Empresario Ricardo Leyva.
Foto: CAMBIO
Karen Santos, expareja del empresario de conciertos dueño de la mansión de Barranquilla en la que vive Armando Benedetti, habló con CAMBIO sobre la violencia y maltrato del que fue víctima. Aunque Leyva niega las acusaciones, este medio tiene en su poder las pruebas que dejan ver cómo el poderoso Ricardo estuvo cerca de matar a su mujer a golpes.
Por: Federico Gómez Lara
“Yo sé que a las mujeres nunca nos creen. Y si te estoy mostrando esto, Federico, es porque no me queda otro camino. Esto no lo hago por valentía: o hablo o me matan”. Esas fueron las palabras que Karen Santos usó, en medio de la angustia y la desesperación, para pedirle a este medio un espacio que le permitiera contar su historia. Ella había tenido que salir corriendo de su casa hace apenas cuatro meses luego de que su esposo, el empresario Ricardo Leyva, la persiguiera con un cuchillo. Tras años de aguantar los golpes, el maltrato, las humillaciones, los escupitajos en la cara y el abuso psicológico, esa noche Karen entendió que su vida corría un peligro inminente. Reunió las fuerzas, empacó lo que pudo y se fue.
Al poco tiempo de ese episodio el nombre de su marido, un tipo conocido en la industria musical pero desconocido en el país, acabó en los titulares de la prensa por cuenta de una revelación del columnista Camilo Enciso. En una investigación escrita en CAMBIO, Enciso hizo público que Leyva había sido beneficiario de un millonario contrato de RTVC en condiciones bastante favorables y que, mientras tanto, le había cedido su mansión en Lagos de Caujaral a Armando Benedetti y a su familia. Así mismo, contó que Leyva se fue a vivir al apartamento del ministro.
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Karen le compartió a CAMBIO varias de las pruebas que evidencian una historia de maltrato, abuso y violencia que se extendió por más de 5 años. Entre los documentos hay videos de las golpizas, partes médicos, audios con amenazas, llamadas intimidantes, fotos de las heridas y registros de las conversaciones. De todo ese arsenal de pruebas, este medio solo hace públicas aquellas que Karen pidió expresamente que se mostraran.
CAMBIO: ¿Por qué decidió hablar?
Karen Santos: Esta es una de las cosas más difíciles que voy a hacer en mi vida, pero decidí hablar para liberarme y no sentir más esta presión y este miedo.
Aquí pueden ver la entrevista completa en video:
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CAMBIO: ¿Cómo empezó su relación con Ricardo Leyva y cómo terminaron casados?
K.S.: Lo conocí hace varios años, cuando trabajamos juntos. Luego me fui del país y trabajé muchos años en Australia. Venía una vez cada cinco años a Colombia a visitar a mi familia. Me encontré a Ricardo en uno de esos viajes en un restaurante en Cartagena y ese día volví a ver al empresario que siempre había admirado por su trabajo, por su fuerza, por su inteligencia. En ese momento ambos nos estábamos divorciando y en ese contexto nos volvimos a encontrar.
CAMBIO: Entonces usted se enamora y, por la época de la pandemia, decide regresar al país para casarse con Ricardo y empezar una vida juntos…
K.S.: Sí. Para mí no fue fácil regresar. Estábamos en pandemia y tuve que volver en un vuelo humanitario de 56 horas. Tuve que cerrar un ciclo con mi familia. Cuando aterricé en Barranquilla, Ricardo fue a recogerme y es ahí cuando llegamos a la casa de Lagos de Caujaral, la casa del cielo.
CAMBIO: Esa casa, que hoy está inmersa en un debate público alrededor de la relación entre su exesposo y el ministro Armando Benedetti, fue también el epicentro de su historia con Ricardo Leyva. Esta semana, en entrevista con la W Radio, su exmarido dio a entender que él no se la compró a Álex Saab, sino que adquirió un terreno para luego construir la casa. ¿Cuál es la verdadera historia de esa mansión? ¿La construyó Saab o Ricardo Leyva?
