El presidente de la República, Gustavo Petro Urrego, visitó al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca. Fotoilustración Yamith Mariño
Desde la primera visita de un presidente estadounidense al país, Roosevelt, hasta la actual visita a la Casa Blanca del primer presidente colombiano de izquierda, las relaciones entre ambos países suman 206 años de alianzas, tensiones y episodios sorprendentes como el de la pastilla de cianuro que llevó Samper ante la posibilidad de ser detenido. Crónica.
Por: Armando Neira
El diseño de algunos de los elegantes salones de la Casa Blanca, que este martes visitará el presidente Gustavo Petro, estuvo inspirado en el Palacio de San Carlos, en el centro de Bogotá. Este es uno de los hechos menos conocidos de la relación entre Estados Unidos y Colombia que cumple 206 años.
En efecto, la edificación donde hoy se toman decisiones de impacto global está en un terreno escogido por George Washington, primer presidente de ese país y considerado el padre de la patria. En su construcción participaron cientos de inmigrantes –italianos, irlandeses y, en su mayoría, afroamericanos–, muchos de ellos esclavos. Las obras se iniciaron en 1790 con el diseño del arquitecto irlandés James Hoban.
Desde entonces, la Casa Blanca ha sido objeto de varias reformas y resurgió incluso de las cenizas, tras un incendio provocado por las tropas británicas al mando del general Robert Ross durante la guerra anglo-estadounidense de 1814. Hoy se construye un nuevo salón de baile, cuyo costo se estima en 250 millones de dólares y que Donald Trump quiere convertir en símbolo de la grandeza de Estados Unidos.
Sin embargo, fue Jacqueline Kennedy quien dejó la huella más recordada en la residencia presidencial. No solo porque en su época era considerada una de las mujeres más sofisticadas y elegantes, sino porque su influencia coincidió con la irrupción de la televisión. Sus apariciones en pantalla eran seguidas por millones de personas.
Jackie tenía 31 años cuando acompañó a su esposo, el presidente John F. Kennedy, en una visita oficial a Bogotá el 17 de diciembre de 1961. La pareja aterrizó en el Aeropuerto Internacional El Dorado, inaugurado apenas tres años atrás. Fueron recibidos por el presidente Alberto Lleras Camargo y su esposa, Bertha Puga Martínez, hija del expresidente chileno Arturo Puga Osorio.
Inolvidable recibimiento
En ese momento, Colombia tenía 17,5 millones de habitantes y Bogotá, que se extendía hasta la calle 100, un millón y medio. La visita fue un acontecimiento: al menos 500.000 personas salieron a las calles para saludar a la ilustre pareja.
Kennedy era el segundo presidente de Estados Unidos que venía a Colombia. Franklin Delano Roosevelt fue el primero cuando desembarcó del crucero Houston en Cartagena el 10 de julio de 1934. Lo recibió el presidente Enrique Olaya Herrera. En sus discursos, ambos hicieron énfasis en la “política del buen vecino”.
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Los Kennedy subieron por la calle 26 y se desviaron hacia el occidente hasta llegar a amplios y semivacíos lotes conocidos entonces como Techo, donde se hizo Ciudad Kennedy en su honor.
Jacqueline, además, visitó a niños enfermos en el Hospital Lorencita Villegas de Santos. Las imágenes, en blanco y negro, la muestran sonriente y luciendo uno de sus característicos sombreros que definieron la moda de la década de 1960. Esa noche hubo una cena oficial en la que ambos mandatarios subrayaron la necesidad de trabajar en “un esfuerzo conjunto para proteger y extender los valores de nuestra civilización”.
Jackie aprovechó para recorrer el Palacio de San Carlos, que –según las crónicas de la época– le causaron “gran impresión por su exquisitez y sobriedad”. De regreso a Estados Unidos, comentó que la Casa Blanca debía contar con espacios igual de glamurosos y cálidos, pues la percibía como “un lugar frío”.
