Luego de décadas de súplicas de padres de Armero, ICBF inició este año el proceso de restauración y digitalización del 'libro rojo'. En la foto: Astrid Cáceres, actual directora del Bienestar Familiar.
Foto: Fotoilustración Yamith Mariño-CAMBIO.
El ‘libro rojo’: el documento del ICBF que podría revelar el paradero de algunos niños desaparecidos de Armero
El documento que el ICBF mantuvo bajo reserva podría confirmar las irregularidades en la entrega de menores. Su digitalización es apenas el primer paso hacia la verdad y posibles responsabilidades penales en uno de los capítulos más dolorosos tras la tragedia: el de los niños desaparecidos de Armero.
Por: Lina Cuitiva
“Yo pido que el ICBF nos deje ver el ‘libro rojo’. Hubo muchas negligencias en los gobiernos y nunca se ha sabido cuántos niños se entregaron. Es posible que mi hijo esté en alguna parte del mundo”, le dijo a CAMBIO Benjamín Herrera, un trabajador agrícola que se salvó de la mortífera avalancha que arrasó con la ciudad de Armero y que, desde ese 13 de noviembre de 1985, sigue buscando incansablemente a Óscar Fernando, quien era un bebé cuando ocurrió la tragedia.
La de Herrera es solo una de las decenas de historias de padres sobrevivientes que sospechan –con pruebas o con anhelos– que sus niños no murieron esa fatídica noche, y que, probablemente, fueron entregados en adopción irregular o regalados a completos extraños, nacionales o extranjeros, con la venia del Estado colombiano.
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Estas familias han cargado durante cuatro décadas con la incertidumbre de saber si fue la avalancha la que les arrebató a sus hijos o la negligencia estatal. En 2025, se conocen más detalles del misterioso libro de pasta dura que era guardado herméticamente en una de las sedes regionales del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar desde el año de la tragedia y que podría abrir una puerta inédita para descifrar qué pasó con algunos de los más de 500 niños desaparecidos de Armero e incluso, tras una investigación, esclarecer si hay posibles responsabilidades penales por la presunta entrega ilegal de menores de edad a personas que no eran de su círculo familiar.
Se trata del denominado ‘libro rojo’. Es un volumen encuadernado y con un interior amarillento que habla de los 40 años que permaneció empolvado en un anaquel en la húmeda ciudad de Ibagué. Es un compendio de documentos desorganizado que evidencia la urgencia y el caos de la época: sin numeración y con hojas sueltas escritas a mano y en máquina de escribir, en él reposan expedientes, edades, características físicas, fechas, declaraciones, firmas y sellos oficiales, e incluso algunas fotos de menores que fueron trasladados a la sede del ICBF en la capital de Tolima.
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CAMBIO pudo hojear esos documentos que estuvieron bajo reserva del Estado colombiano y constató que ahí hay formularios que dan cuenta del ingreso de los menores al registro de niños bajo protección del ICBF, así como algunas actas de entrega que detallan quién reclamó o adoptó a un niño o niña sobreviviente y de qué manera les demostró a los funcionarios su supuesto parentesco.
“En el libro hay nombres, apellidos, información de adónde llegaron los niños, nombres de las personas a los que se les entregaron menores y nombres de quien los entrega, actas, en algunos casos fotos de los niños”, dice Astrid Cáceres, la actual directora del ICBF, que este año anunció el inicio de la restauración y digitalización del ‘libro rojo’ como parte del compromiso con la recuperación de la memoria de la tragedia.
La historia de Sergio Melendro y las tres pistas de que salió vivo de Armero
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Martha Lucía López vivía en Armero con su esposo Darío, su hijo de 5 años, Sergio, y la empleada doméstica, Rubiela. En la noche del 13 de noviembre de 1985 la pareja salió de su casa para preguntarles a los bomberos cómo ayudar en caso de inundación. Apenas habían caminado un par de cuadras de regreso a su hogar, donde se había quedado el niño y Rubiela, cuando el lodo caliente los tumbó, lograron subirse a un árbol y luego a un techo para resguardarse, pero la fuerza de la naturaleza fue tan potente que destruyó por completo su casa y se perdió todo rastro de Sergio.
Durante los días y semanas siguientes, la familia de López buscó sin descanso en hospitales, refugios y listas de sobrevivientes. Nunca encontraron a Sergio ni a Rubiela. Aunque todos asumieron que habían muerto, López nunca dejó de sentir que el niño seguía vivo. Pasó 27 años en silencio, evitando el tema, tratando de sobrellevar el trauma de perder a un hijo de una manera tan trágica.
Pero en 2012, esos ‘pálpitos’ de madre empezaron a cobrar más sentido. En Armando Armero (una fundación que apoya la búsqueda de desaparecidos y el reencuentro con sus familiares) le aconsejaron, por más doloroso que fuera, buscar más información con sus parientes. Fue en esas conversaciones que conoció tres historias que hoy le permiten inferir que su hijo sobrevivió.
