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Domingo 3 de mayo de 2026
Se seleccionaron 70 ciudadanos de los más de 2.000 inscritos para participar en los Ciclos Deliberativos. I Foto: Fundación Corona

Se seleccionaron 70 ciudadanos de los más de 2.000 inscritos para participar en los Ciclos Deliberativos. I Foto: Fundación Corona

Diálogos que transforman: la juventud sí quiere participar en la construcción de políticas públicas de Bogotá

Con un grupo diverso e incluyente, los ciclos deliberativos en Bogotá convocaron a la ciudadanía a crear colectivamente soluciones al manejo de los residuos y recuperar la confianza en la participación democrática.

Por: Rainiero Patiño M.

En medio de un ambiente marcado por la polarización política y el abstencionismo electoral, una narrativa se repite con frecuencia: la juventud no quiere participar. Pero, en Bogotá, los Ciclos Deliberativos demostraron lo contrario. Miles de personas jóvenes se inscribieron, decenas fueron seleccionadas por sorteo y 17 de ellas terminaron influyendo de manera directa en decisiones que hoy hacen parte de la implementación del Plan Distrital de Desarrollo.

Bajo el liderazgo de la Alcaldía de Bogotá, en alianza con el Extituto de Política Abierta y la Fundación Corona, los Ciclos Deliberativos —también conocidos como Asambleas Ciudadanas— se adoptaron en 2024 como una herramienta para la construcción de ciudad a partir del diálogo entre Gobierno distrital y ciudadanía, de acuerdo con las bases conceptuales y los fundamentos del Plan Distrital de Desarrollo 2024-2027: Bogotá Camina Segura.

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Desde el inicio, estos ciclos han sido ejemplo de cómo quienes ejercen o aspiran a cargos de elección popular pueden incorporar mecanismos deliberativos en sus proyectos e incluir a la juventud como participante esencial en ellos.

A Camila Campo, una joven abogada miembro del cabildo indígena de la localidad de Suba, la invitación le llegó a través de una publicidad en redes sociales. Sin mucha confianza llenó el formulario. Todavía era estudiante, pero siempre le han apasionado las conversaciones sobre políticas públicas. Días después recibió un correo: más de 2.300 personas se habían postulado y la selección de las 70 que participarían en la deliberación, representando estadísticamente a toda la población de la ciudad, sería por sorteo. Pensó que no tenía posibilidades de ganar esta lotería de participación cívica.

Juan José Leguizamón se enteró del proceso a través de una promoción en Chatico, el asistente virtual de la Alcaldía. En esos días terminaba sus estudios universitarios. Se inscribió, votó algunos temas y luego le avisaron sobre el sorteo. Después le llegó la invitación para participar en las asambleas. No fue tan complicado.

El joven de 28 años tenía experiencia en la discusión pública sobre temas nacionales, pero, según sus palabras, “esta nueva experiencia fue muy distinta”. Vive en la localidad de Engativá y ahora que ya terminó sus estudios como politólogo, cree que la clave estuvo en la participación de tantas voces diversas.

La importancia de inscribirse, participar y decidir

Aunque son una propuesta única, estos ciclos en Bogotá están inspirados en el ya clásico concepto del giro deliberativo, una corriente de diseño de política pública que propone que la construcción de decisiones no se base sólo en datos objetivos, sino que también incluya las propuestas y conversaciones ciudadanas. Deliberar para fortalecer las decisiones que afectan a la ciudadanía, sobre todo teniendo en cuenta las opiniones de personas que históricamente han sido excluidas de estos espacios.

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Los ciclos están dirigidos a toda la ciudadanía, organizaciones formales y no formales, entidades distritales, equipos técnicos, sector privado, medios de comunicación y académicos. En ellos, las visiones, preguntas y propuestas de la juventud juegan un rol fundamental. La imagen es potente: un grupo de ciudadanas y ciudadanos seleccionados aleatoriamente para deliberar sobre un problema de ciudad para aportar soluciones a la administración distrital. Un modelo que le da gran valor a la participación en la toma de decisiones de ciudad, porque el actor público cede poder en un tema relevante para que la forma de solucionar el problema se haga de la mano con las personas asambleístas.