K.S.: Cuando llegué a vivir ahí, la casa estaba en obra gris. Estaba terminada la estructura pero aún le hacían falta cosas esenciales como la cocina o el aire acondicionado. En ese momento me presentaron al arquitecto. Pero la casa ya estaba armada.
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CAMBIO: ¿Es decir, su esposo no la construyó desde ceros, como dijo en la W, sino que Álex Saab ya la había dejado casi terminada?
K.S.: No tengo idea. Yo lo único que puedo decir es que cuando llegué ya la casa estaba en obra gris, casi terminada.
CAMBIO: Usted nos ha entregado las evidencias de una historia de violencia muy delicada. De un maltrato que se repitió y se extendió durante años. Pero quisiera que vayamos al episodio final, al día en el que usted decidió irse. En entrevista con la W, su exesposo dijo que el 17 de julio de este año usted “abandonó el hogar”, dejándolo sumido en una depresión profunda y “solo en una casa llena de recuerdos que se volvieron insoportables”. Pero la realidad es muy distinta. Usted tiene las pruebas de que se fue porque su esposo iba a matarla con un cuchillo. ¿Cuál es su versión sobre ese último día con Ricardo?
K.S.: Es mentira que yo haya abandonado el hogar. La única razón por la que salí fue porque estaba huyendo, porque tenía miedo. Ese día llegamos a la casa después de haber terminado una gira de conciertos. Ricardo tiene un problema muy grande con el alcohol. Sus amigos y todas las personas que me conocen saben que yo traté de ayudarlo. Él era una persona cuando estaba con tragos y otra cuando estaba sobrio.
CAMBIO: ¿Ese problema con el alcohol venía desde que empezó el matrimonio?
K.S.: Sí. Ese día yo había llamado a las personas que me arreglan el pelo. Ricardo había salido a hacer sus vueltas y en la noche, cuando regresó, me di cuenta de que había tomado. Ese era mi mayor miedo. Le dije “tomaste”. Él me respondió que se había tomado unos vinos y ahí supe que algo estaba por pasar. Tenía mucho miedo y les pedí a las estilistas que no se fueran, que no me dejaran sola. Ellas no entendían por qué les estaba diciendo eso. Cuando le pedí a Ricardo que no tomara más, en frente de ellas, él se puso muy agresivo. Me escupió en la cara. Le pedí que se calmara. Cuando él vio que empecé a grabarlo, me rompió el celular. Lo destrozo contra el piso. Y en ese momento empieza a perseguirme con un cuchillo en la mano para matarme. Me decía “te voy a matar, te voy a matar”. Las señoras empezaron a gritar y a llamar a la Policía. Ricardo les pedía que no llamaran a nadie y que me sacaran de la casa. En ese momento llegan los celadores y las personas de la administración, y me dicen “doña Karen, por favor ya no más. Ya estamos cansados de ver lo que este señor le hace”. Ahí Ricardo cogió su camioneta y se fue…
"Cuando le pedí a Ricardo que no tomara más, en frente de ellas, él se puso muy agresivo. Me escupió en la cara. Le pedí que se calmara. Cuando él vio que empecé a grabarlo, me rompió el celular. Lo destrozo contra el piso. Y en ese momento empieza a perseguirme con un cuchillo en la mano para matarme. Me decía ‘te voy a matar, te voy a matar’'”.
CAMBIO: ¿Su esposo la estaba persiguiendo con un cuchillo alrededor de la mesa?
K.S.: Sí. Los grados de violencia iban aumentando. Cuando vi eso estaba muerta de pánico, las mujeres que estaban conmigo vieron lo que él hizo. Incluso Ricardo también trató de quitarles los celulares a ellas. Tal vez para que no pudiéramos pedir ayuda.
CAMBIO: ¿Cómo hicieron para pedir ayuda esa noche?
