Emisor ha mantenido en 9,25 por ciento su tasa de intervención desde abril del año pasado, el 2025 fue un tire y afloja entre los codirectores y casi todas las reuniones del año mostraron el mismo patrón de comportamiento: cuatro codirectores abogando por la prudencia en la política monetaria y mantener las tasas estables y otros tres codirectores, entre ellos el ministro de Hacienda Germán Ávila, que buscaban una reducción en las tasas de interés bajo el argumento de la necesidad de impulsar la economía.

En las minutas de la última reunión de 2025, en la que se mantuvo ese indicador por votación de la mayoría de los codirectores, varios miembros ya anticipaban un posible incremento de la tasa de intervención debido al panorama inflacionario del país.

Según las minutas, los miembros del “grupo mayoritario” hicieron énfasis en su momento que, con la información disponible para ese entonces se requería “una senda de tasa de interés de política superior a su nivel actual para que la inflación converja hacia la meta en 2027”. Es decir, sin incorporar la variable del aumento de 23 por ciento del salario mínimo y sus posibles efectos inflacionarios, cuatro de los miembros de la junta ya estaban analizando un posible aumento.

Los codirectores justificaron su postura en que el proceso de caída de la inflación observado durante 2024 se interrumpió en 2025, hasta el punto de que la inflación de precios al consumidor es ahora más alta de la que se tenía un año atrás y también advirtieron que las expectativas de inflación a un año han aumentado de forma significativa, alejándose sustancialmente de la meta de 3,0 por ciento.

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Además, anotaron que tanto el aumento en la inflación como de sus expectativas ha implicado “una reducción de la tasa de interés real de política frente a la que se tenía meses atrás” y que por ello la política monetaria se ha tornado menos contractiva. E incluso mencionaron los efectos de una política fiscal expansiva en la inflación.

El gerente del Banco de la República, Leonardo Villar, ha reiterado en varias ocasiones el compromiso del Emisor con la meta de inflación, y en la última junta destacó que la decisión adoptada por la mayoría de los miembros de la junta directiva “mantiene una postura cautelosa de la política monetaria que reconoce los riesgos identificados sobre la convergencia de la inflación a la meta”. También, que los futuros movimientos de la tasa de interés “responderán a la evolución de la inflación y sus expectativas, la dinámica de la actividad económica, y el balance de riesgos internos y externos”.

El problema del aumento del salario mínimo

En días pasados, el codirector Mauricio Villamizar aseguró en un evento que el Emisor está en un punto en que “necesita reforzar la postura contractiva”. También dijo que ese incremento de 23 por ciento posiblemente le añadirá cerca de dos puntos porcentuales a la inflación en 2026, de modo que no se ubicaría cerca del 4 por ciento a finales de año, sino más cerca de 6 por ciento.

Pero en la junta, como lo han mostrado las votaciones de los últimos meses, también hay otras posiciones. El codirector César Giraldo, designado hace un año como miembro del escritorio directivo del Banco de la República por el presidente Gustavo Petro, emitió un análisis el pasado 20 de enero que refuta esta tesis. Su opinión, publicada de manera independiente y sin comprometer a las opiniones de la junta ni del Banco, fue difundida por el Ministerio de Hacienda.

El codirector aseguró que “no es evidente que un incremento del salario mínimo aumente la inflación” y que hay datos estadísticos que sugieren lo contrario: que cuando el salario mínimo real aumenta, la inflación baja.

“La inflación no tiene una sola causa. Puede aumentar cuando hay problemas para producir o conseguir bienes, cuando el gasto de las personas y las empresas crece, cuando circula más dinero, cuando sube el dólar y se encarecen los productos importados, cuando el gobierno ajusta precios regulados —como las tarifas de los servicios públicos—, y también porque la inflación pasada suele empujar los precios hacia arriba en el presente”, señaló el codirector.

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A pesar de los choques teóricos que puedan darse dentro de la junta, las consideraciones de varios expertos refuerzan la atención que se le dará al tema del aumento salarial.

Para Julio Romero, economista jefe de Corficolombiana, la prioridad de la junta en este momento debe ser “evitar un mayor deterioro en las expectativas de inflación”, y asegura que estas expectativas se elevaron abruptamente tras el aumento desproporcionado del salario mínimo. “La inflación completaría seis y siete años consecutivos por encima del rango meta. Es un golpe muy fuerte para la credibilidad en el esquema de inflación objetivo”, dijo.

Sus cálculos apuntan a que en la junta de esta semana la tasa subirá 50 puntos básicos o 0,5 puntos porcentuales y que este año llegará a 11,75 por ciento, es decir, un aumento de 250 puntos básicos.

Para varios analistas la decisión del BanRep se da en un contexto en el que los riesgos inflacionarios han vuelto a inclinar el balance de manera clara. Así como Romero, Laura Clavijo, directora de Investigaciones Económicas, Sectoriales y de Mercado de Bancolombia, considera que la junta aumentará en 50 puntos básicos la tasa de interés de política monetaria, hasta 9,75 por ciento, y se reafirmará el sesgo contractivo de la postura monetaria.

El salario mínimo no solo tiene un impacto directo sobre los costos laborales, sino que además amplifica las presiones inflacionarias más allá de su efecto inicial. La elevada incidencia del salario en la estructura de costos de varios servicios dificulta una desaceleración sostenida de la inflación”, afirma Clavijo.

Según la economista, el principal reto para la efectividad de la política monetaria de cara al control de la inflación residiría en un cambio estructural en la forma en que los hogares financian su gasto. Clavijo explica que en los últimos años las mayores tasas de interés sí han comprimido el volumen de crédito, pero el gasto se ha mostrado menos sensible.

En las últimas semanas, los expertos de diferentes entidades y equipos de investigaciones económicas han estado estudiando los posibles impactos del aumento del salario mínimo en la inflación, pero como comenta Andrés Langebaek, director ejecutivo de Estudios Económicos en Grupo Bolívar, el aumento en el salario mínimo es un fenómeno complejo que tiene impactos diversos sobre los ingresos familiares.

“Por un lado aumenta el poder de compra de quienes son capaces de retener su empleo, pero disminuye el correspondiente de quienes lo pierden, ven deteriorada la calidad de este o cuyos ingresos se ven desmejorados por una mayor inflación”.

La proyección de inflación de esta entidad para el cierre de 2026 aumentó de 4,4 a 7,2 por ciento tras incorporar en su modelo esa variable laboral.

Por lo general, en los primeros meses del año se concentra el grueso del efecto inflacionario en los precios de los colombianos. En enero son muchos los bienes y servicios que se ajustan conforme al aumento de la inflación del año anterior, y también a partir del salario mínimo.

También se ajustan los sueldos y aumentan los costos de las empresas. Aunque el Banco de la República toma decisiones sobre su tasa de interés en ocho de sus 12 juntas a lo largo del año, la primera de 2026 será crucial y marcará el ritmo con que el Emisor manejará la política monetaria en un año marcado por tensiones en lo económico y en lo político.

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