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Lunes 4 de mayo de 2026
Los cambios en la tasa de cambio golpean especialmente a los exportadores agrícolas. Crédito imagen: CAMBIO / Fotoilustración Yamith Mariño.

Los cambios en la tasa de cambio golpean especialmente a los exportadores agrícolas. Crédito imagen: CAMBIO / Fotoilustración Yamith Mariño.

Dólar barato: un alto precio que pagan los exportadores del agro colombiano

El dólar lleva varias semanas alrededor de los 3.600 pesos. La noticia, que para muchos suena positiva, no lo es para los cultivadores de flores, aguacates, bananos y café colombianos que se venden en el exterior. ¿Cómo los golpea la tasa de cambio?

Por: Laura Lucía Becerra Elejalde

El dólar en Colombia está en el precio más bajo en cinco años, y mientras muchos aprovechan para ahorrar en esa divisa, hacer compras internacionales o planear unas vacaciones, para el aparato productivo colombiano, en especial para los exportadores agropecuarios, el dólar a 3.600 no es tan buen negocio.

Cafeteros, bananeros, floricultores y productores de aguacate están viendo cómo les entra menos plata por las ventas de sus productos al exterior. Esto golpea directamente la productividad de cadenas agropecuarias de las que dependen miles de familias.

En el último año el país pasó de una tasa de cambio de cerca de 4.400 pesos por dólar a niveles cercanos a los 3.600 pesos en las últimas semanas. Y aunque esa apreciación de cerca de 17 por ciento del peso colombiano en los últimos 12 meses pueda sonar positiva para algunos, pero para un país agropecuario que produce y exporta esta revaluación tiene un costo.

¿Qué está pasando con la tasa de cambio?

El dólar está ‘barato’ por varias razones. La divisa se ha venido debilitando internacionalmente desde el año pasado por la incertidumbre geopolítica que rodea a Estados Unidos. Mientras, los inversionistas han diversificado sus reservas en otros activos, como el oro, y a la par, las bajas tasas de la Reserva Federal también han presionado a la baja el valor del billete verde.

Esa debilidad relativa del dólar ha favorecido a las monedas emergentes de América Latina como el peso colombiano. Si bien todos estos son factores externos poco controlables, en el plano local también se han combinado otros elementos que están llevando hacia abajo la tasa de cambio.

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Desde finales del año pasado el Gobierno ha realizado una serie de operaciones de endeudamiento externo que están fomentando el ingreso de más dólares al mercado, lo que abarata el precio de estos billetes. Así mismo, vienen aumentando las remesas, que son los envíos de dinero que hacen los colombianos desde el exterior. E incluso, algunos expertos aseguran que si bien es difícil de medir, se está presentando un mayor ingreso de dólares al país por cuenta del narcotráfico.

Esta mezcla de factores ha contribuido a ese proceso de revaluación. Pero el ‘precio’ de ese dólar barato que están disfrutando algunos colombianos lo pagan los sectores exportadores, que enfrentan además un 2026 complejo por los aumentos de costos laborales y operativos por cuenta del salario mínimo, y en muchos casos, en los envíos a Estados Unidos, el peso del arancel de 10 por ciento que le impusieron a Colombia hace un año, en desarrollo de la guerra comercial. Y si el dólar sigue bajando, tendrán un año cada vez más difícil.

El calendario pone en aprietos a los floricultores y productores de aguacate

“La floricultura es tal vez el sector que más se afecta con la revaluación porque prácticamente toda la producción, 97 por ciento o más, se exporta, y todas las exportaciones se hacen en dólares, independientemente de que vayan para Estados Unidos, Asia o cualquier otro lado”, asegura Augusto Solano, presidente de la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores (Asocolflores).

El mercado internacional reconoce la variedad y calidad de las flores nacionales. Después de Países Bajos, Colombia es el segundo exportador mundial de flores. Aunque ocho de cada diez tallos que se despachan hacia Estados Unidos, las rosas, claveles, crisantemos y bouquets nacionales se venden en más de 100 naciones, y viajan tan lejos que llegan a Australia, Japón, Corea del Sur o Rusia.

Aunque las cifras aún no están consolidadas, Asocolflores calcula que en 2025 el sector exportó cerca de 2.500 millones de dólares, de los cuáles 2.000 millones, el 80 por ciento, fueron ventas a Estados Unidos.

