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Lunes 4 de mayo de 2026
Donald Trump y Gustavo Petro · Foto: Kim Vega-CAMBIO.

Donald Trump y Gustavo Petro

Foto: Kim Vega-CAMBIO.

Tensión entre Donald Trump y Gustavo Petro podría escalar a “cosas terribles”: organización Wola

La directora para los países andinos de la Oficina de Washington para asuntos Latinoamericanos, Gimena Sánchez, sostiene en entrevista con CAMBIO que la actual situación podría alcanzar niveles “peligrosos” porque el gobierno de Estados Unidos “está usando la definición de terrorismo para hacer lo que quiera”.

Por: Marisol Gomez

Gimena Sánchez, quien además de dirigir lo relacionado con los países andinos en la Oficina de Washington para asuntos de América Latina (Wola) se encarga del  seguimiento a las relaciones de Colombia con el Gobierno y el Congreso estadounidenses, considera que en medio de la escalada que están protagonizando los presidentes Donald Trump y Gustavo Petro podría haber también un bloqueo a la ayuda indirecta que recibe Colombia de la ONU y otras agencias, lo que se sumaría a la ampliación de los operativos antidrogas más allá del Caribe. No descarta un congelamiento de relaciones hasta que haya un nuevo gobierno en nuestro país.

Precisamente frente a la destrucción de lanchas en el Caribe (y ahora también en el Pacífico), supuestamente cargadas de droga, afirma que la situación puede empeorar porque las voces críticas de Trump en el Congreso “tienen miedo” de cuestionarlo por la “agresividad” que ha mostrado con quienes se le oponen. 

En esta entrevista con CAMBIO, Sánchez asegura que al gobierno de Estados Unidos no le importa no tener un asidero legal para incluir a Petro y su familia en la lista Clinton. “Ha justificado sanciones contra el juez Alexandre de Moraes de Brasil (que condenó al expresidente Jair Bolsonaro) diciendo que él comete violaciones de derechos humanos y es corrupto, cuando en realidad él es el juez que está tratando de investigar y prevenir esa situación. Entonces, son capaces de hacerlo (contra Petro), y yo no sé con qué justificación”, añade.

Dice, además, que la “animosidad republicana contra Petro” viene desde mucho antes de que fuera presidente de Colombia. “Atacaban a Petro diciendo de manera irresponsable que él era un terrorista, que iba a destruir la democracia. Luego entran Trump y el secretario de Estado (Marco Rubio), que es justamente del grupo de los republicanos que tienen los puestos más importantes en la Cámara Baja, en términos de financiación a Colombia”, anota Sánchez. 

Pero la directora de Wola para los Andes también es enfática en que el presidente colombiano no se ayuda. “Petro no les gusta, pero tampoco creo que Petro se ayude. No da mensajes claros, si está tratando de defender las acciones de su Gobierno, se pierde en exageraciones, en un mar de cosas”, agrega. 

Todo esto, dice, “ha llevado a una percepción errada sobre Colombia y sobre Petro en Washington”. 

Y considera que tanto el presidente de Estados Unidos como el de Colombia han dicho cosas que no demuestran con evidencia, como la afirmación de Trump según la cual una de las embarcaciones atacadas en el Caribe llevaba fentanilo, o que cada lancha destruida ha salvado la vida de 25.000 estadounidenses. Y en el caso de Petro, quien ha dicho que la guerra contra las drogas ha provocado un millón de muertos en América Latina. “Son posiciones para alimentar las pasiones de ambos lados”, subraya Sánchez. 

Finalmente señala que “es absurdo que estemos con dos hombres peleándose por Twitter, a pesar de las repercusiones tan enormes que eso tiene”, y que alguien debe convencer a Petro de actuar con la claridad de saber con quién “está lidiando” en Estados Unidos. 

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CAMBIO: ¿Hay evidencia de que una de las lanchas bombardeadas por Estados Unidos en el mar Caribes próximo a Venezuela transportaba fentanilo, como afirmó el presidente Donald Trump?

