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La tasa Zucman: ¿contribución de los ultrarricos a la solución de la crisis francesa?
El gobierno francés baraja la opción de instaurar una tasa Zucman para que los ultrarricos paguen más impuestos. El corresponsal de Cambio en Europa, Eduardo Sánchez, explica qué significa y analiza los posibles escenarios.
Por: Eduardo Sánchez
Los gobiernos sucesivos, y efímeros, nombrados por Emmanuel Macron, el presidente francés, se enfrentan a una tarea urgente, pero de muy difícil realización: elaborar un presupuesto para 2026, que permita recuperar las arcas exhaustas del Estado (un déficit de 100 mil millones de euros) sin que las medidas fiscales necesarias graven demasiado las clases media y popular. El Partido socialista, que no participa del gobierno, se abstuvo de votar una moción de censura, asegurándole al gobierno una frágil supervivencia a condición de obtener algunas concesiones, especialmente la abolición de la reforma de las jubilaciones y la implementación de una mejor justicia fiscal. En este último punto, se discute cada vez más la instauración de la tasa Zucman, nuevo impuesto para los superricos. Esta medida ha hecho soplar un viento de pánico entre las grandes fortunas francesas: Bernard Arnault, por ejemplo, propietario de la marca de lujo LVMH y dueño de la principal fortuna francesa, dio unas declaraciones el 20 de septiembre al periódico The Sunday Times llenas de falsedades, dejando ver su nerviosismo (“Zucman es un activista de extrema izquierda”, “un pseudo investigador ideológico” decidido a “destruir la economía liberal”). Y, hecho inédito, el patronato anunció una movilización callejera para el 13 de octubre, anulada finalmente a última hora.
Veamos entonces quien es Zucman y en qué consiste su tasa.
¿Quién es Gabriel Zucman?
Gabriel Zucman (38 años) es un reputado economista francés, hijo de una familia de clase media alta, con ambos padres médicos de hospital, miembro por parte del padre de una familia judía rumana que tuvo víctimas en el Holocausto. Autor de numerosos artículos académicos y de una tesis sobre los paraísos fiscales dirigida por Thomas Piketty, Zucman fue declarado mejor economista joven del mundo en 2019 y recibió la Medalla John Bates Clark de la American Economic Association en 2023, recompensa que suele preceder al Premio Nobel de economía.
En 2013 publicó el libro La riqueza oculta de las naciones**, traducido en 18 idiomas, donde estima que el 8% del patrimonio financiero mundial está oculto en paraísos fiscales**. Trabajó un año en la London School of Economics pero se trasladó en 2014 a Berkeley, donde permaneció 9 años. Bajo la dirección de otro economista francés, Emmanuel Saez, director del Centro para el Crecimiento Equitativo, Zucman realizó un estudio de la evolución durante un siglo del patrimonio estadounidense. Los resultados fueron publicados en 2019 en el libro The Triumph of Injustice: el 1% de los estadounidenses posee el 40% del patrimonio nacional, la mitad del cual es poseído por el 0,1%. El libro llamó la atención de dos candidatos demócratas a las elecciones presidenciales de 2020, Elizabeth Warren y Bernie Sanders, quienes lo consultaron para la elaboración de sus programas. De allí surgió la idea de crear un “impuesto a la riqueza” del 2% para activos superiores a los 50 millones de dólares. Las elecciones fueron ganadas por Joe Biden, opuesto a esta idea.
En 2023 regresó a Francia como profesor en la prestigiosa École normale supérieure, miembro del Instituto de Políticas Públicas (IPP) de la École d’économie de Paris y director del Observatorio Fiscal Europeo, creado con fondos de la UE y de algunos patrocinadores privados como la fundación Open Society de Georges Soros. Aunque no está inscrito en ningún partido, colabora con algunos políticos socialistas y votó en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2022 por Emmanuel Macron.
¿Qué es la tasa Zucman?
