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Lunes 4 de mayo de 2026
Por fin Macron pudo conformar nuevo gobierno en Francia

Foto: REUTERS

Por fin Macron pudo conformar nuevo gobierno en Francia

Eduardo Sánchez analiza cómo pudo, por fin, el presidente francés Emmanuel Macron constituir un nuevo gobierno. Sin embargo, lo más probable es que pronto le llegue una moción de censura. “Todo parece indicar que estamos solo en una pausa y que el caos político francés tiene todavía una larga vida por delante”, afirma el corresponsal de CAMBIO en Europa.

Por: Eduardo Sánchez

Las últimas elecciones legislativas francesas y la formación del nuevo gobierno que acaba de anunciarse le han ofrecido un protagonismo sorprendente e inesperado a la mitología clásica greco-romana en la política gala. De un lado, la disolución de la Asamblea, decidida de manera personal, sin consultar ni a su partido ni a su primer ministro, y cuando nada lo obligaba a tomar esa arriesgada decisión, fue una nueva muestra de la arrogancia del presidente Macron, que muchos comparan con Júpiter en su estilo de gobierno. Más recientemente, el nombramiento como primer ministro de Michel Barnier, miembro del partido de derecha Los Republicanos (LR), que obtuvo solo 47 diputados de los 577 que conforman la Asamblea, e ignoró a la mayoría de diputados (193) obtenida por el bloque de izquierda Nuevo Frente Popular (NFP) y a la mayoría de votos (11 millones) obtenida por el partido de extrema derecha Reagrupamiento Nacional (RN), colocó a Barnier en una posición de gran inestabilidad, donde la selección de los ministros se asemejó a uno de los trabajos de Hércules. Ese arduo proceso terminó este sábado, luego de dos semanas de difíciles discusiones y compromisos. Felizmente, para la derecha que toma el poder, que considera la religión cristiana como un elemento fundamental de la identidad francesa, y que se cree atacada por la inmigración, es un principio cristiano y no uno pagano el que está en el centro de las decisiones de Macron: los últimos serán los primeros.

Antes de analizar la composición del nuevo gobierno, recordemos cómo se llegó a esta situación. Todo comenzó con las elecciones europeas de junio 2024, que se saldaron por un retroceso del partido de Macron y un gran avance del RN, partido xenófobo y con orígenes fascistas. Siguió la disolución sorpresiva de la Asamblea, que se terminó con una derrota del macronismo y la división en tres grandes bloques, ninguno mayoritario: la izquierda, unión de 4 partidos en el NFP; los macronistas de Renacimiento o Juntos por la República (EPR); y la extrema derecha del RN. El LR de Barnier, derecha tradicional heredera de las ideas de Charles de Gaulle, se encontraba por fuera de esos tres bloques hasta el nombramiento del nuevo primer ministro. Aunque la Constitución da entera libertad al presidente para nombrar su primer ministro, que luego escoge los miembros de su gobierno, lo normal es que el elegido sea un miembro del bloque mayoritario de la Asamblea, para evitar que esta vote una moción de censura en su contra. La ausencia, en este caso, de un bloque mayoritario, implica entonces el acuerdo entre dos bloques, acuerdo liderado lógicamente por uno de los bloques vencedores, el NFP o el RN. Pero, contra esta lógica democrática, Macron decidió ignorar la voluntad de cambio expresada en la votación, cambio a la derecha o a la izquierda, pero, en todo caso, sin los macronistas, nombrando un primer ministro LR, uno de los grupos más pequeños de la Asamblea, para aplicar una política de derecha, que sea del agrado del RN, evitando así la moción de censura, sin integrar el RN en el gobierno.

Emmanuel Macron tardó dos meses para nombrar a Michel Barnier, conservador de 73 años conocido principalmente por haber sido el negociador del brexit por la Unión Europea, gobernando Francia durante ese tiempo con un gobierno dimisionario y transitorio. Y fueron necesarias dos semanas más para anunciar los 40 miembros del nuevo gobierno, 20 mujeres y 20 hombres: un primer ministro, 19 ministros, 15 ministros delegados y 5 secretarios de estado. De los 19 ministros, 5 son de LR, 7 de EPR, 2 del Modem (partido de centroderecha), 1 UDI (centrista), 1 Horizontes (partido de Edouard Philippe, antiguo primer ministro de Macron), 2 de derechas diversas y uno de izquierdas diversas (el nuevo ministro de la justicia, 72 años, antiguo diputado del partido socialista, sin ninguna actividad política durante los últimos 15 años).

El peso pesado del gobierno es Bruno Retailleau, nuevo ministro del interior, figura del ala más conservadora de LR. Retailleau, que es ministro por la primera vez, a los 63 años, es un católico tradicionalista, cercano de las políticas del RN de preferencia nacional frente a la inmigración y de dureza en materias de seguridad.

Este gobierno confirma entonces, una vez más, el desplazamiento del centro hacia la derecha: después de declararse ni de izquierda ni de derecha (“en même temps”, al mismo tiempo, es una de sus fórmulas predilectas), Macron ha terminado por aliarse con el ala más conservadora de la derecha tradicional y por aceptar que la extrema derecha de Le Pen actúe de árbitro: la dirección del RN anunció que espera las primeras acciones del gobierno para decidir si vota una moción de censura. Esta primera acción será seguramente el voto del presupuesto 2025, que debe hacerse antes del fin de este año: ante un déficit récord, la tentación será grande de aumentar los impuestos, línea roja que el RN amenazó como imposible de atravesar.

Al lado de estos aspectos económicos, el ala progresista del macronismo, encarnada por el anterior Primer ministro, Gabriel Attal, ha manifestado su inquietud sobre algunas de las eventuales concesiones que se le harán al RN en campos societales como el derecho al aborto y los derechos de la comunidad LGBT. En efecto, entre los miembros del gobierno se encuentran figuras del catolicismo más tradicional y, por ejemplo, fue solo a último momento que Laurence Garnier, una de las principales activistas del movimiento contra el matrimonio homosexual, no fue nombrada secretaria de la familia sino del consumo.

La principal pregunta que suscita este gobierno es la de su duración: ¿cuándo será víctima de una moción de censura? A pesar de ser el gobierno más derechista de Francia desde la presidencia de Nicolas Sarkozy (2007-2012), Marine Le Pen, la jefa del RN, ya anunció que será un gobierno transitorio. Y, hecho muy revelador, las grandes figuras de la derecha no aceptaron hacer parte del gobierno, reservándose seguramente para una candidatura presidencial en el caso de un impasse total que conduzca Macron a su dimisión (la Constitución no permite una nueva disolución de la Asamblea antes de un año). Todo parece indicar que estamos solo en una pausa y que el caos político francés tiene todavía una larga vida por delante.

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