Gimena Sánchez: Nosotros no hemos visto ninguna evidencia, pero tampoco de que uno de los barcos tenía personas del ELN o narcotraficantes. Se han hecho estas afirmaciones y no se le ha mostrado al mundo la evidencia, ni al Congreso de Estados Unidos. Incluso con esa evidencia no podrían matar personas desde el aire de esa manera. Mencionan fentanilo, aunque es cocaína la droga que en general llega desde Colombia, y creo que lo hacen porque el fentanilo mata a muchas personas en Estados Unidos y es un tema muy emocional aquí. Lo dicen para hablar a sus bases y justificar que están defendiendo a los estadounidenses de esta horrible droga.

CAMBIO: El presidente Trump ha dicho también que con cada lancha destruida él ha salvado la vida de 25.000 estadounidenses. ¿En qué podría sustentar esa afirmación?

G.S.: Yo pienso que no tiene ninguno sustento. Y al mismo tiempo (Gustavo) Petro ha dado algunas cifras de colombianos afectados por el consumo de cocaína (ha dicho que en medio de la guerra contra las drogas han perdido la vida un millón de latinoamericanos), pero todo es una posición política muy peligrosa. No dicen de dónde provienen esas informaciones con las que están creando pánico, y que al final del día no ayudan en nada a combatir el tema del narcotráfico, que necesita un combate conjunto de los dos países.

CAMBIO: En el contexto de la actual tensión entre Estados Unidos y Colombia, ¿qué implica que tanto Trump como Petro usen la retórica y no la evidencia para hablar a sus electores?

G.S.: Lo que están haciendo es alimentar las pasiones de ambos lados. Trump, justificando que su gobierno es el duro que va contra el narcotráfico, y Petro, diciendo que es un ataque del imperialismo. Esas dos retóricas, lo único que están haciendo es escalar el problema. Más allá de quitar la visa o de cortar la ayuda, de la que ya no quedaba mucha porque la habían recortado como a 210 millones de dólares, creo que esto puede escalar a cosas terribles.

La animosidad contra Petro viene desde mucho antes de que fuera elegido presidente de Colombia. Desde su campaña, los que apoyan a Donald Trump en el sur de Florida, especialmente en el Congreso, han atacado a Petro diciendo de manera irresponsable que él era un terrorista, que iba a destruir la democracia. Luego entran Trump y el secretario de Estado (Marco Rubio), que es justamente del grupo de los republicanos que tienen los puestos más importantes en la Cámara Baja, en términos de financiación a Colombia. Desde el primer día se llevaron mal y llegaron los roces diplomáticos. No es ninguna sorpresa que descertificaran, fue una decisión política. Petro no les gusta, pero tampoco creo que Petro se ayude. No da mensajes claros, si está tratando de defender las acciones de su Gobierno, se pierde en exageraciones, en un mar de cosas, y aquí no se entiende eso.

CAMBIO: ¿Quiénes han sembrado la animosidad contra Petro?

G.S.: En el sur de la Florida hay congresistas como Mario Díaz-Balart, Carlos Jiménez, María Elvira Salazar, el senador Rick Scott y Marco Rubio, cuando era senador, que tienen relaciones muy cercanas con el uribismo, con (Álvaro) Uribe directamente, y con la oposición colombiana. Y ha habido intercambio desde mucho antes de que Petro llegara al poder. Hemos visto delegaciones de congresistas de la oposición, alcaldes no necesariamente alineados con la visión de Petro; ha habido reuniones con (Iván) Duque, Vicky Dávila. Yo pienso que la visión de Colombia la transmitieron ellos. Esto ha llevado a una percepción errada de Colombia y de Petro, que es muy personalizada. Hay que despersonalizar la relación y tienen que ser los medios diplomáticos que manejan los temas. Siempre hubo muy buenas relaciones con Estados Unidos, diálogos entre los ministros de allá y de aquí. Es absurdo que estemos con dos hombres peleándose por Twitter, con las enormes repercusiones que esto tiene.

CAMBIO: ¿La información que Trump tiene sobre Colombia es la que le transmiten estos congresistas republicanos? 

G.S.: Y si él tiene otra información, quiere estar en esa línea, pero ellos son para él la vanguardia de los latinoamericanos en el país. 

CAMBIO: ¿Podrían ellos encontrar un asidero legal para decir que Petro tiene nexos con el narcotráfico y con el terrorismo, e incluirlo en la lista Clinton?

