Ernesto Fajardo.
Entrevista al presidente del Grupo Alpina: “Estamos mirando cómo solucionar a través de los alimentos parte de los retos que tiene la salud”
En un país donde la inmensa mayoría de las empresas se quiebra antes de llegar a los cinco años, es interesante conversar con el presidente de una que cumple ochenta años de vida. Se trata de Alpina, una de las empresas más queridas por los colombianos.
Por: Patricia Lara
El presidente del grupo, Ernesto Fajardo, es un bogotano pilo, de 61 años, hincha de Millonarios, aficionado al salto de caballo (en su foto de WhatsApp aparece él saltando a caballo), padre de tres hijos, administradores de empresas como él, egresado de la facultad de administración de empresas de la Universidad del Rosario y especializado en negocios en Washington University y en Northwestern University. Fajardo llegó a Alpina luego de tener más de 20 años de experiencia al frente de empresas importantes como Monsanto, donde fue presidente para Latinoamérica y vicepresidente para Estados Unidos, y del grupo Orbis, donde fue presidente para Colombia. Desde el año 2013 preside el Grupo Alpina, el cual hoy conforma un conglomerado empresarial que incluye las compañías Boydorr, que fabrica productos beneficiosos para la salud, así como Clover Sonoma -empresa de lácteos con sede en California-, Don Maíz, Kiosko, Prowhey, Alpina y la Fundación que lleva su nombre.
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CAMBIO: ¿Cómo fue la historia de esa familia suiza que vino a Colombia y fundó Alpina?
E.F.: Terminaba la Segunda Guerra Mundial y en Suiza las cosas estaban difíciles. Allá, la gente se preparaba no solamente en carreras largas, sino también en alternativas técnicas. Y una de ellas era ser maestro quesero. Para ese entonces, Walter Googel había terminado de estudiar esa profesión y estaba a punto de casarse. Entonces le propuso a su señora la aventura de venir a Latinoamérica para conocer el mercado de quesos, ya que había visto una oportunidad de ir a Ecuador. Así, se establecieron cerca de Quito y empezaron a planear cómo producir quesos. Vivieron un tiempo allá, pero se presentaron enfermedades en el ganado y alguien les dijo que Colombia podía ser una mejor opción. Entonces vinieron a Bogotá. Un día visitaron el valle de Sopó, que es tan bonito, y les pareció que guardaba coincidencias con Suiza, sin la nieve, claro está. Entonces decidieron establecer su casa en ese municipio e iniciaron el negocio de manera muy artesanal. Después invitaron a Max Bäenzinger, socio que habían tenido en Suiza y que también viajó a Ecuador, a que viniera a Colombia. Montaron Alpina y, hace 80 años, empezaron a producir quesos maduros.
CAMBIO: Y supongo que también montaron un hato de vacas Holstein.
E.F.: Claro. Al mismo tiempo empezaron a comprar lotes alrededor y a criar una genética de vacas Holstein que permitiera obtener la calidad de leche que necesitaban para elaborar quesos maduros.
CAMBIO: ¿Qué clase de quesos eran?
E.F.: Brie, Emmental, Gruyere, Parmesano. Eran productos que necesitaban un poco de educación en términos de consumo. Y hoy todavía seguimos trabajando en eso, pues es un mercado que aún tiene mucha oportunidad de crecimiento. Ya después produjeron quesos como el azul, que también es delicioso, pero muy fuerte. Entonces, había todo un tema de desarrollo que tenía que ver con la capacidad de producir, la capacidad de comercializar y la capacidad de educar sobre cómo deberían consumirse esos quesos en Colombia.
CAMBIO: Y hoy en día, ¿cuál es el queso más vendido de Alpina?
E.F.: El Parmesano rallado que se ofrece como acompañamiento. El siguiente es el Mozarella, que se utiliza en muchísimas preparaciones: sándwiches, lasañas etc.… Y el siguiente es el queso Finesse, que tiene menos grasa.
CAMBIO: De los quesos curados, ¿cuál es el más solicitado?
E.F.: Después del Parmesano, el Gruyere y el Emmental. Y después vinieron los yogures, y más adelante la avena y el arequipe.
CAMBIO: ¿Exportan mucho arequipe?