En la ecuación pesa un elemento nuevo para algunos: el sorteísmo. Un concepto clave en el desarrollo de los ciclos, si se tiene en cuenta que, según el ‘Estudio de Jóvenes en Sociedad’, de Cifras y conceptos, LSE, Next Gen C, El Tiempo y la Fundación Corona, el 61 por ciento de las personas jóvenes encuestadas consideran que es muy importante vivir en un país gobernado democráticamente.

Así el sorteísmo (mecanismo utilizado en los ciclos para seleccionar a las y los participantes de manera aleatoria) tiene un papel fundamental en esta historia, pues permite que en los ciclos haya una representación equitativa de la gran diversidad bogotana y además promueve un diálogo profundo entre la ciudadanía seleccionada. No en vano estas asambleas se suelen denominar “mini públicos”.

El ejercicio es sencillo: un proceso de selección que busca una inclusión equitativa a través de la aleatoriedad, para promover la diversidad en las deliberaciones. Una idea que evoca y se inspira en el kleroterion, la máquina de la antigua Grecia mediante la cual se seleccionaban funcionarios públicos y jurados de manera aleatoria.

El primer año, el objetivo fue deliberar sobre cómo deberían ser las reglas de los siguientes ciclos, definidas por la ciudadanía. Por ejemplo, ellos mismos decidieron cómo seleccionar los temas y cómo llegar a acuerdos. En 2025, este ejercicio fue reglamentado mediante la Resolución 1378 de la Secretaría Distrital de Planeación, a partir de la deliberación realizada con la ciudadanía.

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¿Por qué estos ciclos para una ciudad como Bogotá?

El modelo moderno de estos ciclos comenzó en Canadá hace 30 años. El alcalde Carlos Fernando Galán decidió aplicarlo en Bogotá como un mecanismo de diálogo con la ciudadanía incluido en el plan de desarrollo, pues, aunque la ciudad cuenta hoy con más de 1.000 instancias, los índices de participación son muy bajos. Por ejemplo, solo el 30 por ciento de las personas en Bogotá se sumó a los espacios de participación convocados por el Estado en 2025, según la última encuesta de Bogotá Cómo Vamos.

Durante todo el proceso fue clave el rol de la Secretaría de Planeación de Bogotá. Úrsula Ablanque, jefa de la entidad, considera significativo que de las 2.747 personas inscritas, 40 estuvieran en el rango de 14 a 17 años y 366 entre 18 y 28 años. “Eso quiere decir que la gente joven está buscando espacios para participar, porque lo que queremos es que la juventud se enamore de la democracia”, afirma.

Dayana Sánchez es ingeniera, tiene 23 años y en el momento de los ciclos vivía en el barrio San José Sur, en la localidad de Rafael Uribe Uribe. Para ella fue una experiencia nueva: nunca había participado en uno de estos espacios, los cuales —según cuenta— le “sirvieron para fortalecer ciertas habilidades de comunicación y análisis”.

Mauricio Peña tenía 15 años cuando, en una jornada de la Mesa Local de Bosa, le informaron sobre estos ciclos. Le interesó que le hablaran de un espacio diverso y abierto para todas las personas, no para unas pocas. Había jóvenes, adultos mayores, personas con discapacidad, población afro, indígenas y habitantes de Sumapaz: una muestra representativa de Bogotá. Por eso dice que fue muy significativo para él, tanto a nivel personal como comunitario.

Le gustó que desde las primeras jornadas tuvieran conversaciones con expertos de la Alcaldía, la Secretaría de Ambiente, la Secretaría de Educación y la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP), así como de la Fundación Corona.

Este modelo de participación garantiza la presencia de personas de todas las localidades —rurales y urbanas—, de todos los estratos, con equidad de género y de los 11 grupos diferenciales establecidos por proporción estadística, incluyendo una categoría especial para jóvenes desde los 14 años, como Mauricio. El proceso completo se desarrolló en seis jornadas.

Las personas asambleístas contaron con garantías de participación, como una remuneración económica por cada día de asistencia, incentivos para alimentación, transporte público y una zona de cuidado para mujeres cuidadoras de niños, adultos mayores o personas con discapacidad.

