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Lunes 4 de mayo de 2026
Asistentes participan en un encuentro informativo sobre oportunidades de estudio en el exterior. Crédito foto: Colfuturo.

Asistentes participan en un encuentro informativo sobre oportunidades de estudio en el exterior. Crédito foto: Colfuturo.

Entre apoyos y críticas: beneficiarios de Colfuturo se pronuncian sobre el fin de la financiación del Estado al programa

Tras el anuncio del fin de la financiación del Estado al programa, CAMBIO habló con algunos exbeneficiarios que expresan preocupación por el futuro de los jóvenes de clase media. En contraste, otros tomaron bien la noticia y consideran que esos recursos deberían invertirse en las universidades públicas del país.

Por: Juan David Cano

El 23 de diciembre de este 2025, en plena temporada navideña, Colfuturo anunció oficialmente que la promoción 2025 será la última en recibir recursos del Estado colombiano para el Programa Crédito Beca. Durante dos décadas, esta cooperación permitió que cerca de 25.000 colombianos cursaran maestrías y doctorados en el exterior, con una inversión conjunta de 892 millones de dólares, consolidando el programa más grande de su tipo en América Latina.

Sin embargo, a partir de 2026, Colfuturo entrará en una nueva etapa: operar sin recursos estatales, redefinir sus condiciones y buscar financiación adicional. Aunque esa fundación aseguró que los beneficiarios actuales mantendrán intactas las condiciones con las que fueron seleccionados, el anuncio desató una ola de reacciones entre exbeneficiarios. Algunos ven en la noticia una amenaza directa a la movilidad social y al acceso de la clase media a la educación internacional y otros, por el contrario, ven la medida como necesaria.

“Sin la ayuda de Colfuturo no hubiera podido estudiar con recursos propios”

Laura Angarita fue beneficiaria de Colfuturo en 2022. Estudió una maestría en Derechos Humanos en Inglaterra y actualmente sigue viviendo allí. Así recuerda el momento en que supo que había sido seleccionada: “cuando recibí la noticia de que había seleccionado por Colfuturo, lo primero que pensé y sentí fue muchísima alegría. La verdad es que lloré de la felicidad”, dijo en entrevista con CAMBIO. 

En su testimonio, Angarita insiste en un punto que se repite entre muchos beneficiarios: la clase social. “Soy una persona de clase media que nunca sin la ayuda de Colfuturo hubiera podido venir por recursos propios y tampoco era una opción endeudarme con un banco. Aunque Colfuturo no es una beca, sino un crédito-beca, es muy flexible y si piensa mucho en ese ideal de impulsar la educación superior”, dijo.

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Sobre el papel que jugó Colfuturo en su posibilidad real de estudiar en el exterior, es categórica: “sin Colfuturo no hubiera existido la posibilidad de estudiar en Inglaterra. Nadie tiene 50.000 dólares, o al menos en mi caso, debajo del colchón”.

Clase media, ¿la más golpeada?

El anuncio del fin de la financiación estatal despertó en Laura una sensación que se repite en otros testimonios: tristeza y preocupación por quienes vienen detrás. “Creo que, más allá de debates políticos y pasionales, las personas adineradas de Colombia podrán seguir estudiando en el exterior; sin embargo, para estudiantes de clase media como yo, estudiar afuera no será viable. Es un golpe para los estudiantes de clase media colombiana”.

Cuando se le pregunta directamente qué sintió al conocer la desfinanciación por parte del Estado, su respuesta es clara y emocional: “Pues la verdad siento mucha tristeza, y que los estudiantes más afectados van a ser los de clase media. Sin embargo, también siento mucha curiosidad porque me gustaría que se explicara, entonces, adónde irá la plata que no va a ser destinada a Colfuturo en los próximos años. ¿En qué parte de la educación superior se va a invertir en Colombia y cómo se va a invertir ese dinero?”.

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“Era el programa más importante para soñar”

Víctor Saavedra Mercado, director general de Atenea (Agencia Distrital para la Educación Superior, la Ciencia y la Tecnología) y exbeneficiario de Colfuturo, también reaccionó al anuncio desde una experiencia de vida marcada por el programa. “Desde que volví de hacer una maestría en Harvard a los 27 años, apoyado por Colfuturo, porque no tenía la plata para ir, me he dedicado a apoyar a decenas de jóvenes para que vayan a las mejores universidades del mundo”.

Saavedra subraya que el acceso a universidades de élite no es exclusivo de las élites económicas: “La gente cree que ir a Harvard o una universidad así es solo para los ricos. Eso no es cierto. Requiere trabajo y preparación, además de buenas notas y buenas recomendaciones de profesores o jefes”.