K.S.: Yo pensé que las estilistas habían llamado a la Policía. Ya cuando Ricardo se había ido, llegó el taxi para recogerlas a ellas. Ahí yo me quedé sola pero tenía el celular de Ricardo porque él había destruido el mío para dejarme incomunicada. Era la única manera de comunicarme con el exterior. Ahí llamé a mi hermano, a un amigo de Ricardo, trato de avisarle a la gente lo que estaba pasando. Sabía que estaba corriendo peligro. Cerré las puertas, puse las alarmas y me encerré en el cuarto para tratar de contactar a mi familia y contarles lo que estaba pasando.
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CAMBIO: ¿Esa fue la primera vez que usted le contó a alguien que Ricardo había tratado de matarla?
K.S.: Era la primera vez que le contaba a mi hermano.
CAMBIO: ¿Qué reacción tuvo su hermano?
K.S.: Me pidió que por favor empacara todo y me fuera de ahí. Iban a ser las once de la noche. Yo no podía hacer mucho. Lagos de Caujaral queda muy retirado y en ese momento no tenía fuerzas ni para dónde irme. No tenía nada qué hacer distinto a encerrarme en el cuarto. De repente tocaron la puerta y me asusté porque no sabía quién era. Me dijeron que era la Policía y ahí sentí alivio. Cuando abrí veo que eran los señores del CAI y que venían acompañando a Ricardo. Me dijeron “venimos por el celular del señor Ricardo”. Les respondí que pensaba que ellos habían venido a protegerme de la agresión. Ellos advirtieron que no me veían sangre ni heridas y me insistieron en que tenía que devolver el celular de mi esposo. Les insistí en que estaba en peligro y en que no podían dejarme incomunicada. Ahí, en frente de los policías, Ricardo empezó a gritarme “perra hijueputa, váyase de mi casa, quiero que se la lleven ya”.
"Ellos advirtieron que no me veían sangre ni heridas y me insistieron en que tenía que devolver el celular de mi esposo. Les insistí en que estaba en peligro y en que no podían dejarme incomunicada. Ahí, en frente de los policías, Ricardo empezó a gritarme “perra hijueputa, váyase de mi casa, quiero que se la lleven ya”.
CAMBIO. ¿Es decir que la Policía, en lugar de ayudarla, llegó a proteger a Ricardo?
K.S.: Sí señor. Lo único que se me ocurrió hacer fue advertirles que también soy australiana y que iba a llamar a la Interpol para garantizar mis derechos. No podía creer que la autoridad hubiera llegado ahí para defender a Ricardo. Sentí que estaba totalmente desprotegida. Lo de la Interpol los asustó, cambiaron su actitud y le pidieron a Ricardo que se fuera. Se lo llevaron y empecé a empacar mis maletas. Llamé a los empleados para que fueran a ayudarme. Terminé como a la una de la tarde del día siguiente y le pedí al conductor que me ayudara a conseguir un camioncito para llevar las 13 maletas. Hice un video para mostrar que de esa casa solo me había llevado mis cosas personales. Cuando fui a pagar me di cuenta de que Ricardo se había llevado mi billetera con todos mis documentos, incluyendo cédula, mis papeles de Australia y las tarjetas de crédito.
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CAMBIO: La dejó incomunicada, sin plata y sin papeles…
K.S.: Sí. En ese momento le pedí el favor a la agencia de viajes de que me fiara un tiquete a Medellín para poderme ir. Me fui sin celular, sin dinero y totalmente destrozada. Eso no es un abandono de hogar. Me fui para salvarme.
CAMBIO: ¿Esa fue la última vez que Ricardo fue violento con usted?
K.S.: No señor. Quince días después había un concierto de 'Conectando Corazones en Cali. Yo era la líder de ese proyecto y no podía dejar metidos a los artistas y a toda la gente que había trabajado en eso y no tenía la culpa. Llegué a terminar mi trabajo y allá, un día antes del concierto en el octavo piso de un hotel, traté de tener una conversación civilizada con Ricardo. Y ahí empezó a agredirme de nuevo. Eso se puede ver en las cámaras. En frente de otras personas empezó a decirme que me quería matar y a pedir que me sacaran del hotel. Empezó a decirme palabras muy vulgares que no quiero repetir. Esa fue la última vez me que agredió.
