Emmanuel Macron, foto: presidencia de Francia
La interminable crisis política francesa
Eduardo Sánchez, corresponsal de Cambio en Europa, analiza la crisis política que vive Francia en cabeza de su presidente Emmanuel Macron, quien se enfrentó a la elección de un nuevo primer ministro en medio del descontento y, de manera imprevista, el mismo día de la dimisión de este, nombró como primer ministro a su ministro de Defensa, Sébastien Lecornu.
Por: Eduardo Sánchez
Confirmando todos los pronósticos, Francia comenzó el lunes 8 de septiembre de 2025 un nuevo capítulo de su larga, interminable, crisis política en que la ha sumido su presidente Emmanuel Macron: su cuarto Primer ministro en los 3 años de su segundo quinquenio, François Bayrou, cayó víctima de una especie de suicidio político cuando la Asamblea le negó, con una confortable mayoría (364 contra 194), un voto de confianza que nada ni nadie le obligaba a presentar (contrariamente a una moción de censura, presentada por la Asamblea, el voto de confianza es pedido por el Primer ministro). Obligado por la Constitución a presentar su dimisión hoy, Bayrou alcanzó, a pesar de todo, una decorosa segunda posición de longevidad en su puesto: 9 meses, después de los 20 de Elizabeth Borne, los 8 de Gabriel Attal y los 3 de Emmanuel Barnier. Macron se comprometió a nombrar su nuevo Primer ministro “en los próximos días”.
Ese nuevo Primer ministro se verá confrontado a los mismos problemas de sus predecesores, aunque buscando seguramente una nueva línea de conducta, alejada de la seguida tozudamente por Macron contra la oposición mostrada en las urnas y en las encuestas (su nivel de impopularidad actual es del 75%, un récord absoluto). De manera inmediata, el nuevo gobierno deberá presentar un presupuesto que encare el déficit fiscal, y que deberá ser aprobado por una Asamblea sin clara mayoría y dividida en varios grupos que van de la extrema derecha a la extrema izquierda. Sin solución a estos dos problemas, quedaría el recurso último al que se ha negado Macron con todas sus fuerzas: su dimisión y la convocación a nuevas elecciones presidenciales.
Ante una deuda pública del 113% del PIB y un déficit fiscal del 5,4%, superior al 3% exigido por la Unión Europea, las dos alternativas clásicas son la búsqueda de nuevos recursos (aumento de impuestos) o la disminución del gasto público. Opuesto radicalmente a toda aumento de impuestos, el proyecto de Bayrou implicaba una economía de gastos de 44 mil millones de euros para 2026, incluyendo medidas tan impopulares como la reforma de las jubilaciones y la supresión de dos días feriados. Al tiempo que las desigualdades económicas aumentan año tras año, en un país que muestra orgullosamente la palabra “igualdad” en su escudo, la clase media es cada vez más pequeña y tiene la impresión de pagar los esfuerzos junto con los más desfavorecidos, mientras que las grandes fortunas se agrandan y aprovechan de constantes ventajas y excepciones fiscales promovidas por los sucesivos gobiernos de Macron.
Dos ejemplos muestran claramente las razones del descontento social francés y del divorcio creciente de las clases trabajadoras con los partidos políticos tradicionales, de izquierda y derecha. Primero: en 1996, las 500 principales fortunas francesas poseían el 6,4% del PIB, porcentaje que ha pasado hoy al 42%, a tiempo que el impuesto sobre la renta pagado por los ultrarricos es bien inferior al de los asalariados, en porcentaje. Segundo: los salarios indecentes de algunos patrones, el último de los cuales es Luca De Meo, nuevo patrón del grupo de lujo Kering, quien dejó Renault gracias a un salario anual de 22 millones de euros y un bono de bienvenida de 20 millones, es decir mil años de salario mínimo o más de 50 mil euros por día, mientras que el salario promedio anual de los franceses es 24 mil euros.
