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Lunes 4 de mayo de 2026
José Ismael Peña, nuevo rector de la Universidad Nacional. Crédito: Cortesía Universidad Nacional.

“Tenemos que aprender a trabajar en medio de la diferencia”: habla José Ismael Peña tras asumir la rectoría de la Universidad Nacional

José Ismael Peña, nuevo rector de la Universidad Nacional. Crédito: Cortesía Universidad Nacional.

Casi dos años después de su primera elección y en medio de un paro estudiantil, José Ismael Peña fue reconocido como rector de la Universidad Nacional. En diálogo con CAMBIO, habla de quienes no lo reconocen, los retos académicos urgentes y de cómo reconstruir la relación institucional con un gobierno que se opuso a su posesión inicial.

Por: Juan David Cano

Este 19 de febrero, el Consejo Superior Universitario de la Universidad Nacional firmó la resolución que hizo efectiva una decisión adoptada desde 2024: José Ismael Peña es el rector. La determinación llegó tras una orden del Tribunal Superior de Bogotá y en medio de un campus en paro estudiantil.

Ingeniero de sistemas y profesor de la Nacional desde hace varios años, Peña fue elegido en marzo de 2024 y posteriormente apartado del cargo en medio de una disputa sobre la validez del proceso. Desde entonces, la universidad atravesó un periodo de incertidumbre institucional, en el que el liderazgo pasó a manos de Leopoldo Múnera por un tiempo, pero el nombramiento fue anulado por el Consejo de Estado, y Andrés Mora llegó para desempeñarse como rector encargado solo por un par de meses.

Ahora, con el cargo oficialmente en sus manos, pero con una comunidad universitaria dividida, Peña habló con CAMBIO sobre los retos que enfrenta su administración, las estrategias que planea implementar, el futuro de la universidad y cómo será su relación con sus detractores.

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CAMBIO: Usted ya fue oficialmente reconocido como rector tras casi dos años de disputa. ¿Cuál es su mensaje inicial para la comunidad universitaria?

José Ismael Peña: El mensaje principal es que tenemos que aprender a trabajar juntos incluso en medio de los desacuerdos. Por supuesto, existen posturas distintas con varios grupos de estudiantes y profesores, pero el mensaje es a mantener la calma. Debemos continuar con nuestro trabajo académico, con las clases y los proyectos de investigación; seguir adelante y resolver esas diferencias en el marco de una discusión académica y racional.

CAMBIO: Sobre esos desacuerdos, muchos estudiantes argumentan que su elección no reflejó la consulta interna que hizo la Universidad. ¿Cómo piensa construir esa confianza con quienes no lo reconocen como rector?

J.I.P.: Lo primero es entender que el proceso de elección de rector tiene unas reglas de juego claras y que, en este momento, son las que debemos acatar, como lo dicen los fallos del Consejo de Estado. Dentro de la vida académica tenemos que saber que cualquier desacuerdo frente a las normas, los procedimientos o la manera como manejamos nuestros currículos debe discutirse para irlas cambiando en el momento adecuado. Insisto en que tenemos que trabajar juntos.

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CAMBIO: Actualmente hay un paro en la Universidad. Usted habla de trabajar en equipo para construir en comunidad universitaria. ¿Cuál es la propuesta concreta para sentarse a dialogar con quienes están en paro?

J.I.P.: Tenemos que escucharlos y sentarnos a dialogar, identificar los diferencias y también los puntos en común, que son muchos; creo que la mayoría lo son. A partir de esas coincidencias y de las diferencias, debemos construir juntos el devenir de la Universidad, tanto en el futuro inmediato como en el mediano y largo plazo.

CAMBIO: Todo el conflicto por la elección del rector reabrió el debate sobre la autonomía universitaria y el papel del Consejo Superior. ¿Está dispuesto a impulsar reformas al mecanismo de elección?

J.I.P.: En este momento, el Plan Global de Desarrollo aprobado por la Universidad contempla un proceso constituyente que está avanzando. Lo que debemos hacer de manera inmediata es fortalecerlo para que todos los profesores, estudiantes y administrativos nos vinculemos a esa discusión y, colectivamente, construyamos el futuro de la institución. Por eso, el llamado es a sentarnos a trabajar y a dialogar, y a continuar con ese ejercicio para construir juntos la Universidad Nacional que el país y las regiones necesitan en el futuro inmediato.

Tenemos muchos retos. Por ejemplo, los cambios que debemos hacer en un mundo donde la Inteligencia Artificial está transformándolo todo de manera rápida y radical. ¿Cómo estamos formando a nuestros estudiantes para enfrentar esos desafíos, adoptar esas tecnologías y convertirse en mejores profesionales? También debemos discutir cómo, como comunidad académica, aportamos al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, a la búsqueda de la paz y a la construcción de un país más justo.