Aquí pueden ver una de las varias pruebas de las agresiones que Karen tiene en su poder. Las imágenes son fuertes y se recomienda discreción del espectador:
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CAMBIO: Usted me ha entregado varios de los videos, audios, documentos, partes médicos, fotos y demás pruebas que, de manera irrefutable, demuestran la violencia a la que fue sometida. La verdad es que lo que ahí se ve, mas que episodios de maltrato, son intentos de homicidio. Son imágenes aterradoras. Usted tuvo fracturas, cortadas, traumas, hematomas y heridas muy de fondo. Durante muchos años el miedo la llevó a tratar de cubrirle la espalda a su victimario. ¿Cómo hacía para ocultar lo que le estaba pasando?
K.S.: Era muy difícil. Yo no tenía a nadie más que a algunos conocidos. Los amigos y familiares que tenía alrededor eran los de Ricardo. Yo no quería contar la verdad, a pesar de que varios conocidos notaban que algo me pasaba y que mi felicidad habitual se había apagado. La única vez que lo intenté, cuando le confesé a la hermana de Ricardo lo que estaba pasando, después eso fue utilizado en mi contra. Entonces llegué a un punto en el que mi esposo me amenazaba, me decía que, si llegaba a decir algo, me iba a acabar. Me decía que si yo decía algo mis hijos lo iban a saber. Usted no sabe la vergüenza y el miedo que me daba pensar que mis hijos se enteraran de que yo había cambiado mi vida con ellos en Australia para venir a vivir esto. Prefería aceptar y aguantar.
CAMBIO: Las heridas en la cara y en el cuerpo que le dejaba su marido después de cada golpiza no eran de esas que se curan con el tiempo. Usted requería de intervenciones médicas de fondo. Tuvo varias cirugías de reconstrucción. ¿Ricardo la obligaba a inventarse versiones sobre esas heridas para que no lo descubrieran?
K.S.: Sí. Me obligaba a decir que todo había sido un accidente. Por ejemplo, en el episodio de Cúcuta, me exigió que dijera que había estado en un accidente con un taxi y una moto. Y eso fue lo que yo le dije a todo el mundo. Lo hice por protegerlo, porque me daba miedo que yo también trabajaba para él. Cuando tú amas a una persona, no llegas a su vida a destruirlo sino a construir. Para mí, hablar en ese momento era acabar con Ricardo, era acabar con mis hijos, con los papás de él, con mis papás, con sus propios hijos. Entonces prefería callarme. Porque él me decía que yo me merecía todo lo que me pasaba, que era mi culpa porque yo lo provocaba, que él nunca en la vida le había pegado a una mujer y que yo era la primera. Él decía que la culpable era yo.
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CAMBIO: Efectivamente, en algunos de los videos que usted me ha mostrado, se ve a su esposo culpándola a gritos mientras la golpea, la escupe y le dice que la va a asesinar…
K.S.: Yo sentía que lo único que podía hacer era grabar para que, si algún día me encontraban muerta, por lo menos supieran quién fue. Porque yo no tenía el valor de destruir a mis papás, a los papás de él, a mi familia. Ni siquiera quería destruirlo a él. Yo solamente sentía miedo. Cuando finalmente pude irme sentí que fue Dios quien me rescató de ese lugar. Ya no podía aguantar más. Cuando se termina el concierto de Cali, me fui para Australia a donde mis hijos. Contarles toda la verdad a ellos fue el punto más doloroso de mi vida. Pero ahí me hice una mujer libre, como lo estoy haciendo hoy en esta entrevista. A partir de ahí busqué ayuda profesional y empecé a entender la dinámica de manipulación en la que vivía. Ricardo me manipulaba y así controlaba todos los aspectos de mi vida.
"Yo sentía que lo único que podía hacer era grabar para que, si algún día me encontraban muerta, por lo menos supieran quién fue".