G. S.: Han justificado sanciones contra el juez Alexandre de Moraes de Brasil (que condenó a Jair Bolsonaro) diciendo que él comete violaciones de derechos humanos y es corrupto, cuando en realidad él es el juez que está tratando de investigar y prevenir esa situación. Entonces son capaces de hacerlo, y yo no sé con qué justificación.  

CAMBIO: ¿Pero no hay controles de la justicia estadounidense? 

G.S.: El Departamento de Justicia tendría que ser quien mira eso, pero hemos visto que hasta ahora ha hecho todo lo que dice Trump. Lo primero que hicieron fue sacar a todos los de la investigación del 6 de enero de 2021 (por el asalto de partidarios del Trump al Capitolio con la intención de impedir la certificación de las elecciones presidenciales que ganó Joe Biden), que era la investigación más grande que tenían. A todos los agentes que trabajaban en el tema los echaron, porque para Trump los del 6 de enero eran prisioneros políticos. Ahí empezaron con la purga en el Departamento de Justicia de quienes no son leales. Sacar del gobierno a quienes no están con la agenda del Ejecutivo, es algo sin precedentes en este país, donde siempre se ha respetado la carrera y las voces diversas dentro de las mismas agencias, porque las decisiones se tomaban con base en evidencia. Con un Departamento de Justicia así, no hay ninguna garantía de que no pueden inventarse algo o buscar una justificación. 

CAMBIO: ¿Y qué ambiente predomina en el Congreso de Estados Unidos hoy, tanto frente a Trump como frente a Petro?

G.S.: Frente a Trump, obviamente los republicanos tienen el poder, son la mayoría en ambas cámaras, y los que no están totalmente en la misma línea de él tienen miedo de expresar sus opiniones o de empujar mucho a la administración. Empujan si es por algo doméstico, de su distrito. De cierta manera, todo lo de política exterior se ha sacrificado. Los demócratas realmente no tienen suficiente poder. Hay preocupaciones verbalizadas por senadores sobre los bombardeos (de lanchas), no solo por la violación del Derecho Internacional Humanitario, sino también por la categorización del narcotráfico como terrorismo y por hacer todo esto sin consultar al Congreso. La parte internacional ha ido a un segundo plano en términos de pelea con esta administración, y además el gobierno está cerrado, el Congreso no está funcionando. Lo de Colombia no es el gran tema aquí y creo que eso es más peligroso porque hace que la administración Trump actúe más agresivamente.

CAMBIO: ¿Qué puede significar para Colombia, siendo el principal país productor de cocaína, que el actual gobierno de Estados Unidos haya decidido definir a los narcotraficantes como terroristas y hable de una lucha contra el narcoterrorismo?

G.S.: No hay consenso en una definición internacional de terrorismo. En Estados Unidos, tampoco. Hay una cierta arbitrariedad en la manera en que aplican los términos. En la lista de terroristas tienen a los carteles de México, al ELN, a la Segunda Marquetalia y a las disidencias de las Farc, pero no está en esa lista el Clan del Golfo y uno se pregunta, ¿por qué? Más allá de eso, que digan que son terroristas, quiere decir que pueden hacer operaciones, que llaman preventivas, sin permiso del Congreso, sin consultas, solo por el hecho de haberles dado categorías de narcoterroristas a los grupos narcotraficantes. 

CAMBIO: ¿Pero pueden hacer los ataques “preventivos” sin autorización del Congreso?

G.S.: En teoría tendrían que seguir ciertas reglas, pero están usando la definición de terrorismo como excusa para hacer lo que quieran. Había un equipo de abogados que tenía que legalizar cualquier acción, pero los echaron a todos. Los que ayudaban a que las cosas no se salieran de control dentro del sistema, no están. El hecho de que el comandante de las operaciones en el mar Caribe (el almirante Alvin Holsey, jefe del Comando Sur) se haya ido es una señal de que no está claro que destruir lanchas con sus ocupantes se puede hacer. Un comandante no se va así no más después de 37 años de carrera. Se va porque tiene miedo de tener problemas en el futuro por crímenes de lesa humanidad. 