Y recuerda el alcance histórico del programa: “Era un crédito beca (50-50) que se condonaba si se volvía al país. Recibe recursos de donaciones del sector privado y ha recibido durante 20 años aportes del Ministerio de ciencias. Eso le ha permitido apoyar a 25.000 jóvenes colombianos”.

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Saavedra cuestiona directamente la decisión: “Hoy es Navidad y mi pensamiento está con los miles de jóvenes que están aplicando a una de esas universidades, y que no van a poder recibir la financiación de Colfuturo en un par de meses”. Y concluye: “Hay otras opciones claro, pero se acaba por pura ideología con el programa más importante para que los jóvenes de la clase media y vulnerable colombiana puedan soñar con estudiar en Harvard”.

Las voces disonantes: “Colfuturo se debería acabar”

Pero no todos los exbeneficiarios comparten esta visión. Alejandro Farieta, doctor en educación y desarrollo internacional y también exbeneficiario de Colfuturo, sostuvo en un grupo de beneficiarios una postura contraria y cuestiona de fondo el programa. “Llego tarde al debate pero quiero dar mi argumento de por qué creo que Colfuturo se debería acabar”.

Farieta plantea una crítica económica directa: “En 2021, cuando vine a estudiar, llegaron 200 colombianos a estudiar únicamente al Reino Unido. Colfuturo le giró al Reino Unido unos 10 millones de dólares al año. Ese dinero, como ya muchos han cuestionado, no retorna al país y, si retorna, lo hace más por quienes se quedan afuera y envían plata a Colombia que por quienes vuelven a trabajar en Colombia, quienes también aportan a la economía, pero, dada la falta de infraestructura y oportunidades laborales, ese aporte es más bien limitado”.

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Y compara ese gasto con la inversión en educación pública: “Al año se escapan de Colombia 60 millones de libras esterlinas, que equivalen a unos 300.000 millones de pesos colombianos: el presupuesto de la Universidad Nacional y la Universidad de Antioquia juntas. Incluso desde un punto de vista económico, la relación costo/beneficio del programa Colfuturo es terrible en comparación con financiar educación pública a nivel nacional”.

Su crítica va más allá de las cifras y apunta al modelo mismo: “Creer que Colfuturo ha sido un gran beneficio para la educación en Colombia es no entender cómo funciona la educación como negocio y no como formación, como debería ser.”

En entrevista con CAMBIO, Juan Pablo Martínez, exbeneficiario de Colfuturo, también reconoce que, aun valorando profundamente el programa, existen críticas estructurales que no pueden ignorarse. “Me sentí feliz de saber que iba a poder estudiar en el exterior. Sin embargo, también era consciente de la enorme responsabilidad que tendría que adquirir, dado que es una deuda, prácticamente”.

En medio de este debate, Martínez citó una reflexión que circula entre beneficiarios y que, según él, ayuda a entender el problema desde una perspectiva más amplia de política pública. Se trata de un texto de Juan Felipe Pérez, también exbeneficiario de Colfuturo:

“Defender a Colfuturo es necesariamente defender el status quo. Implica aceptar sin condiciones la idea de la responsabilidad individual que sostiene el orden neoliberal en el que vivimos, basado en la meritocracia y en políticas de igualdad de oportunidades, no de igualdad de resultados”, dijo Pérez.

Y añade: “No hay una obligación explícita para aplicar y decidir tomar el crédito que la fundación ofrece. Sin embargo, eso tampoco prueba que no haya constricciones estructurales implícitas que sí obliguen a las personas a financiar sus estudios de posgrado con Colfuturo”.

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En su reflexión, Pérez plantea que estudiar un posgrado en el exterior no siempre es un capricho, sino una alternativa racional frente a los bajos salarios en Colombia, y que Colfuturo terminó funcionando como “prácticamente la única opción” por la flexibilidad que ofrece frente a otros programas. Esto no implica, sin embargo, que el programa deje de generar en algunos beneficiarios una carga financiera importante, acompañada de múltiples presiones que deben tenerse en cuenta.

Martínez coincide parcialmente con ese diagnóstico y, aunque no cree que Colfuturo deba desaparecer, sí ve con buenos ojos que el Estado se replantee su papel: “Por lo pronto, probablemente Colfuturo no vaya a dejar de existir, pero el riesgo de que muchas personas terminen en situaciones precarias a causa de un préstamo denominado en dólares que no pueden pagar sí se reduzca”.

Finalización del artículo