CAMBIO: En la entrevista que su exesposo le dio a la W, quedó la impresión de que su marido piensa que usted no tiene ninguna prueba en su contra, cuando en realidad tiene un arsenal de evidencias irrebatibles. ¿Será que él pensó que cuando le destruyó el celular contra el piso la dejó sin pruebas?
K.S.: Yo no podía grabarlo siempre. Las grabaciones que tengo son las que apenas alcanzaba a hacer en esos momentos. Hay muchos maltratos que no quedaron registrados, como un día que trató de atropellarme con su camioneta. Cuando él me rompió el celular se me perdió toda mi información desde 2004. Pero resulta que los videos yo los había dejado guardados en oculto. Cuando trato de recuperar mi celular, me doy cuenta de que esas pruebas se habían salvado y por eso las tengo. Si no hubiera recuperado todo eso, hoy solo tendría mi palabra en contra de la suya. Yo solo hubiera querido que él me dejara tranquila. Nada más. No me importan las casas, ni el avión, ni la plata ni las camionetas. Solo quería paz. Pero antes de llegar a Colombia empecé a recibir las primeras amenazas de Ricardo. Llamó a mi hermano a las cuatro de la mañana. Esa conversación también quedó grabada.
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CAMBIO: ¿Qué le dijo Ricardo a su hermano en esa llamada?
K.S.: Que yo había llegado a Medellín a destruirlo y a mostrar los videos. Cuando eso yo ni siquiera había llegado. En ese momento le mandé un audio a Ricardo pidiéndole que se controlara. Le pedí que cerráramos esta relación de buena manera pero él no paraba. Después se le disparó la llamada a Luis Jorge Quintero, el abogado de la familia, y oí su conversación con Katherine Barrios, que era la persona que manejaba las finanzas. Estaban hablando de mi. Por esos días me llamó Katherine y me dijo que no me iban a pagar nada por ocho meses de trabajo y supe que me querían quitar el plan de salud. Ahí llamé a su abogado y le dije que él sabía de las preexistencias que yo tenía por tantos golpes y que si me dejaban sin cobertura no iba a poder seguir con mis tratamientos. Por ejemplo, estoy perdiendo mi ojo derecho.
CAMBIO: ¿Usted está perdiendo su ojo, o la visión en su ojo, como consecuencia de las golpizas de Ricardo?
K.S.: Sí Federico. Es que acá no estamos hablando de que me pegó una cachetada, me zarandeó o me jaló el pelo. Ricardo no pegaba así. Él pegaba con los puños cerrados hasta reventarme. Había tantos golpes que en momentos yo sentía que me pasaba una corriente por el cerebro. Tuve que ir muchas veces al hospital. En la Clínica Portoazul me atendió un neurólogo amigo de Ricardo. Tenía el cerebro totalmente inflamado de tantos golpes. Eran unas golpizas indescriptibles. Entonces, como yo trabajaba para Ricardo, tuve que llamarlos a rogarles que no me quitaran la EPS. Yo no tenía un sueldo, solo me ganaba lo que Ricardo me daba por lo que yo produjera.
“Acá no estamos hablando de que me pegó una cachetada, me zarandeó o me jaló el pelo. Ricardo no pegaba así. Él pegaba con los puños cerrados hasta reventarme. Había tantos golpes que en momentos yo sentía que me pasaba una corriente por el cerebro”.
CAMBIO: Volvamos a las amenazas. Su esposo, además de ser un hombre rico, es un tipo poderoso y muy bien conectado. ¿En alguna de las amenazas Ricardo usó su cercanía con el poder para intimidarla a usted o a su familia?