CAMBIO: ¿Usted tiene información que indique que el jefe del Comando Sur dejó su cargo por eso?

G.S.: Esa es la lectura que se está dando en Washington. 

CAMBIO: ¿A Trump no le importa que eventualmente lo juzguen por la destrucción de lanchas sin el debido proceso a los ocupantes?

G.S.: Lo que estaba detrás antes de que Trump llegara al poder por segunda vez era el Proyecto 2025. Es un proyecto de más de 100 grupos conservadores, la derecha extrema y cristianos nacionalistas. Él (Trump) negó que fuera parte, pero ahora lo acepta. Uno de los primeros objetivos era concentrar el poder en el Ejecutivo, sin tener que ir a la justicia ni al Congreso para mover la agenda de país nacional que tienen, y también de cómo se relacionan internacionalmente. No es una sorpresa que estén actuando así, así quieren que sea el gobierno. Lo sorprendente es que no ha habido una respuesta del Congreso a esto, porque las decisiones sobre cómo hacer ataques tendrían que incluir al Congreso. Eso ha sido lo más difícil y problemático, la falta de Congreso.

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CAMBIO: ¿Y eso se debe a que hay mayoría republicana, o a qué específicamente?  

G.S.: Muchos de los republicanos que están en el poder ahora son los que quedaron después de la primera administración de Trump, porque otros que lo criticaban no estuvieron en las elecciones regionales. Hubo una campaña con mucha plata para desacreditar a los que no estaban totalmente con Trump. Es importante entender que se sacó a los más críticos y que entre los que quedaron hay temor de enfrentarlo y después tener problemas para ser reelegidos o para otras cosas. Hay una pelea muy fuerte de poder y mucho miedo porque esta administración ha sido increíblemente agresiva. 

CAMBIO: Ya hay más de 30 muertos por los ataques a lanchas, según el propio gobierno de Trump, y según su lógica eran terroristas…

G.S.: Es muy importante entender que ellos no consideran la ley internacional como una ley a la que deben acogerse. Se rigen por sus propias leyes, incluso violando las leyes del país. Ellos piensan que su agenda va, y no importa cómo. 

CAMBIO: Si, como usted dice, el Congreso de Estados Unidos está priorizando los asuntos internos y la tensión con Colombia, e incluso con Venezuela, está en un segundo plano, ¿qué puede frenar a Trump?

G. S.: Los que pueden frenar esto son los votantes de Trump, los Maga (partidarios de Trump y de su eslogan Make America Great Again), porque una de las grandes razones por las que votaron por él era sacar a Estados Unidos de guerras, como en las que se metió en Afganistán y en el Oriente Medio. Por eso Trump está empujando tanto la idea de que arregló ocho conflictos en el mundo y que merece el Premio Nobel (de la Paz). Si va a empezar una escalada más grande en la región, los que van a estar más en contra son sus propios votantes, porque lo ven como una desviación de la agenda de América Primero, que es lo que ellos quieren, que todo se concentre en mejorar la situación económica.

CAMBIO: ¿Qué cree que sigue con Colombia? 

G.S.: Puede ser un bloqueo a la ayuda indirecta que recibe de agencias multilaterales o en la ONU. Quizás un congelamiento de la relación hasta una nueva presidencia. En otro nivel, pueden ser mucho más agresivos en el Caribe y causar mucho daño.

CAMBIO: ¿Es cierto que es poca la interlocución de los diplomáticos colombianos en Washington con el gobierno de Estados Unidos?

G.S.: Últimamente sí, no han tenido el nivel de interlocución que han tenido tradicionalmente en los últimos 20 años. Y eso ha sido por comentarios hechos por el presidente Petro. Eso ha cerrado puertas. Esa actitud agresiva contra Estados Unidos, a sí lo ve Estados Unidos, no es fructífera para la relación. Si uno mira a Claudia Sheinbaum (la presidenta de México) o a (Luis Inácio) Lula (el presidente de Brasil), en muchas cosas están en contra de lo que piensan Estados Unidos, pero son más estratégicos y menos emocionales. Alguien debe convencer al presidente (Petro) que tiene que tomar ese tipo de postura, no tanto por él, sino por el país. Tiene que pensar con quién está lidiando.

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