En ese momento, ella estaba inmersa en un ambicioso proceso de restauración. Revisó sótanos y cuartos olvidados, rescató muebles históricos y la transformó a su gusto. El 14 de febrero de 1962 abrió las puertas de la Casa Blanca al público en una transmisión televisiva que duró casi siete horas, guiando a ocho cámaras de la cadena CBS. “Por fin es una residencia viva, un destino para todos los estadounidenses”, afirmó.
La emisión fue vista por más de 70 millones de personas. Por eso, recibió un premio Emmy honorífico de la Academia de Artes y Ciencias de la Televisión.
Un hombre fascinante
Tras el asesinato de Kennedy, el 22 de noviembre de 1963 en Dallas, ella concedió varias entrevistas en las que recordó con aprecio su paso por Colombia y su admiración por Lleras Camargo, a quien calificó como el mandatario que más la impresionó. “Es el hombre más fascinante con el que he hablado”, dijo.
El elogio resulta notable si se tiene en cuenta que de la primera ministra india Indira Gandhi dijo que era “amargada, ambiciosa y horrible”, y “egocéntrico” del presidente francés Charles de Gaulle.
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Un hito singular en una relación que hace más de dos siglos se iniciaron con un gesto tan intrépido como incierto en una época en que las gentes se echaban al mar en embarcaciones y se volvía a tener noticias de ellas cuando llegaban a su destino y enviaban a través de cartas los sucesos del viaje.
El padre de la Doctrina Monroe era un claro defensor de la autonomía de las naciones que luchaban para independizarse de España. Torres, por su parte, si bien había nacido en el seno de una familia de nobles en Andalucía, huyó de la península precisamente señalado de conspirar contra la monarquía.
Partió en 1794 y llegó a Estados Unidos, después de una travesía por el Atlántico, en 1796. Se estableció en Filadelfia y allí pasó su vida conspirando a favor de la independencia de las colonias españolas en América.
Días de independencia
Por aquellos días, las fuerzas patriotas bajo el mando de Bolívar habían iniciado una campaña para liberar la Nueva Granada y lograron la decisiva victoria en la batalla de Boyacá. Cuando Torres recibió sus credenciales diplomáticas se le autorizó “a hacer en Estados Unidos todo lo posible para poner fin de inmediato al conflicto en el que ahora están comprometidos los patriotas de Venezuela por su independencia y libertad”.
Venezuela y Nueva Granada se unieron el 17 de diciembre de 1819 para formar la República de Colombia o la Gran Colombia. Con el recibimiento de Monroe a Torres ya no había marcha atrás. Estados Unidos formalmente acababa de reconocer a Colombia como nación soberana e independiente.
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Tiempo después, vendría la separación de Panamá en 1903. Con su personalidad de vaquero y formación militar, Theodore Roosevelt se negaba a hablar con el presidente José Manuel Marroquín, a quien le encantaba pulir versos y florituras retóricas, lo que para ese hombre rudo, sobreviviente de graves mortales enfermedades, cazador, le parecía absurdo.
Ante la insistencia de sus asesores, él respondía que no iba a hablar con ese the fucking poet. Así se zanjó la separación, buscando a otros interlocutores y pasando por encima de Colombia. La herida quedó abierta, pero luego, en los años veinte, Marco Fidel Suárez hablaría de la doctrina del “mirar al norte”.
Una visión que se intensificó durante la Novena Conferencia Panamericana en Bogotá, que coincidió con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, y que dio origen a la Organización de Estados Americanos, con fuerte impulso de Washington.
La tragedia del narcotráfico
Desde los años setenta, la agenda bilateral ha estado marcada por el tema de los narcóticos. Fue cuando Richard Nixon declaró su guerra contra las drogas. Pasaron años en que la conversación se enfocó en el uso de la fuerza para limitar la producción y menos en la responsabilidad que comparten también los consumidores.
Durante el gobierno del expresidente Ernesto Samper Pizano (1994-1998), la situación llegó a un punto impensable. Él portaba una pastilla de cianuro para quitarse la vida antes de caer en manos de agentes estadounidenses, como estaba convencido.