K.S.: Sí. Ricardo llamó a mi hermano y le dijo que podía llamar a Benedetti o a Petro y que con eso nos iba a destruir. La verdad en ese momento nos pareció hasta ridículo, pero cuando vimos que realmente si era así… Yo no tenía idea de esto de Benedetti, no tenía idea de esto de la casa. Lo único que sabía era que Ricardo iba a vender la casa, pero hasta ahí. No sabía con quién había negociado o qué había hecho. Después de eso recibí una carta de Ricardo diciéndome que me iba a denunciar por injuria y calumnia y por difamación. Decidí denunciarlo al otro día de haber recibido esa carta. Porque eso ya me parecía el colmo. Era algo que se pasaba de todos los niveles. También me mandó un Whatsapp al celular de mi hermano diciendo que me iba a acabar, que me iba a quitar el apartamento. Yo ya me había ido. ¿Para qué me seguía atormentando? ¿Para qué me seguía haciendo más daño?
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CAMBIO: Lo que usted acaba de decir es muy grave. Se trata de un hombre poderoso que usa su cercanía con el ministro para amenazar a alguien de muerte. Quisiera que volvamos a otro episodio que tiene que ver con el ministro. Según dijo su exesposo en la W, el cambio de casas con Benedetti se hizo porque, cuando usted lo “abandonó”, el ministro lo encontró deprimido y recaído en el alcohol. La versión del señor Leyva es que fue ahí cuando surgió el negocio del cambalache de casas. ¿Qué opinión le merece esa declaración?
K.S.: Un mes antes de que mi relación con Ricardo se acabara, estábamos en la piscina de la casa y él me dijo que el ministro Benedetti estaba interesado en comprar la casa. Yo le dije que no era necesario venderla ahora y que no sabíamos de la procedencia para meterse en una negociación de esas. No conozco de política ni de las actitudes del señor Benedetti, pero la cosa no me daba confianza.
CAMBIO: En la misma entrevista de la W su marido habla de una relación profunda de amistad con Benedetti que viene de hace más de 30 años. ¿Usted nunca compartió con él?
K.S.: Nunca lo vi en la casa ni hablé con él. Solamente lo vi una vez que me tocó al lado en un vuelo desde Los Ángeles. Llamé a Ricardo por video, me preguntó que a quién tenía al lado y le mostré. Solo ahí me di cuenta de que mi esposo y Benedetti eran amigos. Las personas que realmente eran cercanas a nosotros fueron a comer a la casa, nos acompañaron a los eventos. Al ministro nunca lo vi en eso.
**También:** **Fiscalía abre indagación preliminar contra el ministro Armando Benedetti: ¿por qué?**
CAMBIO: Lo que usted dice muestra otra de las tantas mentiras de Ricardo Leyva en la entrevista. Él dijo categóricamente que el interés de Benedetti por la casa surgió cuando lo vio deprimido por su “abandono”. Pero la realidad es que el ministro había manifestado querer comprarles la mansión desde antes.
K.S.: Nadie lo vio deprimido ni apabullado. Todo lo contrario. Él estaba bien, normal, como si nada. Tanto es así que nos vemos 15 días después en Cali y cuando yo trato de hablar con él lo único que hizo fue agredirme otra vez. Si estaba tan deprimido y no quería perderme, ¿por qué me volvió a agredir? Ahí está la respuesta. Es una total mentira.
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CAMBIO: ¿Hasta dónde han llegado las amenazas que Ricardo le ha hecho a usted y a su familia desde el día que se fue?
K.S.: Te voy a contar la más dura de todas. Mis hijos vinieron a visitarme a Colombia. Y un día, cuando ellos estaban acá, Ricardo me amenazó diciendo que si hacía algo en su contra iba a cargar a mi hijo con cocaína. Yo ni siquiera entendía cómo semejante cosa podía salir de su boca. ¿Y sabes una cosa? Desafortunadamente para Ricardo, todo eso está grabado. Grabar era la único que podía protegerme en un momento en el que no sabía de qué era capaz Ricardo o si podía pasarles algo a mis hijos. Cuando mi esposo tomaba alcohol se transformaba y era capaz de cualquier cosa.
"Ricardo me amenazó diciendo que si hacía algo en su contra iba a cargar a mi hijo con cocaína. Yo ni siquiera entendía cómo semejante cosa podía salir de su boca".
