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Lunes 4 de mayo de 2026
La victoria relativa y sorprendente de la izquierda en Francia

Los líderes de la izquierda: Jean-Luc Melenchon, Mathilde Panot y Manuel Bompard.

Foto: REUTERS

La victoria relativa y sorprendente de la izquierda en Francia

Eduardo Sánchez analiza, en exclusiva para CAMBIO, el inesperado triunfo de la coalición de izquierda en Francia.

Por: Eduardo Sánchez

Las elecciones del Parlamento Europeo que tuvieron lugar en junio de este año dieron como ganador en Francia al partido de extrema derecha, “Rassemblement National” (RN, Reagrupamiento Nacional), versión “desdemonizada” del “Front National” (FN, Frente Nacional), fundado en 1972 por Jean-Marie Le Pen, nostálgico del nazismo, negacionista, nacionalista antieuropeo, racista y torturador durante la guerra de Argelia. El partido del presidente Emmanuel Macron, “Rennaissance” (Renacimiento), fue el gran perdedor. Ante esta situación, Macron dio la gran sorpresa y decidió, sin consultar ni a su partido ni a su Primer ministro, disolver la Asamblea Nacional y convocar a elecciones legislativas anticipadas, arriesgando llevar al poder la extrema derecha, destruir su partido y dejar sin gobierno al país 15 días antes de que empiecen en París los Juegos Olímpicos.

No obstante, en la segunda vuelta de este domingo 7 de julio, los resultados fueron sorprendentes porque la victoria la obtuvo una izquierda que, meses antes, estaba casi moribunda. Ocurrió que, en efecto, el temor a la extrema derecha fue más fuerte que le divorcio de los franceses con la clase política tradicional, especialmente con la izquierda, hasta el punto de que concurrió a las urnas un número récord de votantes: en estas elecciones hubo un 67,1 por ciento de participación, mientras que en la elección presidencial de 2017 hubo 42,6 por ciento y en la del 2022 hubo 46,2 por ciento.

Macron fue perdedor en la jornada: aunque su grupo se colocó de segundo, sus tropas no le perdonan la pérdida de un gran número de diputados y, seguramente, la próxima pérdida del poder. Edouard Philippe, su Primer ministro entre 2017 y 2020, declaró esta noche que este es el fin del macronismo. Y Gabriel Attal, su Primer ministro actual, dejó claro en su discurso sobre los resultados, que él no estuvo de acuerdo con la disolución de la Asamblea.

Sin embargo, el fracaso de Macron va más allá de los resultados: es un fracaso de los objetivos que se fijó al llegar al poder. Emmanuel Macron llegó por primera vez a la presidencia francesa en 2017, con solo 39 años (el presidente más joven de la historia francesa) y sin ninguna experiencia en elecciones. Luego de ganar una pequeña fortuna como banquero de negocios, Macron, en ese momento miembro del Partido Socialista, fue nombrado en 2014 ministro de economía del presidente socialista François Hollande. Pero se retiró rápidamente del gobierno para fundar su propio partido y postularse a la presidencia de la República, con dos grandes objetivos en mente: “modernizar” la economía francesa, es decir, liberalizar lo poco que quedaba del “Estado de bienestar” propio de las social-democracias europeas; y “atomizar” la dicotomía derecha-izquierda que había compartido el poder de la Quinta República francesa desde su creación en 1958.

No obstante, la votación del domingo, en lugar de confirmar la desaparición de los dos bloques tradicionales, señala la resurrección de la izquierda y la afirmación de tres grandes bloques:

  • La izquierda, agrupada en un Nuevo Frente Popular (NFP) que reúne La Francia Insumisa (LFI) del líder populista Jean-Luc Mélenchon, el Partido Socialista (PS), los Ecologistas (EELV), el Partido Comunista (PC) y Plaza Pública, ala centrista del PS. Con grandes diferencias entre sus miembros, este NFP logró definir un programa común en un tiempo récord y escoger candidatos comunes. A la medianoche la alianza de izquierda reunía 194 diputados.
  • El macronismo, agrupado bajo el nombre “Ensemble” (Juntos), a esa hora tenía 166 diputados.
  • Y RN pasó de esperar la mayoría absoluta de la Asamblea a tener 143 diputados elegidos a medianoche.

Como se puede ver en esas cifras, ninguno de estos tres grupos consiguió la mayoría absoluta de 289 diputados. Ante esta situación de ingobernabilidad, Macron tiene dos posibilidades para obtener una mayoría:

  • Hacer una alianza de partidos “republicanos” que excluya a los dos partidos considerados extremos: el LFI a la izquierda y el RN a la derecha.
  • Formar un gobierno de personalidades técnicas, independientes de los partidos, como ha ocurrido en Bélgica y en Italia, por ejemplo.

Ambos casos implican largas discusiones y profundos compromisos, algo a lo cual el sistema político francés está poco acostumbrado. El principal problema de la primera solución tiene que ver con que una de las principales razones de la desafección del pueblo francés, particularmente de sus clases desfavorecidas y media, hacia los grupos políticos tradicionales, es la desaparición de las diferencias entre izquierda y derecha en el ámbito económico, ya que ambos campos han aplicado soluciones liberales. La izquierda en el poder adoptó las políticas liberales de control presupuestal y privatización de varios de los servicios públicos que estaban en el centro del Estado social de bienestar, apartándose, así, de las bases populares que constituían la mayoría de sus votantes: el Partido socialista pasó de ser el partido de las clases populares, al partido de las élites educadas, de los cuadros. Aliados con los ecologistas, impusieron una serie de medidas necesarias para el control climático, pero mal vistas por las poblaciones rurales, que se vieron abandonadas en favor de las poblaciones citadinas, más educadas y cercanas de los centros económicos y de poder. Las únicas diferencias visibles entre izquierda y derecha tenían que ver con los derechos individuales (derecho al aborto, al matrimonio homosexual, etc), temas poco sensibles para las clases populares. Como lo dijo el humorista estadounidense Stephen Colbert, a propósito de las políticas anti-inmigración de Biden: son las mismas de Trump, pero los muros son libres de gluten y los alambres de púas están a favor del aborto.

Si se quiere que esta derrota relativa de la extrema derecha no sea temporal, y se busca evitar que el descontento popular permita en unas próximas elecciones (las presidenciales de 2027) la llegada al poder de Marine Le Pen, jefa del RN, debe haber un cambio en las políticas económicas. Como dice Daron Acemoglu, profesor de economía del MIT, “para recuperar el apoyo y la confianza de la ciudadanía, la democracia debe ser más favorable a los trabajadores y a la equidad”.

Finalización del artículo