Entre las vías que podría explorar la izquierda para aumentar los ingresos del Estado, está la tasa Zucman, llamada así en honor al autor de la propuesta, el economista francés Gabriel Zucman, de 38 años, antiguo profesor en la London School of Economics y en Berkeley, actual profesor en la Escuela Normal Superior de Paris y director del Observatorio fiscal de la Unión Europea. La idea de esta tasa es imponer un impuesto mínimo del 2% sobre el patrimonio de los ultrarricos, es decir los poseedores de una fortuna superior a los mil millones de dólares, siempre que sus impuestos actuales sumen menos que ese porcentaje (se calcula que, en promedio, los multimillonarios pagan solo un 0,3% de su riqueza en impuestos). En Francia, la Asamblea aprobó una tasa Zucman para las personas que tengan más de 100 millones de euros de patrimonio, pero el Senado rechazó la medida en 2025, que hubiera permitido una recaudación de entre 15 mil a 25 mil millones de euros al año.
Con la composición actual de la Asamblea, la elección de un primer ministro socialista necesitaría el apoyo de la derecha clásica, el partido Los Republicanos, que podría hacerlo a condición que el PS anule la alianza de izquierda Nuevo Frente Popular (socialistas, ecologistas, comunistas y la extrema izquierda de La Francia Insumisa), el bloque más votado en las últimas elecciones legislativas, convocadas hace un año por Macron ,y que modere sus ideas de aumento de impuestos y de disminución de recortes en los gastos sociales. Queda por supuesto la posibilidad de un gobierno de la extrema derecha del Reagrupamiento Nacional (RN), dirigido por Marine Le Pen, hija de su fundador Jean-Marie Le Pen. Hasta hace poco esta opción estaba completamente excluida a causa de los orígenes fascistas y racistas del padre de Marine Le Pen, pero ella ha tenido éxito en su campaña de blanqueo y normalización del partido, poniendo entre otras cosas a su cabeza al joven Jordan Bardella, especie de yerno ideal, liso y transparente, que espera su turno si la condena a inhabilitación electoral de Marine Le Pen por malversación de fondos es confirmada en enero. Pero esta posibilidad está condenada a una nueva disolución de la Asamblea, alternativa temida por el resto de los partidos.
Por si fuera poco, a la inestabilidad política seguirá el descontento social, con manifestaciones previstas en toda Francia este miércoles 10 de septiembre, organizadas a través de las redes sociales por el movimiento “_Bloquons tout!_” (“¡_Bloqueemos todo!_”), especie de nueva edición de los “_Chalecos amarillos_” activos durante el primer quinquenio Macron. Y los sindicatos han hecho un llamado a la huelga general para el 18 de septiembre. El principal lema de estas manifestaciones será seguramente la dimisión de Macron, con la alta probabilidad que no haya sido nombrado todavía un nuevo gobierno para esta fecha. Habrá que abonarle a Macron un solo triunfo, bastante amargo: llegado al poder con la idea de destrozar el bipolarismo izquierda-derecha que había gobernado durante años Francia para reemplazarlo por un centro extremo, con el lema “_en même temps_” (“al mismo tiempo”), logró el reemplazo de la izquierda y la derecha tradicionales por versiones extremas y confirmó que el centro en el poder es más a menudo “ni de izquierda ni de izquierda”…
ADDENDUM
De manera sorprendente, Emmanuel Macron nombró nuevo primer ministro el mismo día de la dimisión de François Bayrou. El escogido fue Sébastien Lecornu, su actual ministro de la defensa. Joven (39 años), colaborador próximo de Macron, Lecornu había tenido ya la preferencia de Macron hace 9 meses, cuando se vio obligado a escoger a Bayrou, contra su voluntad. Es un puro producto del macronismo, con el que Macron busca garantizar una fidelidad total a su proyecto, con todos los riesgos que ello supone: su labor inmediata será la elaboración de un nuevo presupuesto para 2026, que deberá presentar antes de fin de año y defenderlo ante la Asamblea. Para evitar una nueva moción de censura, que marcaría definitivamente el fin de Macron, las concesiones a la izquierda tendrán que ser importantes (¿disminución de los recortes sociales, conservación de los feriados?), sin ganarse al mismo tiempo la oposición de la derecha tradicional. Las negociaciones van a ser arduas, llevadas a cabo bajo la presión de las manifestaciones sociales. Muy pocos apuestan por la longevidad de este nuevo gobierno…