CAMBIO: ¿Problemas de consumo de droga también hubo?
K.S.: Lo que pasa es que él combina el alcohol con unas pastillas para dormir que se llaman Zopiclona. El uso por años de esa pastilla combinada con el trago generaba unos estados de alteración en su vida. Muchas veces lo acompañé al médico, al cardiólogo. Yo lo apoyaba en todo. Les pedía a los doctores que nos dijeran qué manejo podíamos darle a eso. Pero él decía que lo único que podía hacer para dormir era tomarse esa pepa. Pero la consumía cuando estaba tomando y yo me preocupaba porque el estado de alteración era miedoso.
CAMBIO: Usted me ha dicho que cuando Ricardo empezaba a tomar usted ya sabía que se venía una golpiza. Incluso, me dice que llegó al punto de esconderse dentro de su propia casa para que Ricardo no la encontrara…
K.S.: Sí. Muchas veces. Algunas de las personas con las que hablé en algún momento, solo me decían que esperaban no recibir un día la llamada con la noticia de que Ricardo me había asesinado. Cuando se ponía furioso yo me escondía en un clóset hasta que se calmara. El último día, en el que me persiguió con un cuchillo para atacarme, ya el nivel fue otro. Y tengo que decir que yo no creo que esta sea la primera vez que Ricardo maltrata a una mujer. Mis médicos lo han definido así: es como cuando una persona te corta las piernas, te da unas muletas y luego tienes que agradecerle por haberte dado las muletas. Eso es lo que yo vivía con mi esposo. Las mujeres tenemos derecho a una vida digna y tranquila. Hoy quiero hablarles a las mujeres y decirles que sí se puede. Yo pensé que ya no tenía salida, pensé que se me habían acabado las ganas de vivir. Pero me afiancé en Dios para poder recuperar ese amor propio que había perdido. Con lo poco que tengo, con lo poco que me quedó es suficiente.
“Cuando se ponía furioso yo me escondía en un clóset hasta que se calmara. El último día, en el que me persiguió con un cuchillo para atacarme, ya el nivel fue otro. Y tengo que decir que yo no creo que esta sea la primera vez que Ricardo maltrata a una mujer”.
CAMBIO: Mucha de la gente que rodeaba a Ricardo pudo haber hecho algo por usted. ¿Cuándo empezó a contarles lo que le había pasado sintió solidaridad o, más bien, la dejaron sola para proteger a Ricardo?
K.S.: A mí todos me dejaron sola. Hasta los empleados. Nadie me pudo apoyar. Los entiendo porque tienen que cuidar su trabajo, a su amigo, a su hijo, tienen que cuidar a su papá. Mis pocos amigos y la gente de la iglesia me han mandado mensajes de apoyo. Uno de los médicos que me operaba me dijo: “¡Por fin lo denunció! Es que nosotros no podíamos hacer nada, pero por fin te atreviste”. Hay gente que me llama y me dice que tomé la decisión más valiente. Pero la verdad yo no lo hacía por valiente sino para salvarme. O hablo, o me muero.
CAMBIO: Entre personas cercanas a su exmarido ha corrido la versión de que usted está denunciándolo solo porque quiere plata. Usted nos ha explicado que lo único que quiere es que se haga justicia, pero que en su denuncia no hay pretensión económica alguna…
K.S.: Absolutamente ninguna. Todo lo que tengo en mi vida me lo he ganado trabajando. Yo lo único que sé hacer es trabajar. ¿Cómo puedo ahora reconstruir mi vida? ¿Cómo puedo pagar las cirugías que necesito porque por los golpes ya no puedo respirar bien? ¿Cómo puedo recuperar mi ojo o pagar las terapias que necesito para sanar mi mano?. Yo no sé. Lo único que sé es que a mí me pueden quitar todo, pero mi fuerza de trabajo y mi honestidad nadie me las vas quitar.
