Juan José Yunis Londoño, director médico y científico de Servicios Médicos Yunis Turbay.
Foto: CAMBIO
CAMBIO habló con el genetista a cargo del banco de ADN que ya ha recolectado más de 300 muestras de supervivientes de Armero que no pierden la esperanza de encontrar a su ser querido. Gracias a este repositorio, la ciencia ya ha confirmado cuatro parentescos.
Por: Lina Cuitiva
Cuarenta años después de la erupción del volcán Nevado del Ruiz que provocó una avalancha que convirtió a Armero en un enorme playón, las separaciones familiares y las adopciones irregulares de niños sobrevivientes tras la tragedia son unas de las heridas que aún no cicatrizan. Desde 2011, un proyecto silencioso en un laboratorio de Bogotá ha intentado tejer esos lazos rotos con una de las herramientas más precisas de la ciencia: el ADN.
Se trata del banco de ADN de Armero, un proyecto solidario y sin presupuesto del Estado que tiene un solo propósito: devolverle el nombre, un lugar al qué pertenecer y una historia a los hijos perdidos de la tragedia. “En el año 2011 nos contactaron desde la fundación Armando Armero. Tenían el caso de una señora que creía haber encontrado a su hijo desaparecido e hicimos unas pruebas”, recuerda el reconocido genetista Juan José Yunis, quien actualmente dirige el laboratorio.
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Ese primer intento por juntar una familia rota falló: “La prueba salió negativa”. Sin embargo, se convirtió en el punto de partida de un proyecto inédito. El laboratorio Servicios Médicos Yunis Turbay y su fundador Emilio Yunis (1937-2018), considerado el padre de la genética en América Latina, decidió asumir gratuitamente las pruebas genéticas que permitieran reunificar familias separadas tras la devastadora avalancha. “Seguimos haciéndolo bajo ese mismo modelo, es un aporte nuestro a la sociedad”, dice Yunis hijo.
Tras el desastre natural, miles de familias quedaron rotas e incompletas y algunos supervivientes creen que sus niños y bebés no murieron en el deslave, sino que terminaron en procesos de adopción legales o ilegales que los llevaron a otras ciudades del país o del mundo.
Un archivo genético para sanar la herida de Armero
Este repositorio genético está ubicado es un salón lleno de estantes entre cientos de miles de pruebas de paternidad, muestras de citogenética, inmunogenética y de otros servicios que ofrece el centro de análisis. En una de esas repisas está la caja que contiene las muestras de ADN de los armeritas que no pierden la fe de encontrar a su familiar desaparecido.
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El banco funciona en alianza con Armando Armero, la organización civil que desde hace años recopila las historias de los sobrevivientes y de los padres buscadores. A través de campañas en Colombia y en el exterior y con el consentimiento de decenas de supervivientes, la fundación promueve la toma de muestras –que pueden ser de sangre o por hisopado bucal–, luego estas llegan al laboratorio codificadas y bajo estrictas medidas de confidencialidad.
“Hasta el momento tenemos 377 muestras, 76 de personas que podrían ser los niños desaparecidos, 140 de madres y el resto de otros familiares: hermanos, primos, abuelos... Las guardamos de manera indefinida. En esas tarjetas el ADN puede preservarse por años, sin degradarse. Si en 20 años hay nuevas metodologías, podremos volver a analizarlas”.
Cada muestra se transforma en un perfil genético, una especie de huella molecular única compuesta por 23 o 24 marcadores que se comparan con los perfiles ya existentes en la base de datos. Cuando una coincidencia aparece, hay una esperanza que se abre camino.
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Cada historia de búsqueda tiene su propio rompecabezas genético. Así se lo explicó a CAMBIO el doctor Yunis: “Todos los hijos varones heredamos el cromosoma Y de nuestro padre y así podemos trazar los linajes paternos. Si alguien me dice ‘yo estoy buscando a un primo’ y ese primo varón está en la base de datos, ya tenemos un perfil del cromosoma Y para entrar a comparar, porque con el primo no podemos hacer una prueba de paternidad, pero sí el perfil de cromosoma Y si coincide, es muy probable que haya un vínculo”.
En el caso de comparar dos posibles hermanas mujeres, la metodología es distinta. Como no hay cromosoma recurren a otro marcador genético que se llama ADN mitocondrial y que solo se hereda de las madres a los hijos.
La ciencia del reencuentro
Gracias a este banco se ha logrado confirmar cuatro parentescos que han permitido el anhelado abrazo del reencuentro. En estos casos, los familiares tenían algún indicio de parentesco, como por ejemplo un acta de adopción u otra prueba documental, y a través de las llamadas ‘búsquedas orientadas’, se cotejan los datos y luego se confirma con el ADN.
Entre los casos resueltos está el de un niño de Bogotá a quien una familia holandesa adoptó y creía que era de Armero. Al cabo de 28 años, el joven se enteró de su historia y regresó a Colombia a conocer a su padre y hermanos biológicos. También está el de Jenifer de la Rosa, que resultó en España tras la adopción y volvió a ver a su hermana, Ángela, que vive en Barrancabermeja. El cotejo de ADN también permitió el reencuentro de las hermanas Lorena Santos –ubicada en Ibagué– con su hermana Jaqueline Vásquez, y el de Edwin Augusto Medina con su padre y hermanos.
“La probabilidad de paternidad arrojó un 99.9999998 por ciento y el resultado indica que es 76 millones de veces probable que sí sea el padre biológico. Desde el punto de vista genético, no tenemos ninguna duda”, fueron las palabras con las que en 2017 el doctor Yunis Londoño le confirmó al señor Ernesto García Gutiérrez la noticia que había esperado por 32 años: por fin había encontrado a su hijo Edwin, quien fue uno de los niños adoptados de Armero y fue llevado hacia Estados Unidos cuando tenía apenas 3 años.
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Para el genetista, el gran desafío es que la base de datos de familiares todavía es pequeña. Hay muchos adoptados buscando su origen, pero muy pocos padres o madres que hayan dejado su muestra. “Por eso necesitamos campañas públicas. Así como el ICBF muestra todos los días en televisión la campaña de ‘Los niños buscan su hogar”, debería haber una campaña nacional para los hijos de Armero”.
Sin embargo, el reto que viene podría desbordar al pequeño equipo experto en genética. Con la conmemoración de los 40 años de la tragedia, la Fundación Armando Armero y el laboratorio esperan recibir muchas muestras más y procesarlas costará millones de pesos. “Esto no es barato, por eso sería fundamental que el Estado se involucre”.
En medio de esas limitaciones, Yunis mantiene la convicción de que la ciencia puede aportar su grano a la reparación y la verdad. “Cada vez que hay un reencuentro eso da una satisfacción enorme. Saber que todo el esfuerzo sirve para algo, que no estamos botando el tiempo y el esfuerzo. Y además motiva a más personas a acercarse y dejar su muestra”.
*Si usted o alguien que conoce busca a un familiar perdido en Armero o sospecha que es uno de los niños dados en adopción tras la tragedia de 1985, comuníquese al correo electrónico [email protected]