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Participar sí sirve

Una ciudad de más de 8 millones de habitantes, 20 localidades, más de 6.000 toneladas de basura diarias y un grupo de personas pensando cómo mejorar su manejo. Por iniciativa de los asambleístas y en coordinación con la Alcaldía de Bogotá, el tema priorizado fue la gestión de los residuos sólidos. La deliberación giró en torno a todo el proceso: desde lo que se dispone en los hogares hasta lo que recoge el camión recolector, siempre dentro del marco de las regulaciones legales.

Mauricio explica que el tema también se definió con base en la coyuntura que vivía la ciudad en ese momento y que “la propuesta fue crear una gran lista de ideas sobre cómo mitigar el tema de los residuos y su separación”.

Antes de la primera jornada, las personas participantes recibieron contenidos sobre democracia, participación y deliberación. Luego tuvieron dos días presenciales de formación, con el acompañamiento de funcionarios y del propio alcalde Galán. Después, cuatro días de deliberación para diseñar ideas y soluciones a partir de lo aprendido y discutido. De manera simultánea, se realizaron encuestas sobre confianza y participación.

En este proceso quedaron sobre la mesa propuestas sólidas sobre la recolección diferenciada de residuos y preguntas como ¿para qué se divide en la casa si al final todo se mezcla en el mismo camión?, o ¿debería haber una recolección para lo aprovechable y otra para lo no aprovechable?

Para lograr mayor efectividad, las personas participantes identificaron que en Bogotá hay una falta generalizada de educación ambiental, no sólo entre la juventud, y que la ciudad está mal informada sobre el manejo de residuos, pues muchas personas no saben qué es basura y qué no lo es. Otro punto de consenso fue pensar qué se hace con los residuos orgánicos, que representan más del 75 por ciento de los desechos en los hogares.

De ahí surgió una pregunta clave: ¿qué puedo hacer con lo que no es basura y hasta ahora creía que lo era?

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Cómo se aplica en Bogotá y una ventana de oportunidad

El Ciclo Deliberativo 2025 terminó el 27 de octubre y las recomendaciones fueron entregadas a las entidades correspondientes. A finales de enero de 2026 se iniciaron las mesas técnicas para definir qué propuestas se incorporarán.

El balance de propuestas fue amplio y positivo. Actualmente, la Alcaldía revisa las 19 finales para definir desde qué sector o de qué manera integral se incorporarán a las acciones que se iniciarán en 2026.

“Parte de la construcción de confianza con la ciudadanía es el ejercicio que vamos a iniciar ahora con los resultados de los Ciclos Deliberativos, para que tengan incidencia en políticas públicas del Distrito, destacando que los jóvenes tienen una aproximación bien interesante, y más vigilantes de que las cosas pasen en la ciudad”, dijo la secretaria Ablanque.

La experiencia con los ciclos también muestra que las personas jóvenes se convierten en motores de cambio. Fue novedosa la aproximación al manejo de residuos a través del arte, por ejemplo, con la composición de una canción por parte de una joven de 15 años. Un punto clave es que la propuesta final de los Ciclos quedó incluida en el Plan Distrital de Desarrollo, con presupuesto propio.

Muchos llegaron a las reuniones sin saber separar residuos y terminaron convirtiéndose prácticamente en expertos. Juan José cuenta que aplicó lo aprendido en su casa: “lo que demuestra que la pedagogía sí funciona”. Mauricio Peña confiesa que llevó sus conocimientos nuevos a su colectivo barrial y a su colegio, para impulsar cambios en la gestión ambiental. Camila dice que siente el compromiso de replicar la experiencia que vivió en las asambleas. Y Dayana piensa que la pedagogía es muy importante en estos procesos.

Camila Campo concluye con una frase que resume el espíritu del proceso:

“Me quedo con algo que dijo una funcionaria de Planeación: ‘Sabemos que la hemos embarrado. Por eso están ustedes aquí’”. Escuchar a la juventud, incluirla, deliberar con ella y darle poder real de decisión puede ser una gran ventana de oportunidad para los nuevos líderes políticos, justamente, el primer paso para hacerlo mejor. 

En estos primeros meses del año, las candidaturas a la Presidencia de la República están creando sus programas de gobierno, con el objetivo de que sean la base del próximo plan de desarrollo nacional. Los ciclos deliberativos en Bogotá son un ejemplo que debería inspirar a estos equipos para construir con la juventud estas propuestas.

*Contenido elaborado con apoyo de Fundación Corona.

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