CAMBIO: Pero hay cosas a las que usted tendría derecho. Estuvo cinco años casada con Ricardo y construyeron un capital juntos. ¿Su esposo tiene los bienes a nombre suyo o utiliza marañas de empresas y terceros para ocultarlos?
K.S.: Todo lo que trabajamos y construimos nosotros está a nombre de otras personas. Ricardo nunca pone nada a nombre de él. Lo único que quedó a nombre mío fue el apartamento de Medellín que él me dio en una época en la que produjimos muchísimo dinero. Yo lo agradecí, lo vi como un gesto de bondad de parte suya. Pero el avión, la casa, las camionetas, los dineros que guarda en Panamá, todo eso lo construimos juntos. Pero yo no aspiraba a nada de eso. Yo nunca me imaginé que iba a pasar por una situación de estas. Cuando yo recibo la carta y denuncio a Ricardo, a la semana sale lo de Benedetti. Si yo hubiera sabido que todo eso iba a pasar te prometo que hasta me retracto de poner esa denuncia porque esto me parecía una cosa de locos. Yo invertí todo lo que tenía en mi esposo. Y salí de la casa sin nada. Pero ahora lo único que quiero es poder vivir tranquila y que los abogados se encarguen. Lo único que quiero es justicia, no solo por mí sino por todas las mujeres que estamos viviendo esto y nos quedamos calladas. Doy esta entrevista después de haber oído a Ricardo, porque ya cruzó un límite. Esta es la única manera de desmentirlo y te pido que muestres y publiques las pruebas que te estoy entregando. Quiero que las personas lo vean.
Lea: El contrato del ave fénix. Por Camilo Enciso
CAMBIO: Tanto usted como su abogado han dejado claro que el ministro Benedetti no tiene nada que ver en esta denuncia. No podría uno, de ninguna manera, endilgarle a él responsabilidad sobre los comportamientos violentos de Ricardo Leyva. Sin embargo, a partir de la publicación de esta entrevista, el ministro Benedetti va a saber quién es verdaderamente. Sabrá que él, el funcionario más poderoso del Gobierno, está viviendo en la casa de un hombre que acabó a golpes a una mujer en repetidas ocasiones. ¿Tiene algo para decirle al ministro?
K.S.: De pronto te vas a reír de mí. Pero allá se quedó el gatito que yo adopté y Ricardo me dijo que se había muerto. Le pido a Benedetti que me cuide mi gatito. Le pido que sea un hombre justo. Él me conoció en ese avión y sabe la mujer que soy. Le pido que piense en este país. Ministro, usted tiene hijos. Ese lugar donde usted hoy vive, cada rincón de ese lugar, ahí puse mi corazón y mi amor. El cuarto que está en frente del estudio era mi cuarto de oración, de guerra espiritual. Yo le pido a usted, respetado ministro, que haga justicia. Solo eso, nada más.
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CAMBIO: Estoy seguro de que Ricardo Leyva está viendo esta entrevista. ¿Qué le diría a él, Karen?
K.S.: Ricardo, solo hubiera bastado que hicieras las cosas bien. Solo hubiera bastado que reconocieras la mujer que tenías al frente, una mujer que vino a tu vida a construirte, a amarte, a respetarte, a cuidarte. Pero tú solo te burlaste de eso. Lo siento, Ricardo. Pero esto no es una venganza. Yo sé la mujer que soy, que no alcanzaste a terminar de romper y, por ese pedacito de mujer que quedó, voy a luchar. Mi ejemplo tiene que servir no solo para ti y para tu familia sino para tantas mujeres que nos callamos tantas injusticias. Ricardo, que Dios te bendiga. Lo siento mucho por tu familia, pero alguien tenía que descubrir realmente quién está detrás de ti. Tú eres una persona muy mala. Y todo ese amor bonito y todo eso que construí en mi cabeza, ahora está para mí. Ahora me amo yo, ahora me respeto yo. No alcanzaste a acabarme y voy a salir adelante. Te prometo que no hay una sola mentira en lo que voy a decir, en lo que le entregué al doctor Cancino. Tú lo sabes.