E.F.: Sí. Los productos más importantes de exportación son la avena, el arequipe y el yogur. Uno a veces va a España y encuentra el Bon Yourt, el Arequipe Alpina o la Avena Alpina. Creo también que se debe a la nostalgia que les da a los colombianos o latinos que viven allá y conocen esos productos. Y son productos de muy buena calidad. Y eran muy artesanales; pero la compañía tomó la decisión de industrializarlos para que duraran más tiempo y tuvieran buena calidad y hoy la avena es el tercer producto de venta de Alpina en Colombia y el Arequipe es el octavo.
CAMBIO: ¿Cuál ha sido el mayor logro de Alpina en estos 80 años?
E.F.: Sin duda, el que Alpina sea una compañía muy querida. Es que el colombiano, además de apreciar los productos por su calidad y sabor –cosa que lógicamente es importante–, quiere mucho la marca. Nosotros realizamos estudios en los que se mide el Top of Mind, que se averigua cuando se le pregunta a la persona cuál es la primera marca que se le viene a la mente. Y en ese ranking estamos bien ubicados en Colombia. Pero hacemos otro que se llama Top of Heart, que mide en porcentaje qué tan cercana está a la marca al corazón de la gente, y ahí quedamos de primeros de lejos. La segunda marca creo que es Ramo y después vienen Bavaria y Postobón, las compañías típicas. Pero Alpina lleva varios años en que se conserva en el Top of Heart. Y cuando una mamá piensa en un producto para sus hijos, inmediatamente se le viene Alpina a la cabeza. Acompañamos a las familias durante toda su vida con diferentes productos y creo que ese cariño por la marca, más allá de los productos, es lo que ha garantizado su continuidad y relevancia.
CAMBIO: Entiendo que uno de los grandes logros de ustedes ha sido conseguir que los campesinos sean más productivos. ¿Cómo ha sido ese proceso?
E.F.: Por la necesidad que tuvimos de conseguir una leche de mejor calidad nos fuimos a diferentes fincas que producían leche. Pero ella fue insuficiente a medida que fue creciendo la demanda. Además, hay épocas del año en que aparecen las heladas y en la sabana cundiboyacense la producción de leche baja significativamente. Eso nos hizo empezar a movernos a otros departamentos. Nos fuimos a Antioquia, Cauca y Nariño, y cuando llegamos a esos sitios no encontramos ganaderos que tuvieran extensiones grandes, sino campesinos con algunas vacas que eran insuficientes para montar un tanque de frío que se requiere para poder recoger la leche y mantener la calidad. Entonces Alpina empezó a trabajar con ellos en asociatividad, con el fin de que entre ellos pudieran comprar un tanque y, así, ya los camiones pudieran ir a recoger la leche. Y no solamente hacíamos eso, sino que realizábamos unas visitas para enseñarles a tener una mejor genética para que sus productividades y su calidad fueran las que necesitábamos. Todo eso llevó a que el trabajo con esas asociaciones fuera mucho más allá de vender la leche. Entonces se asociaron también para construir colegios, para tener mejores casas, y aprendieron a trabajar juntos, a colaborar. Hoy, el promedio de producción de leche en Colombia puede estar alrededor de cinco o seis litros por vaca y nosotros, aquí, logramos llegar a 15 o 16 litros, tres veces más. De modo que los empoderamos para que ellos, a través de su asociatividad, fueran mucho más productivos, de una forma más sostenible. Ahora necesitan muchas menos vacas para producir la misma cantidad de leche.
CAMBIO: ¿Qué hace la Fundación Alpina?
E.F.: Se creó hace 16 o 17 años. Y salió de una de esas experiencias que hemos tenido con los campesinos para mejorar su productividad agropecuaria y, a través de eso, mejorar su calidad de vida. Así empezamos a mirar en el país dónde había necesidades e identificamos el Cauca como uno de los departamentos en los que existía déficit nutricional y el que podíamos intervenir. Después nos movimos hacia La Guajira, pero también llegamos a Santander y ahora estamos trabajando en Vichada. La Fundación empezó a montar proyectos y arrancamos con temas netamente agropecuarios, que giraran en torno a que la gente tuviera su granja y fuera autosuficiente. Y cada vez estamos impactando de formas diferentes a esas comunidades. Tanto en el Cauca como en La Guajira empezamos a trabajar con las comunidades en temas de subsistencia, para que tuvieran resueltas sus necesidades alimentarias básicas y produjeran más. Y comenzaron a intercambiar productos entre unos y otros. Unos sembraban sandía y otros yuca. Y así sucesivamente. Y hoy tenemos muchas comunidades que ya crearon hasta supermercados, como en el norte de La Guajira, en Nazareth: son esas mismas ocho comunidades con las que venimos trabajando desde hace ocho años y que ya no solamente producen, sino que comercializan. Y hemos descubierto que hay una serie de buenas prácticas –que nosotros llamamos laboratorios–, que ayudan a que se creen ciertas capacidades para desarrollar una vida que les permita prosperar. Estamos trabajando en eso en varios departamentos, con un impacto importante en las comunidades.