Adepto de políticas económicas neoliberales, alejadas del supuesto centro al que dice pertenecer, Emmanuel Macron ha implementado importantes apoyos a las empresas y a sus propietarios, que incluyen especialmente grandes deducciones fiscales, con la idea subyacente que, de acuerdo a la teoría llamada del goteo, el enriquecimiento de los más ricos terminará por beneficiar a las clases media y popular. Los efectos reales han sido otros: una generación de mayores desigualdades y, con la disminución de los ingresos del Estado, una degradación de los servicios públicos. Y, por supuesto, un descontento mayoritario de la sociedad, que reclama una mayor justicia fiscal, con manifestaciones callejeras y un desplazamiento cada vez mayor hacia partidos políticos populistas de izquierda y de derecha.
Este aumento de las desigualdades económicas y de la injusticia fiscal no es propio únicamente de la sociedad francesa: el auge mundial del neoliberalismo hace que estén presentes globalmente. Por ejemplo, la riqueza acumulada por el 0,0001% más acaudalado mundialmente es del 13,5% del PIB mundial, cuando era solo del 3,1% en 1987. Y la injusticia fiscal hace parte del ADN de los impuestos tradicionales, diseñados generalmente para gravar más el trabajo que el capital. Sin contar con la abundancia de expertos en optimizaciones fiscales, que aconsejan privados y empresas en maneras de evadir los impuestos. Aunque fugas de datos como los Panama Papers podrían hacernos creer que los principales mecanismos de evasión de impuestos son, para los privados, la utilización de cuentas en paraísos fiscales (Islas Caimán, por ejemplo) y, para las empresas, la deslocalización de sus ganancias en países de baja fiscalidad (Irlanda, por ejemplo), Zucman nos dice que ese no es el caso: si todos los multimillonarios franceses se instalaran en las Islas Caimán, la pérdida de ingresos fiscales para el Estado seria ínfimas, del orden del 0,03%. ¿Cómo explicar este resultado inesperado? Por una razón simple: los multimillonarios pagan muy poco impuesto sobre la renta, utilizando un mecanismo legal y bien conocido, los holdings**.** Estas estructuras son utilizadas para recibir la casi totalidad de los ingresos, bajo la forma de participaciones y de dividendos, pagando una tributación del orden del 5%.
De acuerdo a los trabajos de Zucman y sus equipos de investigación académica, el ingreso nacional francés (total de ingresos de los residentes en Francia) es de 2’440 mil millones de euros, o sea un ingreso promedio anual por persona de 48 mil euros. Es importante notar que este ingreso es diferente al fiscal, el que aparece en las declaraciones de impuestos. Sobre ese ingreso total, el Estado francés hace una retención obligatoria (cotizaciones sociales, IVA, impuestos diversos) de 1’250 mil millones de euros, o sea una tasa de retención obligatoria del 51%, cifra que puede parecer elevada, similar a la de los países escandinavos y que se explica por las políticas sociales aplicadas en dichos países. Si se excluye el conjunto de prestaciones (familia, inserción profesional, vivienda, etc) del impuesto pagado, la tasa de imposición del francés promedio pasa al 46, 30% para las clases populares. Es decir, el impuesto es progresivo, salvo cuando se llega al caso de los multimillonarios, donde la tasa de retención obligatoria cae al 25%, todo incluido. Esta caída se explica por la falla del impuesto sobre la renta, que representa únicamente el 2% de los ingresos de los multimillonarios, que poseen un patrimonio constituido esencialmente por acciones, gestionadas en los holdings (las acciones representan el 90% de la fortuna y los dividendos más del 90% de los ingresos de los multimillonarios). Y, yendo a los detalles, la realidad es aún peor: el único impuesto significativo pagado por los miultimillonarios es el de las sociedades, pagado por las empresas que poseen, internacionales en gran parte, que pagan sus impuestos en otros países. En conclusión: de acuerdo a Zucman, la contribución de los multimillonarios a las financias públicas francesas no es en realidad el 25% de sus ingresos sino únicamente el 13%, el resto siendo pagado en otros países. En 2016, las 75 mayores contribuciones fiscales pagaron un promedio de 4 millones de euros de impuesto sobre la renta, lo que representa el 2% de los ingresos de dichas personas y el 0,1% de su patrimonio, un 0,03% de las recetas fiscales francesas. Se podría decir que Francia es un paraíso fiscal para multimillonarios.