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“Una caída de 100 pesos en la tasa de cambio significa menores ingresos para la floricultura en promedio de 250.000 millones de pesos. Es un impacto gigantesco el de la revaluación”, lamenta Solano, quien expresa su preocupación por el efecto que esto puede tener en la floricultura, un sector responsable de alrededor de 150.000 empleos formales.

Cada año, Colombia comercializa cerca de 300.000 toneladas de flores, y una de las temporadas clave es la de San Valentín, cuando se venden al menos 65.000 toneladas. Por estos días, mientras los floricultores ultiman sus pedidos de rosas y bouquets, el sector enfrenta un factor adicional: el impacto de un dólar barato.

Pero las flores colombianas no son las únicas que ‘hacen su agosto’ en febrero. Aunque los aguacates hass colombianos llegan a 30 países y alrededor de 60 por ciento de los envíos tienen como destino Europa, los productores vienen abriéndose paso en Estados Unidos desde hace un par de años, y el Superbowl que se celebrará el próximo domingo 8 de febrero es una ocasión en la que el producto colombiano ya tiene un espacio ganado.

El guacamole es, desde hace varios años, un ‘aperitivo obligado’ que acompaña a los estadounidenses en la final del campeonato de la Liga Nacional de Fútbol Americano. El año pasado, según datos de Corpohass, la Corporación de Productores y Exportadores de Aguacate Hass de Colombia, se enviaron cerca de 6.500 toneladas del producto para la ocasión, y por eso la temporada servirá de termómetro para las exportaciones de este año a ese destino.

“Colombia tiene para 2026 una gran oportunidad de consolidar su participación en los mercados internacionales. Ya somos el segundo proveedor de aguacate hass en Europa y el cuarto en Estados Unidos y esos dos destinos se están consolidando como los principales consumidores del aguacate hass colombiano”, asegura Katheryn Mejía, presidenta de Corpohass.

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A finales de febrero termina la cosecha principal del cultivo y, con ella, la asociación puede hacer sus proyecciones completas para el año. Preliminarmente estiman que en 2026 se exportarán 200.000 toneladas de aguacate hass colombiano. En esas cuentas, la tasa de cambio no les favorece.  

Así como los floricultores, el cultivo de aguacate hass tiene una vocación más que todo exportadora. En 2009 se creó en Antioquia la primera asociación de cultivadores de hass  por el auge que estaba teniendo ‘el oro verde’ a nivel internacional, y los primeros que se montaron en el negocio tenían un objetivo claro: llenar contenedores de aguacates y venderlos en otros países.

Este es un sector netamente exportador y por eso tiene un impacto fuerte la caída del dólar frente al peso. Esto disminuye de manera considerable los ingresos de los exportadores, que son quienes lideran la cadena del producto en el país”, explica Mejía. Este cultivo se da hoy en 17 departamentos y cerca de 250 municipios del país y cifras de la asociación destacan que se están generando 81.000 empleos formales con la actividad.

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El sector viene desde hace unos años aprendiendo y utilizando coberturas cambiarias, que son mecanismos financieros que protegen a los empresarios de la volatilidad de la moneda el efectuar operaciones a futuro pero fijando los precios a valores presentes de las divisas. Aunque esto les permite de alguna forma disminuir la volatilidad de la tasa de cambio, no los hace inmunes.

Cafeteros y bananeros tampoco se salvan del dólar barato

El producto agrícola de exportación por excelencia es el café colombiano. El año pasado el grano vivió su mejor temporada en más de tres décadas, con precios internacionales históricos y una cosecha que alcanzó los 13,67 millones de sacos en 2025, pero la pequeña bonanza parece estar disipándose. y el dólar, de nuevo, está asustando a los caficultores colombianos.

“En el café esa revaluación ha costado una pérdida de cerca de medio millón de pesos por carga, solo por efecto cambiario. Es decir, el mismo café, con el mismo esfuerzo, hoy genera menos ingresos para el productor”, advierte Germán Bahamón, presidente de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC).

En Colombia más de 550.000 familias dependen del cultivo de café, cerca de 2 millones y medio de personas, y de la producción del ‘mejor café del mundo’ se envía al exterior 93 por ciento de lo que se cultiva y cosecha. Los sacos de café colombianos llegan a 110 países, entre destinos tradicionales como Estados Unidos, a otros menos cercanos cultural, económica y geográficamente a Colombia, como Azerbaiyán o la República Centroafricana.

