Trump puede apretar a Cuba… pero hasta cierto punto
El excanciller Julio Londoño Paredes, quien además fue embajador en Cuba durante 12 años, sostiene que, aunque EE. UU. puede aumentar la presión sobre la isla, su margen de maniobra es limitado.
Por: Juan Londoño Paredes
América Latina y la comunidad internacional vuelven ahora su mirada hacia Cuba. Sucede después de que los Estados Unidos señalaran que la isla representa “una amenaza extraordinaria e inusual para la seguridad de los Estados Unidos”, por lo que han declarado una emergencia nacional respecto a ella.
La crisis cubana no es de ahora. Cuando Chávez llegó a la Presidencia de Venezuela, Cuba se encontraba en una grave situación derivada del desastroso manejo económico y del fracaso del sistema. Se perseguía como delincuentes a los “cuentapropistas”, es decir a la mujer que vendía unos pocos huevos de casa en casa, a los relojeros, a los pescadores que no entregaban todo el producto de sus faenas al gobierno, y a escondidas lo vendían a extranjeros. Igualmente, a odontólogos y médicos que atendían subrepticiamente en la noche en sus viviendas, con el riesgo de ser encarcelados.
El mercado negro y la corrupción imperaban, ya que los funcionarios de la empresa estatal que se encargaba de distribuir alimentos y materiales de construcción para pequeñas reparaciones locativas los robaban y vendían. Desde un kilo de cemento hasta una libra de papas.
Los apagones eran frecuentes y prácticamente no existía el parque automotor. La gente se acostumbró a caminar grandes distancias y a usar los oprobiosos “camellos”, unos desuetos y repletos buses de fabricación rusa en los que las mujeres que se atrevían a usarlos eran sometidas a denigrantes tratamientos.
Después de la caída del precio del azúcar, Cuba se vio obligada a cerrar decenas de ingenios y a sobrevivir exclusivamente del turismo. Pero no del norteamericano, que era el que gastaba, sino especialmente del canadiense y del europeo, que tiene otras características. El gobierno culpaba de ese descalabro al bloqueo económico de los Estados Unidos.
Esa angustiosa situación era soportada estoicamente por la población que no había logrado migrar a los Estados Unidos, solo por la devoción hacia Fidel Castro y, en algún grado, hacia Raúl.
En esa coyuntura asumió la Presidencia Chávez en Venezuela, con el petróleo a casi 100 dólares el barril. Nuestro vecino era ricachón, quería imponer el socialismo y Cuba estaba “en la olla”. El mandatario venezolano era admirador de Fidel Castro y del régimen cubano. El sentimiento de Fidel hacia Chávez era igual y lo consideró como su sucesor, no solo para imponer el socialismo, sino también para extenderlo en el continente. Cuba se volcó hacia Venezuela para subsistir y Chávez le pagaba con petróleo.
La crisis impidió a Venezuela seguir enviando petróleo a Cuba y Trump advirtió que a los países que así lo hicieran, se les impondrían aranceles adicionales.
La situación cubana es diferente de la de Venezuela. La camarilla presidida por Maduro la tienen bien identificada y allá está María Corina Machado. En Cuba no es así; además, no hay una Delcy Rodríguez para tranzar con Washington.
Los Estados Unidos podrán forzar las cosas, pero hasta cierto punto. Lo peor que le pudiera pasar a Trump y a Marco Rubio sería que los cubanos, desesperados por la situación, generaran una gigantesca ola migratoria hacia los Estados Unidos. Siempre lo han tratado de evitar.