La tasa propuesta por Gabriel Zucman pretende ser una solución a estos problemas y puede definirse muy simplemente: es un impuesto del 2% sobre los grandes patrimonios (más de 100 millones de euros), que sean personales o profesionales. Es decir, incluye tanto los bienes de lujo como las participaciones en empresas. Pero es un impuesto global: si la persona ha pagado, a través de otros impuestos, el equivalente del 1,8% de su patrimonio, por ejemplo, solo tendría que pagar el 0,2% que le faltaría para llegar al 2%. Se calcula que tocaría alrededor de unos 1800 franceses, que ingresarían al estado alrededor de 20 mil millones de euros anualmente. Según una encuesta reciente, el 86% de los franceses estaría de acuerdo con su implantación, que ha recibido igualmente el apoyo de 7 premios Nobel de economía (Joseph Stiglitz, Paul Krugman, Esther Duflo, Daron Acemoglu, Simon Johnson, Abhijit Banerjee y George Akerlof).
El Partido socialista propone una versión light de la tasa: se baja a 10 millones de euros el límite del patrimonio, pero se sube la tasa al 3%, excluyendo los bienes profesionales si son poseídos a por lo menos un 51%. Además, se excluye igualmente a las empresas innovadoras (especialmente start-ups tecnológicas de punta). El rendimiento de esta versión de la tasa pasaría a 5-7 mil millones de euros, contra los 20 de la versión original.
La exclusión de las start-ups innovadoras (unicornios) fue puesta en evidencia con el caso de Mistral AI, empresa francesa de IA valorizada este año en 10 mil millones de euros, sin producir todavía ganancias. Arthur Mensch, su joven fundador, debería pagar 20 millones de euros al año, sin poseer aun ese dinero. Zucman responde que el pago podría hacerse en acciones de la empresa. Para citar un ejemplo, Elon Musk compró Twitter por 44 mil millones de dólares en 2022, suma obtenida sin dificultad, cuando su principal empresa, Tesla, comenzó a producir beneficios solo en 2020.
De manera general, los opositores de Zucman consideran que la tasa seria en realidad ineficaz y contraproducente, reduciendo salarios e inversión y destruyendo empleos. Según Philippe Aghion, el economista francés ganador este año de Premio Nobel de economía, el rendimiento real de la tasa seria solo de 5 mil millones de euros, lejos de los 20 mil previstos.
El argumento, citado a menudo por los opositores de Zucman, de un eventual exilio de las grandes fortunas, desaparecería, por supuesto, con una implementación universal de la tasa. Aunque bastante difícil, un primer paso se dio con la invitación hecha por Lula a Zucman, como presidente del G20 de 2024, para presentar su tasa. Y un precedente importante es la adopción, en 2024, por 130 países, de una tasa mínima de imposición para las grandes sociedades multinacionales. Una solución propuesta por Zucman es que el impuesto continúe pagándose durante 5 o 10 años después del exilio (recordemos que los Estados Unidos cobran el impuesto a sus ciudadanos independientemente de su lugar de residencia), o de manera regresiva durante un cierto número de años.
Gracias al apoyo de la izquierda y la abstención de la extrema derecha del Reagrupamiento Nacional (RN), la tasa Zucman fue adoptada por la Asamblea Nacional el 20 de febrero de este año. Pero fue rechazada por el Senado el 11 de junio, a pesar del apoyo de economistas tradicionales como Olivier Blanchard, ex FMI, y Jean Pisani-Ferry, autor principal del programa económico de Macron en 2017. El RN se opone actualmente a la introducción de la tasa Zucman, que debe ser discutida en la primera parte del nuevo presupuesto 2026, dedicada a los ingresos y que debe ser votada antes de 4 de noviembre.
En paralelo con el revuelo producido por la proposición de Zucman, hay un pequeño grupo de millonarios asociados en la plataforma Patriotic Millionaires USA**, creada en 2010, que aboga por un aumento de los impuestos pagados por los ultrarricos**. En 2020 se creó la red internacional Millionaires for Humanity. En 2023, un grupo de miembros de estas organizaciones firmaron la carta abierta Proud to Pay More, dirigida a los asistentes al Foro de Davos exigiéndoles un mayor pago de impuestos. Y Warren Buffett escribió un artículo en 2011, en el New York Times, donde se extrañaba de pagar proporcionalmente menos impuestos que su secretaria.