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Aunque a nivel nacional hay registro de alrededor de 2.000 exportadores de café, la mayoría son pequeños exportadores, según cifras de la Asociación Nacional de Exportadores de Café de Colombia (Asoexport).

Pero a diferencia de otros productos agrícolas, el precio del café no depende solo de la tasa de cambio. Gustavo Gómez, presidente de Asoexport explica que el dólar barato “sí tiene un impacto directo sobre el precio del café, pero no es tan lineal como en otros productos”.

El café cotiza internacionalmente en la Bolsa de Nueva York. Dada su alta volatilidad, los futuros del grano negocian un contrato específico para el café, el ‘Contrato C’, y este se usa como referencia para el precio internacional del café de Colombia y de otros cafés suaves. Además, el café colombiano goza de una prima de calidad en su cotización: un valor diferencial que lo favorece frente a los cafés de otros países.

“Una caída en el precio del dólar reduce los márgenes. Dado que el salario mínimo subió 23 por ciento, los costos de exportación suben y eso hace menos rentable el negocio. La función del exportador es llevar esos recursos a las regiones, pero si los ingresos bajan y los costos suben, la actividad se vuelve más difícil”, explica Gómez.

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Después del café y las flores, el tercer renglón agrícola de exportación es el banano, una actividad que genera 50.000 empleos directos en el país y supera los 1.000 millones de dólares en exportaciones al año. El año pasado se vendieron al exterior 135,6 millones de cajas de 20 kilogramos, un crecimiento de 21 por ciento frente a 2024. Pero a pesar del aumento en la producción y exportación, desde el año pasado los precios no favorecen a los bananeros.

“La apreciación del peso impacta directamente el flujo de caja del productor bananero. Vemos un desbalance en los pesos que están recibiendo por las ventas mientras que aumentan los costos de producción”, advierte Emerson Aguirre, presidente de la Asociación de Bananeros de Colombia (Augura).

En el país hay dos grandes zonas productoras de banano: el Urabá antioqueño y el Magdalena y La Guajira, por eso este sector tiene dos representaciones gremiales. Aguirre comenta que en particular en la región de Urabá las lluvias han golpeado en el inicio de año los cultivos que experimentan una “descompensación” por la falta de brillo solar.  “El gran reto de 2026 es que se equilibre la tasa representativa del dólar para equilibrar los costos”, dice.

Hoy el 62 por ciento de la producción bananera viaja a la Unión Europea, 15 por ciento a Estados Unidos y 14 por ciento al Reino Unido y por eso el sector depende de las exportaciones.

José Francisco Zúñiga, presidente ejecutivo de la Asociación de Bananeros del Magdalena y La Guajira (Asbama) asegura que “solo por efectos de revaluación, los ingresos de los productores están cayendo este año un 10 por ciento aproximadamente”.

En la zona norte del país en particular operan pequeños productores con predios de menos de tres hectáreas en promedio. Son alrededor de 450, según el presidente de Asbama. Y por eso no todos los productores tienen la misma preparación ni la misma capacidad para solventar estos impactos. 

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Mientras algunas empresas grandes cuentan con herramientas financieras y mayor escala, una parte importante del sector, sobre todo pequeños y medianos productores, tiene exposición casi total al tipo de cambio”, cuenta el dirigente gremial.

Zúñiga considera que el sector requiere de instrumentos de cobertura cambiaria accesibles, especialmente para pequeños productores, así como líneas de crédito y alivios financieros para absorber el impacto del aumento de costos laborales, atender los cultivos y prevenir enfermedades y plagas.

El agro colombiano genera cerca de 3 millones de empleos en el país, muchos de ellos de subsistencia. Millones de familias campesinas dependen de lo que produce la tierra. La baja productividad agrícola del país, los altos costos logísticos por el mal estado de las vías y los riesgos de seguridad limitan las posibilidades de muchos productores. Por eso las exportaciones son el camino que han encontrado ciertos productos, que con los años se han organizado y hoy llevan la bandera de Colombia a otros países.

La tasa de cambio depende de muchos factores, la mayoría no se pueden controlar a nivel local. Y aunque muchos colombianos están aprovechando la divisa barata, para los exportadores agropecuarios el dólar a 3.600 ya no es tan buen negocio.

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