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Su hermano Gustavo le contó que cuando recorrió refugios con la foto de su sobrino, en Venadillo, un socorrista le aseguró haber atendido a un niño llamado Sergio Melendro, herido en un brazo, que luego fue trasladado a la Cruz Roja. Pero después nadie supo más de él. Gustavo no se lo contó a su hermana en ese momento porque pensó que no era bueno para su estado mental darle una falsa esperanza.
Su otra hermana, Olga Cecilia –quien había puesto a disposición sus datos de contacto en medios de comunicación por si alguien sabía algo de Sergio–, le contó que, en 1986, pocos meses después de la tragedia, recibió una llamada del ICBF en Bogotá diciendo que Sergio Melendro estaba allí y que podía recogerlo si llevaba algunos documentos. Ella y su esposo acudieron a la sede con fotos y pertenencias del niño, pero al llegar les dijeron que no existía ningún registro de él ni de esa llamada. Insistieron, pero los funcionarios negaron que hubiera un niño con ese nombre o características.
Otra amiga de la madre, Luz Ángela, le contó que, en ese mismo año, en una tienda Benetton de Nueva Orleans, un vendedor aparentemente latino le dijo que su hermano había adoptado un niño colombiano sobreviviente de Armero. Cuando le mostró la foto, ella reconoció de inmediato a Sergio. Pero cuando le hizo más preguntas, el hombre se puso evasivo y se alejó. La información era tan vaga que era imposible rastrear.
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Los familiares y la amiga de López pasaron 27 años sin contarle esas historias aisladas, porque no querían darle falsas esperanzas con estas pistas que eran muy difíciles de seguir. Después de la tragedia, López se hundió en la depresión y, como estaba embarazada, tenía un alto riesgo de perder a su bebé. Por esta situación, decidieron guardar silencio.
Aunque López sintió rabia y tristeza por los años perdidos, también recuperó la esperanza: esas coincidencias parecían confirmar lo que siempre había sentido: que Sergio salió vivo de Armero, que probablemente pasó por el ICBF y que posiblemente fue adoptado por alguien en el extranjero. Desde entonces, López sigue buscando pistas, convencida de que su hijo, ahora adulto, pueda estar en alguna parte del mundo sin saber quién es y de dónde viene.
La deuda con la verdad que el ICBF empieza a pagar
La historia de Martha Lucía es un reflejo de un patrón más amplio: la falta de control, registro y transparencia en los días posteriores a la tragedia. Es solo uno de los casos que la Fundación Armando Armero ha registrado con pruebas -como imágenes de medios de comunicación o testimonios de socorristas y sobrevivientes- que demuestran que muchos niños salieron con vida y que, en algunos casos, irregularidades del Estado fueron las que provocaron que las familias no se reunieran.
Tuvieron que pasar 40 años y 20 directores por el ICBF para que esa entidad diera noticias sobre el ‘libro rojo’, que podría abrir la posibilidad para que las familias armeritas lo consulten y quizás, encuentren alguna pista, nombre o fecha que los conduzca a su ser querido. Sin embargo, este es solo el primer paso para conocer qué pasó y si el ICBF tiene alguna responsabilidad penal por sus gestiones u omisiones.
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“El ‘libro rojo’ es un libro vandalizado, al que se nota que le arrancaron fotos y hojas, tiene datos incompletos si uno se pone a estudiarlo se da cuenta de que le entregaron a cualquiera, con una cédula o incluso al que no tenía una cédula”, le dijo a CAMBIO Francisco González, el director de Armando Armero. Para González, si bien la puesta en disposición del enigmático libro es un paso en la dirección correcta por parte del ICBF de Astrid Cáceres, es apenas una pieza pequeña e insuficiente de un gran rompecabezas para conocer la verdad.
Ahí solo hay registro de unos 170 niños de los más de 500 que busca la fundación y en su mayoría solo tiene información de los menores trasladados a Ibagué. Aún persiste el misterio de qué pasó con los niños rescatados y enviados a albergues y campamentos provisionales de la entidad en otros municipios de Tolima, Caldas, Cundinamarca, y en algunas ciudades principales de Colombia.
“A la terminal de Bogotá, Medellín, a Cali llegaban buses y volquetas con los niños. Hay que identificar todas las salidas del país de esos años, cotejar con las embajadas, hay que hacer un esfuerzo muy grande”, describe González, quien le ha dedicado buena parte de su vida a la reconstrucción de la memoria histórica de Armero y sueña con que el Estado colombiano haga una investigación integral e interdisciplinaria sobre las incógnitas que dejó el desastre natural.
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Sobre las puertas que abre la liberación de la información del ‘libro rojo’, Cáceres dice que “es posible que haya esperanzas y falsas esperanzas en algunos casos, puede resultar doloroso, pero mantenerlo cerrado es más doloroso para el país. No colaborar también sería más doloroso para el ICBF”.
Ahora el libro en físico quedará en poder del Archivo General de la Nación que le dará tratamiento y preservación como un documento histórico y la versión escaneada y digitalizada estará a cargo del ICBF en Bogotá y a disposición de las víctimas.
Si usted o alguien que conozca es damnificado por la avalancha de Armero y tiene alguna solicitud de información para el Bienestar Familiar puede comunicarse al siguiente correo electrónico: **[email protected].**