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¿Por qué se llegó a este extremo? Washington había descertificado a Colombia en la lucha contra el narcotráfico, cancelado la visa a Samper y, según él, intentó incriminarlo en el transporte de droga en el avión presidencial. Todo ello en medio del proceso 8.000, que investigó el ingreso de al menos 6 millones de dólares del cartel de Cali a su campaña.
Fue en septiembre de 1996 cuando se halló un alijo de más de tres kilos de heroína en el avión en el que el presidente Samper iba a transportarse a la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. Unidades antinarcóticos encontraron 14 paquetes de la droga en el portaequipajes delantero del aparato, perteneciente a la Fuerza Aérea, tras una llamada telefónica anónima al servicio de inteligencia del Ejército.
Mientras la embajada de Estados Unidos negaba cualquier vínculo con el hecho, Samper afirmaba desde la Casa de Nariño que la acción solo buscaba “enlodar el nombre del presidente” en un acto “indignante y canalla”.
Samper, sin embargo, no se echó para atrás y viajó en un avión de línea regular en compañía de cinco de sus ministros, aunque tomó la sorprendente precaución que él mismo confirmaría décadas después.
Una pastilla de cianuro
En 2024, durante un conversatorio por los 30 años de su gobierno, relató que creía que en Nueva York iba a ser arrestado, por lo que pidió a su médico una dosis letal “por si no había salida”. Era una pastilla de cianuro. Dijo que el viaje fue una “pesadilla”, pues sabía que estaba bajo vigilancia constante de la DEA y que no les iba a dar el gusto de llevarlo a una cárcel. Como hoy se encuentra Nicolás Maduro.
“Nosotros íbamos a viajar a Nueva York. Había jurado que iba a ir a la Asamblea para denunciar lo que nos estaban haciendo. El tratamiento que me dieron a mí los norteamericanos fue absolutamente injusto”, afirmó. “Llevaba la pastilla en el bolsillo de atrás”. Sin embargo, no tuvo que usarla.
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Más adelante vendrían el Plan Colombia, el Tratado de Libre Comercio y el proceso de paz con las Farc, en el que la comunicación entre los presidentes Pastrana, Uribe y Santos con Washington fue fundamental.
Entre encuentros y desencuentros, la atención se centró en la visita del presidente Barack Obama a Cartagena en 2012. Esta, empero, quedó eclipsada por el escándalo sexual de agentes del Servicio Secreto con la joven Dania Londoño.
El caso se hizo público cuando ella denunció ante la Policía que uno de los hombres que la contrató no le pagó la suma acordada. El implicado resultó ser uno de los agentes encargados de la seguridad del mandatario durante la sexta Cumbre de las Américas.
Tiempos de incertidumbre
En tiempos recientes, la relación ha tenido altibajos durante el Gobierno de Gustavo Petro, quien ha tratado con dos presidentes estadounidenses. Durante la administración Biden, el mandatario colombiano se sentía cómodo, pues muchas de sus políticas coincidían con las del Partido Demócrata.
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La cercanía fue tal que Petro solicitó el indulto de Simón Trinidad, excomandante de las Farc, como un “gesto humanitario” para avanzar en la paz. En ese momento se creyó que la petición podía prosperar. Hoy, con Trump nuevamente en la Casa Blanca, las preocupaciones son otras: migración, tensiones diplomáticas y una relación impredecible. Nadie volvió a hablar de Trinidad.
Así, entre admiraciones, conflictos y episodios insólitos, la historia entre Colombia y Estados Unidos continúa escribiéndose, desde los salones de la Casa de Nariño hasta los pasillos de la Casa Blanca.
¿Cómo irá a salir el encuentro de Petro con Trump? En esta ciudad, alguna vez uno de los asesores del expresidente César Gaviria Trujillo le escuchó decir cuando este era el secretario general de la OEA: “Si uno no trabaja con Estados Unidos, los gringos se la pasan todo el día trabajando contra uno”.