CAMBIO: Pero en La Guajira, donde no hay agua, ¿cómo hacen para desarrollar productos agrícolas y ganaderos?
E.F.: No hay agua en términos de acceso. Pero si hay pozos. Entonces, en muchos de los municipios donde estamos operando, lo primero que hacemos es una intervención para generar la capacidad de construir pozos y sacar el agua. Con base en esos pozos se montan unos sistemas de riego que son básicos, pero que son por goteo, y que garantizan que durante el año pueden mantener sus cultivos. Arrancamos en tres comunidades y ya vamos en ocho.
CAMBIO: ¿El propósito de la Fundación es mejorar la nutrición de los colombianos?
E.F.: Es mejorar la condición de nutrición en esas regiones, a través de modelos que sean sostenibles en el tiempo y que se puedan replicar. Porque lo ideal sería trabajar con las gobernaciones y lograr que ellas mismas promovieran este tipo de procesos para que lográramos un cubrimiento mucho más amplio.
También hemos realizado algunos proyectos interesantes en el Cauca en materia de inclusión de mujeres y ahí hemos trabajado con algunas otras fundaciones alrededor de darles a ellas capacidad de generar ingresos. Para ello les entregamos cerdos, cien gallinas y, en algunos casos, pescados. La inclusión de la mujer ha tenido unos resultados muy buenos por los cambios en el papel que ella juega en el hogar y en su familia.
CAMBIO: ¿Y han intervenido en el programa ‘Hambre Cero’?
E.F.: Hace tiempo lo que hacíamos era que, como disponíamos de unos productos que tenían una vida útil corta y que necesitábamos donar, encontrábamos dónde estaban esas comunidades que podían necesitarlos. Pero eso lo cambiamos hace unos años y ahora les entregamos las donaciones al Banco de Alimentos. Esa entidad junta a muchas compañías, organiza la forma de entregar esos alimentos y pensamos que ellos lo hacen mejor que nosotros.
CAMBIO: Hablemos de los alimentos médicos líquidos.
E.F.: Hace cuatro años adquirimos una compañía que se llama Boydorr, una empresa de emprendedores colombianos que tenían experiencia en esos productos. Más allá de los lácteos hay productos más especializados como los nutracéuticos, o productos para uso médico especial, que tienen una garantía nutritiva que hace que un paciente con cierta condición pueda recuperarse rápidamente o que lo pueda consumir, por ejemplo, si es diabético. Si es una persona que tiene un problema renal y está participando en ciertos tratamientos, necesita un producto especial. Y esta compañía fabrica unos productos que son específicos para cada una de esas necesidades. Esos productos normalmente se utilizan en los hospitales.
CAMBIO: ¿Y esa compañía es de ustedes?
E.F.: El 60 por ciento es nuestro y el 40 por ciento todavía es de sus fundadores. Pero es una compañía de la que seguimos aprendiendo muchas cosas que podemos también transferir a los productos lácteos. Por ejemplo, ver cuáles son los beneficios que tienen esos productos que se utilizan allá, que son generalmente curativos, y cómo algunas de esas características las podemos poner en algunos de nuestros productos para que, en un mundo donde cada vez vivimos más, tengamos una mejor calidad de vida. Así podremos empezar a ofrecer esos productos no para cuando estoy en el hospital, sino para que, día a día, pueda por ejemplo tomar un yogur delicioso que también me brinde defensas.
CAMBIO: ¿Cómo es el tema de los alimentos que previenen la pérdida de masa muscular?
E.F.: Es difícil que los alimentos, por sí solos, la prevengan. Pero hay unos que ayudan, como los productos que tienen mayor proporción de proteína, y si se toman cuando se hace ejercicio, ayudan a fortalecer la masa muscular. Hemos lanzado unos yogures griegos que tienen 20 gramos de proteína en cada porción y son líquidos.
CAMBIO: Ustedes que están innovando en esos productos medicinales ¿se están dirigiendo hacia el desarrollo de una nueva nutrición?