Enfrentamos amenazas como la crisis climática y las violencias asociadas al narcotráfico en varias regiones. La Universidad Nacional, la academia y el sistema de educación superior colombiano tienen un papel fundamental que cumplir. Para ello, debemos superar las dificultades que tenemos hoy y enfrentar esos retos que enfrenta la sociedad, las regiones y el país.

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CAMBIO: A propósito de ese diálogo que menciona para impulsar reformas dentro de la Universidad. Si en algún momento se propone reformar el mecanismo de elección del rector, ¿estaría de acuerdo?

J.I.P.: Por supuesto, es la comunidad universitaria la que debe decidir colectivamente y tomar esas determinaciones. Como administración, nosotros defenderemos lo que esa comunidad defina.

CAMBIO: Más allá de la crisis política, la Nacional enfrenta problemas de presupuesto, infraestructura, bienestar estudiantil y seguridad. ¿Cuáles serán sus prioridades de gestión?

J.I.P.: Debemos concentrarnos en los asuntos curriculares y académicos. Tenemos una Universidad que, en muchos aspectos, necesita adaptarse para enfrentar los retos del presente y del futuro inmediato. Por ejemplo, debemos revisar los posgrados: cómo facilitamos que los estudiantes que trabajan puedan desarrollar sus investigaciones y cursar sus materias, y al mismo tiempo buscar mecanismos de financiación para quienes estudian disciplinas donde no es fácil trabajar, como las ciencias básicas o las ciencias humanas, y así fortalecer esos programas.

Para ello es necesario entender las particularidades de cada comunidad académica. No podemos aplicar soluciones generales a todos los posgrados o pregrados. Es urgente concentrarnos en las transformaciones que debemos hacer en el corto plazo. Si no lo hacemos, el número de estudiantes, no solo en la Universidad Nacional, sino en todo el sistema de educación superior, puede disminuir.

Además, la formación universitaria no es simple instrucción. Alguien podría decir que hoy todo se encuentra en internet, pero la Universidad no es solo instrucción: es formación como ciudadanos y seres humanos integrales y éticos. No tiene sentido graduar profesionales técnicamente competentes si luego incurren en actos de corrupción, afectan comunidades con sus decisiones o dañan el medio ambiente.

Debemos repensar cómo estamos haciendo las cosas desde el punto de vista académico para que nuestro trabajo beneficie a comunidades cada vez más amplias.

CAMBIO: Usted habla de los retos educativos. Sin embargo, tiene otros retos como el estigma que carga la universidad relacionado con disturbios y encapuchados. ¿Qué propone para contrarrestar esos estereotipos tan dañinos?

J.I.P.: Las protestas que existen en este momento por parte de algunos estudiantes frente a esta rectoría han sido pacíficas y se han dado en un marco de discusión racional. Yo creo que la etapa en la que esas manifestaciones derivaban en violencia ya pasó; considero que, en buena medida, hemos superado ese proceso.

Lo que debemos hacer es visibilizar ante los medios de comunicación el trabajo de más de 3.000 profesoras y profesores y de más de 60.000 estudiantes de pregrado, maestría, doctorado y especialidades médicas y farmacéuticas, quienes desarrollan investigaciones que benefician a la población, a los seres humanos y al planeta. Ese es el rostro real de la Universidad.

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CAMBIO: Ya para ir cerrando, ¿cómo será la relación con el Gobierno nacional? ¿Puede la Universidad estar en buenos términos con el Gobierno, teniendo en cuenta que en algún momento no reconoció su mandato?

J.I.P.: Independientemente de las discusiones que puedan darse en cualquier momento, la Universidad Nacional tiene más de 150 años de trabajo con todos los gobiernos y con partidos de distintas corrientes a lo largo de la historia de Colombia. Las discusiones no son personales, son institucionales. 

Además, la ley establece que la Universidad tiene la obligación de prestar apoyo técnico y científico a las entidades del Estado en los niveles nacional, departamental, territorial y municipal. Esperamos que esa relación continúe y, por el contrario, se fortalezca aún más. Aquí no se trata de una persona, sino de una institución que está al servicio de la Nación.

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CAMBIO: Con todo lo anterior, ¿cómo se imagina la Universidad cuando termine su mandato? ¿Cuáles son esos grandes objetivos que le permitirían decir “lo logramos”?

J.I.P.: El poder identificar cómo adaptamos académicamente nuestros cursos y currículos, y cómo avanzamos en una verdadera integración curricular entre las distintas disciplinas. Cómo articulamos las ciencias con las humanidades y con la gestión, y logramos una Universidad más integrada desde el punto de vista académico.

El objetivo es formar profesionales que no estén en riesgo laboral frente a los cambios tecnológicos. Hoy, muchas noticias hablan de destrucción de empleo, pero nosotros debemos pensar lo contrario: cómo nuestros estudiantes, desde su formación, se fortalecen con el uso de la tecnología. No se trata de rechazarla, sino de incorporarla plenamente. Que un médico, un filósofo o un lingüista cuenten con todas las herramientas tecnológicas necesarias para que su trabajo sea cada vez mejor.

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