E.F.: Esa es una pregunta muy relevante. Ahora estamos tratando de ver más el tema de la nutrición avanzada. Estamos mirando cómo solucionar a través de los alimentos parte de los retos que tiene la salud. Lo que estamos mirando es cómo ser capaces de solucionar parte de los retos que tiene la salud a través de los alimentos. Inclusive hoy, en Estados Unidos, hay un término que se llama FAM, Food As a Medicine, y consiste en que, en vez de tener que esperar hasta enfermarme, pueda consumir alimentos que me den lo que yo necesito si tengo alguna deficiencia, de modo que yo puedo suplirla con los alimentos. Eso, sin tener que usar remedios. Para hacer eso, en Alpina hemos creado el Instituto Alpina de Investigación que ha sido calificado a nivel A por el Ministerio de Ciencias. Y trabajamos con el Centro Latinoamericano de Nutrición.
También creamos una dirección científica. Ella tiene una líder que está mirando cuáles son las tendencias de alimentación que son importantes hacia adelante, y que están relacionadas con temas de proteína. En Estados Unidos se llama Good Health. Es la salud del estómago, que es muy importante. Todo lo que nosotros utilizamos como alimento impacta de alguna manera la salud y, en el caso de los yogures, los probióticos y los prebióticos, ayudan a que el estómago tenga una mayor capacidad de digerir lo que estamos comiendo o y disponga de mayores defensas. En el estómago pasan muchas cosas. Es decir, cuando uno a veces ve algo que lo entusiasma o no, dice “tengo mariposas en el estómago” y esas mariposas en el estómago son la reacción de un ácido que libera el órgano. Y si uno no tiene un microbioma bien desarrollado, es más susceptible a enfermarse. Entendiendo eso, conformamos una junta médica con médicos de mucha experiencia por fuera de Colombia y en Colombia. Son tres médicos que nos están ayudando a mirar cuáles son esas tendencias que tienen que ver con cómo me tengo que alimentar. Cuáles son esos nutrientes que necesito obtener y cómo eso impacta esa flora intestinal que ayuda a que la salud esté más protegida y a dispongamos de más defensas.
Eso significa que, cuando me estoy alimentando, también esté consumiendo productos que me mejoren la probabilidad de tener una longevidad más saludable.
CAMBIO: Hablemos de la expansión de Alpina en el mundo. ¿En qué países están y qué planes de expansión tienen?
E.F.: Estamos en Ecuador, Venezuela y Estados Unidos, pero exportamos a otras 11 naciones.
CAMBIO: ¿Cómo les va con Venezuela?
E.F.: El negocio que tenemos hoy puede ser una cuarta parte de lo que teníamos en el 2006. Pero se ha venido recuperando lentamente; todavía es un negocio pequeño, sin embargo participamos. La marca Alpina está allá y hemos podido mantener la planta. Allá el consumo per cápita de quesos es mayos que el de Colombia. Eso hace atractivo ese mercado para nosotros.
CAMBIO: ¿Y con Estados Unidos se les han complicado las cosas?
E.F.: Hasta ahora lo que se ha complicado es que, a nivel general, Estados Unidos impuso unos aranceles que han encarecido los productos que exportamos desde Colombia.
CAMBIO: ¿Qué en cifras es cuánto?
E.F.: Diez millones de dólares, que es poco, pero de todas maneras impactan.
CAMBIO: Pero eso no obedece al problema que puede haber entre Petro y Trump, sino a la política de aranceles de Trump.
E.F.: Sí, se debe a esa política de aranceles. Nuestro negocio grande en Estados Unidos es Clover Sonoma, una empresa que tenemos en California. Es la marca líder en el norte de ese estado. Es una compañía de lácteos que compramos hace como cuatro años y medio. Sobre todo, vende leche orgánica y con Certificación Humane, un sello de calidad que tiene que ver también con el trato que se les da a las vacas. Nosotros hicimos esa adquisición porque es una marca que cumplió ya 100 años. Y es muy querida por los californianos. El de California es un consumidor diferente, pero creemos que ahí hay una oportunidad buena: venimos creciendo como al 50 por ciento en el sur de California. Es un negocio que nos viene funcionando bien en un estado muy innovador,
CAMBIO: ¿Cómo es lo del trato “humane” a las vacas?
E.F.: En Estados Unidos hay que cumplir con una cantidad de requisitos y para obtener el Certificado Humane las vacas tienen que salir a pasto como seis horas mínimo al día; deben tener cierta cantidad de comida; no pueden recibir antibióticos y hay que garantizar que el animal esté bien tratado; además de que es orgánica en términos de lo que consume. Ese es un sello que tenemos en California y que marca la diferencia porque al californiano todas esas cosas le importan: cómo se produce el lácteo, qué come la vaca, cómo la tratan. Entonces tenemos una leche que tiene un valor agregado muy importante.
CAMBIO: ¿Cómo está la relación de Alpina con el presidente Petro?
E.F.: Tenemos unas relaciones con el Gobierno que son muy importantes alrededor de todo lo que tiene que ver con regulación. El Invima visita nuestras plantas permanentemente. Pedimos registros, y acudimos al Ministerio de Comercio cuando tenemos temas de exportaciones. Entonces, técnicamente, hemos tenido que trabajar con el Gobierno y, con el presidente Petro, digamos que no ha habido nada diferente a que él es el presidente de Colombia, pero nosotros no hemos tenido ninguna relación específica fuera de lo que tiene que ver con el negocio.
CAMBIO: ¿Ni ha habido roces?
E.F.: No. Lo único es que él dijo que no le gusta la leche.
CAMBIO: Hablemos un poco de usted. ¿Verdad que le gusta el salto?
E.F.: Sí. Mis abuelos tenían una finca y había caballos. Está todavía en San Antonio del Tequendama, en un sitio que se llama Santander. Nosotros íbamos todos los fines de semana y hacíamos cabalgatas. Y poníamos los caballos a saltarse las cunetas y las mangueras. Esos caballos eran de trocha. Un día se enredó uno, dio un bote, se cayó y mi hermano se abrió la cabeza. Entonces mi mamá decidió que si los niños querían saltar, les tocaba entrenar. Y nos llevaron a la academia Lindaraja, que ya no existe, y allí aprendimos a saltar. Lo hicimos durante un tiempo y después, ya en la universidad, dejamos de montar. Pero a mí siempre me han gustado los caballos. Y después de que regresé a Colombia volví a montar. Y me encanta competir. No soy el más joven del grupo, pero todavía compito bien.
CAMBIO: Dicen que es hincha de Millonarios…
E.F.: Es una pregunta cruel en este momento. ¡Hace unas semanas perdimos con el Unión Magdalena! Pero el amor por el equipo está ahí. Me da un poco de lástima por el entrenador, porque siempre lo culpan. Espero que al nuevo técnico le vaya bien y que los que están lesionados puedan volver: todavía tenemos chance de entrar entre los ocho primeros.
CAMBIO: Usted tiene dos hijos y una hija…
E.F.: Sí, y todos son administradores de empresa.
CAMBIO: ¿Y cómo ve el futuro de sus hijos en este país?
E.F.: Ese es un tema interesante. Yo estaba en Estados Unidos trabajando en una compañía en la cual me iba relativamente bien y después de estar cinco años allá, aunque el trabajo era muy interesante, pensamos en el día a día y en nuestros hijos y nos dijimos: ‘esto no es lo mismo que Colombia’. ¿Y nosotros aquí? Entonces con mi esposa decidimos devolvernos. Aquí hay muchas cosas para criticar, pero siempre las hay en todas partes. Nos parecía que el arraigo y saber uno de dónde es, son temas muy importantes. Es importante ser de alguna parte. Y uno en Estados Unidos es un ‘alien’. Así que decidimos devolvernos. Se trataba también de darles a los hijos ese sentido de familia que en Estados Unidos no teníamos. Y ellos están muy, muy contentos acá. Aquí hay una cantidad de retos gigantescos, pero a mí me parece que si uno logra que la gente que es capaz y que tiene esas posibilidades se quede acá, hay más posibilidades de que salgamos adelante. Uno cuando está acá no se da cuenta, pero cuando uno se va afuera sí: la gente aquí es espectacular. Yo vivo aquí muy feliz y espero nunca tener que irme. Y trabajamos duro aquí todos los días para que el país sea mejor, para ofrecer más oportunidades y para que a través de ellas más gente se quiera quedar. Aquí hay unos desafíos que son difíciles de enfrentar. Pero ¿dónde no hay retos? Hoy, un sitio donde no pase nada, es muy difícil de encontrar. En todas partes hay dificultades. Las nuestras son muy duras, pero pienso que por eso estamos en el país: porque tenemos que poner de nuestra parte para sacarlo adelante.